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Caminando en el Parque Nacional Los Alerces en la provincia del Chubut

La autora nos comparte una experiencia de andar por los boscosos senderos de la montaña para acercarse al Lago Kruger y lo hace desde una visión integradora de la naturaleza , la historia, lo social y lo artístico

Azul Blaseotto

Azul Blaseotto

Edición: CCAM



1. Brújulas 

Ubicación del Parque Nacional Los Alerces, Provincia de Chubut, Argentina

Cartografía: Nélida Iglesias y María Teresa Cereceda
Parques Nacionales, Aguilar, La Nación

Lago Krüger visto desde el sendero a Puerto Limonao. Azul Blaseotto 2022
 

Azul Blaseotto Foto Jimena Salvatierra 2022

Este artículo  surge de la experiencia directa del andar en la montaña. No es un texto sobre los caminos  (a la manera científica), tampoco una reseña sobre el sendero que va al Lago Krüger (a la manera periodística). Pretende encarnar una narración multifocal desde el sendero. Más que en el resultado, la lente está puesta en la acción. Se trata del recorrido que nos lleva, o nos pierde, hasta Krüger, y Krüger es aquí el común denominador entre un ser no-humano, el lago, y un ser humano, acerca de quienes lo que abunda es el misterio.  

“Seguir un recorrido desde el principio hasta el final produce una satisfacción especial tanto en la vida como en la literatura (el viaje como estructura narrativa), y habría que preguntarse por qué en las artes figurativas el tema del recorrido no ha tenido la misma fortuna, y aparece sólo esporádicamente”. (Italo Calvino) 

Cuando me enfrento tanto a planificar mis travesías en la montaña como a escribir sobre ellas aparece el desconcierto en primer lugar. Disponibles hay algunos mapas (la abstracción topográfica), literatura científica (la información dura acerca de flora y fauna) y literatura histórica (la perspectiva social establecida). Lo irrepresentado es el camino en sí mismo. Es decir, aunque sin resumir exhaustivamente, las características que le dan forma, lo dibujan, lo hacen distinto a otros senderos; su estructura existencial; sus dimensiones tempoespaciales; sus cualidades intrínsecas y  también los desafíos y lo desconocido a lo que nos convoca. La pregunta, que podría parecer ingenua al principio, es crucial: ¿qué es un sendero? No es un cuestionamiento acerca de su ontología, sino la reflexión sobre el acto de recorrer un camino en el bosque y la narrativa de dicha acción. 

“Holz [madera, leña en alemán] es un antiguo nombre para el bosque. En el bosque hay caminos [“Wege”], por lo general medio ocultos en la naturaleza, que cesan bruscamente en lo no hollado. Es a esos caminos a los que se llama “Holzwege” [“caminos de bosque” ó “caminos que se pierden en el bosque”]”. (Martin Heidegger) 

Libreta de viaje 2016. AB 2022 

Libreta de viaje 2016. AB 2022

Cuando en 2016 visitamos el Parque Los Alerces por primera vez con mi compañero, Eduardo Molinari, dibujé estos esquemas aproximados de las tierras y aguas que queríamos visitar. Siempre consigno lo que para mí son los puntos básicos: infraestructura de los caminos; lugares para acampar y autoabastecerse así como las distancias entre ellos; alturas de los cerros, datos narrativos, locales, individualizantes. El orígen de toda cartografía es precisamente fundir espacio y tiempo en una misma imagen. Al espesarla con especificidades contextuales, la singularizo y hago de un mapa una situación. Dibujar un mapa es conjurar un territorio. 

Veníamos de años anteriores de subir y bajar a refugios en El Bolsón y Bariloche, y a diferencia del Parque Nacional Nahuel Huapi, éste parecía ser menos concurrido. Desplegando ambos mapas en simultáneo, mis dibujos y el topográfico,  sentados en la orilla suroeste del Lago Futalaufquen, el apellido alemán del lago que lo alimenta desde el oeste al otro lado del Cordón Situación atrajo mi inmediata atención. El lenguaje nombra, y yo sabía que esa palabra no podía mentar más que un nombre propio. “Krüger”. Quién era esa persona que bautiza a un lago argentino, nos preguntamos, a diferencia del nombre “Futalaufquen”, cuyo nombre enraíza en el suelo que habita. Futa significa en “grande“, y Laufquen o Lafquen, “lago” en Mapudungun, lengua mapuche. Con el lago Menéndez pasaba lo mismo, aunque la referencia al franciscano explorador del siglo XVIII es más conocida, en cambio a Krüger no lo conocían ni los guardaparques. Fueron ellos, los guardas del bosque, quienes en aquella ocasión nos informaron de “la pérdida del sendero”.  Una ida al lago en dos días que se cerró debido a un incendio intencional que el año anterior lo había devorado. En cambio, sí podíamos visitar las pinturas rupestres distantes diez minutos.   

El primer encuentro con Krüger no sucedió. O sí, pero de forma fallida. Y esa falla aloja a todo lo que sobrevino después. ¿Cómo es que se pierde un sendero? ¿Puede perderse efectivamente un sendero? ¿Cuáles son las implicancias de esa pérdida?¿Puede volver a ser encontrada una senda extraviada? ¿Qué se recupera, si acaso? El guardaparques enloqueció un poco y adujo que tenía más gente para atender. El tiempo del arte requiere mucho tiempo. Los diez minutos a las pinturas rupestres fueron sólo el comienzo de una travesía que llega hasta hoy. 

Basada en mi propia experiencia de montañista cavilé lo siguiente. No se trata simplemente de que se caen las marcas pintadas en el fondo de las latas de batata que se clavan a los árboles para señalizar la senda – además claro, de que muchos árboles mueren de pie, con la señal de senda quemada, pero allí de pie también. Una senda perdida inaugura nuestra orfandad de bosque y la nostalgia de un recorrido andino. Sin bosque que nos cobije son las huellas las que se pierden y las señales más sutiles las que se extravían: la inclinación del pasto y sus alturas, las aberturas de tamaño humano y/ó animal en un matorral, las ramas quebradas por las mochilas ó caballos que pasaron antes por el mismo lugar, la sombra de los coihues que sabemos van a empezar en determinado lugar del camino para dar paso luego a las lengas, y más arriba a los ñires. Transitar el bosque entre un punto de partida y otro de llegada es habitar un estado de atención flotante. Quien transita montañas dialoga con la morfología vegetal para abrirse paso, percibe las honduras en el barro, escucha los sonidos de los arroyos, pende de las luces y sombras y de los puntos cardinales. Además, los montañistas no siempre seguimos la senda previamente marcada, no somos vacas. Debemos individualizar árboles para retratar los lugares por los que pasamos y no repetirlos, y para re-conocerlos si tenemos que desandar nuestros pasos. En el nuevo lago kilométrico surgido de troncos quemados, retorcidos y superpuestos unos sobre otros, la senda se ve obstaculizada por la des-orientación. Los pasos no pueden sucederse, ni continuarse, ni retomarse. El bosque no nos protege más. Los Wege ( caminos o senderos ) devienen en Holz  ( leña ) exclusivamente. Cuando un sendero se pierde, es la lógica de la leña la que le gana a la de los caminos.  

