Inicio
Quienes Somos
Links
Contáctenos
Publicaciones
Boletines
Noticias de Actualidad
Arte y Cultura
Relatos de Viajes y Expediciones
Antropología y Arqueología
Historia del Montañismo
Entrenamiento y Tecnica
Espeleología
Museo Virtual de Historia del Montañismo
Videoteca
Libros y Música
 
- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Reportaje a Daniel Pizarro
Los Sueños realizados
Revista "Al Borde". Realizado el 18 de noviembre de 2001
- por
Santiago Storni -

Santiago Storni
Santiago Storni

Reportaje a Daniel Pizarro, realizado por Santiago Storni el 18 de noviembre de 2001 en Los Penitentes, para la revista “al borde”. Colaboró Alicia Pacheco. 


Los comienzos

Mi familia es del valle de Uspallata y allí viví hasta los 17 años. Luego en Buenos Aires fui al Colegio Militar de la Nación. Me fui de baja en la época de Malvinas, con un descreimiento total. Después hice el  servicio militar y paralelamente elegí estudiar Ciencias Económicas, y terminé recibiéndome de Técnico en Administración.

Bueno, en esas idas y venidas... Mi familia es gente que tiene animales en el campo; y quienes viven en el campo ven las cosas que otorga la montaña como una cuestión a utilizar: si necesito carne, mato un guanaco y lo como. Por eso yo siempre fui cazador y pescador. Hablo de cazar y pescar en serio: asechar a las presas, buscar por dónde andan, seguir los rastros, tenderles trampas. Pero con el paso del tiempo fui tomando una conciencia ecológica muy radical. Entonces me quedé sin la motivación principal  para ir a la montaña, que era cazar y pescar. Conocí a un amigo con el que empezamos a ir a la montaña, a caminar más que nada pero siempre me gustó la escalada. Desde el primer momento me gustó subir paredes, y logré tomar clases con Alejandro Randis, que me vio condiciones y me becó en la escuela del Club Andinista de Mendoza. A partir de ahí comencé  una etapa de formación. Era bibliotecario del club y con eso pagaba la cuota.

“Decían que éramos loquitos y drogadictos, que nuestras vidas iban a ser cortas y que no éramos un ejemplo para nadie. Siendo que nunca tocamos la droga, sólo nos gustaba usar cortes lindos de pelo, que no fueron moda sino filosofías que se llevan impresas en el alma.” Daniel Pizarro. Foto: Guillermo Novelli
“Decían que éramos loquitos y drogadictos, que nuestras vidas iban a ser cortas
y que no éramos un ejemplo para nadie. Siendo que nunca tocamos la droga,
sólo nos gustaba usar cortes lindos de pelo, que no fueron moda
sino filosofías que se llevan impresas en el alma.”
Daniel Pizarro. Foto: Guillermo Novelli

¿De que época estamos hablando?
Toda esta virulencia se produce a los 19 años. Yo comienzo a escalar cuando me voy de Uspallata, y luego me quedo sin esa parte cazadora y pescadora. Yo considero que esa parte instintiva tiene que seguir viva en nosotros; a mí varias veces me ha salvado la vida.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo estábamos abriendo la  ruta del Tolosa, Pisadas en el Viento con mi hermano Gustavo. Habíamos ido y el día había amanecido muy bien para escalar, no había una sola nube en el cielo. Nos levantamos para preparar todo el equipo y entrar a la pared, y teníamos los dos una sensación muy particular. Entonces le dije “Mirá no me preguntes qué pero siento algo en la espalda, siento algo en el cuerpo y no tengo ganas de escalar hoy”. “¡Vos sabes que a mí me pasa lo mismo!” dijo. Entonces nos quedamos a tomar mate. Más o menos a eso de las ocho de la mañana toda la ruta por la que nosotros íbamos a ir se desplomó, con una avalancha de hielo que la cubrió por completo. O sea que de haber entrado hubiéramos muerto seguro. Entonces esa conexión con la tierra me  preocupo por mantenerla. Me gustan mucho los ejercicios como en el trekking de hoy, ir así leyendo el río congelado, saber cuáles son las partes blandas y las partes duras de la nieve en los glaciares, esa sensación de posición, de interpretación de lo que uno esta viviendo, de lo que se ve y de lo que no se ve. En un glaciar hay muchos peligros que no se ven, y que están ahí, presentes.

