Actividades · Viajes y expediciones

Ascendiendo a los cerros El Barco y el Alto San Juan en los andes centrales chilenos

Relato de dos proyectos que tuvieron un propósito de promover la creación de un Parque Nacional en Chile, lográndose además la primera ascensión al cerro El Barco de 4527 metros.

Vivíana Guía Instructor FEACH. Instructor NOLS

Viviana Callaham

Edición: CCAM



 

Primer proyecto

Integrantes de la expedición :Tomás Gonzáles, Felipe Cancino, Matt Maynard y Vivíana Callahan. 

 

Esta expedición surgió como una invitación del periodista Matt Maynard, inglés que reside hace varios años en nuestro país y que está involucrado constantemente en la publicación de artículos con intereses medioambientales.

Esta vez la idea de entrar al predio de Río Colorado, era para poder documentar imágenes del lugar y opiniones sobre la factibilidad de convertir este lugar en un Parque Nacional. Ya que estos territorios corresponden a un terreno fiscal de alrededor de 142.000 hectáreas que está hoy en manos de Bienes Nacionales, pero el acceso a ellos es bastante engorroso y restringido ya que sus vecinos colindantes son la central hidroeléctrica AES gener y Cementos Bio bio, este último se apropió de parte de este terreno bajo el gobierno de la dictadura militar y a un precio irrisorio, probablemente por las influencias políticas de la época.

El tema de dejar estos terrenos bajo manos de Bienes Nacionales es dejarlos vulnerables a la intervención de proyectos mineros. Es por eso que hace un par de años la Fundación Plantae junto con otras organizaciones dirige una campaña ciudadana, llamada “ Queremos Parque” con el objetivo de hacer un petitorio al presidente de la República, único ente capaz de promulgar la aprobación de estos terrenos y convertirlos en Parque Nacional.

Con esta aprobación, se podría proteger este territorio y junto con ellos la única reserva acuífera que abastece hoy en día la ciudad de Santiago y que cuenta con más de 300 glaciares, los cuáles se verían protegidos. Algo importante si sumamos la mega sequía que nos ha afectado desde hace más de 10 años en la zona central agregado al  calentamiento global, el cual no hay esperanzas de que nos abandone.

Recorrido de la expedición

Felipe caminando en donde se divide los valles azufre h museo.

Hoy post pandemia y podemos dar fe que los espacios naturales son un preciado lugar para disfrutar y para poder educar mejor a la ciudadanía sobre la interacción en ellos.

Cuando surgió la idea de esta expedición pensamos en varias alternativas, pero finalmente acuñamos la idea de poder intentar realizar la ascensión a el cerro El Barco, una montaña de sobre 4000 metros (4.527m)  que se encontraba aún no escalada en medio del cajón del azufre y museo. Probablemente ante los  grandes Seismiles que encierran estos valles, el Cerro. El Barco era un objetivo poco atrayente si además le sumamos  las dificultades logísticas de poder acceder a estos lugares.

Sin embargo para nosotros fue una maravilla verlo a la distancia como un vigía del cerro Alto  como un barco encallado, sus farallones rocosos que lo circundan que parecen hacerlo inalcanzable pero que, sin embargo, dejan visibilizar, a simple vista, una subida lógica hasta su cumbre.

 

La preparación y el equipo humano

Finalmente el grupo humano que formaría parte de esta expedición estaba compuesto por Tomás Gonzalez, Felipe Cancino, Matt Maynard y Vivíana Callahan. Felipe y yo seríamos los encargados de planificar la Ascensión y velar por la seguridad del equipo Tomás era el experto en kayak y con muchos años de experiencia en él.

Felipe con el Pan de Azúcar detrás.

Como pretendíamos hacer un reportaje en este lugar, intentamos buscar la forma de entrar por acceso regular y buscamos diferentes maneras de poder obtener el permiso, con mucha anticipación, pero, aun así, este fue denegado y nos encontrábamos  en una encrucijada si seguir o no  adelante. Bajo nuestra responsabilidad todo el grupo participantes decidió que intentaríamos pasar de todas formas, por nuestros propios medios con la idea de demostrar lo importante que es, democratizar estos territorios y evitar esta burocracia que hace cada vez menos accesibles las montañas en nuestro país.

