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Octubre 2010 – Revista Digital Nro 29
Las montañas del mundo como objeto de culto

Hoy sabemos por las investigaciones arqueológicas realizadas en las zonas de montañas, que el culto a los volcanes y cerros como catedrales naturales se repite en todo el planeta

Por Christian Vitry, Montañista y Arqueólogo

Las etnias prehispánicas andinas en general y los Incas en particular, parecen haber estado definidos en función del espacio habitado y la sacralización del paisaje. Gran variedad de accidentes topográficos fueron transformados semiótica y culturalmente en deidades o mitos, que sirvieron para organizar y unificar aquellos lugares cada vez más distantes y distintos del Cusco.

Cordón del Cachi – Palermo. La mayoría de las montañas y picos que forman el cordon fueron y son
considerados lugares sagrados por los habitantes locales. Foto: Christian Vitry


Dentro de ese esquema geográfico, caracterizado por la variedad de formas y tamaños, donde todo lo natural fue objeto de culto, parece ser que las montañas tuvieron un lugar de privilegio, especialmente si se tiene en cuenta la cantidad de energía invertida en los dos centenares de cerros donde se localizaron evidencias arqueológicas.

Las culturas americanas andinas, antes del apogeo de los incas, veían a las montañas como la materialización de sus deidades, por tal motivo, y desde siempre, les rindieron tributo, brindándoles ofrendas y plegarias, pero, al parecer, sin ascenderlas, de acuerdo con las evidencias materiales localizadas en ese tipo de sitios hasta el presente.

Cuando el estado Inca empezó a florecer y extender sus fronteras durante el siglo XV, se apropió de este culto institucionalizándolo. Así se dio a la tarea de construir en las elevadas cimas y laderas pequeños edificios o recintos destinados a la religión, conocidos hoy como “adoratorios o santuarios de altura”

Fotografía tomada desde la cumbre del volcán Socompa (6.080 mts), una montaña sagrada donde se observaron restos arqueológicos ya en el año 1905 por Federico Reichert cuando realizó la primera ascensión. Foto: Christian Vitry. Las montañas comom objeto de culto. Antropología y Arqueología

Fotografía tomada desde la cumbre del volcán Socompa (6.080 mts), una montaña sagrada donde se observaron
restos arqueológicos ya en el año 1905 por Federico Reichert cuando realizó la primera ascensión. Foto: Christian Vitry

Laguna La Hoyada, ubicada a 5000 metros en el Nevado de Cachi (6.380 m). Al costado de esta laguna se observó un mojón ceremonial donde los incas realizaban ofrendas. Foto: Christian Vitry. Las montañas como objeto de culto. Antropología y Arqueología

Laguna La Hoyada, ubicada a 5000 metros en el Nevado de Cachi (6.380 m). Al costado de esta laguna se observó un mojón ceremonial donde los incas realizaban ofrendas.Foto: Christian Vitry


En esas construcciones, los líderes espirituales se encargaban de establecer contacto con los apus o divinidades y, de acuerdo a las circunstancias sociales, políticas o religiosas del estado, realizaban sus ofrendas que, en algunos casos, eran humanas. 

El término “apu” significa en quechua señor grande, juez superior, curaca principal o rey. En la religiosidad andina prehispánica, los apus representaban a las deidades tutelares, personificadas en diversos elementos de la naturaleza, principalmente montañas, las que controlaban los fenómenos meteorológicos y la vida de las personas de las aldeas próximas. Estos rendían culto y propiciaban ofrendas acordes a las necesidades y exigencias del apu. Un ejemplo elocuente es el volcán Misti (Perú), que tuvo una erupción hacia 1440-1450, ocasionando grandes daños a la Arequipa prehispánica, hecho que motivó a Inca Yupanqui a realizar valiosas ofrendas para aplacar la ira del Apu. Excavaciones arqueológicas de reciente data, efectuadas en la cima del volcán, dieron como resultado un enterratorio múltiple, conformado por tres cuerpos de sexo femenino y tres masculinos.