Gustavo y Daniel Pizarro
Gustavo y Daniel Pizarro

Volvamos a Mendoza 19 años...
Bueno, ahí entré a la escuela técnica del club y conocí a quien resultó ser uno de los escaladores más representativo de Mendoza: Mauricio Fernández. Yo era ayudante de Instructor. Se hacía una escuela muy alpina. Se empezaba de abajo e ibas ascendiendo hasta llegar a Instructor. Entonces él tomó un curso del cual yo formaba parte, y nos compenetramos inmediatamente con  una visión de la escalada de vanguardia. Fue en ese momento cuando en definitiva senté las bases de toda mi escalada posterior.

Con 19 años nos sentábamos en un café, ese es uno de mis recuerdos más vívidos, en otra época de Argentina, donde toda la escalada estaba como en un oscurantismo total. No había información, no existían los canales de deportes extremos y la aventura era para otros, no para los argentinos medianamente pobres como éramos nosotros en aquel momento. Pero nos alucinaba la movida. Entonces sentamos una premisa que fue hacer vías normales sólo para adquirir la experiencia, pero una vez que tuviésemos esa lectura de lo que estábamos viendo y de la utilización de los elementos que nos rodeaban, íbamos a ir tras los grandes retos.
Y así empezamos a escalar muy radicalmente. Escalamos juntos durante un año y medio, e hicimos cosas muy bonitas.

¿Por ejemplo?
Intentamos juntos la supercanaleta del cerro Rincón en invierno. Era la primera vez que se hacía en invierno, y cayó una avalancha que lo tomó a Mauricio. Él salvó la vida milagrosamente. Y por una postura muy radical que tenia que ver con una escuela polaca y rusa de escalada, yo continué escalando y la terminé solo.

¿Y después de la avalancha?
Después de la avalancha él quedó lastimado. Me hizo señas de que estaba bien y que volvía al campamento, y yo seguí. Y bueno, terminé en solitario haciendo la primer invernal al cerro Rincón por la Supercanaleta, que es una de las rutas alpinas clásicas que hay en Vallecitos. Eso fue en 1986.

Daniel Pizarro y al fondo el cerro Penitentes. Foto: Santiago Storni
Daniel Pizarro y al fondo el cerro Penitentes. Foto: Santiago Storni


Aconcagua y los sueños

Y en el año '87 aparte de otras cosas hicimos el Glaciar de los Polacos y la Ruta Normal en la misma expedición. Subimos y bajamos por la Normal, y volvimos a subir y a bajar por Polacos. Hoy, para poder hacerlo no se necesita más que  rendimiento físico y conocimientos técnicos.

Y bueno, una vez que realizamos eso, sin quererlo perdimos la motivación de escalar juntos. Yo me quedé con un montón de ganas de hacer cosas y en esa época tuve la suerte, la vida me dio un amigo en mi hermano Gustavo, “el Pampero”. Es un artista, tiene un vuelo interior muy grande; un visionario. Es un ser pleno y una de las personas a quien yo más admiro.

Daniel Pizarro. Escalada en hielo
Daniel Pizarro. Escalada en hielo

¿Más chico que vos?
Sí. En realidad él logró inflamar mis sueños y potenciar mi energía para que juntos pudiéramos cumplir esos sueños. Y así nos encontramos, él con doce años y yo con veinte, escalando en las cascadas heladas de Puente del Inca. Abriendo por primera vez rutas allí, dándole cacería a los sueños de otra gente; porque en realidad no existía ni siquiera el concepto de escalada en hielo en la Argentina. Lo habíamos visto de los gringos que habíamos podido ver en Aconcagua.

