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Mayo 2014 – Noticias y Novedades
Recuperado de cáncer de pulmón, comenzó a escalar montañas

El descubrir no consiste en cambiar el paisaje, sino en cambiar la mirada

- Por Peter Czanyo, Revista Prescribe -

Fotos: Peter Czanyo

Recuperado de cáncer de pulmón, luego de ese trance se replanteó su vida. Creó una Fundación para pacientes, comenzó a escalar montañas y recibió designaciones y reconocimientos de instituciones internacionales. Aquí nos cuenta sobre este cambio y deja un mensaje de aliento.

Peter Czanyo en Berlin, Aconcagua a 6000 msnm. Foto: Peter Czanyo

Peter Czanyo en Berlin, Aconcagua a 6.000 msnm

"El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en cambiar el paisaje, sino en cambiar la mirada”. La frase de Marcel Proust es una de las más significativas para Peter Czanyo, y por eso, durante la entrevista se remitirá a ella más de una vez. “Es que cuando vos cambiás, cambia todo. Entonces se trata de mirar distinto”, explica mientras resume las circunstancias que lo condujeron al cambio.

Hijo de madre alemana y padre húngaro, a Peter (N. de la R., aclara que es Peter, remarcando la primera E), le diagnosticaron cáncer de pulmón hace ocho años, luego de unos exámenes de rutina por otras causas. Recuerda exactamente cuando el especialista le dio el diagnóstico y diez días más tarde, lo operaron.

La cirugía la realizaron un miércoles de cenizas: “Yo no era consciente del tipo de cirugía que iba tener y pensaba ‘ojalá el fin de semana me dejen salir’”. Pero la internación duró diez días, los tres primeros en terapia intensiva. El domingo de Pascua pasó a una sala y recibió las primeras visitas. Sus hijas, Sofía y Carolina, tenían 8 y 14 años respectivamente. “Ellas fueron el motor”, relata y añade que contarles la verdad no resultó fácil. Sin embargo, lo hizo y con claridad: “Les conté que tenía cáncer la palabra cáncer afecta a los adultos, no a los chicos”.

Peter Czanyo

Una vez en el quirófano, “desnudo en cuerpo y alma, mi vida había cambia-do y ese era el momento que lo indicaba”, recuerda. Y pidió: “Dios, dame diez años de vida. Hasta que Sofi tuviera 18”, aclara. “Y lo dije muy sentidamente, pero eso también me obligaba a mí a cambiar la vida”. Aunque, “no significa que después de la cirugía salí pensando en eso. Pero fue un momento de quiebre”.

Algunas veces, al mirar atrás, confiesa que no reconoce a aquel hombre que fue, siempre de saco y corbata, corriendo de un lado para el otro. “Para mí, lo más importante era el trabajo. Había mucho estrés en mi vida”. Hoy continúa trabajando en la empresa Kalpakian S.A. donde, luego de muchos años de relación laboral, se est­bleció también una relación de mutuo afecto. “Tuve mucha comprensión en cuanto a los tiempos y en cuanto a lo que yo cambié. No hubo conflictos. De todas maneras hoy trabajo distinto. Pero no solo cambié en el trabajo, sino en la forma de ver la vida”, remarca.

Peter Czanyo en el Parque Aconcagua, Marzo 2005. Foto: Peter Czanyo

Peter Czanyo en el Parque Aconcagua, Marzo 2005

Entre las cosas que dejó atrás está el cigarrillo: “El último día que fumé fue antes de entrar en el hospital. Fue algo natural. Estuve 10 días internado, en­tonces el cigarrillo me dejó a mí, y cuando salí… ya está!. Otras personas han salido de situaciones como esta y han vuelto a fumar. Pero yo no”.

Cuenta que al ser dado de alta “estaba muy sensible y lloré mucho”. A 28 días se reintegró a su trabajo, y a los dos meses inició tratamiento con una psicóloga “que me ayudó mucho”. Por entonces ya solía practicar tai chi, así que también recurrió a su profesor. Y “se me ocurrió anotarme en una maratón de 6 kilómetros. Una cosa muy loca –reconoce–, pero se me ocurrió eso". Y a los ocho meses de haber sido intervenido corrió, corrió durante 36 minutos: “No me voy a olvidar nunca”.

