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Abril 2010 – Revista Digital Nro 23
Biografía de Rosario Alejandro Cassis Bresciani

Un gran montañés y antártico, amigo y maestro, guía de montaña y por sobretodo humilde persona

Por José Herminio Hernández. Montañista, Coronel (RE)


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez


Nació en Bérgamo, Italia, el 27 de septiembre de 1921.
Sus padres fueron Virginia Bresciani y Mansueto Cassis. Llegó a la República Argentina cuando era niño, a la edad de cinco años, regresando a Italia a los 14 años, volviendo nuevamente en el año 1936, fecha, desde la cual, vivió desde entonces en la ciudad de Rosario, hasta el año 1944.

Alejandro Cassis

Alejandro Cassis


Según manifestaba Alejandro, fue un período de mucha nostalgia pues extrañaba mucho los Alpes, las montañas, para colmo de males, a fines de 1943, momentos de tanta crisis en todo el mundo y por supuesto en Argentina, perdí mi trabajo y no pude seguir estudiando de noche en un colegio técnico nocturno, en donde estaba cursando mi segundo año. Para ese entonces, tenía 21 años para cumplir 22, andaba como una veleta sin rumbo fijo, al igual que un compañero con quien trabajábamos en el mismo taller que había cerrado, por falta de repuesto a causa de la guerra.

En el año 1944, se produjo el terremoto en San Juan y hubo una noticia radial que alegró a Alejandro, se pedía personal para trabajar en la reconstrucción del ferrocarril Trasandino. Revisación médica y tramites de rigor para seleccionar el personal, y ya para el 25 de mayo de 1944, se encontraba trabajando y acariciando las cimas mendocinas con su vista. Su temperamento y su ánimo había cambiado.

En el kilómetro 118, le tocó armar con un grupo de operarios, los espigones que hicieron de defensa y protegió luego, cuando el río Mendoza creció; construido, en dos tramos de 100 metros cada uno, terminados los trabajos la cuadrilla se trasladó hacia la localidad de Polvaredas; Nos decía Alejandro que, con el tiempo y pasados algunos meses, se fue agrandando el pueblo, dado que allí comenzaron a vivir mucha gente, también en este lugar se hacia el cambio de máquinas para seguir hacia Chile, dado que debían ser a cremallera.

Antes de finalizar ese año, pidió licencia unos cuantos días y habiéndose puesto en contacto con una expedición al Aconcagua del Club Andinista Mendoza, se integró a la misma, junto a Pérez Crivelli y el cadete sanjuanino Francisco Gerónimo Ibáñez, logrando coronar la cima, el 13 de enero de 1945, fue la primera para los tres integrantes.

Cassis, Pinardi, Pastén al Aconcagua

Cassis, Pinardi, Pastén al Aconcagua

El 23 de diciembre de 1947, conformando la cordada junto a Caravelli, realizó el Cordón del Plata. La segunda ascensión al Coloso de América, la realizó conjuntamente con el Subteniente Ibáñez y el Sargento Bringas, el 7 de enero de 1950.

Pablo Pacheco, profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, nos comenta sobre la personalidad y algunas actividades desarrolladas por Alejandro Cassis, en esa casa de altos estudios: éste italiano naturalizado argentino, que tuvo una intensa actividad de montaña y en zonas aisladas, como le solía llamar él; esa experiencia la combinó y complementó con tareas de colaboración técnica para instituciones universitarias y de investigación científica.

Entre septiembre de 1948 y diciembre de 1949, la Universidad Nacional de Cuyo, proyectó la construcción de un Refugio-Observatorio de Altura, que cumplió funciones de Observatorio Meteorológico y fue utilizado para la investigación de rayos cósmicos. El proyecto estuvo a cargo del doctor en Química Giovanni (Juan) Pinardi; suizo-italiano, graduado en la Universidad de Turín, con especialización en Termodinámica, en el Politécnico de Zürich y emigró a la Argentina, después de la guerra, propuso la creación de un Centro de Estudios de Física Nuclear.

Tomó como modelo la estación de altura de la Testa Grigia, instalada en Los Alpes y en la que había trabajado unos meses a principios de 1948, con un grupo de ex colaboradores de Enrico Fermi (Bernardini, Lovera y Longo).

Luego de realizar estudios de factibilidad en diversos lugares de La Cordillera de los Andes para emplazar el refugio, Pinardi, eligió las inmediaciones del volcán Maipo, en la zona de Laguna Diamante en la provincia de Mendoza.