Fue así como logramos pasar y  llegar a nuestro punto de encuentro en  “El Chacayar”, con Marcelino Ortega, un arriero de este lugar con mucha historia en sus espaldas, cuya familia ha seguido la tradición arriera por más de cuatro generaciones, viviendo en estos territorios y trabajando en ellos. Ortega nos relata que estos terrenos fueron expropiados en la época de dictadura militar a su padre y que nunca más pudieron recuperarlos, él actualmente sigue trabajando en ellos con las mismas limitaciones que nosotros para poder entrar. Él nos ayudaría con el tema de las cargas, pero no se haría responsable de nuestra entrada al lugar.

Filos finales antes de llegar a la cumbre del Cerro Barco.

Al encontrarnos calculamos con èl  la cantidad de mulas que necesitaríamos y antes de partir también pudimos conversar con otro arriero del lugar Miguel Fajardo sobre su visión del lugar. la cual parecía bastante divergente a la nuestra, y la razón principal es que hoy, a pesar de las intervenciones, ellos actualmente viven en armonía en ese sector y pagan un arriendo, pero al convertir ese lugar en parque según el decreto de Parques Nacionales en Chile se terminaría la actividad ganadera, lo cual no sería beneficioso para ellos. Cómo hacer para que las cosas tengan matices? Personalmente creo que la tradición arriera debe preservarse y así como en muchos Parques Nacionales en Latinoamérica que han surgido después de asentamientos humanos, lograr ese punto de equilibrio que beneficie a ambas partes. Luego de esta conversación iniciamos nuestra partida, contemplando el paisaje y los detalles del lugar, llegamos a nuestro primer campamento con los últimos rayos de sol de la tarde, Las Vegas del Zinc a  3120 metros.

Cumbre del Cerro Alto de San Juan, con Felipe y Rodney.

Al día siguiente, aprovechando la buena luz, Matt fue muy tempranito junto a Felipe a sacar unas tomas del filo de los valles del río Azufre y Museo. Luego continuamos nuestra aproximación hacia Las Vegas del Cerro. El Barco que se ubica alrededor de 3900 m. Aquí instalamos nuestro campo base y vislumbramos nuestra supuesta ruta.

La ascensión

Al día siguiente muy temprano y antes de  que amaneciera o salieran las primeras luces de la mañana ya estábamos caminando por las laderas nevadas para aproximarnos por la vertiente norte de la montaña. El terreno era bien escarpado y dejaba poco sitio para tener un descanso pero la nieve estaba lo suficientemente firme como para hacer muy fácil el avance. Con los primeros rayos del sol ya estábamos casi en las faldas de los farellones rocosos que circundan esta montaña y luego de varias inspecciones por diferentes canalones fallidos logramos acceder a uno, con roca bastante descompuesta, pero que con mucho cuidado nos permitió lograr el avance. Fue en este lugar que decidimos dividir el grupo ya que al no poder proteger se hacía un poco expuesto para un grupo tan grande el avance.

Vista desde el Portezuelo del Cerro Barco hacia el norte del Cerro Alto.

Matt y Tomás nos esperan en el portezuelo mientras intentan volar el dron y capturar las mejores imágenes del lugar.

Luego de ascender por este canalón de roca descompuesta seguía una serie de acarreos que conducían a un final filo cumbrero. Desde la cumbre 4.547 m podíamos apreciar la magnitud del valle de los glaciares y personalmente me impactó mucho el Cerro. Alto (montaña limítrofe que poseía muy poquitas ascensiones porque pese a su altitud es bastante difícil su aproximación.

Realizamos el descenso sin inconvenientes y nos reunimos con la otra parte del grupo y pasamos el resto de la tarde contemplando el valle desde el portezuelo y acompañando al Matt para esperar la mejor luz y poder obtener buenas tomas del regreso.

 

Vista  hacia el volcán Tupungato desde la cumbre del Cerro Alto.