También reconoce que los médicos que le salvaron la vida le dijeron que “no debería hacer esas cosas”. No obstante, en la búsqueda de una armonía entre lo que se puede y lo que se debe, reflexiona: “Creo que hay que hacer lo que los médicos dicen, pero también hay que hacer lo que uno siente; hay que encontrar ese equilibrio. Amo la vida, no es que me arriesgo. Si alguien que no tuvo una cirugía como la que yo tuve decide escalar el Aconcagua, también se arriesga”. Precisamente fue después de aquella primera maratón cuando decidió escalar montañas.

El Salto, Potrerillos, Mendoza, Agosto de 2005. Foto: Peter Czanyo

El Salto, Potrerillos, Mendoza, Agosto de 2005


Un camino hacia adentro

No le resulta fácil explicar cómo fue el cambio, y lo define como un “sentirte mejor con uno mismo. Es un camino hacia adentro. Es empezar a ver la vida, hacer lo que realmente te gusta”. Sin embargo, “no es tan sencillo, y todavía, en ese camino me falta mucho. Es empezar a usar las palabras ‘verdad’, ‘amor’, ‘compromiso’, pero a usarlas realmente. Porque las fuimos perdiendo. Es, cuando estás en la montaña, emocio­narte con un amanecer”, ilustra.

Recuerda que en diciembre de aquel año que corrió la primera maratón, lo visitó una de sus hermanas, Paty, y fueron a Mendoza. Allí, de pie, en la ruta desde donde vieron el Aconcagua, Peter soltó con naturalidad: “Yo lo voy a escalar”. Pese a que ella lo consideró “una locura”, él inició su camino: “Lo hice mío. Busqué toda la información, libros. Busqué un mapa topográfico y lo puse en mi living. Leí todas sus historias. Me contacté con gente que lo había escalado, miraba sus fotos. Todo un trabajo de investigación”. Lo logró. Y hasta contó con el apoyo de su obra social.

En 2009 participó de una expedición al Aconcagua, y, “si bien fue un esfuerzo enorme, también fue algo maravilloso: pude llegar a 6.000 metros de altura”. Aunque, “cuando estuve allí, supe decir ‘basta’. A veces, alguien que no tuvo esta patología, no lo sabe decir y sigue. Es una cuestión de conciencia”, señala convencido.

Penitentes, Aconcagua. Foto: Peter Czanyo

Penitentes, Aconcagua

“Mirar distinto”. De eso se trata. Y cuando se le pregunta de qué manera cambió su relación con el entorno, responde: “Lo que cambia la relación son tus ojos”. Aprender a respirar y a meditar también contribuyó. “Antes leía mucho y ahora también lo hago”, cuenta Peter, uno de cuyos autores preferidos es Osho; solo que antes “leía y no hacía. Entonces, este quiebre en mi vida fue cerrar los libros y empezar a hacerlo. Esa fue la gran diferencia”. Hoy,“salir a entrenar es una meditación en sí misma". Actualmente entrena con un grupo de running de Adidas, “incluso si llueve salgo a entrenar”.

“Mi hermana, mi maestra”

Inevitablemente, su relación con la muerte también cambió: “Me acerqué y tuve miedo”, confiesa. Pero, “si hoy estuviera en la misma situación, no tendría miedo de irme”. En su momento, el pronóstico no era alentador y las probabilidades de llegar al quinto año de la operación con vida eran del 12%. No niega que más allá de vivir la experiencia, dedicó bastante tiempo a la búsqueda de información en Internet, algo que hoy ya no hace; pero lo cierto es que hubo otra circunstancia que toma como referente y dice que “en estas cuestiones de la muerte, mi hermana fue mi maestra”. Hace dos años, a su hermana Evy le diagnosticaron cáncer de páncreas “Y se fue. Ella sabía que se iba a ir”, relata. “Pero fue la manera de enfrentar la muerte y de despedirse -incluso escribiéndome e-mails a mí, donde me decía que no estuviera triste porque ella estaba feliz- la mejor lección de vida que me dejó”. “En este caso, la medicación oncológica le sirvió para prolongarle la vida, con una buena calidad de vida. Y esto le sirvió incluso para poder despedirse de muchas personas y dejar sus cosas en orden”.