Grupo de rescate del CAM liderado por Francisco Ibañez 1952 . Foto: Archivo del CCAM


El lugar seleccionado que reunía las condiciones requeridas fue, precisamente, la falda Sur del Cerro Laguna,
a los 34º de latitud Sur. En ese sitio, se construyó entre enero y mayo de 1950, el Refugio de Altura denominado entonces Presidente Perón e incorporado al Departamento de Investigaciones Científicas (DIC), organismo creado por la Universidad Nacional de Cuyo, en diciembre de 1949.

En un discurso oficial pronunciado el día 15 de ese mes, el rector Ireneo Cruz, expresaba: nosotros tendríamos dos naturales centros de atracción, dos construcciones que servirían de centro articulador de este Instituto; uno sería el Observatorio Astronómico de San Juan, que este año empieza a construirse, y otro sería el Observatorio de Rayos Cósmicos en la Laguna de Diamante, que también está ya en los primeros trabajos de iniciación.

La historia de Cassis, así como su actividad de montaña, se relacionaron estrechamente con esa iniciativa. Respecto de su contacto con el Departamento de Investigaciones Científicas y, particularmente, con el Refugio-Observatorio de Altura, nos comentaba: Mi vínculo con el D.I.C., fue a través del Profesor Pinardi quien a mediados de 1949, me ofreció invernar en lo que sería Observatorio Meteorológico, en el refugio de Altura en la Laguna del Diamante, que en aquellos tiempos lo llamaban Refugio de Altura Perón.

Y en otra parte agregaba: Mi empleo en el D.I.C. acaeció (…) en el año 50 (a principios), algún tiempito después que el Doctor Pinardi me llevó a la Laguna del Diamante para que yo dijera si era posible invernar en el Refugio de Altura.

Cassis comienza a participar en el proyecto del Refugio de Altura, antes de ser contratado oficialmente por la universidad mendocina. Realizó tareas de colaboración en la exposición de placas nucleares para la investigación de la radiación cósmica, y como observador meteorológico.

A principios de 1950, integró una expedición bajo la dirección del doctor Pinardi, para exponer placas nucleares en el cerro Aconcagua. En esa ocasión, el conocimiento y entrenamiento de alta montaña, resultaron fundamentales para el logro de los objetivos propuestos. La misión estaba compuesta por Pinardi, Cassis y el teniente Francisco Ibáñez.

Sobre esta experiencia, Alejandro nos comentaba: ya cerca de fines de 1949, con el Profesor Pinardi, el subteniente Ibáñez de ejército y yo, intentamos subir a la cumbre del Aconcagua para exponer Placas de Radiación Cósmicas. Expedición fallida donde estándose en los 5.850 metros, en el Refugio Plantamura, Pinardi, manifestó que no se hallaba en condiciones de continuar.

Ibañez y Crivelli,en el refugio Plantamura después de hacer cumbre, 14/01/1945. Foto: Alejandro Cassis

Ibañez y Crivelli,en el refugio Plantamura después de hacer cumbre, 14/01/1945. Foto: Alejandro Cassis


Algunos días después, ya en Puente del Inca, Ibáñez y yo,
nos encontramos con el Sargento Bringas, que también se dirigía al Aconcagua, y nos unimos a su expedición, a fin de llevar las placas de Radiación Cósmica hasta la cumbre. Ibáñez, Bringas y yo, hicimos cumbre el día 7 de enero de 1950. La prensa local mencionó la expedición, sin hacer referencia a los pormenores del contratiempo y las dificultades encontradas, con anterioridad a la conquista de la cima.

En el diario Los Andes, de esos años, se lee: "La hazaña cumplida se concretó en oportunidad que la expedición científica al Cerro Aconcagua dirigida por el profesor Juan Pinardi, realizaba estudios de rayos cósmicos en ese monte."

Los socios del Club Andinista Mendoza subteniente Francisco Ibáñez y señor Alejandro Cassis,
juntamente con el sargento ayudante Víctor M. Bringas, salieron desde Puente del Inca utilizando mulas, el 5 del actual y llegaron el mismo día al atardecer a Plaza de Mulas; el día siguiente, 6, lo dedicaron al descanso y a preparar los elementos para la última jornada. Emprendieron el ascenso en mulas la madrugada del día 7 de enero de 1950, por la senda o ruta normal, que pasa por el Refugio Plantamura, donde almorzaron y continuaron la marcha a pie. Llegaron a la cumbre a las 19 horas, depositaron las placas nucleares y regresaron a Plaza de Mulas, el 9 de enero, a las tres de la madrugada. La participación de Cassis en esa expedición como la de Ibáñez, fue por su interés en el deporte de montaña y sin retribución alguna.