Fotos del bosque quemado, 2016. AB 

Fotos del bosque quemado, 2016. AB Eduardo Molinari 

Fotos del  bosque quemado, 2016. AB

Fotos del bosque quemado, 2016. AB Eduardo Molinari 

Fotos del bosque quemado, 2016. AB Eduardo Molinari 

Dibujo in situ en el bosque quemado, Azul Blaseotto 2016 

Cuando volvimos del sitio arqueológico, el guardaparques ya había llamado a otro guardaparques.  Como haciéndonos una concesión nos indicaron que una parte del camino quemado todavía podía transitarse. No la que sale desde Puerto Limonao, sino un tramo detrás del Centro de Visitantes en Villa Futalaufquen. En estas fotos que tomé se pueden ver algunas partes de “el sendero perdido”. Y también la enorme y pujante cantidad de amancays que florecían contentas por todos lados. El bosque puede regenerarse después de todo! Tardará cincuenta años más, pero los árboles van a volver. ¿Con qué árboles reforestarían? ¿Cuántas miles de semillas (¿o gajos?) deberían plantarse? ¿Seleccionarían árboles y plantas autóctonas o diseñarían un paisaje mixto? ¿Y el sendero al Lago Krüger pasaría por el mismo lugar, o harían nuevas picadas? ¿La función de una nueva senda sería la misma que la de la original, o podrían imaginar otros objetivos? Quería preguntarle todo esto a los guardaparques. Pero ya se habían ido.

Mapa turístico
  

Este parque se creó en 1943, según la versión oficial con el objetivo de proteger a la especie arbórea que nombra, los alerces. Sin embargo, cuánto más recurrimos a documentos históricos, relatos orales pasados de generación en generación y al diálogo con pobladores locales podemos comprobar que la industria de la madera era el motor económico a ambos lados de la cordillera, que fue muy difícil de erradicar su práctica hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, y que la idea de conservar la naturaleza autóctona fue un ideal de naturalistas anterior al dictado de la ley que más tarde se abandonó y que solamente hoy, en el contexto de crisis ambiental global y sostenido cambio climático vuelve, sólo parcialmente, a retomarse. 

En el surgimiento de los parques nacionales argentinos durante la primera mitad del siglo XX hubo muchas y distintas polémicas acerca de su diseño,  utilidad y función. Se estudiaron las más diversas concepciones internacionales sobre políticas de utilización de los “recursos naturales”, gestión del  

paisaje y la conservación de la naturaleza que luego se aplicaron (se aplican) de maneras distintas según el parque. Es interesante para este proyecto destacar que en los parques nacionales linderos a Los Alerces, con los cuales compartimos el territorio de montaña pero y lo entendemos como otro país, (Chile) muy distintas son las concepciones y manejos acerca del bosque andino, el paisaje y los parques mismos. 3

La cuestión del límite es central para la construcción de los parques nacionales, los mapeos de los mismos y la afirmación fundante de determinado imaginario nacional. Las fronteras son tan artísticas  como un dibujo de línea, la frontera es una línea. Nadie la ve, por eso se levantan mapas. En el lenguaje cartográfico las líneas de puntos significan rutas de montaña y las de guión-punto-guión significan que del otro lado hay carabineros en lugar de gendarmes. Al evocar los Parques Nacionales el sentimentalismo domina el análisis y muy pronto se quita de la ecuación la parte del Estado que se funde en la de Naturaleza. Los senderos ancestrales en las montañas atravesaban los bosques y conectaban pueblos, gentes, culturas. El advenimiento de Parques Nacionales cerró esos vasos comunicantes y los replegó sobre sí mismos. De un lado de la montaña quedaron los caminos “argentinos”, del otro lado los “chilenos”. Ya sea que vuelven al mismo lugar por otro sendero o que haya que desandarlos, los recorridos que habilitan los guardaparques son no en el espacio abierto y geográfico de la montaña, sino en el espacio cerrado y mensurable fijado por el límite político del estado-nación.  

Krüger, el ignoto alemán que llegó al lago que hoy lo menta, abrió sendas y navegó aguas en  territorios que los dos estados nacionales se disputaban desde la segunda mitad del siglo XIX, y que a su vez estaban habitados por pueblos originarios. Seguramente éstos últimos llamaban de otra manera al Lago Krüger. Pero esa huella también se perdió.  

2. Desiertos 

 Primero hubo que ir hasta la cordillera, dimensionar un territorio reclamado como nacional pero que efectivamente no estaba bajo el dominio del poder central - ni en Argentina ni en Chile. De este lado de la montaña se adoptaron el exterminio poblacional nativo y la posterior colonización exótica como políticas fundantes. Aún hoy se sigue nombrando a esa campaña de saqueo territorial como “conquista del desierto”, la cual promovió y legisló derechos de apropiación ilegítima sobre tierras que no estaban vacías sino llenas. En 1881 se firmó un Tratado para fijar la frontera con Chile, la cual recién en 1902 pudo establecerse definitivamente previo arbitrio de Inglaterra.4 

Los antropólogos y arqueólogos contemporáneos definen conceptualmente a esta frontera como un espacio poroso, ya que los intercambios, abastecimientos, flujos comerciales y mudanzas entre este - oeste y viceversa siguen sucediéndose. Estamos entonces en un ambiente geográfico de límites ambiguos donde esos punto-guión-punto si bien son jurídicamente definitivos, simbólicamente continúan siendo un dibujo. 

Así las cosas,  durante mucho tiempo la montaña y sus lagos permanecieron desconocidos para quienes no los tenían cerca ni dependían de ellos para su subsistencia. La montaña en sí misma era invisible. Se la percibía como muralla y así se la comunicaba en los mapas y en la vida cotidiana. Un “límite natural”, un “accidente geográfico” para la exclusión. 5

Treinta años más tarde la figura del parque nacional viene, paradójicamene, a cerrar algunos poros. Los Parques Nacionales tal como los conocemos hoy se crearon a lo largo de la marca fronteriza para asegurar militarmente la geografía de contacto, fortalecer el imaginario de la nación y  controlar estatalmente las zonas periféricas. Este desarrollo fragua en los años 30 del siglo XX bajo el gobierno que derrocó a la primera democracia (aún sin voto femenino) en el país liderada por Hipólito Irigoyen. Durante la dictadura del general Agustín P. Justo se proclamó finalmente la Ley 12.103 en 1934 que estableció la creación de los Parques Nacionales y del organismo autónomo para su administración.5 La “Dirección de Parques Nacionales”  es caracterizada por el historiador Navarro Floria como la “principal agencia estatal de territorialización en la zona, habilitado para construír un verdadero mini-Estado totalitario -el Estado-Parque- dentro del Estado”. 

