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Diciembre 2013 – Revista Digital Nro 44
Salvando la memoria de los Selk´nam en Tierra del Fuego

Anne Chapman estudio en Columbia, luego en la Sorbona donde fue discípula de Claude Lévi-Strauss y desde 1964 se vinculó con la cultura de los Onas durante el resto de su vida

Por Carlos Canepa, www.lenga3d.com.ar


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez

Producción Fotográfica: Diego Guerra


“¿Dónde  fueron las mujeres que cantaban como los canarios? Había muchas mujeres.¿Dónde  fueron?”


                                                                                                                                                               Lola Kiepja

Una arqueóloga francesa fue quien le contó por primera vez a Anne Chapman (es inevitable pensar que mientras caminaban por una sala del Museo del Hombre de Paris) sobre una mujer que vivía en el lado argentino de la Isla de Tierra del Fuego, última representante de una cultura extinguida: los  Selk´nam, más conocidos como Onas.

La antropóloga franco-estadounidense Dra. Anne MacKaye Chapman en Tierra del Fuego junto a dos asistentes


Anita, como la llamaban cariñosamente sus compañeros de estudios
en la Universidad Autónoma de México, siempre agradeció la valiosa contribución de su amiga. Nació en Los Angeles, California, en 1922. Hija de un padre empresario, víctima de la Gran Depresión de los años ´30  y de una madre pionera del feminismo y sufragista por quien siempre guardó gran admiración y respeto. Su vocación por la antropología surgió en México, país hacia el cual se dirigió para aprender español y poder vincularse con su cultura. Formó parte, en la década de los años ´40, de la primera generación de egresados de la Escuela de Antropología e Historia (ENAH). Contaba que una de las principales lecciones que recibió allí fue de parte de su profesor Alfonso Villa Rojas. “El siempre insistía en que debíamos crear lazos de amistad” recordaba. Buscar el diálogo largo e intenso con diferentes personas que ofrecieran sus vivencias, mitos, cuentos, biografías, evitando hacerles jugar el desagradable papel de “informantes” según el estilo de la vieja antropología colonial.

Continuó con sus estudios en la Universidad de Columbia  y,  luego, en la Sorbona. Allí fue discípula de Claude Lévi-Strauss y ,durante años, integró el Centro de Investigaciones Científicas de Francia y del Museo del Hombre de París, destacando siempre la importancia que puede tener un solo informante para rescatar parte del legado de una cultura.

Nativos de Tierra del Fuego

Mujeres de Tierra del Fuego

Todas estas ideas-fuerza se pusieron en marcha cuando, trabajando con el grupo de Lévi-Strauss en Honduras, consiguió permiso para variar su trabajo de campo y viajó por primera vez a Tierra del Fuego en 1964, dando comienzo a una vinculación que duraría el resto de su vida y que quedó materializada en múltiples libros, artículos, conferencias, grabaciones y edición de discos con canciones originales, documentales y exposiciones.

Chapman conoció a Lola Kiepja en una reserva cercana al Lago Fagnano y al pueblo de Tolhuin, “corazón” de la Isla Grande. Vivía en una cabaña de una pieza, construida para ella por obreros de un aserradero de la zona. Había levantado atrás de la cabaña,  con sus propias manos,  una tienda similar a la de sus recuerdos y pasaba allí la mayor parte del día tejiendo canastas y rodeada de mínimos, imprescindibles objetos. Pronto se estableció entre ellas un fuerte vínculo de afecto y amistad que Anne siempre recordaría.

“Era una persona de excepcional riqueza, apasionada, sensible, inteligente. Tenía un profundo conocimiento del misticismo de su pueblo” recordaba Chapman. “Ella era un chamán, el último chamán shep´nam .Había heredado su poder sobrenatural de un tío materno que transmitió su espíritu en un sueño. Se ejercitó durante años para adquirir suficiente fuerza de concentración y lograr acceder al más allá”.