Yo cuando fui a Aconcagua fue como un “click”. Fue un antes y un después. Vi lo que se podía hacer, vi a Alejandro Randis escalando en hielo en libre, vi los penitentes... Y eso me cambió la cabeza; me hizo ver las cosas de otra manera.

¿De qué año estamos hablando?
1987. Ahí también comienza un despegue de la escalada mendocina con varias figuras, y con un programa que comienza a funcionar de la Subsecretaria de Deportes que se llamó Unión de Escaladores, y otro que se llamó Iniciación a la Montaña, de los cuales yo soy profesor. Entonces ahí logro juntar el trabajo y la pasión. Me forman pedagógicamente, me subvencionan dos expediciones, una de ellas a Perú. Pero esto vino con el tiempo; lo más importante fue que nos encontramos Gustavo y yo. Y eso pasó a ser una marca. Yo antes había escalado con Mauricio Fernández, con José Luis Arboleda y con Horacio Cuñeti. Cuando nos encontramos con Gustavo la escalada comenzó  a ser para nosotros como un juego. Y ese nuevo concepto de escalada como juego y como filosofía, es el que nos alucinó. Teníamos en claro los principios y a la vez nos divertíamos. Si hay algo que marco siempre de los momentos de escalada con Gustavo es que me divierto, me río con él. Nos reímos de nuestras propias debilidades.

Mientras hacia todo esto, sufro un accidente de auto en el que me “implotó” la cara. Es decir, la cara se me hunde y se me rompe en quince partes. La operación era muy cara y tan complicada que la pagué vendiendo los derechos de la filmación de la operación, al cirujano que me operó. Un especialista en eso.

Mientras estaba tirado en una cama en el hospital entre la vida y la muerte, con mi hermano Gustavo, no puedo más que emocionarme  cuando me acuerdo, hicimos una lista muy loca de cosas que queríamos hacer. Una lista grosísima... Ser rescatistas. Descolgarnos de los helicópteros. Tirar en tiempo récord el Aconcagua en un rescate operativo. Queríamos correr el Hombre de Acero. Queríamos escalar el Fitz Roy en invierno, y el cerro Torre..!

Para cumplir la lista hacía falta disciplina y plata. Entonces trabajamos en Aconcagua. Empezamos por subir un ala delta a la cumbre para (el programa de la TV española) “Al Filo de lo Imposible”, que no saltó. Pero sí saltaron dos paracaídas de pendientes. Después seguimos llevando una bicicleta a un japonés, para que él pudiera bajar.

También formamos un grupo de rescate e hicimos un primer rescate operativo, desde la cumbre hasta la base en 26 horas.

¿Que quiere decir “operativo”?
Firmamos un contrato donde decía que si el cadáver sufría algún daño, no cobrábamos. Teníamos que hacerlo antes que entrara en período de descomposición. Nosotros lo hicimos en 26 horas. Y en 32 horas estuvo en la cuidad de Mendoza.

¿Quién los contrató?
La embajada de Estados Unidos. David Battaglia se llamaba. Había muerto en la cumbre. Un sobreesfuerzo y no le aguantó el corazón.
Y así fuimos dando cacería a esos sueños...

¿Antes me mencionaste un rescate de dos en la Sur?
Dos polacos. Uno sale de la pared y cuando el otro está terminando de salir se engancha con los grampones y cae, y queda colgado. Nosotros no sabíamos que estaba ahí colgado, así que lo rastreamos por toda la pared, por distintos puntos, haciendo rutas parciales, usando todos los medios que te imagines para ubicarlo, hasta que lo vimos. Habíamos hecho de la mitad de la pared sur para abajo. Subimos hasta el Filo del Guanaco para montar un rappel de 600 metros para llegar hasta donde estaba el tipo y recuperarlo con un sistema de izado. Pero cuando llegamos al filo un gran temporal tapó de nieve la pared, y no sé si lo sacó o lo tapó. Hicimos el rappel,  trabajamos en la pared, pero no lo pudimos sacar.