El promotor y autor de la ley así como primer director de la flamante Dirección de Parques Nacionales fue el abogado representante de la oligarquía tradicional, Exequiel Bustillo. Entre 1937 y 1945 se crean cinco Parques Nacionales más, entre ellos, Los Alerces.6

Exequiel Bustillo junto al comisario del Territorio del Neuquén 1939. Fuente: wikipedia 

En palabras del mistificado director el "Parque Nacional resultó ser un verdadero instrumento de colonización en la conquista del desierto". Para nuestro proyecto es ineludible visualizar el bosque detrás del alerce: el exterminio de los pueblos indígenas, especialmente los mapuches en el sur; la expulsión sostenida de pobladores locales; la delimitación de áreas intangibles; el inventario de recursos hidroeléctricos; los nuevos proyectos de colonización agrícola y el diseño de ciudades completamente nuevas (la mayoría de las cuales no se construyeron). Bajo la apariencia de una política de áreas protegidas se creaba un gobierno militar de frontera que intentaba contener “los propósitos expansivos chilenos sobre la Patagonia argentina”, y que incluía la instalación de viveros, pisciculturas y hoteles al gusto europeo. Todo ello necesitaba de la infraestructura del tren y fundamentalmente del automóvil. Esto último es bastante evidente en el caso de Los Alerces. A propósito de esta especie milenaria, Bustillo deja constancia de su desconocimiento: “Carecía de tal manera yo de afición y bagaje científico que, en materia de botánica, apenas si distinguía un eucalipto de una acacia  ó una casuarina. Sin embargo los más hermosos bosques de la República quedaban bajo mi principal custodia”. 7

No era Bustillo un representante de las ideas de la conservación de la naturaleza, ciertamente. Así que es natural que se haya enfocado en la implantación de una nueva industria, la turística, por sobre la tradicional, la extracción de madera de alerce. No por razones de preservación de ejemplares longevos y diezmados, sino para refuncionalizar el paisaje en un marco hermoso según el gusto, costumbres y actividades “deportivas” de las élites europeas y criollas colonizadas á la europea (de las cuales él y su familia eran un exponente) a la que se buscaba atraer. 8

Lo hermoso del bosque sería la seguridad que ofrecían, ahora que no deambulaba por allí cualquier especie humana o no-humana que no fuera  introducida como parte del proyecto estatal. Esta huída hacia lo bello termina absurdamente de fondo paisajístico en una foto tamaño postal donde dos turistas ingleses sostienen sus trofeos de caza, un bisonte o un alce. Aparenta ser un bosque francés (aunque el hotel de troncos que se distingue podría ser suizo), pero es el exótico “culo del mundo”: el extremo más alejado de Sudamérica. Las primeras  especies de fauna y flora exóticas (como los mencionados bisonte y  alce, también el ciervo colorado, la trucha, el lúpulo, el pinus insignis, el eucalipto) fueron introducidas durante el mandato de Exequiel Bustillo. Esta colonización biológica reactualiza la imagen del ecosistema desértico, sólo que ahora en lugar de los humanos serían las montañas, sus altas cumbres, los fondos de los lagos y los mallines  quienes están en falta.  

Fermín Rodríguez señala que: “El desierto como una suerte de artefacto discursivo que provee las imágenes en torno a las cuales se hace, deshace y rehace el sentido vacío de lo argentino” 

La propia historia del territorio y su contexto sociocultural particular son sistemática y deliberadamente obturados hasta el día de hoy. Este hecho está íntimamente ligado a la movilidad en la montaña. Una clave importante en el acceso a los senderos es pensar no sólo adónde nos llevan sino de dónde nos desvían. Y también: ¿quiénes deciden sobre la intangibilidad o el uso de los territorios?  ¿Qué hay allí donde no se nos permite ver? ¿Qué somos obligados a ver?  Si pensamos estas cuestiones al calor del actual corrimiento de la frontera extractivista, el turismo exclusivo y transnacional en Patagonia, la violencia y represión estatal contra los pobladores locales y originarios, las respuestas se hacen cada vez más urgentes. 

3. Bastones de trekking 

Mapa topográfico (fragmento). Escala: 1:120.000. Infotrekking de la Patagonia, edición 2005 

Se sucedieron dos nuevos intentos por llegar a Krüger antes de lograrlo, y no del todo, en 2022. Ambos empeños merecen ser repasados por lo que ocurrió después. Primeramente la tentativa de 2018 que coincidió con el brote endémico de hanta virus. Mientras que algunos enclaves turísticos iban siendo clausurados gradualmente a medida que se avecinaba el verano, Los Alerces cerró antes de abrir y consecuentemente el Lago Krüger fue borrado de mi mapa antes de salir de la ciudad. En 2020 sintonizábamos las noticias de la pandémica Covid 19 en la radio del auto en el que veníamos desde el Lago Rosario con un proyecto de arte liderado por una artista italiana. El camino vial de fin de temporada nos guió a alquilarle una cabaña alpina a uno de los pocos propietarios de tierra privada adentro del parque público. En la prolijidad de un pasto plantado y la comodidad del wi-fi volví sobre Krüger, Paul.  

Cartel nomenclador del PN Los Alerces al principio del sendero en Puerto Limonao. AB 2022 

En su clásico libro “Landscape and power” William T. Mitchell defiende la idea de que la territorialidad nacional es un artefacto producido en el discurso. ¿Habrá leído el inglés a Domingo F. Sarmiento que decía que la nuestra es una tierra como el mapa –es decir, un espacio pura geografía despojado de cultura? (1936-1940). 

Salta a la vista que la denominación “Krügger” en la señalética de Los Alerces inaugura una ficción narrativa, una más, dentro de un parque con una profunda y agitada vida interior.  (1936-1940). (Sobre la relación de los Bustillo, la obra pública y el turismo en las playas argentinas véase: “Negocios inmobiliarios, clase y naturaleza en colores: cómo construír un museo”, Azul Blaseotto 2013) 

Paul Krüger era compañero y amigo de Paul Stange – por eso los lagos que bautizan son contiguos.  También era colega de Hans Steffen -aunque con él tuvieron problemas, así que ese lago está bien lejos en otro parque nacional, cerca de un colaborador más fiable, Carl Martin. 9

Todos estos doctores alemanes en geografía, botánica e ingenieros eran además versadísimos en cartografía, fotografía, dibujo, timoneo y construcción de botes; podían medir topografías, leer el cielo, dimensionar hidrografías, relevar cartas climáticas y compilar herbarios. Empleados al servicio del gobierno chileno navegaron las aguas continentales patagónicas para establecer fehacientemente por medio de la metodología científica (es decir argumentada, analizada, comparada y sobre todo comprobada) por dónde era que pasaba la línea fantasmática que dividiría lo indivisible. Su conclusión fue que no se trataba de una línea recta, que tampoco era invisible y que una porción considerable de lo que hoy llamamos patagonia andina argentina podría no haberlo sido. El líder de las planificaciones exploratorias, quien conceptualmente le dio forma a las investigaciones y su divulgación en revistas internacionales especializadas y libros de crónicas fue Hans Steffen. De manera especular, el contendiente fue el naturalista argentino Francisco P. Moreno.10

Para el primero debía prevalecer el criterio hidrográfico al establecer el divorcio fronterizo, para el segundo el criterio orográfico.11

Según algunas perspectivas historiográficas el perito argentino logró presentar argumentaciones y evidencias “más convincentes” ante Inglaterra y tuvo más y mejor prensa. De este lado de la cordillera quedaron no sólo El Bolsón y Trevelin sino también los lagos con los apellidos de los cultos y esforzados científicos. 