Regreso y resultados 

Muy contentos por ésta primera ascensión regresamos al campo base, celebramos con una rica cena y nos preparamos para el retorno. Al día siguiente Marcelino estaría ahí para llevarnos de regreso. A primera hora de la mañana sentimos los pasos de Marcelino y los animales ya llegando a las vegas, dejamos la carga y comenzamos el descenso. Esa noche la idea era acampar en los Baños Azules, un lugar increíblemente hermoso y natural sin intervención humana.  Posee unas piscinas formadas de forma natural con los minerales del lugar, de aguas cristalinas turquesas que reflejan las montañas en ellas, pasamos nuestra última noche en el lugar compartimos una cena con Marcelino y disfrutamos de su compañía e historias. Así se terminó esta primera parte de esta ascensión que más que eso fue una puerta de entrada para un reportaje que logró publicarse en una revista digital inglesa y exponer una problemática real que estamos viviendo en Chile con respecto al acceso a las montañas. 

 

Vista desde la cumbre del Cerro Alto hacia el Noroeste.

Todos los esfuerzos de esta campaña van dando frutos y sobrepasando etapas, Felizmente el 27 de octubre del 2021 se recibió una declaración pública donde Anglo American (Empresa Minera que posee concesión en el área) se  compromete  a no hacer uso productivo en las concesiones que posee en las cuencas del río Olivares y Colorado y apoyar la campaña ciudadana de convertir éstos terrenos en Parque Nacional, dejando así como último  ente de decidir el futuro de este lugar en manos de el Ministerio de Medio Ambiente y el Presidente de la República de Chile. 

Camino a la cumbre del Cerro Alto, vista trasera del volcán Tupungato.

 

Siguiente proyecto

Integrantes de esta expedición Rebeca Cáceres, David Valenzuela, Felipe Cancino, Camila Martens, Diego y Rodney Gonzale y Viviana Callahan

 

Luego de esta aproximación al Cajón del Rio Colorado generó un espacio para soñar y planear una posible expedición de verano aprovechando el tiempo que dejaba la pandemia de no poder movilizarnos a trabajar. Comenzamos a materializar este sueño de unir varias cumbres, dentro de este valle, muchas de ellas no visitadas hace bastante tiempo. Tuvimos el apoyo de la Escuela para la que trabajamos (Escuela NOLS) normalmente existe un fondo para el desarrollo del instructor, fue así como, con esa ayuda, cuatro amigos que trabajamos habitualmente para Nols y que además vivimos en el Valle del Maipo comenzamos a darle forma a este sueño que se tornó en realidad un par de meses después: Rebeca Cáceres, David Valenzuela, Felipe Cancino y quien les relata Viviana Callahan, comenzamos a desarrollar esta expedición que tendría varias etapas y que se realizaría en verano en los Andes Centrales y en un periodo de alrededor de un mes, recorriendo diversos valles del lugar. A esta idea se sumaron además otros amigos y vecinos : Camila Martens, Diego y Rodney Gonzalez todos participaron en diferentes etapas de esta expedición. Yo por motivos laborales me incorporé a la segunda y tercera etapa de esta expedición y Felipe Cancino quien fue el precursor de esta idea fue él quien participó en todas las etapas del proyecto.

Campamento alto 5200 msnm. camino al Cerro Alto.

Dentro de uno de los objetivos de esta expedición era intentar subir el Cerro. Alto de San Juan con no más de 3 ascensiones, pese a sus imponentes seis mil metros, parecía un cerro esquivo de aproximación larga y probablemente su vecino el Tupungato, volcán de mayor altitud le robaba el protagonismo de los que visitaban el valle.

Comienzo de  aproximación al Cerro Alto

Partimos en Año Nuevo, llegamos a las vegas del Zinc y en medio de la tranquilidad reinante del lugar celebramos un año más, compartiendo con nuestro amigo Marcelino, quien  nos acompañaba nuevamente en esta segunda aventura, llevándonos toda la carga de comida para esta expedición hacia las vegas del Cerro Barco.

El día primero de Enero parte del grupo estaba listo para partir hacia las faldas del barco y Marcelino nos dejaba junto con Camila ( que participó en la primera etapa) y nos incorporamos Diego, Rodney y yo.

Celebración en la base del Cerro Alto después de la cumbre, con todos los miembros de la expedición. De izquierda a derecha Viviana Callahan, Diego Ahumada, Rebeca Cáceres, Felipe Cancino.