Alejandro comentaba: no era ninguna orden lo de las placas expuestas en el Aconcagua, y tan solo cumplir con un deseo que le satisficiera al doctor Pinardi. Recuerde que no estaba yo a la orden de nadie, porque en esos días yo estaba desocupado. Ibáñez y yo tan solo nos conformábamos por el deporte en sí, al exponer en la cumbre las placas que Pinardi nos proveyó.

El 5 de febrero de 1950, coronó la cima del cerro Catedral, en solitario.

Luego de esa colaboración que realizó en el Aconcagua, cuatro meses más tarde, la universidad contrató a Cassis como soplador de vidrios y observador meteorológico para el Departamento de Investigaciones Científicas, por el término de un año, a partir del 11 de mayo de 1950. El contrato de trabajo en la universidad fue renovado por dos años más, hasta diciembre de 1952. Para permanecer en la Estación de Altura del DIC, fueron contratados Alejandro Cassis, Gerardo Schmidt, Rubén Pagano y Edecio Correas, entre otros. En esas tareas participó también José Némanic, quien era el chofer que transportaba al personal hasta las cercanías del Refugio, en un jeep provisto.

Ceremonia de inauguración de la Base Belgrano, Antártida, dotación fundadora de 1955. Fotos: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima

Ceremonia de inauguración de la Base Belgrano, Antártida, dotación fundadora de 1955.
Fotos: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima

Dotación 1968 de la Base Belgrano I, Antártida. Alejandro Assis se encuentra en la esquina inferior derecha.
Fotos: www.marambio.aq


Asimismo, colaboraba otro experimentado andinista, Edmundo Pérez Crivelli, contratado por la universidad para el Instituto de Ciencias Puras, organismo dirigido por Pinardi y que sería transformado en el futuro Departamento de Investigaciones Científicas. Estas fueron las personas encargadas de mantener y sostener el funcionamiento del Observatorio durante todo el año. En época invernal, solamente permanecían una o dos personas por el término de ocho meses, desde el 1 de marzo al 31 de octubre de cada año. Preguntado si contaba con los recursos y materiales necesarios para el cumplimiento de su tarea en el Refugio de Altura, Cassis expresó: Con dos personas era más que suficiente para el desempeño de la estación meteorológica y los recursos suministrados tanto de materiales como de supervivencia fueron óptimos desde mi punto de vista.

Cassis, pasó las temporadas de 1950, 1951 y 1952, con distintos compañeros. En la primera invernada en el Refugio de Altura, su compañero fue Gerardo Schmidt. Al respecto, comentaba Alejandro: Schmidt fue el compañero ideal, hablaba poco castellano, se crió en Alemania y hacía poco que había llegado a la casa de unos parientes en Mendoza.

A comienzos de mayo de 1950, a cinco días del contrato de Cassis y Schmidt con la universidad, la prensa mendocina se hizo eco de la partida de los observadores a la estación: Los señores Gerardo Schmidt y Alejandro Cassis, partirán hoy a la zona de la Laguna del Diamante, para realizar observaciones meteorológicas desde el refugio de altura General Perón, que la Universidad Nacional de Cuyo ha instalado en ese paraje. En las instalaciones de referencia, los Sres. Schmidt y Cassis permanecerán seis meses. En ese viaje iban también representantes de la Presidencia de la Nación, como el coronel Enrique P. González y el teniente coronel Nicolás Plantamura.
Las fuertes nevadas impidieron el acceso al refugio y tuvo que intervenir el ejército, poniendo a disposición el transporte y lo necesario para llevar al refugio donde permanecerían ambos observadores, el instrumental técnico, los víveres y una radio para comunicar día por día los datos meteorológicos. El viaje se transformó en una misión patriótica, requiriendo una centena de mulares y una docena de personas involucradas que fueron premiadas con una réplica del sable corvo del Libertador.