Pared Sur del Aconcagua, Mendoza. Una de las montañas más meridionales del Tawantinsuyu (estado inca) que fue venerada por los habitantes de ambas vertientes de los Andes. Foto: Christian Vitry. Las montañas como objeto de culto. Antropología y Arqueología

Pared Sur del Aconcagua, Mendoza. Una de las montañas más meridionales del Tawantinsuyu (estado inca)
que fue venerada por los habitantes de ambas vertientes de los Andes. Foto: Christian Vitry

La Pirámide, un contrafuerte del Aconcagua, Mendoza, donde el 1985 fue localizada una momia infante ofrendada por los incas hace cinco siglos. Foto: Christian Vitry. Las montañas como objeto de culto. Antropología y Arqueología

La Pirámide, un contrafuerte del Aconcagua, Mendoza, donde el 1985 fue localizada una momia infante
ofrendada por los incas hace cinco siglos. Foto: Christian Vitry


Las montañas poseían una existencia material y estaban relacionadas con elementos concretos de la naturaleza, como la fertilidad de los campos y los fenómenos meteorológicos. Resulta un verdadero desafío la comprensión de este sincretismo o concepción unificada del espacio geográfico, geoformas, estructuras artificiales y significados culturales, que solemos analizar por separado, pero en su origen estuvieron conceptualmente unidos.

Los restos arqueológicos registrados en 200 montañas de la cordillera andina, sugiere la trascendencia de los cerros como elementos de valor simbólico y religioso.

El culto a las montañas no fue ni es un fenómeno particular de los Andes; por ejemplo, en el año 1519 Hernán Cortez, con el afán de impresionar a los aztecas, ordenó a sus soldados que conquistaran la cima del volcán sagrado del imperio, el Popocatepetl, de 5432 metros.

Hoy sabemos por las investigaciones arqueológicas realizadas en las montañas de México, que el culto a los volcanes y cerros fue más importante de lo que se pensaba, habiéndose registrado numerosos hallazgos de objetos y estructuras arqueológicas en casi todas las montañas mexicanas, las que evocaban a Tlaloc, la deidad del agua que se ve reflejada en los códices, como también cultos relictuales que se conservan hasta la actualidad.

En el continente africano se destaca la figura del Monte Kilimanjaro. Foto: www.wikidata.org


En el continente africano se destaca la figura del Monte Kilimanjaro, las tribus Masai, Swahilis y otras, llaman a este volcán Ol Doinyo Lengai, que significa “La Montaña de Dios”, también la denominan “La Montaña Sagrada”.

En Tanzania, según dicen, el volcán Kilimanjaro era un Dios. Hace miles de años era muy importante en este lugar, porque cuidaba de todos sus habitantes. Y según ahora, cada vez que van atacar a la ciudad o el país, el volcán lanza una fumarola para alertar a las gentes; muchos se asustan porque piensan que dentro del volcán hay un ser o un alma viviente.

En Europa también existieron montañas sacralizadas, por ejemplo, en Grecia los montes Olimpo, Licaón, Parnaso, Helicón, Citerón, sobre los cuales existe abundante literatura.

Una montaña poco conocida es el Amboto, que es uno de los montes más relevantes del País Vasco, no solo por su ubicación geográfica, sino también por su importancia cultural. En él la mitología vasca fija la morada principal de su máxima diosa, MARI, convirtiéndolo en un monte sagrado.

En Japón existe un cono volcánico cuya hermosa silueta irrumpe en el horizonte, elevándose a más de 3.500 metros de altitud, el pueblo aborigen ainu adoraba al Fuji Yama siglos antes de que los japoneses colonizaran la región, hace aproximadamente 2.000 años.

Las tribus ainu todavía sobreviven en Hokkaido, Sajalín y otras islas del Pacífico, hacia el norte de Japón. Fueron ellas quienes llamaron Fuji al pico, que ha sido traducido como "vida perdurable" o, alternativamente, como "diosa del fuego".

Los japoneses conservaron el nombre y mantuvieron la tradición santa de la montaña.

Situado en el Tibet occidental, Cordillera del Himalaya, el monte Kailash. Foto: www.gadventures.com

Vista general de una de las terrazas del monte Nemrut, Turquía. Foto: Shutterstock


En Medio Oriente, el bíblico Monte Sinaí, es un lugar sagrado para los peregrinos cristianos que siguen los pasos de Moisés y Elías, se supone que dicho lugar está ubicado en actual Jebel Musa.

En Irán existe una montaña sagrada llamada Haraberezaiti; en Mesopotamia es el Monte de los Países; en Turquía el Monte Nemrut, en Palestina el Monte Gerizín; y la mayoría de las montañas del Himalaya, sabemos que los ejemplos continúan, sin embargo analizaremos con un poco mas de detalle el Monte Kailash, por tratarse de uno de los ejemplos más representativos del Himalaya.