Primera página de uno de los libros escritos por Paul Krüger. Nótese que su nombre incluye su jerarquía. Paul Krüger era Doctor en geografía. 

Solo lateralmente interesa la gran Historia para nuestro proyecto. Escondida en uno de los tantos lagos patagónicos que conmemoran a un científico a quien nadie recuerda detectamos una historia discreta, una microhistoria siguiendo al historiador Carlo Guinzburg. Una huella que se adentra en el bosque y desaparece abruptamente. Un Holzweg. En esta senda perdida coinciden el sendero más largo del parque (22 km) y un científico expulsado de la Historia por Hans Steffen, la gran autoridad de su época. Paul Krüger vivió y trabajó ocho años en Chile. Participó de la enseñanza pública y formó parte de la Oficina de Límites, tal como Steffen y Stange. Integró seis expediciones a la cordillera donde trabajó incansablemente durante las mismas, y a posteriori en la confección de documentos cartográficos, ordenamiento del material fotográfico y de las colecciones de plantas y fósiles. Fue durante su labor como escritor y cronista de los viajes que cometió un error fulminante. Steffen lo denunció por plagio y así el bosque de la vida científica y social se cerró sobre él.  Las revistas de la época no volvieron a publicarlo, sus libros no fueron traducidos y sus aportes se diluyeron en el trabajo colectivo. Quien lo había declarado su amigo, Paul Stange, no se pronunció al respecto.  Krüger no se defendió. Simplemente desapareció de la escena. Y cuando falleció, ningún obituario lo mencionó.  

El sendero que desde Puerto Limonao en la márgen suroeste del Futalufquen nos conduce hasta el lago Krüger en dos días de caminata está frecuentemente cerrado para los montañistas, por H o por B. Mientras que otros, se sabe, llegan navegando a pescar, guiados privadamente fuera de temporada y se alojan en un coqueto refugio. A mitad de camino hacia el Krüger hay una playa, donde se les permite acampar a los montañistas sólo por una noche, considerada como “la Costa Azul del Futalaufquen”. Yo nunca estuve en la Cote D’Azur francesa, pero suena fabulosa. La playa se llama Blanca y un guardaparques me contó que los esquelinos vienen directo a ella por el día (auto-lancha-asado a la parrilla eléctrica, su ruta), como quien va a la Reserva Ecológica en Buenos Aires. Qué comparación absurda, los porteños no podemos ni meter las patas en el agua. 

Una de las fronteras del Lago Krüger es la zona declarada intangible por la Administración de Parques Nacionales. La clasificación es totalmente exclusiva. En esa porción del territorio el suelo no puede ser hollado, ni visitado, ni explotado forestalmente. Funciona, relatan los guardaparques, como reserva de un paisaje que no existe más (criterio estético) y conserva especímenes de flora y fauna en vías de extinción (criterio científico y ambientalista). “Además, muy cerca está la frontera con Chile” (criterio geopolítico y de defensa nacional). Para que los humanos no continúen la navegación, entren por el Río Stange y lo remonten hasta el lago homónimo, la APN dispuso unas boyas. Otra vez, el cierre. ¿Y por qué no podemos ir hasta el Stange si acá en mi mapa veo que hay una picada que llega derechito nomás? Algunos guardaparques más incrédulos miraron dos veces la marcación. Todos preguntaron de dónde había sacado mi mapa. Casi les respondo con otra pregunta pero iba a sonar a acusación (¿por qué ustedes no tienen mapas del territorio?), así que insistí con el sendero. Un guardaparques “nyc” (nacido y criado in situ) me contó lo que sirve para explicar muchas cosas en distintos lugares del parque. Que antes había un camino, que antes por ahí se llevaba ganado a la veranada,  que antes se podía pasar. De nuevo un Holzweg. Mientras él me hablaba de tiempos pasados, y el pasado en el parque es siempre impreciso,  a mi me cosquilleaban los pies pensando en futuros posibles. En llegar hasta allá y más allá también, en pisar la línea divisoria, en caminar hasta el otro lado, en sumergirme en el Pacífico. ¿Por qué no? Imaginémoslo. 

4. Sol de noche 

Cuando el Ministerio de Cultura de Nación lanzó junto a APN el “Programa de Residencias Artísticas en Parques Nacionales”, una experiencia con la que siempre fantaseé pero que no creí posible, lo primero que hice fue mirar el estado de las suelas de mi calzado de trekking. Este sería el momento oportuno de recorrer el sendero hasta el lago y hasta Krüger. ¿Podría hacerlo? ¿Estaría abierto el camino? ¿O no era el mismo sendero que antes del incendio? ¿Qué huellas podría haber aún del paso del explorador fantasma por allí? ¿Cuántos senderos superpuestos desde el siglo XIX podría encontrar? 

Desde 2018 llevo adelante un proyecto de investigación con metodologías y herramientas artísticas acerca de la construcción simbólica de los territorios. El contacto situado y empírico con la realidad es central en mi práctica así como la acción dibujística y la reflexión sobre lo que podemos llamar los regímenes de visibilidad. Krüger se evidencia como un punto ciego para este trabajo, un Holzweg que vuelvo a andar una y otra vez. La cuestión en este estadío era en qué medida y de qué manera se manifiesta un Holzweg. No uno cualquiera, sino éste en particular.

Libreta de viaje 2022. Azul Blaseotto 

Dibujé este mapa para dimensionar la caminata que quería hacer, y sobre todo la pendiente del sendero. Quinientos metros no representan una variación demasiado importante, pero el punto es en qué lapso se desarrolla. No es lo mismo una modificación en la altura del terreno desplegada en tres horas, que en una. A su vez, los tiempos de caminata son personales. Por otro lado bajar la pendiente de ida es una cosa, y subirla otra bien distinta. Suponiendo que me permitieran hacer el sendero, llevando la mochila con la carpa necesitaría más tiempo. Y tiempo no iba a tener mucho ya que la residencia duraba una semana y previstas habían bastantes  actividades. ¿Podría caminar de tal manera de ahorrarme la noche a medio camino? Si así fuera debería sacrificar la carpa, llegar el mismo día al lago y dormir en la casa del guardaparques de Krüger. ¿Pero estaría el guardaparques?  