Cara sur del Aconcagua, Mendoza. Foto: Santiago Storni
Cara sur del Aconcagua. Foto: Santiago Storni


El Fitz Roy y Fonrouge


Aconcagua fue siempre la vidriera donde yo me podía mostrar como Guia para obtener los recursos económicos y poder, a partir de ahí, ir a otras montañas. Siempre viajábamos (a excepción de la expedición a Perú) subvencionados por nuestros propios bolsillos. Nunca tuvimos un dinero extra de nadie, salvo de la gente de la firma Rupal que cuando fuimos al Torre colaboró haciéndonos precio en los equipos, y Makalu colaboró desinteresadamente poniéndonos bolsas de dormir y chaquetas. No llevamos las chaquetas pero sí las bolsas de dormir.

Pero antes tuvimos que pasar por la prueba máxima de Patagonia: el Fitz Roy. Ahí sí, fuimos y pudimos hacer cumbre, por la Supercanaleta en invierno. La tercera expedición invernal. Antes habían estado Sebastián De la Cruz, un gringo y nosotros.

El tema con Fonrouge, siempre fue una cuestión por sus notas tan polémicas, esa relación de amor-odio que desarrollaba con los escaladores del ambiente. Por ejemplo cuando dijo (todavía guardo la nota) que los mendocinos nos quedábamos a escalar en Mendoza porque gozábamos de un clima lindo y calentito, mientras que si íbamos a Patagonia nos íbamos a cagar de frío mal, y no nos gustaba sufrir. Cuando las montañas de los Andes Centrales son tan duras como cualquier otra. Bueno, pero la cabeza de Fonrouge fue también la que marcó la tendencia a buscar rutas creativas.


El Taujirraju y Jeff Lowe

Estuvimos en el  Taujirraju donde estuvo Jeff Lowe, en lo que terminó siendo el Espolón de los Americanos, y nosotros hicimos el canalón lateral, que lleva nuestro nombre. Se llama El Tajo porque es como tomar una montaña y partirla al medio. Es una cascada de hielo de más de 400 metros, delgada como la hoja de un papel y no más ancha que el ancho de hombros, prácticamente inasegurable.

Jeff Lowe es el que hizo el libro que es la biblia... (“El mundo del hielo”).
Mi hermano logró montar cuerdas fijas en todo el lateral de la ruta y fue filmando mi ascensión, y fotografiándola. Estuvimos ahí con mi hermano José Luis, que si bien no es un escalador de renombre ha sido siempre un elemento de combinación importantísimo para lograr las grandes paredes. Él es un porteador alucinante porque es el tipo que tiene el humor y la palabra justa. Es el que reparte el chocolate cuando es necesario, el que da la palabra de aliento cuando todo es negro, y en esa pared en particular él fue decisivo.

Y bueno, logramos elevar la dificultad del Taujirraju. Logramos abrir una ruta y dejar sentada la personalidad del alpinismo mendocino y argentino en las montañas de Perú. Y pudimos llevar nuestra escuela de hielo, nuestro concepto de la escalada en hielo a “La Meca”: a Perú.

Daniel Pizarro en la cumbre del Aconcagua, Mendoza. Foto: Guillermo Novelli
Daniel Pizarro en la cumbre del Aconcagua. Foto: Guillermo Novelli


Alpamayo, Torre y Casimiro Ferrari

Ferrari había estado en el Alpamayo y había abierto su ruta.

En la cara oeste...
Exacto. Nosotros queríamos ir a esa misma montaña y abrir una ruta que mejorara la visión de Ferrari. Fuimos y abrimos la variante Argentina a la ruta Jaegger.
De Ferrari quedaba su ruta al Torre, pero para más adelante porque eso era el sumum. Era el “Gran Tazón” con las porristas y los reflectores.

¿Viste el video de su ascensión?
Si, y tuve la oportunidad de charlar con Casimiro estando en Patagonia. Nos comimos un cordero, nos tomamos unos vinos y nos dijimos un par de cosas que nos queríamos decir hacía tiempo, con respecto a declaraciones de él sobre el alpinismo argentino. Él dijo “El alpinismo argentino va a demostrar su crecimiento cuando se repita mi ruta en el Torre”.