En esa primera temporada, Alejandro, vivió una experiencia extrema que casi le cuesta la vida, generando honda preocupación en su compañero. Un día del invierno de 1950, pasadas las 15 horas, Schmidt, se había acostado a dormir la siesta y Cassis salió a dar un paseo, sin percatarse del riesgo que le esperaba. Entusiasmado, comenzó a ascender el cerro Lagunitas y a la altura de los cinco mil metros se desató un temporal cerrado que lo obligó a iniciar el descenso. En el punto de cruce de dos cuchillas pronunciadas, tomó por el lado equivocado debido a la poca visibilidad, distanciándose de la estación.
Posteriormente, la inclemencia del tiempo puso a prueba su esfuerzo y exigencia física, así como su pericia. Al respecto afirmaba Cassis: ya habían pasado cerca de 4 horas de mi salida, ya eran las 20 horas y la tormenta seguía embravecida y la única solución era, mientras tenía el cuerpo caliente por el rápido descenso, cavar en la nieve y cubrirme y dejarme cubrir por la nieve. Resistí hasta las 24 horas, dormitando, pero ya me estaba congelando.

General Hernán Pujato. Fotos: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima

General Hernán Pujato. Fotos: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima


La solución tenía que ser drástica.
El viento blanco continuaba, y tuve que vencer esa especie de modorra que me pedía, acurrucarme y estarme quieto. Reaccioné porque sabía que si no me movía, allí quedaría para siempre. Salí de mi entierro en la nieve y comencé la gimnasia. De espalda en la nieve golpeando zapato contra zapato para activar la circulación en los pies, y por momentos de pié golpeando mis brazos la espalda para calentar mis manos a la espera que aclarara el día, gimnasia que nunca se terminó hasta cerca de las 8 horas de la mañana, que afortunadamente la tormenta amainó y al levantarse un tanto las nubes, supe a dónde había ido a parar.

A las 11 de la mañana llegaba de vuelta al Refugio de Altura. Luego de veinte horas de ausencia, su compañero pensó que Cassis no volvería, aunque se había pasado la noche saliendo al exterior del refugio con un farol de kerosene y gritando sin respuesta.

La Universidad Nacional de Cuyo reconoció oficialmente la tarea y el esfuerzo realizado por ambos observadores en su primer temporada. En los considerandos de una resolución, los funcionarios del rectorado explicitaron la necesidad de resguardar el refugio y los materiales, al tiempo que exaltaron las privaciones y las bajas temperaturas soportadas, aislados durante los meses en que la estación resultó inaccesible, así como el feliz cumplimiento de la tarea de brindar informaciones meteorológicas diarias, fundamentales para la aeronavegación.

La disposición concluye: Art. 1º Felicitase muy especialmente a los señores Alejandro Cassis y Gerardo Schmidt por la meritoria labor cumplida en el Refugio de Altura Perón.

El 26 de septiembre, ascendió en solitario el cerro Lagunitas y el 24 de octubre del mismo año, vuelve a repetirlo, nuevamente solo.

El 3 de diciembre, ascendió el cerro Tambillo, junto Pérez Crivelli y Subteniente Francisco Gerónimo Ibáñez. En diciembre de 1950 y bajo la órbita del organismo científico cuyano, Cassis, realizó una ascensión solitaria al Aconcagua para retirar las placas nucleares dejadas un año antes en el ascenso que efectuó con Bringas e Ibáñez, a las órdenes de Pinardi.
Para entonces, éste había renunciado imprevistamente a mediados de 1950, oportunidad en que la universidad cuyana designó al emigrado y meteorólogo de la Luftwaffe alemana Walter Georgii, al frente del Departamento de Investigaciones Científicas. Se le encargó a Cassis, el retiro de las placas nucleares para enviarlas a personal de la Comisión Nacional de Energía Atómica recientemente creada, que estudiaría los registros en Buenos Aires. La nueva conquista de la cima se difundió en varios medios periodísticos.

El diario La Libertad, del 12 de febrero de 1951, publicó: El Departamento de Investigaciones Científicas de la Universidad Nacional de Cuyo, ha informado que ya han sido retiradas las placas nucleares expuestas en la cumbre del Aconcagua desde el 7 de enero 1950. El revelado y estudio de estas placas que se está efectuando en Buenos Aires a cargo de la Comisión Nacional de la Energía Atómica, servirá entre otras cosas para comprobar los efectos del fading, en las condiciones de bajas temperaturas que se registran en el Aconcagua.
La ascensión fue efectuada por el señor Alejandro Cassis, técnico del DIC, que ha permanecido conjuntamente con el señor Gerardo Schmidt durante la temporada invernal 1950 en la Estación de Altura Perón. Alejandro, coronó la cima, el día 12 de diciembre de 1950, a las ocho horas. Permaneció media hora para dejar un banderín de la universidad, una tarjeta en nombre del personal del DIC y retirar las placas nucleares.