Mi proyecto demandaba otro aspecto importante a tener en cuenta, el trabajo de campo. Pero no sería este campo como el trabajo in situ de los arqueólogos. No habría la demarcación de un sitio ni la paciente y delicada labor  expandida en el tiempo. Mi trabajo de campo sería in vivo. Es decir, durante la caminata. Y los montañistas sabemos que durante las caminatas se camina y nada más. Caminar en montaña no es un alegre y tranquilo paseo por el campo, tampoco un safari fotográfico. Exige la concentración para lidiar con cuerpo y mente propios, con la geografía y el clima, con obstáculos e imprevistos. La atención flotante que mencionaba al principio tiene que ver con desarrollar la templanza necesaria para enfrentar la materialidad del mundo y la psicología humana que a medida que se camina pesan más. Y sobre todo gozar mientras tanto. ¡Para eso subimos y bajamos montañas! Entonces, las herramientas artísticas debían estar al servicio de una práctica artística, la cual a su vez debía estar en consonancia con una práctica senderista de montaña.  

Hacer un sendero, decía, propone una manera específica de caminar. Ciertamente no es una deambulación sin principio ni final establecido. Más cercana al tránsito la caminata por el bosque tiene algo de deriva cuando para autopropulsarse se usan aún las energías que tiran para atrás, “como instrumento para adentrarse en las contradicciones del mundo sin perder energía oponiéndose a ellas” (Francesco Careri).  Durante la fase planificatoria cuando consultaba sobre si el sendero al Krüger en noviembre estaba transitable, y si podría hablar directamente con su guardaparques, en Buenos Aires no hubo respuesta.  Desde Alerces, tampoco. Con el proyecto aprobado y las botas puestas no pude más que sonreír. La austeridad comunicacional de los parques nacionales me es familiar y por eso normalmente tengo plan B, C y D. Krüger es esquivo, viene presentando dificultades desde el principio de los tiempos. Así que cuando ya en el parque escuché que este invierno había sido especialmente duro, que los vientos nevados habían sido muy fuertes y que muchos árboles habían caído, no me sorprendió que la senda al lago estuviera clausurada, una vez más. 

Cartel nomenclador del PN Los Alerces al principio del sendero en Lago Krüger. AB 2022 

Como parte de las actividades comunes en la residencia asistimos a una jornada de capacitación para guías turísticos  que APN dictaba en el Centro de Visitantes de Villa Futalaufquen. El mismo lugar donde dos guardaparques hacía seis años me habían hablado del sendero perdido. Durante la charla el coordinador discriminó entre sendas, picadas y senderos, mostró imágenes de las distintas morfologías y especificó la caracterización de los senderos según el grado de dificultad del recorrido. Yo esperaba engordar y expandir estas informaciones básicas con otras características, más sutiles, del orden de lo sensible que me mostrara el sendero mismo. La única manera de conocer es hacer. Como en el arte.  Los insumos que seleccioné para trabajar en Krüger me permitieron trabajar en grande  y rápido. También, planifiqué que su guardado ocupara el mínimo lugar y pesara lo menos posible, y que el despliegue fuera práctico. Liberé espacio en la mochila para hacerle lugar al tiempo. Mi trabajo artístico fue no-mediado por procesos mecánicos (como hubiera implicado la cámara de fotos), de la misma manera que me traslado con mis propias piernas, y no uso GPS sino brújula y mapa impreso en  papel. El dibujo frotado a mano sobre el suelo me daría un retrato visual de lo que conocemos con los pies. En este tramo del proyecto se trató de obtener muestras estéticas de aquello que observamos utilitariamente en la medida que nos permite o no avanzar. Porque,  y retomo mi pregunta inicial: qué es un sendero? ¿El suelo que pisamos? ¿Los coihues que nos dan sombra? ¿Las rocas que debemos esquivar? ¿El nombre de quien primero lo atravesó? ¿Los litros de nafta de la sierra eléctrica que les insumió a los cinco limpiadores durante una semana despejar el tramo de Puerto Limonao a Playa Blanca? 

Azul Blaseotto trabajando en el Sendero Krüger en el tramo Playa Blanca – Puerto Limonao. Pepi Amodeo 2022 

Azul Blaseotto trabajando en el Sendero Krüger en el tramo Playa Blanca – Puerto Limonao. Pepi Amodeo 2022

Azul Blaseotto trabajando en el Sendero Krüger en el tramo Playa Blanca – Puerto Limonao. Pepi Amodeo 2022 

Azul Blaseotto trabajando en el Sendero Krüger en el tramo Playa Blanca – Puerto Limonao. Pepi Amodeo 2022 

Azul Blaseotto trabajando en el Sendero Krüger en el tramo Playa Blanca – Puerto Limonao. Pepi Amodeo 2022 

Parte esencial de la marcha es detenerse. Disfrutar de la no-acción y mirar alrededor. Hay rastros, señales y presagios por todos lados, de miles de cosas distintas. Quién sabe qué se puede aprender en cada alto en el camino. En los tres primeros días de la residencia me dediqué a escuchar, a compartir con mis compañeros, a charlar con los cipreces y con los notros y lúpulos florecidos. Nunca había sabido de sus colores porque nunca antes había estado en el sur en noviembre. También respiré y me aclimaté. Cada vez que logro desasirme de la pegajosa humedad porteña me duele el pecho, siento que no tengo lugar para toda la masa de aire que quiere entrar. Tanto tiempo paso en Buenos Aires que me acostumbré a prescindir de bocanadas frescas. Es triste admitirlo, si bien realista. En la experiencia de la detención construí relaciones que tendieron una red dialógica de afectos y cuidados. En esos intercambios impensados supe de la marea alta que había inundado Playa Blanca, lo cual imposibilitaba pasar la noche allí; advertí que un compañero de beca también subía cerros; me pusieron al corriente de los trabajos de limpieza del sendero pero y que aún no estaban completos; según quien lo dijera los limpiadores del camino habían despejado el  tramo desde Puerto Limonao a Playa Blanca ó desde allí hasta Krüger; partiendo de Punta Matos todos los días salía la lancha con los limpiadores; no, los muchachos tenían su campamento en la playa y pernoctaban ahí; el único que sabe algo es el guardaparques de Krüger, deberías hablar con él. Y bueno, llamémoslo. No, no se puede porque no hay wi-fi ni teléfono. ¡La radio! ¿Quién tiene el número de radio? Ah, pero mirá que el ruso sale por ahí a hacer cosas eh, va a ser difícil que se prenda a la radio.  Además, puede ser que un tramo esté limpio, pero eso no quiere decir que el tramo esté habilitado para que vos lo transites. ¿Y quién lo habilita sino ustedes? Mmm…. no, la habilitación tiene que llegar desde Buenos Aires. ¡¡¡¡!!!  

Como con Bustillo, un alerce porteño impedía ver el bosque. El dramatismo en torno a Krüger espirala las tragedias históricoterritoriales. Es un sitio de encrucijada evidentemente, y si no podía recorrer el Holzweg, trabajaría con la imposibilidad misma.   