En noviembre de 2009, él y sus tres hermanas (Evy, Paty y Mimi) se encon­traron en Alemania, donde vivía Evy, y se despidieron: “Es muy difícil despedirse, pero después uno se da cuenta: que bien que lo pudimos hacer, qué bien que nos dijimos que nos queremos, que bien que nos pudimos abrazar”, reflexiona. Y evoca que, para su funeral, Evy eligió tres canciones -en cada uno de los idiomas que hablan, alemán, húngaro y español- y la canción en español fue nada menos que “Gracias a la vida”, de Mercedes Sosa. “Es muy significativo que una persona que se va elija esa canción. Amó la vida y por eso se fue bien”.

Peter Czanyo en Nido de Cóndores, Aconcagua. Foto: Peter Czanyo

Peter Czanyo en Nido de Cóndores, Aconcagua

Camino a la cumbre del Aconcagua. Foto: Peter Czanyo

Camino a la cumbre del Aconcagua

“Vivir bien es una obligación que tenemos”, refiere convencido mientras repasa los últimos días de su hermana, que eligió vivirlos en un hospice. “Tuvo dos cirugías, pero ella decidió que había que irse bien, sin aferrarse a la vida. Y se contactó con muchas de las personas con las cuales había estado vinculada, a muchas les hizo un regalo para que la recuerden. Ordenó todas sus cosas, su vivienda. Y murió en brazos de mi otra hermana, en su habitación del hospice, que había decorado con las cosas de su propia casa y donde se sentía muy a gusto”.

“La muerte es lo común a todos. Si uno dice que es maravillosa, lo miran ‘medio extraño’, pero es tan maravillosa como la vida. Lo que nos hace aferrar a la vida es ese miedo que tenemos a lo desconocido, en lugar de que sea una experiencia maravillosa”, sostiene, y desdramatiza con otra frase: “Hay que agregarle vida a los años y no años a la vida. Este es el concepto. Vivamos plenamente!”.


La Fundación

Peter Czanyo creó y preside la Fundación Pacientes de Cáncer de Pulmón. Desde allí, durante el poco tiempo libre que le dejan su trabajo y el entrenamiento, procura llegar a otras personas, concientizar. Suelen ser los familiares de los pacientes quienes más se acercan para consultar: “A veces, los pacientes están como más enojados. Entonces, cuando hay enojo, hay resistencia. Están enojados con la vida, con ellos mismos. En cambio, me llaman los familiares y amigos para ayudarlos a encarar la situación”.

Peter Czanyo con Fernando Santamaria y Oscar Boiero, Aconcagua enero 2008

Para Peter, la meditaci ón resulta de gran ayuda: “Es una ayuda para el alma”, aclara. Y asegura que “nunca es tarde. Entonces, ¿por qué no ayudar a la persona a que se sienta feliz? No es ayudar solamente a que se cure como último objetivo; el último objeti­vo es que sea feliz…”

“Contemplar es algo maravilloso. Escuchar los pájaros cantar a la mañana es maravilloso. Todo eso está en nosotros porque siempre estuvo, pero no escuchábamos. Entonces, comenzar a escuchar, a ver cómo florecen los árboles…” También valora el contactarse con los propios sentimientos, expresarse: “Que el papá le diga a su hijo ‘te quiero mucho’ es importante. No somos menos hombres por decirlo o porque nos emocionemos y se nos caigan lágrimas por algún motivo. A la larga terminamos hablando de eso y no del cáncer, del VIH o de cualquier otra enfermedad. Es escuchar qué nos está diciendo nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es algo maravilloso”.

Para Peter, “el mejor médico es escucharnos a nosotros mismos, nuestras propias necesidades, dormir bien, dormir las horas que cada uno necesite, realizar alguna actividad física, comer sano (N. de la R.: hace más de tres años que se hizo vegetariano). Estoy muy contento de esa decisión que tomé: no como lo que amo, aunque si otro no lo hace está todo muy bien. Lo importante es que se cuide, y que deje el cigarrillo”.