Lola Kiepja en 1966. Foto: Anne Chapman

Anne Chapman y Angela Loij


Los chamanes ocupaban un lugar preponderante en esa cultura. Respetados y temidos, eran los guardianes de la tradición, “padres de la palabra”, capaces de curar y de matar a sus enemigos a la distancia con flechas invisibles. Metódica y pacientemente, Chapman grabó los cantos chamánicos, lamentos, canciones de cuna, cantos del guanaco y del más importante ritual de los selk´nam: El Hain. “Estoy siguiendo las pisadas de los que murieron. Se me ha permitido venir a la Montaña del Poder. He llegado a la Gran Cordillera del Cielo. El poder de aquellos que murieron vuelve a mi Del infinito me han hablado” cantó Lola para el grabador. Disfrutaba y se reía mucho al escucharse luego frente a “la máquina” como solía decir. Anciana y sola, murió a fines del invierno de 1966 desapareciendo, así, todo testimonio directo de un pueblo paleolítico de cazadores-recolectores.

Chapman regresó a Tierra del Fuego en 1967 y se puso en contacto con Angela Loij, amiga de Lola. Ángela estaba muy involucrada con su cultura ancestral. Hija de padres indígenas había vivido sus primeros años rodeada por su familia y, aproximadamente, a los diez años ingresó en la Misión Salesiana de la Isla Grande en donde vivió y compartió muchas horas y relatos junto a ancianas que recordaban permanentemente el pasado. Fue ella quién colaboró en traducir todos los cantos grabados por Lola. Una tarea dificultosa dado que los chamanes utilizaban un lenguaje distinto,  esotérico al cantar. Luego Chapman  recorrió la parte sur de la Isla y realizó diversas investigaciones sobre los Yaganes, habitantes de las costas del Canal de Beagle, islas vecinas y del Cabo de Hornos.

Estos, a diferencia de los Selk´nam eran eximios navegantes Pasaban la mayor parte de sus vidas a bordo de canoas construidas con corteza de  árboles y unidas entre sí mediante costuras hechas con tientos de cuero de lobo marino o barbas de ballenas.  Podían llevar entre siete y ocho personas a bordo y siempre mantenían, en el centro de la misma, un fuego encendido.  Estas canoas se encontraban magníficamente adaptadas para navegar, con mínimos recursos, en un ambiente de una hostilidad difícil de encontrar en otros lugares del mundo.  

Una familia Selk'nam. Akukiol Halimink (famoso chamán) con su esposa e hijos. Foto: Martin Gusinde, 1919


Los Yaganes vivían prácticamente desnudos
, cubriéndose ocasionalmente con pieles de lobos marinos .Para protegerse del frío (puede llegar a-20 grados) se untaban el cuerpo con grasa de foca o de ballena. Se alimentaban de carne de lobo marino, de peces o de mariscos y crustáceos que recogían las mujeres arrojándose a las aguas heladas.

Al tomar contacto con los europeos, obsesionados siempre con la desnudez, fueron llevados a usar ropas de lana que al mojarse tardaban en secar provocando enfermedades para las cuales no tenían inmunidad. Sobre ellos, Chapman señaló:

“Ya no se trataría de aborígenes que apenas lograban sobrevivir en frágiles canoas, sino mas bien de un pueblo marítimo, único en la historia de la humanidad, inquieto y creador, cuando aún era dueño de su destino”.

Pero Chapman no fue la primera: A principios del siglo XX el sacerdote y etnólogo austríaco Martín Gusinde realizó un vasto trabajo en relación a la cultura Shep´nam que ella no dudaba  en calificar como “monumental”. Gusinde registró minuciosamente la notable y alucinante ceremonia del Hain, el ritual iniciático de los jóvenes shep´nam. Lola siempre decía sobre esta ceremonia:

“Hay mucho, mucho del Hain. Nunca podré contar todo.”

Los Selk'nam

Los Selk'nam, Tierra del Fuego

Los Selk'nam, Tierra del Fuego

Los Selk'nam en la costa, Tierra del Fuego

 

Video:
Los Onas, 1967. Lola Kiepja de Anne Chapman y Ana Montes


El principal objetivo tenía que ver con el tránsito de los jóvenes a la condición de adultos. Un joven no podía casarse sin haber transitado por ella. Era una larga y profunda experiencia educativa que podía llegar a durar meses, según lo decidieran quienes la dirigían, considerando si habían completado adecuadamente su aprendizaje.

El Hain servía, también, para reafirmar la estructura patriarcal, reunir gente dispersa o que no podía verse con frecuencia y practicar todos los rituales considerados indispensables para la continuidad social. Era una suerte de gran representación teatral, con personajes que representaban diferentes papeles y situaciones durante un largo período. Se suponía que las mujeres estaban convencidas de que se estaban enfrentando a espíritus y no a hombres.