Pero al cuarto día cambió la dirección del viento. Aprovechando la ida en lancha al Lago Krüger que estaba prevista en las actividades de la residencia, preparé la mochila, los papeles y barras de grafito,  mi carpa y la comida necesaria. Mi compañero de beca, Pepi, dio un paso al frente. Los dos coincidimos en que la copresencia de un hombre saldaría algún prurito patriarcal que aunque impronunciado me estaba pateando en contra. Igualmente yo sabía  (y tampoco lo decía en voz alta) que a la montaña no se va solo. Buscamos una bolsa de dormir en la administración, se juntaron cartones para el aislante y Juan Agustín prestó su mochila. No sabía muy bien todavía cómo iba a convencer a todos los actores implicados en la larga línea de limitantes, fronteras, prohibiciones y permisos, pero estaba decidida a navegar hasta Krüger, conversarlo con el guardaparques del lugar, y persuadir al timonel que de regreso nos desembarcara en Playa Blanca. Si el tramo estaba despejado no presentaba impedimentos naturales. La habilitación representaba un área protegida de la burocracia humana. ¿Cuánto espacio ocupa la burocracia en la Naturaleza? 

5. Diplomacia 

Azul Blaseotto y Boris el guardaparques de Krüger al comienzo del sendero a Puerto Limonao. Jimena Salvatierra 2022  

En cada actividad conocíamos a más guardaparques. Cada uno de ellos tiene una formación, una función y una jurisdicción específicas. Las personalidades son marcadamente diferentes  así como sus biografías, talantes, disposiciones. Así como yo estaba pendiente de a quién conocería en Krüger me pareció notar en la mayoría de ellos una curiosidad en aumento por nosotros. Los artistas que van a un parque ¿a qué van exactamente? Mientras que algunos se desvivían por mostrarnos, guiarnos, explicarnos, los menos permanecían indiferentes. En la lancha iban tres a uno. Yo necesitaba que quien habitaba en Krüger se interesara de tal manera en mi proyecto que me extendiera el salvoconducto para hacer aunque más no fuera la mitad del sendero.  

A Boris lo tomé por sorpresa: ¿cómo puede ser que el sendero esté intransitable?; ¿pero es verdad que está “cerrado”?; ¿cuán cerrado está?; ¡siempre pasa lo mismo con Krüger, pocos conocen el lago y nadie lo conoce a él! ; ah, ¿vos también sabés acerca de quién fue Paul Krüger?; ¿cómo que lo conoció a Frey?!; y fácticamente hablando ¿qué quiere decir que “no se puede caminar”?; ¿podés demostrar en qué consisten “los impedimentos naturales del sendero”? La conversación fue apasionada y  franca: de un lado brotaba una crisis de representación (la dificultad de imaginar lo intransitable en el bosque), del otro la presencia de la autoridad (que decide sobre el libre tránsito de la población). A medio camino quedaba el bosque, nuestro amor por él, el respeto de ambos por el científico, y la defensa compartida de una forma de vida. A mí también me sorprendió este guardaparques. Lucila, una compañera de beca comentó: “Increíble. En el mundo hay dos fans de Krüger y se acaban de encontrar!” 

Boris accedió a demostrar en vivo y en directo los motivos por los cuales se clausuran los senderos, yo acordé en contribuir a la divulgación de los mismos. Haríamos una breve incursión en el territorio vedado mientras el grupo visitaba “el naufragio de Frey” junto a Gabriel el guardaparques biólogo. 12

Como corolario Pepi y yo tendríamos permitido desembarcar en Playa Blanca, no hacer fuego (por supuesto que no, traje el calentador), buscar responsablemente un árbol que no diera señales de quebrarse durante la noche (para ubicar la carpa debajo ya que playa no quedaba por el avance del agua), y a la mañana siguiente emprender el regreso a Villa Futalufquen. Pepi dijo alegremente que en cuatro o cinco horas como mucho estaríamos de vuelta. Sonreí nuevamente. 

Reconocimiento del sendero cerrado. Jimena Salvatierra 2022 

Reconocimiento del sendero cerrado. Jimena Salvatierra 2022 

AB trabajando artísticamente en el sendero cerrado. Jimena Salvatierra 2022 

Reconocimiento del sendero cerrado. Jimena Salvatierra 2022 

Reconocimiento del sendero cerrado. Jimena Salvatierra 2022 

Estas fotos evidencian lo que experimenté. Efectivamente sería una necedad querer transitar un sendero con coihues derribados unos sobre otros, montañas de caña colihue caída y acumulada, montes de zarzamoras; raíces inmensas dadas vuelta, trampas de arena; árboles quebrados sobre otros que podrían caer en dominó en cualquier momento. No hay manera de sostenidamente durante once kilómetros tirarse cuerpo a tierra con la mochila, enderezarse y saltar, arrastrarse, despincharse, colgarse, atravesar, etc… La fotógrafa oficial, Jimena, comento algo peculiar: “¡Esto parece Vietnam!” Aunque la analogía es improbable (sospecho que nunca pisó la jungla asiática) el efecto que la cerrazón del sendero produjo en ella era el adecuado.  

Creo que no hay nada más traicionero que la caña colihue en el bosque andino. Cuando están de pie forman muros inexpugnables, cuando están tiradas son una pista de patín sobre hielo, si están secas se parten y se clavan en pies, muslos y pantorillas, y si ocurre un tropezón en plena caída se insertan en los lugares vitales hundiéndose rápidamente en la carne. Por todos estos rasgos se ganaron su retrato. Emilio Frey seguro coincidía con Krüger, Stange y Steffen en que lo más peligroso son los ríos que no se conocen y los rápidos en ellos. Pero para mí que voy a pie, de lo que más me cuido es de las cañas colihue. 

  6. Desembarco y travesía

Mirando a los compañeros alejarse hacia Villa Futalufquen. Azul Balseotto 2022 

Mirando a los compañeros acercarse al codo este del Lago Futalaufquen. Azul Balseotto 2022 

Lo que sigue es la transcripción de la crónica que apunté en mi cuaderno cuando arribamos a nuestra base en Villa Futalufquen. 

Jueves 24.11.2022.  Aproximadamente 14:30 hrs. Dejamos a Krüger atrás y en quince minutos divisamos la costa de Playa Blanca. Amagaron con que el agua estaba tan crecida que deberíamos mojarnos. Cuando me estaba desanudando la segunda bota hubo cambio de planes. Deberíamos treparnos a las rocas. Todos divertidísimos con la aventura. El timonel impaciente quiere irse porque cumplía su horario de trabajo. No paro de saludar a los chicos hasta que me duelen los ojos de buscar la lancha, ya un punto blanco en el agua. Nos miramos con Pepi felices y excitados de estar completamente solos en una tierra desconocida. Reconocimiento del terreno.  Comemos zanahoria y banana frescas + galletitas dulces + pasas de uva y cubos de ananá seco. Cuando quiero calentar un mate cocido me doy cuenta que la garrafa no tiene el pico compatible con mi calentador. Veo peligrar mi cena clásica de mostacholes con tomates y hongos secos. Nos habíamos comprometido a no hacer fuego así que Pepi hace una especie de horno con limo de la orilla. Espectacular. Funciona apenas, la olla se tizna toda, pasan 15 minutos y tomamos un té tibio con gusto ahumado. No nos importa nada.  