Gral. Pujato despidiénsose de la dotación de la base Belgrano, Antártida. Foto: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima

Gral. Pujato despidiénsose de la dotación de la base Belgrano, Antártida.
Foto: www.histarmar.com.ar, Historia y Arqueología Marítima


A finales de 1952, la actividad de montaña de Alejandro,
se intensificó por pedido de ayuda en la realización de trabajos sobre radiación cósmica de un grupo de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. El mismo, estaba integrado por Pedro Waloschek, que había sido contratado por la universidad local para participar en la construcción de la estación de altura, Juan Roederer y Beatriz Cougnet, representados por Hans Kobrak de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Durante el verano de 1949-1950, el grupo había recibido el apoyo y el soporte logístico de la universidad mendocina por intervención de Juan Pinardi. Éste mantenía buenas relaciones con el coronel Plantamura y logró que la Fuerza Aérea pusiera a disposición equipamiento y víveres para el viaje y la estadía en el Refugio que lleva el nombre del militar, cercano a la cima del cerro Aconcagua.

Respecto de esta experiencia, así como sobre las instrucciones que recibió para dejar las placas nucleares, Cassis recordaba: En otra temporada (no recuerdo el año) de verano conocí a personas en Plaza de Mulas que trabajaban para Energía Atómica de Buenos Aires, donde exponían placas para registro de Radiación Cósmica y las revelaban in situ en búsqueda de lo que ellos llamaban estrellas (especie de explosión atómica en miniatura).

Esas mismas personas un año después, enviaron una carta al Club Andinista Mendoza a mi nombre, y me ofrecían que trabajara varios días para ellos, en la exposición de placas en distintas alturas en el Aconcagua entre 4.000 y 6000 metros y estas placas serían reveladas 20 días después de haber sido expuestas. Me prohibieron que llegara hasta la cumbre del cerro.

Al único que recuerdo bien es a Kobrak que parecía ser el líder de ese grupo. Las placas fueron expuestas a 3.000 metros de altura, en los Paramillos, y en otro lugar no especificado, placas que debían ser dejadas a 4.000 metros.

Cuando Hans Kobrak solicitó esta colaboración, Cassis, ya no trabajaba para la universidad, sino que había conseguido un puesto como guía de montaña en el Hotel de Puente del Inca.

Al respecto dice Alejandro: Cumplí con ellos, aunque me costó encontrar el lugar donde yo había colocado las placas en las distintas alturas, por causa de una nevada temprana, que cubrió toda la ladera Norte del Aconcagua (En el gran acarreo). Pero no fallé, ninguna de las placas fue perdida, todas fueron rescatadas. Algún tiempo después recibí una carta agradeciendo por mi cooperación firmada por el señor Hans Kobrak, jefe del grupo que me contrató. Ese fue mi primer sueldo como guía de montaña, porque siempre lo había hecho por amor al arte, como suele decirse.

La bandera argentina ondeando en la base Belgrano, en plena Antártida. Foto: www.elespanol.com


La colaboración fue bien recibida y agradecida por el físico, mediante una carta muy cordial a Cassis, donde expresaba:
Primeramente quiero agradecerle el envío de las placas que fueran ubicadas a 4000 y 3000 metros, las que llegaron aquí en perfecto estado. Por otra parte puedo comunicarle que los trabajos realizados, considerados en su totalidad, han salidos perfectamente bien, en gran parte gracias a su ayuda. Las experiencias mencionadas constituyeron parte del conjunto de actividades que Cassis realizó como miembro técnico del Departamento de Investigaciones Científicas y como expresión de su humilde contribución al incipiente desarrollo científico de aquellos años. La otra parte, está conformada por las tareas de observación meteorológica y las mediciones de las precipitaciones níveas realizadas en la Estación de Altura de la Laguna del Diamante.

Las observaciones se realizaban todos los días, se asentaban en planillas y se transmitían por radio diariamente a las 11 horas, siendo recibidas por Juan Vasilievich, que era el radio operador en la oficina del D.I.C. Sobre su tarea como observador meteorológico, señalaba: aparte de lo útil que pueda ser la meteorología (de aquellos tiempos, recordar que no existían satélites) me pareció una actividad de cooperación con el Servicio Meteorológico Nacional.