Regreso de la cumbre del Aconcagua en el refugio de Mulas. Foto: Peter Czanyo

Regreso de la cumbre del Aconcagua en el refugio de Mulas

“Salir a la montaña y demostrar que podemos alcanzar sueños y utopías. De esa manera llego a pacientes que están detrás de esas historias”, respondía en otra entrevista con Prescribe, cuando se le preguntaba por los principales logros obtenidos desde la Fundación que preside.

En 2011 fue designado embajador Global de Cáncer para Argentina por la American Cancer Society y en septiembre viajó a Naciones Unidas, donde se realizó la Asamblea de Enfermedades No transmisibles (ENT). Esta designación, opina, es importante “para todos los pacientes de cáncer”.

En julio próximo también viajará a Amsterdam para participar del meeting de la Global Lung Cancer Coalition y de la 14th World Conference on Lung Cancer: “Desde ahí, una ONG de Eslovenia me invitó a escalar el Cerro Triglav, en los Alpes, así que, ¡a respirar profundo e ir en su busca!”, se entusiasma.

Un descanso en la montaña, Mendoza, 2011. Foto: Peter Czanyo

Un descanso en la montaña, Mendoza, 2011


Llegar a todos

Habla con entusiasmo, pero con calma, y da muchas charlas, generalmente motivacionales, aunque también le gustaría llegar a los colegios. “Generalmente hablamos de manera negativa. Por ejemplo, si alguien fuma le decimos lo malo que le puede ocurrir, pero nos olvidamos de decirle lo bien que podría estar si no fumara; mostrarle otras opciones. Me gustaría dar este tipo de charlas a los chicos; por supuesto necesitaría que el gabinete psicopedagógico me ayude en cuanto a cómo encararlo. Porque uno va aprendiendo sobre la marcha sobre cómo transmitir a los otros”.

“¿Qué les diría? Me presentaría como una persona que les quiere mostrar las cosas lindas que hay en la vida y que ellos pueden encontrar. Simplemente eso. Y cómo a veces tomamos decisiones que nos pueden apartar del camino. Y que siempre podemos volver. Depende también de la edad de los chicos para los cuales fuera la charla”.

Las invitaciones y designaciones, como la de American Global Society, “para mí son regalos”, asegura. Y añade que “si hoy tuviera nuevamente un diagnóstico adverso, lo aceptaría de una manera muy distinta a la de antes. Antes lo acepté, pero no fue un aceptar desde el corazón. Preguntarse ‘por qué a mí’ es enojo”. En cambio, propone cambiar la pregunta: “Por qué no preguntarse ‘por qué no a mí’, o ‘por qué me ha tocado esto y qué tengo que cambiar’, y no desde la bronca. Hay que mirar hacia adentro, no hacia fuera. La sanación está adentro”.

Peter en el cerro Kern, Eslovenia. Foto: Peter Czanyo

Peter en el cerro Kern, Eslovenia

En noviembre, mes internacional de la concientización sobre el cáncer de pulmón, se proponía escalar el Lanin, pero el clima y las condiciones no fueron favorables. De todas maneras, pese a no haber llegado esta vez, dejó su mensaje positivo: “Sé bien que se puede, que siempre habrá otras posibilidades y caminos. Así en la montaña como en la vida... y hay que seguir caminando”. También se inscribió para el Cruce de los Andes en febrero de 2012: “Son 100 km en tres días y sé que puedo hacerlo”, sostiene.

Amante de las frases célebres, vuelve a remitirse a Marcel Proust hacia el final de la entrevista: “Cambiar la mirada, sí, pero no esperemos hasta el último momento; siempre hay tiempo, pero por qué no hacerlo ahora? El mañana no existe siquiera. Y el ayer tampoco. Lo único que existe es el hoy. Entonces, hagámoslo hoy, pero hagámoslo en serio”, concluye dispuesto a continuar honrando la vida.

Cruce de Los Andes, Febrero de 2012. Foto: Peter Czanyo

Cruce de Los Andes, Febrero de 2012


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