Pepi Amodeo en tareas domésticas del campamento. Azul Blaseotto 2022 

Cada uno se pone a trabajar en lo suyo. Pepi perderse con sus micrófonos. Yo me adentro apenas en el tramo por donde pasaron los limpiadores. Elijo una rama caída que tiene la huella de la sierra. Pruebo también unas cortezas. El papel de arroz no me sirve tanto como el fabriano ( papel artístico) de algodón de  200 gms.  

Así hubiéramos visto la playa si hubiésemos podido caminar el tramo desde el Krüger hasta aquí. 

Azul Blaseotto trabajando en Playa Blanca 2022 

Nos reencontramos a hacer la carpa aproximadamente a las 20:00 hrs. Hasta las 22:30 hrs nos sentamos a charlar y cenar mientras miramos caer la noche en la orilla de una playa angostada por la inundación. Cena fría: pan, atún con aceitunas, pasas y nueces, té ahumado asqueroso. Choco de postre. Me duermo inmediatamente.

Vista desde la carpa hacia el Cerro Riscoso. AB 2022 

Viernes  25.11.2022. Habíamos decidido no poner despertador. Me despierto aun de noche pero sigo dormitando hasta las 8. Me debo haber dormido porque no me di cuenta que Pepi se había levantado antes. Pensé qué bueno sería que alguien hiciera desayuno con café con leche. Abro la carpa y veo a Pepi haciendo un fuego discreto. Está tiritando de frío. Se había levantado a las 5 am a grabar no sé qué pájaro del amanecer y estaba entumecido. Había preparado otro té espantoso que tomamos muy contentos. El resto del agua ahumada la usamos para diluír los desayunos pre-hechos por mí: avena instantánea con leche en polvo, cubos de ananá seco, maca, cacao, almendras fileteadas, jengibre y un toque de canela + manzana fresca. Tomamos las últimas fotos. Vemos venir dos gomones con motor. De uno desembarcaron los limpiadores del sendero, en el otro vino Boris a chequear si estábamos bien. Hablo con los muchachos, parecen todos sub-20. Tienen dos sierras y una guadaña eléctrica; mesa plegable, reposeras, heladeras, coca-cola de 2 ltrs y un montón de comida. Son muy simpáticos. Quisiera dibujarlos pero no hay tiempo. Dicen que en tres o cuatro días limpian los 11 km del lago. ¿Tan rápido? Levantamos campamento. Pepi me ofrece llevar parte de la carpa, genial. Son las 11:00 am cuando abandonamos la playa. Tardísimo.  

Bosque, suelo horizontal. Nuestras velocidades son en proporción cinco a uno: para dar un tranco de Pepi necesito hacer cinco míos. Me gusta ser primera, con Eduardo siempre voy adelante. Pepi avanza y se pierde en la espesura. No me grita que lo espere. Ni yo a él. Cada uno disfruta su soledad. 

Krüger en las copas de los coihues. Pienso en él constantemente. ¿Habrá transitado este camino? Es muy probable. Boris me contó una anécdota que habría ocurrido donde Krüger se encontró con Frey. Voy a tener que investigar porque nunca antes lo había leído. 

Casi una hora después empieza la subida. Me espera para subir. Estoy agradecida que sea en bosque. Cinco kilómetros y medio a 45 grados. Es fuerte, pero no tanto como la subida a Laguna Ilón ¡qué hice a principio de año!, ni tan larga y demoníaca como el caracol a Laguna Negra ¡ídem!  Aunque me repetí eso durante todo el ascenso, tenía las pantorrillas hechas fuego y estaba cansada. Avanzamos por tramos y descansamos. Compartimos nueces. Vienen bajando  dos de los limpiadores que habían ido hasta Portezuelo a cortar una rama que les había quedado incompleta. Pensé qué grosor tendría la rama para que volvieran a rematarla. Venían con un joven brote de caña colihue. Me explicaron cómo cocinarla. Y que la pruebe saltada en arroz porque de pronto mordés algo y mmmññaammm es un sabor rarísimo que se te abre en la boca y te pega lindo. Hallazgos. ¡Exactamente eso es también parte del sendero! Seguimos subiendo. Transpiro y pienso que estoy liberando todas las toxinas del tratamiento médico que tuve que hacer este año. Detecto coihue caído y tallado con escalones para que los montañistas en vez de treparlo lo atravesemos. Me encantan esas ingenierías de montaña. Dudo si parar, ya estamos bien entrados en calor. Por suerte paramos porque después no hubo otros escalones. Yo dibujo y Pepi documenta el proceso. 

Charlamos acerca de las demarcaciones, sobre qué se destaca por medio de su visibilización. Seguimos.

Así se ve el costado de la cuesta llegando a la cima. Si los chicos no hubieran limpiado así también estaría el sendero. AB 2022 

Por fin llega el momento donde distinguimos que estamos llegando al punto más alto, 1079 msnm, “El portezuelo”. Temo que aparezcan rocas y lajas como normalmente ocurre antes de las cumbres, pero no. Pepi  se detiene a grabar. Reanudo la subida. Estoy en un matorral y de pronto levanto la vista y sin que la vegetación me lo anunciara ¡estoy en Portezuelo! ¡Tengo vista 360 grados y veo el Futalaufquen, nuestra playa y ohhhhh el cordón Pirámides! Lloro. No puedo evitarlo. Me están abrazando las montañas. Soy pájaro y ellas me rodean. Casi que corro para llegar a lo más alto del Portezuelo. Hay una cierta horizontalidad. Las pantorrillas ni las siento, mis muslos quieren más. 

Mirando el Cordón Pirámides desde El Portezuelo. Creo reconocer a la Ciudad Encantada bajo las nubes. Es uno de los picos del Pirámides a 2284 msnm. Pepi Amodeo 2022 

 Llega Pepi. Nos sentamos ahora sí para el gran momento: el almuerzo.  Los “Huevos Krüger” consisten en huevos duros de gallinas futalaufquinas con una mezcla de sal del Himalaya, pimienta rosa, perejil seco, comino y curcuma + (optativo) queso de rallar. Hay tanto viento que el queso se vuela. Lo mezclamos con las pasas de uva y el maní y lo comemos con la mano. La gloria de los mini alfajores Jorgito blancos que guardé para este momento. Se habían aplastado y fundido entre sí, así que los cortamos como una torta Rogel.  

Azul Blaseotto y Pepi Amodeo. En el márgen inferior derecho de la foto se ve la bahía de Playa Blanca desde donde ascendimos. 

Miramos el mapa, saludamos a los cerros que pudimos ubicar. Felicidad total y absoluta. Fotos. Bajar. Son las 15:45. Tardísimo.  

Reconocimiento de lengas de distintas alturas y comparación con los ñires. Descenso por un valle amplio y reparador del viento. Pepi adelante sirve de escala humana. Los dos coincidimos en que este valle, con sus ondulaciones de distintos verdes y lo diáfano del cielo es sencillamente maravilloso. 