Situado en el Tibet occidental, Cordillera del Himalaya, el monte Kailash, de 6.714 m, es la montaña más sagrada y mística del mundo para cuatro religiones, que la consideran "Trono de los Dioses".   Es también una de las montañas más aisladas del Himalaya y en la que esta prohibido escalar, su cima está virgen a las pisadas humanas, "Sólo los Dioses han estado allí".

El Monte Kailash, es una montaña que tiene una gran importancia simbólica dentro de las tradiciones espirituales de la India. Su simbolismo es, esencialmente el de centro del universo y morada de la divinidad.

El volcán Fuji Yama en Japón. Foto: www.alvaciencias41.blogspot.com

El Monte Olimpo en Grecia. Foto: www.tripsavvy.com


De acuerdo con la mitología hindú, Shiva, el dios de la destrucción, reside en la cumbre del Kailash. Esta montaña es vista en algunos credos del hinduismo como el paraíso y último destino de las almas.

La tradición afirma que la montaña es el linga (falo) del dios Shiva y el lago Mana Sarovar es la yoni (vulva) de su consorte. Es considerado el pilar y centro del mándala y sus cuatro laderas están hechas de cristal, rubí, oro y lapislázuli. Los cuatro ríos que fluyen del Kailash se dirigen a los cuatro extremos del mundo y lo dividen en cuatro regiones.

Esa montaña para el budismo tiene otra historia; los budistas tántricos creen que el Kailash es el hogar del Buda Demchok, que representa la máxima dicha. Se dice Milarepa, del budismo tántrico, llegó al Tibet para retar a Naro-Bonchung, de la religión tibetana Bön.

La tradición legendaria comenta que los dos magos libraron una batalla mágica, pero ninguno logró una ventaja decisiva. Finalmente se acordó que el primero en alcanzar la cima del Kailash sería e ganador.

Naro-Bonchung se sentó sobre su tambor mágico, elevándose sobre la cuesta, mientras que Milarepa se quedó sentado meditando. Cuando Naro-Bonchung casi había llegado a la cima, Milarepa entró de repente en acción y le adelantó montando en los rayos del sol, ganando por tanto la competición y llevando el budismo a Tíbet.

El Kailash recibe miles de peregrinos durante todo el año, quienes, desde diferentes credos veneran a esta montaña, en torno a la cual existen numerosos altares de ofrenda desde donde se la venera.

El bíblico Monte Sinaí al nordeste de Egipto. Foto: es.wikipedia.org


A modo de síntesis se puede resumir algunas características comunes que hacen que una montaña sea considerada un objeto de culto:

• Ruptura visual con respecto al horizonte,
• Hitos fundacionales de organización espacial,
• Proyección hacia el cielo, dirigida a las deidades celestiales,
• Lugares poco accesibles, por ende, misteriosos,
• Acumuladores naturales de agua y lugar de origen de los ríos, que en definitiva son las fuentes de la vida,
• Morada de los antepasados y lugar de origen mitológico,
• Imponencia visual que inspira una gran belleza, como también temor, especialmente cuando de volcanes se trata.

Las montañas, aquellas que ascendemos tras un objetivo personal, íntimo, y con innumerables motivaciones, se constituyen en lugares especiales en nuestras vidas. Esas mismas moles fueron para otros humanos los templos de las deidades, sino los dioses mismos. Este hecho nos otorga un valor agregado y una mayor responsabilidad respecto a nuestra interacción con las montañas. Sabiendo esto, pensaremos dos veces antes de reutilizar un pircado para acampar, pues, el mismo, puede ser Arqueológico y nuestra intervención perjudicar y/o destruir el contexto arqueológico, y con ello, la irremediable perdida de información potencial del pasado.

Estas montañas sagradas nos están dando la oportunidad de aprender y relacionarnos de otra manera con la naturaleza, queda en nosotros saber escuchar ese sutil mensaje de las fuerzas telúricas.

Nevado de Cachi, Salta

Ruinas Arqueológicas más altas del mundo, ubicadas a 6.720 mts en el volcán Llullaillaco, Salta (6.749 mts). Foto: Christian Vitry. Las montañas como objeto de culto. Antropología y Arqueología

Ruinas Arqueológicas más altas del mundo, ubicadas a 6.720 mts en el volcán Llullaillaco, Salta (6.749 mts).
Foto: Christian Vitry


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

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