¿Ustedes fueron a hacerla?
(la cara oeste). Quedamos a dos largos de la cumbre. Una avalancha nos sacó todo el equipo, y salvamos la vida milagrosamente; y volvimos con el rabo entre las piernas.

¿Hasta ahora nadie la repitió?
Ninguna expedición argentina sin extranjeros adentro. Hay expediciones con extranjeros, pero eso es con una cabeza que no es la nuestra. Teníamos y seguimos teniendo un concepto: que lo que hagamos tiene que ser argentino; tiene que representarnos y tiene que ser una continuidad de nuestras vidas.

¿Y en qué momento hacían docencia?
Estando dentro del programa Iniciación a la Montaña, presenté un proyecto a la Subsecretaría de Deportes de la Provincia de Mendoza que fue aprobado parcialmente, que era dar escalada en las escuelas como parte del Departamento de Educación Física. De lo que soy consciente es que soy parte de una escuela de la cual me enorgullezco de haber sido uno de los formadores: de la escuela mendocina de escalada en hielo. Porque se dictan cursos de hielo, pero no se dictan cursos de “Cascadas”. Porque formar el físico, la psiquis para una cascada de hielo, es algo diferente.


La Pared Sur y Reinhold Messner

Y en ese ir, quedaba el sensei de la altura que era Reinhold Messner. Me había comido cuanto libro de él hubiese publicado. No podíamos ir al Himalaya a hacer lo que él había hecho porque no nos daba el cuero económicamente, pero sí teníamos la Pared sur del Aconcagua, y sí podíamos ver si nosotros podíamos tener nuestra propia visión de eso. Obviamente teniendo en cuenta las diferencias de tiempo, porque él lo hizo en el '73 y nosotros íbamos a entrar en el '92. Así fuimos a La Sur, en un estilo totalmente alpino, sin usar cuerdas fijas, salvo en un tramo que estaban puestas. Que después me hizo sentir muy mal porque es como cazar con mira telescópica.

“Lo más importante para un escalador es formar su cabeza, su psiquis, y adecuarla al momento histórico con respecto al alpinismo mundial”. Daniel Pizarro. Foto: Guillermo Novelli
“Lo más importante para un escalador es formar su cabeza, su psiquis,
y adecuarla al momento histórico con respecto al alpinismo mundial”.
Daniel Pizarro. Foto: Guillermo Novelli

Habían quedado de la ascensión de Tomas Gufendolfer que la había escalado en tiempo récord, en 16 horas. Él había usado un equipo de ochomilistas que le tendieron las cuerdas y él subió con jumar. No obstante el mérito está; una pared semejante... Pero dentro de mi visión de la montaña eso es otra cosa.

Y usamos dos largos de cuerda fija que estaban ahí, y sin necesidad de usarla. Pero lo que nos pasó fue que era la primera vez nosotros nos encontrábamos con cuerda fija, y era la fantasía de la cuerda fija! Es como cuando llegó el primer celular y querías hablar por celular, o cuando llegó la primer notebook. Entonces estaban las cuerdas fijas ahí, y las usamos. Y cuando terminamos dijimos “¡No! ¿Por qué? ¡Si nosotros no necesitamos artilugios, no necesitamos jugar con trampas a esta montaña!” Y ese fue un momento determinante en nuestra carrera deportiva. Ningún ser humano puede ser el mismo después de una pared como la Pared Sur, y más en una ruta como la de Reinhold Messner, con la variante nuestra. En ese momento comenzó un cambio muy profundo en nosotros. Cambiamos la forma de pensar hacia una escalada mucho más radical. Teníamos la primer parte de nuestra expedición completa que era realizar una variante a la entrada, mucho más veloz, terriblemente expuesta, porque corre por el canal central de avalanchas, y la hicimos después de charlar con Lito Sánchez, cronometrando la frecuencia de avalanchas de la pared. La estuvimos estudiando durante un día entero. Al otro día, cayó la primer avalancha y cruzamos. Teníamos dos horas para cruzar ese canal y nos llevó una hora veinte. Una sensación muy de ruleta rusa. Una vez salidos de ahí encontramos las cuerdas fijas y las usamos, por reflejo, por curiosidad. Pero esa noche nos quitó el sueño, nos sentíamos muy mal. Casi decidimos regresar.