Ese era el gran “secreto”. Chapman pudo, sin embargo, determinar  con Ángela, que había dejado más la tradición que Lola, que el supuesto “ secreto” no era tal. Conocían perfectamente lo que sucedía pero “actuaban” como si no lo supieran. En esa “actuación” estaba lo teatral y la diversión.

A partir del año 1880 comienza la colonización sistemática del territorio por parte de los blancos. Las tierras se presentaban muy aptas para la crianza de ovejas y comienzan a desarrollarse las estancias. Hasta ese momento el contacto había sido muy esporádico y comenzado, más precisamente, el 21 de Octubre de 1520 cuando un grupo de sorprendidos indígenas avistó una flotilla de 4 naves desconocidas. Las naos, esos barcos diseñados por los portugueses para afrontar largos viajes de exploración y comercio, estaban bajo el mando de un capitán que daría su nombre para bautizar el estrecho que une ambos océanos y, más tarde, entregaría su vida en ese viaje extraordinario: Fernando de Magallanes.

Mujer Selk'nam

Hombre Selk'nam

Nativos Selk'nam, Tierra del Fuego

Cura Chamanica de los Selkman. Foto: Colección Alberto De Agostini


Del siglo XVI al XIX los contactos fueron esporádicos
y, fundamentalmente, con los yaganes que vivían cerca de las rutas seguidas por los navegantes transoceánicos. Salvo excepciones, la visión de los europeos estuvo siempre cargada de menosprecio y desvalorización. Fitz Roy los definió como “apenas superiores a los animales”, un joven naturalista de 22 años, pasajero del “Beagle”, los consideró “degenerados y miserables salvajes”. Muchos años después Charles Darwin lamentaría sus palabras que tanta difusión habían tenido. Contrariamente, Thomas Bridges, misionero inglés y fundador de la primera estancia de la Isla, Harberton, reunió 32.000 palabras en un erudito trabajo destinado a la edición del primer diccionario Yagán-Inglés.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX la persecución a los indígenas se intensifica. El alambrado de los campos dificulta el desplazamiento de los guanacos y complica la caza de los mismos. Esto trae como consecuencia el aumento de las luchas por los territorios de caza y la búsqueda de sustitutos para poder alimentarse. Empiezan a recurrir a las ovejas para poder comer, algo considerado normal para un pueblo sin idea de la propiedad. Los ovejeros, pasaron a reclutar entonces, a genocidas encargados de la eliminación masiva de los indígenas.

Niños Selk'nam

Costumbres de los Selk'nam

Chozas de los Selk'nam

Dramatico documento de la caceria de indios Selkman como se venia practicando por los estancieros.
Foto: Colección Alberto De Agostini


Las orejas, cabezas y tetas de las mujeres comenzaron a tener  cotización
  en libras esterlinas .Las mujeres y los niños valían más. Lucas Bridges relató una charla mantenida con uno de los más conocidos asesinos, un escocés de apellido Mac Klenan, “El chancho colorado”. En vez de matarlos, le propuso la idea de prepararlos para poder trabajar en las tareas rurales .Recibió como respuesta que era mucha molestia porque primero había que darles de comer y vestirlos para poder educarlos. Era mejor meterles una bala y listo. Pero lo que no lograba el Winchester, lo conseguían las enfermedades traídas por los blancos, que actuaban con enorme virulencia sobre cuerpos sin inmunidad para ellas.

Los chamanes, entonces, nada pudieron hacer. El crimen estaba completo. Unos pocos se refugiaron en las misiones, pero el abandono de la vida nómada por la sedentaria, los cambios en la alimentación y la vestimenta fueron terminando con ellos rápidamente.

Ángela Loij fue la última en quedar con vida en la Misión Salesiana .Le pidieron que se fuera para  cerrarla. Así fue como terminaron desapareciendo esos pueblos de nuestro sur cuya historia se remontaba a las más lejanas épocas de la existencia humana, similar a la de los australianos originarios. El 12 de Junio de 2010, Anne Chapman falleció en  París  a la edad de 88 años. Fue entonces, cuando en el otro lado del mundo, el viento del oeste sopló aún más fuerte, todos los fuegos se encendieron, las canoas cabecearon y sus míticos tripulantes levantaron los remos en señal de despedida.

Los Selk'nam, Tierra del Fuego

Los Selk'nam, Tierra del Fuego

Anne Chapman durante una prsentación en Buenos Aires



Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez

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