El primer approach fue muy tranquilo y con ánimo de ser casi una aclimatación activa para estos recién llegados. Al día siguiente lo utilizamos para realizar un porteo, lo más lejos posible y donde sería nuestro próximo campamento base. No teníamos una idea fija ya que nadie conocía el cerro, solo teníamos una idea general. Nuestro primer objetivo era llegar al portezuelo del Ce. El Barco y de aquí tener mejor visión de un lugar protegido y con acceso a agua para acampar. Luego de tomar diversas aproximaciones por escarpadas laderas de acarreos, esta vez desnudas de nieve (el paisaje meses después había cambiado y ya habían desaparecido las nevadas laderas que facilitaban el avance) llegamos al portezuelo y bajamos a dejar nuestro primer porteo a la zona de nuestro futuro campamento 4.200 m aproximadamente. Regresamos a las vegas del barco a pasar la noche y con un pronóstico de mal tiempo para el día siguiente lo cual nos obligaría a descansar y aprovechar de aclimatarnos para lo que venía.

Efectivamente el día amaneció muy nublado y con precipitación así que fue día de hidratación, ponerlos al día con las historias de la primera parte y revisar las imágenes satelitales y los mapas para ver la mejor opción de ascenso.

Al día siguiente ya el clima volvió a ser benevolente con nosotros y partimos con todo rumbo a esta campamento  base avanzado esta vez ya conocíamos  las diferentes líneas de acceso así que  fue mucho más fácil aproximarse. Al llegar al campamento nos instalamos y fuimos a realizar un pequeño scout para poder ver la línea de ascenso y los futuros pasos.

Expedición Cerro Alto penitentes camino de aproximación campo alto.

Campamento en el Alto

Después de mirar diversas alternativas y tras la época en la que estábamos donde los penitentes (formaciones en la nieve que adoptan su forma por acción conjunta de sol y viento propia de los andes) estaban bastantes grandes y se hacía difícil el avance por el glaciar. Fue que en vez de tomar la ruta directa por el glaciar decidimos tomar una ruta que esta un poco más al norte por unas laderas de material azufroso de color amarillo, al cual llamamos”las Amarillas “

En la base de la ladera dejamos un depósito de equipo para nuestro regreso y tratando de subir un poco más minimalistas. La pendiente era de una acarreo muy duro y sostenido, en pendiente y con algunas lenguas de nieve hielo entremedio, que ayudaba un poco el avance para ir ganando altura. Pocos lugares para poder descansar era más bien una pendiente sostenida de 45-50 grados tal vez. Fue una jornada bien larga y el tiempo no estuvo de nuestro lado con bastante neblina, casi al final del día cuando la montaña mostraba una inflexión pudimos  montar un campamento a casi 5.200 aproximadamente, justo a los pies de un glaciar que conectaba hacia el Tupungatito. 

Cumbre Cerro El Alto, Felipe Cancino, Viviana Callahan, Rodney González, cuarta ascensión de la montaña

Mientras instalamos nuestro campamento y esperábamos a todo el equipo, en un momento pudimos ver la sección que venía entre nubes y esto nos daba una idea del día siguiente. Entre la cena y derretir agua, comenzamos a evaluar todas las posibilidades de cumbre, desde ir en modo vivac desde ese campo a establecer un campamento más sólido en el hombro de la montaña a casi 5700 m. Finalmente ganó una idea intermedia de ir con un campamento que fuera muy ligero para tratar de pasar sólo una noche arriba. Cuando estábamos en este proceso de decisión parte del grupo, quizás producto de la larga jornada y la altura, había desistido de la idea de seguir ascendiendo. Por otra parte la meteorología nos auguraba condiciones muy favorables por más de un día y medio así que deberíamos apurarnos si queríamos no perder esa ventana antes que el cerro se volviera a tapar de estas clásicas nubes de verano de los Andes Centrales.

Glaciar al Suroeste de la montaña.

Cumbre del Alto San Juan 

Entre un cúmulo de ideas y nuevas decisiones finalmente los que iríamos a éste intento seríamos Felipe, Rodney y yo, los otros tres compañeros por diversas razones decidieron quedarse y nos ayudarían dando soporte y esperando a nuestro descenso. 