¿Dormían en carpa o vivac?
En el Campo I encontramos un campamento coreano abandonado completo, pero a partir de ahí nos manejamos con cuevas de zorro, enterrándonos en el hielo o en la nieve.
Cuando llegamos a la parte final, la Pala Messner...

¿Cómo se ve la Pala Messner desde ahí? ¿Intimida?
No, lo que realmente intimida, es el mito Messner. Y que es un paso muy, muy expuesto, extraplomado, para entrar a una cascada de unos ciento veinte metros de una chimenea que se va escalando en roca pero asegurando en hielo. Porque la cascada va por adentro y, ¡Ah, un detalle: llevábamos una cuerda de cuarenta metros! Lo ideal era una cuerda de sesenta, pero llevábamos una de cuarenta porque no nos alcanzó la palta para más. Mi hermano no tenía duvet para los vivac por ejemplo. Las bolsas de duvet que llevábamos nos las había prestado el ejército.

Y llegados ahí, nos “pesaron” los dos largos de cuerda fija. Nos miramos al fondo de los ojos y dijimos “Nosotros le jugamos mal a la pared; le jugamos totalmente mal, con un truco sucio. Dejemos que la pared decida si en realidad nosotros nos merecemos poseerla”. Y la hicimos en libre... ¡Terminamos nuestra variante en libre! Con un sentimiento de energía y de sobreelevación, escalando en paralelo, uno a la par del otro, por el espolón. Y mirándonos de reojo por encima de las piquetas, riéndonos y disfrutando como en un vuelo magnífico.

Y recuerdo que mi hermano apura un poco y me saca unos ocho metros, y se sienta en el Filo del Guanaco, y me grita: “¡Yo ya sé que salgo vivo de acá; el que se mata sos vos!”

"Escalábamos con zapatillas comunes. Nuestras primeras pédulas nos las regaló un americano...” Daniel Pizarro escalando. Foto: Santiago Storni
"Escalábamos con zapatillas comunes. Nuestras primeras pédulas
nos las regaló un americano...” Daniel Pizarro escalando.
Foto: Santiago Storni

Cuando llegamos  estábamos en un momento muy especial de nuestros espíritus. Decidimos no ir a la cumbre, porque creíamos que la comunión que teníamos era con la pared, y que hasta ahí era el juego y siempre hay que matar el juego antes de que el juego muera. Y descendimos por una ruta que se usa poco de escape: hicimos un par de rappeles y salimos directamente al Gran Acarreo, y de ahí  a Plaza de Mulas. La ruta está explicada en el libro de J. R. Secor (“Escalando el Aconcagua”). También está en la Guía Desnivel del Aconcagua.

Lo hicimos con toda la responsabilidad. ¡Eso éramos nosotros! No creo que un artista pueda pintar un cuadro sin ser él, sin involucrar su ser en los trazos. Nosotros habíamos querido marcar ese momento a fuego, para bien o para mal, esa había sido nuestra decisión.

Ir a la Pared Sur a hacer una variante a la ruta Messner, vos imaginate, en aquel momento sonaba de una arrogancia total. Pero era una arrogancia bien entendida. El hecho de decir “¡Yo puedo!” ¿Dónde está la limitación? ¿Cuál es? ¿Tengo que ser un mediocre si vivo en este país? ¿Tengo que limitarme a andar por rutas normales y jamás ponerme a pensar en la belleza de la ruta a nivel mundial?