En agosto de 1950, luego que renunció de Pinardi, la Universidad Nacional de Cuyo contrató a Walter Georgii como director del DIC y le encargó la continuación de los trabajos del Observatorio de Rayos Cósmicos y de la Estación de Altura Perón. Georgii, fue invitado por esa casa de estudios a fines de junio del mismo año, para dictar una serie de conferencias acerca de la importancia de las investigaciones atmosféricas para el vuelo sin motor, así como sobre las aplicaciones de la física del aire a la producción de lluvia artificial y el combate del granizo.

A mediados de julio, se anunció su contrato con la universidad para hacerse cargo de la dirección del Departamento de Investigaciones Científicas, del futuro instituto de aerofísica y de los trabajos del observatorio de rayos cósmicos. Asimismo, en septiembre de ese año, la universidad cuyana organizó una comisión integrada por el mismo Georgii, M. S. García Wimer, Arturo E. Corte, Roberto V. Carretero y Santiago L. Curelli, para elaborar un plan de exploraciones e investigaciones científicas en alta montaña, sobre el origen de los ríos de mayor caudal, la importancia de los deshielos cordilleranos para la vegetación y como recurso energético.

Los resultados de esos trabajos fueron utilizados para aplicarlos en beneficio de las actividades de la zona. En noviembre, se creó bajo dependencia del Departamento de Investigaciones Científicas, el Instituto de Aerofísica, Radiación Cósmica y Meteorología, pensado a medida de las necesidades de Walter Georgii, quien fue su director, así terminaron las actividades de Cassis en la Universidad Nacional de Cuyo y pintado el escenario de lo que se vivía en la época.

Para el año 1953, cambió de trabajo, se incorporó al personal de Puente del Inca del Termas Hotel, de la Compañía de Hoteles Sud Americanos Limitada, como guía de montaña, y cuyo gerente era el señor Dapiaggi, quien dirigía y administraba el mismo y según nos manifestaba el propio Alejandro, me dio plena libertad para ir a la montaña cuantas veces quisiera…se me pagaba solo los días que trabajaba en el hotel.

Base Belgrano. Foto: www.asociacionpolar.com, Asociación Polar Pingüinera Antártica Argentina

Los perro polares en la Base Belgrano 1949, Antártida Argentina. Foto: www.lasolapaentrerriana.blogspot.com.ar


Su cuarta ascensión fue en compañía de italo-brasilero, Domingos Giobbi,
con quien coronaron la cima el 10 de febrero de 1953.
Mientras que el 16 de diciembre de 1953, hizo cumbre en solitario, luego de que arribaran a la cima una expedición militar, entre los que se encontraban los suboficiales Elgueta, Carranza, Logares, Carballo y otros más, que incursionaron el cerro después de la expedición militar e invernal de Emiliano Huerta; nos comentaba Alejandro que, antes que Huerta, él había intentado una invernal, alcanzando los 6.700 metros, pero por no administrar muy bien sus fuerzas, había fracaso, nos decía: Regrese por el Portezuelo del Viento, al llegar al refugio Perón hoy Independencia, me encontré con el refugio sin la puerta y cubierto totalmente de hielo y nieve, entonces volví sobre mis pasos, por el Portezuelo y bajé por el Gran Acarreo, lugar este por donde había subido; me detuve en el Portezuelo del Manso para contemplar la puesta del sol, desde allí pude divisar el mar, por el brillo que producía este sobre el agua, posteriormente descendí a Plaza de Mulas, recorrido que lo había realizado en veinticinco horas sin descansar, con lo puesto, son mochila, sin bolsa cama, sin comida. Había partido a las 22 horas, de Plaza de Mulas y estuve de regreso a las 23 horas del día siguiente; de allí a Puente del Inca.
El río Horcones estaba taponado por el desprendimiento de un alud, lo que me sirvió de puente y me permitió cruzarlo. Todo el Aconcagua estaba cubierto de nieve, nosotros en el hotel durante gran parte del invierno del 53, salíamos por las ventanas del piso superior. Allí quedó bloqueado el grupo del General Hernán Pujato, que se estaba preparando para la Antártida y durante un largo mes tuvieron que permanecer allí. Esto me permitió conocerlo y ser invitado para integrar el quipo que posteriormente fundo la Base General Manuel Belgrano, en cercanías de los 78º grados de latitud Sur.