La siguiente mañana muy temprano comenzamos nuestro avance por otra sostenida ladera de casi 600 m hasta encontrar  en la  montaña aquel punto limítrofe donde planeábamos pasar la noche para salir de amanecida en dirección a la cumbre.  Estuvimos intentando buscar un lugar protegido en este filo y generar una plataforma lo suficientemente plana para poder descansar bien, las pocas horas que nos quedaban. En este punto que conseguimos logramos además encontrar agua en unas pequeñas pozas cubiertas por una dura capa de hielo. Esta agua, sin embargo, contenía unos minerales que nunca  desciframos cuales eran, pero  que nos dejaron una sabor metálico y alimonado  en todas nuestras comidas, además de los dientes oscuros.

Vista de la ladera Argentina del Cerro Alto tomada el día de cumbre hacia el Cerro Alto.

Cuando miramos con luz de día la línea de ascensión y las imágenes satelitales pensábamos que irnos por el filo limítrofe para sacarle el quite al glaciar era la mejor alternativa, sin embargo a la mañana siguiente cuando salimos del campamento ubicado a 5.700 m y caminamos por esta pendiente de precarios penitentes al llegar a casi seis mil metros y visualizar que no era tan fácil de conectar, la idea del glaciar pareció ser la mejor opción así que rápidamente nos encordamos y comenzamos una travesía y un descenso para nuevamente estar a la misma altura de nuestro campamento ya que  recién en ese punto podríamos decir  “Estamos en la base de la montaña.” Aquí la nieve tenía una consistencia muy complicada entre hielo y agujeros que a ratos te enterraban hasta la cadera avanzamos lentamente hasta llegar a la sección de acarreo que utilizamos para progresar rápidamente y después de intentar ir directamente a la cumbre nos pareció que hacia el hombro sur-este la montaña bajaba su pendiente y las laderas, grietas y todo conectaban perfectamente para finalmente dejarnos coronar su cumbre de 6.147m.

Filo limítrofe camino a la cumbre del Cerro Alto.

No encontramos absolutamente ningún vestigio humano  en ella, probablemente las tormentas las borraron. Miramos una vez más y definitivamente estábamos en la cumbre del alto de San Juan, no teníamos ninguna cumbre satélite que nos confundieran con su altura. La vista desde aquí era sobrecogedora, la magnitud de los glaciares y la emoción que  cada uno puso por llegar a esa cumbre o simplemente por el hecho y  la intención  que esa cumbre representaba, hicieron de este momento algo muy emotivo, como de los viejos tiempos.

Cumbre Cerro Barco con la vista atrás del Glaciar Alto de San Juan.

El regreso 

Desescalar con cuidado descosiendo nuestro pasos después de varias horas caminando (ya llevábamos desde las 4 am en pie)  nuestro descenso comenzó alrededor de las 14 horas . Tratamos de ponerle buen ritmo al descenso porque veíamos cómo se acercaban las nubes y ya alrededor de las 15 estábamos en medio de ellas, con poco visibilidad, traveseando por el glaciar que habíamos evitado durante la mañana,, casi en la parte final terminamos caminando en un sector rodeados por muchos seracs poco amistosos que nos hacían pensar que debíamos movernos rápido y descansar poco. Alrededor de las 19 ya estábamos de regreso en nuestra carpa, para ese entonces la tormenta no tenía intenciones de amainar y más bien parecía que el sistema frontal que entraba se había adelantado. Decidimos descansar un par de horas en la carpa sólo  para recuperar un poco de energías ya que la bajada también involucra mucha concentración. Alrededor de las 4am decidimos comenzar definitivamente a bajar. 

Tomás González, Felipe Cancino y Viviana Callahan en Portezuelo del Cerro Barco ya de regreso de la cumbre.

Con las primeras luces del amanecer ya estábamos en el campamento de los  5200 m y paramos por otro descanso, nuestros compañeros no estaban aquí ya por lo que asumimos que estarían esperándonos en el depósito de la base. Dormimos un par de horas en el campo alto y continuamos el descenso en medio de esta tormenta que iba bajando su intensidad a medida que perdíamos altitud. 

Vista del Glaciar del Alto desde el Portezuelo del Barco.

Finalmente llegamos al depósito dónde se encontraban el resto de los compañeros quienes nos aguardaban con unos esperados mates y comida para celebrar la cumbre y festejar nuestro reencuentro. Cansados, pero felices descansamos a gusto y contemplamos un lindo atardecer todos juntos esta vez, planeando próximas aventuras del grupo.

 

 

 

 


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