Y a partir de ahí logramos la confianza que necesitábamos para pasos más grandes. Porque habíamos usado una cuerda de cuarenta metros, sólo diez tornillos, no teníamos friends porque ni los conocíamos; nadie excepto Lito Sánchez nos habia dicho qué hacer, cómo manejar la dificultad de la pared, y todos esperaban que falláramos y nos muriéramos. Y ni fallamos ni nos morimos. Eso nos fortaleció y nos engrandeció.


La gran cascada y Alex Lowe

El siguiente sueño fue en relación con Alex Lowe, que había venido aquí a Plaza Argentina y había intentado una cascada gigante de hielo que hay, y habia abandonado por el altísimo nivel de dificultad que tenía. Está en el Campo 1 del Glaciar de los Polacos y es la cascada más grande que yo he visto en los Andes Centrales. Tiene 200 m de frente, 420 m de largo y se forma porque cae en cascada y la golpea el viento, entonces hace un túnel interior. Te podés mandar por el túnel dentro de la cascada. La podés escalar o podés pasarla por adentro.

Alex Lowe lo que hizo fue empezar a escalarla en solo. Pero se le fue de mambo la dificultad y escapó por dentro del túnel, y salió arriba.

¿Tiene nombre esa cascada?
Ahora sí: se llama “El Show debe continuar!”. En realidad no va a la cumbre. Es nada más que un itinerario de hielo.
Gustavo no podía acompañarme, y yo sentía que era el momento de escalarla. Y me fui a vivir a Plaza Argentina a esperar algún escalador, poder convencer a alguien. Todos me respondían “¿Estás loco? ¿Estás rayado? ¿Comiste vidrio, negro?” Intenté convencer a cuanto gringo y a cuanto argentino se me cruzaba pero todos me mandaban a pasear. Hasta que apareció Tony Rodríguez, un Guía que vive en Neuquén. Entonces primero tuve que convencer a la esposa que lo dejara ir a escalar y después lo convencí a él.

Y fuimos... ¡Y la pudimos hacer! Fue impresionante.! Son largos de sueño, son cosas que no tengo palabras... Son estalactitas gigantes. No se puede colocar tornillos, entonces se asegura en las estalactitas. No se golpea, se “ganchea”. En vez de golpear se enganchan las herramientas dentro de las estalactitas.

“Entrenábamos en soledad. La palestra era como nuestro jardín. Ahí llegábamos corriendo, con las mochilitas, con lo justo.” Daniel Pizarro escalando. Foto: Santiago Storni
“Entrenábamos en soledad. La palestra era como nuestro jardín.
Ahí llegábamos corriendo, con las mochilitas, con lo justo.” Daniel Pizarro escalando.
Foto: Santiago Storni

Bueno, una vez ya puesta nuestra escalada en comparación... Porque el problema argentino es poder a través del talento alcanzar un nivel de excelencia que sea comparable con otro nivel de excelencia. Es como una película argentina que compite con una extranjera hecha con millones de dólares de presupuesto. Entonces ¿cómo compara uno si tiene talento en realidad, y si está en el camino?

Aunque hoy es más fácil porque hay más información. Ustedes (al borde) son de los responsables de que exista esa información. Hay programas de TV, videos y películas, que muestran a otros escaladores, y uno puede ver si está haciendo lo que debe y si lo está haciendo bien. Y hay algunas instituciones o empresas que apoyan la escalada, directa o indirectamente, y que así permiten que los escaladores se puedan desarrollar.

Y fuimos cumpliendo una a una las cosas. Y aparte del Hombre de Acero que no se corre más acá, nos queda un solo proyecto de la lista original, que es la diretissima a (el cerro) La Mano. Es una escalada mixta, bellísima. Desde Nido de Cóndores se ve muy clara.

¿La altura es?
Seis mil y pico. Pero cada vez que nos lo planteamos, aparece la pregunta de si realmente  hay que acabar aquella lista...


Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez

 
Jefe de Proyecto: Ing.Natalia Fernández Juárez      Diseño/Desarrollo: Hernán Rafaele















TEL  +54.11.4861.1063  |   e-mail: info@culturademontania.com.ar


W W W . C U L T U R A D E M O N T A N I A . C O M . A R