Primer tramo del descenso. Ab 2022 

Vamos bien, velocidad rápida de bajada. Divisamos el otro lado del Futalaufquen. Saco fotos de los distintos verdes. Progresivamente más cantidad de cañas colihues florecidas. Empiezan los zumbidos y picaduras de tábanos. Ondulaciones pronunciadas, terreno desigual. Cuando creímos que no habría más subidas, las hay. En un terreno que aunque limpiado está sin huella. Los tábanos son atraídos por las cañas, que a su vez crecen rápidamente debido a que los incendios devoraron a los árboles. Avanzamos sumergidos en nubes de tábanos. Enloquecemos. 

Sector de sendero en paralelo al Futalaufquen con árboles quemados aún de pie. AB 2022 

Sector de sendero en paralelo al Futalaufquen con árboles quemados aún de pie. AB 2022

Sector de sendero en paralelo al Futalaufquen con árboles quemados aún de pie. AB 2022 

Sector de sendero en paralelo al Futalaufquen con árboles quemados aún de pie. AB 2022 

Llegamos al tramo de árboles quemados. Chocolate. Esqueletos grises de pie. Más cañas. Queremos llegar. No llegamos. Hicimos dos paradas en cuatro horas. A mi que jamás me duelen los pies, ahora me arden. Tengo miedo de que sea fascitis plantar. ¡Este tramo en paralelo al Futalaufquen no se acaba nunca! Y es un poco sube-y-baja. Hacerlo al revés no me parece menos incordioso que lo que estamos haciendo. Pasamos cinco arroyitos.  

Cuando veo un cartel tallado que dice “zona wi-fi” intento mandar una foto como prueba de vida. No se envía. Diviso del lado de enfrente y bastante más adelante el blanco del primer hotel que está sobre la márgen este del lago. Cuando suena el teléfono puedo decirle a Valeria, nuestra coordinadora, que a ojo de buena cubera en hora y media estaremos en Puerto Limonao. ¿Pero y dónde están, Azul? En el bosque, Vale, dónde vamos a estar. Ah qué bien, acá los guardaparques están intranquilos porque no llegaron. ¡¡¿¿??!! 

Dicho y hecho. Hora y veinte después llegamos al cruce con la senda a la “Cascada Cinco saltos”.  Selfie con el cartel indicador: “Lago KrüGger – Dificultad: alta – Distancia: 22 km -Tiempo ida: 12 hrs – Tiempo total: 3 días” Veinte metros más adelante en el jardín trasero de la Hostería Futalaufquen nos estaban esperando el fantasma de Krüger, quien no pronunció palabra, y los guardaparques que nos saludaron calurosamente.  Gonzalo al volante, la sonrisa de Rafael sosteniendo un mate espectacular y una gatita tricolor en el capó de su camioneta.  

Cartel indicador en el Sendero al Krüger. AB 2022 

Con cariño y agradecimiento a Gabriela, Juan, Boris y Rafael. A mis compañeros de residencia Virginia, Lucila, Sofía, Pepi y Juan Agustín y a Valeria y Jimena.

1 La autora es artista visual, ilustradora, docente universitaria y montañista. Publicó la novela gráfica “Vamos a la playa” (Tren en Movimiento, 2018). Entre sus travesías recientes realizó a pie el trayecto Bariloche (Argentina) - Puerto Montt (Chile). En 2020 fue galardonada con el Premio 8M del Ministerio de Cultura de Nación. En 2022 recibió una beca de la primera edición del “Programa Residencias Artísticas en Parques Nacionales” del Ministerio de Nación y Administración de Parques Nacionales para el Parque Nacional Los Alerces. www.azulblaseotto.com 

Con “parques nacionales” aludo a los parques como zonas protegidas en general, sean argentinas o extranjeras. “Parques Nacionales” refiere al nombre propio de la repartición pública. Lo mismo vale para los árboles “alerces” y al nombre del PN “Los Alerces”. 

3  Los parques del lado chileno vecinos a Los Alerces son el novísimo Parque Nacional Pumalín y el Parque Nacional Corcovado. El Parque Pumalín Douglas Tompkins era una reserva privada y como tal se apellidaba según su dueño. Fue nacionalizado en 2018. 

 4    Las negociaciones de 1881 y de 1893 no lograban acordar la demarcación que satisfaciera a ambos países quienes seguían reclamándose mutuamente amparándose cada uno en sus propios relevamientos territoriales e interpretaciones acerca de los mismos. 

 5   Es también el año fundacional de los dos primeros parques nacionales, PN Nahuel Huapi y PN Iguazú. 

 6   Si bien existía una Ley desde 1937 para el establecimiento de los PN Los Alerces, Lanín, Perito Moreno y los Glaciares éstos no se establecieron oficialmente como parques nacionales sino hasta 1943. Laguna Blanca se creó en 1945. 

7  Las citas de Bustillo provienen de sus papeles privados, Archivo Bustillo, y de su libro “El despertar de Bariloche” citados por entre muchos autores N.Fortunato, O.Kaltmeier y el mencionado Navarro Floria. 

8   El relato de su actuación pública se imbrica en su genealogía: Exequiel Bustillo es nieto de F. Madero quien había sido vicepresidente de J.A.Roca (1880-1886), general de la “conquista del desierto”; es hermano de Alejandro el arquitecto urbanista que entre otros diseñó, bajo su encargo, el perfil de Bariloche, la Villa Angostura, las adyacentes del y el Llao LLao y las villas dentro de los Paques Nacionales, como Villa Futalufquen y la Hosteria homónima en PN Los Alerces; es hermano de José María, ministro de Obras Públicas de la Provinia de Buenos Aires bajo la gobernación del conservador M. Fresco (1936-1940). Sobre la relación de los Bustillo, la obra pública y el turismo en las playas argentinas véase: “Negocios inmobiliarios, clase y naturaleza en colores: cómo construír un museo”, Azul Blaseotto 2013 

Los lagos Steffen y Martin están dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. 

10  Muy estudioso, sistemático y prolífico H.Steffen contribuyó definitivamente a la divulgacion de la disciplina de la geografía en Chile no sólo por su expediciones científicas sino también mediante su trabajo pedagógico educando a los futuros profesores de la materia. Varios lagos y ríos llevan su nombre en el país vecino. Si bien falleció en Alemania, sus restos fueron “repatriados” por Chile. 

11  Mientras que Chile promovía que la frontera se dibujara según la línea que dividía las aguas según la vertiente pacífica, Argentina defendía que ese dibujo se trazara siguiendo la linea de las más altas cumbres. 

12   El ingeniero Emilio Frey, argentino, fue colaborador topógrafo de F.P.Moreno en la demarcación de la frontera nacional. Fue el primer director del Parque Nacional del Sud) bajo la presidencia de H.Irigoyen desde su creación en 1922 y cuando sobre su base se creó el PN Nahuel Huapi, 1934 fue su primer intendente. En 1898 navegando desde el Lago Krüger al Futaleufú sobrevivió al naufragio del bote en el lugar que indica el mapa.


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