El 13 de enero de 1954, ascendió junto a Domingos Giobbi, el cerro San Pablo. Mientras que el 26 de diciembre de 1957, ascendió en solitario el cerro Rincón. El 20 de febrero de 1963, realizó su sexta y última cumbre en el Aconcagua, junto a los norteamericanos Jim Barnes y Rudy Wians; realizando cinco días después, el cerro Catedral junto a los mencionados andinistas norteamericanos.

En la Base Belgrano, Antártida Argentina. Foto: www.elespanol.com


Entre los años 1957 y 1963,
estuvo abocado a las expediciones antárticas, conociéndola como pocos y conviviendo con los peligros que tiene el continente blanco.

En la Base General Belgrano, estuvo veinticinco meses y diez días, junto al grupo del General Hernán Pujato, quien hacia de jefe de la misma, entre el 20 de diciembre de 1954 y el 30 de enero de 1957; en la Estación científica Ellsworth, junto al Capitán Jorge H. Suárez, quien hacia de jefe de la misma, desde el 21 de diciembre de 1958 al 26 de enero de 1961; a esta base, volvió a fines de 1961 y estuvo hasta 26 de enero de 1963, junto al grupo liderado por el Capitán Cichero; luego en la Base Sobral, invernó desde el 20 de diciembre de 1965 hasta el 5 de marzo de 1967, junto al grupo liderado por el Teniente Julio Cesar Veronelli; junto a los grupos comandados por el Capitán de Artillería Oscar Horacio Cao y Teniente Primero de Infantería Hugo Augusto Vidarte estuvo en la Base General Belgrano, desde el 13 de diciembre de 1967 hasta el 10 de febrero de 1970, en la Base General Belgrano; desde el 30 de noviembre de 1970 hasta el 8 de marzo de 1972, bajo el mando del Teniente de Infantería Juan Carlos Manzella, estuvo incorporado en la dotación de la Base General Belgrano; volviendo al año siguiente, y permaneciendo desde el 2 de enero de 1973 hasta el 2 de febrero de 1974, bajo las órdenes del Teniente Primero de Infantería Edberto González de la Vega; tuvo también una campaña de verano desde el 15 de noviembre de 1964 al 4 de marzo de 1965; sus actividades bien las explica él: qué estuve haciendo en la Antártida!! podría decirse que fui un hombre orquesta, ayudante biólogo, ayudante topógrafo, armador de antenas y trabajo en alturas de antenas, algo de meteorología y finalmente como técnico observador de auroras polares; también hice de electricista, hojalatero, soldador, carpintero, cocinero, guardia para la adquisición del agua, todas las actividades propias de la gente especial que transita y permanecen por un largo tiempo en el continente blanco.

Alejandro, ha sido una persona curiosa e hiperactiva, adquiriendo sus conocimientos de montaña por medio de la observación, conocimiento empírico que, cuando los expresa no distan mucho de los manuales de montaña que uno consulta; hombre fuerte, perseverante, hasta diríamos tozudo en cuanto se le cruzaba una idea u objetivo, humilde y servicial, que ha dado toda su energía y trabajo, por su segunda patria la Argentina, labor que no ha sido retribuida con la misma intensidad que él le brindó, pero es propio de estos anónimos y ocultos trabajadores que se conforman con los resultados de sus tareas, más que de la retribución que puede esperar y/o recibir.

Falleció el 16 de marzo de 2010, luego de soportar un largo período una enfermedad incurable.

Base Belgrano. Foto: www.asociacionpolar.com, Asociación Polar Pingüinera Antártica Argentina

Base Belgrano. Foto: www.asociacionpolar.com, Asociación Polar Pingüinera Antártica Argentina

José Herninio Hernández, Coronel (RE)

José Herninio Hernández
Coronel (RE)

 

 

 

 

 

 


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

 

Bibliografía del Archivo del Centro Cultural Argentino de Montaña:

- Enciclopedia Incompleta de Montaña

 

Notas Relacionadas:

  • Sombra Tumb

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    Puente del Inca

  • Sombra Tumb

    Biografía de Thomas Kopp
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    maestro en la montaña

  • Sombra Tumb

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    Aconcagua de 1953

  • Sombra Tumb

    Primera expedición científica argentina en el Aconcagua

 

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