Montañismo

La experiencia de recorrer la zona del cerro Penitentes

El autor nos invita a descubrir una aventura diferente, de caminar durante tres días, en completa autonomía, realizando una travesía lejos de los senderos transitados y en estrecha unión con la naturaleza

Pablo Goldengruss

Pablo Goldengruss

Edición: CCAM



Tan importante es llegar hasta la cumbre, hoy sé que la respuesta es: “depende.” Depende de tantos factores, que les propongo que me acompañen en las líneas que escribo a continuación y, luego, ustedes saquen sus propias conclusiones. Porque la historia que hoy quiero contarles no trata de un gran ascenso, ni de una complejísima ruta técnica, mucho menos de un récord de velocidad, pero estoy convencido de que los apasionará.

Pablo, trakeando la ruta el primer día

 

Ubicación de la zona de travesía en Quebrada de Vargas, Mendoza


Circunvalar un cerro, no es poca cosa, caminar por tres días siendo 100% autónomos genera una adrenalina y un vínculo con la naturaleza increíble. Nos quita la presión de tener que “conquistar” una cumbre.


La travesía

La aventura se inicia en el mismo punto donde comienza el ascenso al Cerro Penitentes, cruzamos el río Cuevas por el mismo puente e ingresamos a la quebrada de Vargas, andaremos por los senderos que transitan todos aquellos que buscan la gloria en lo más alto del emblemático Penitentes, incluso cruzaremos algún que otro comentario. Hasta que llegado un punto, nos despedimos de la “civilización”.
Una vez en el refugio Grajales, lejos de levantar campamento nuestra marcha prosigue y ahí, sí comienza la aventura. Sentimos esa soledad de alejarnos de los senderos transitados de la posibilidad de encontrarnos con gente, o con alguien que este volviendo, pues el camino es en una dirección. Al principio la pendiente es suave, pero sabemos que ese día llegaremos a la máxima elevación, por lo tanto, la expectativa nos acelera el pulso. Estamos conscientes de que tendremos una vista exclusiva del Aconcagua, del Serrata y del mismísimo Penitentes. La huella desaparece, seguimos a pura intuición “como se hacía antes”.

Después de varias horas de estar en la altura el cansancio se empieza a sentir. La “mochi” está pesada, tenemos todo lo necesario para las 3 extensas jornadas. Excepto la carpa, ya que es una oportunidad inmejorable para contemplar el cielo y de paso economizar un poco de peso. Por lo tanto vivaquear es “la que va”. La precariedad de este tipo de campamentos de alguna manera nos invita a cubrir grandes distancias durante el día.

El campamento consiste en localizar dentro de lo posible, alguna piedra, socavón o simplemente un lugar protegido del viento. Desplegamos el aislante la bolsa de dormir, comemos algo y a dormir. Siempre en esas situaciones solemos bromear con lo poco que nos conformamos en esas situaciones y contrastantemente todo lo que precisamos en la ciudad. Obviamente son situaciones diferentes, nuestra capacidad de adaptación es increíble.

Vista hacia el oeste desde la Quebrada de Vargas

 

Descansando en el refugio 1 del Río Blanco

 

El primer dia buscando por dónde había menos nieve!


Al otro día, tempranito desayunamos y “desarmar el campamento es tarea fácil, hay que darle un rato al sol que caliente y nos seque las bolsas de dormir, ya que con las fundas de vivac condensan.

El sentido de circulación en esta travesía es el, podríamos decir, más lógico. De arriba hacia abajo, cubriendo los ascensos en la primera jornada. Lo ideal es dejar un vehículo en Punta de Vacas, que será el pasaje en donde finaliza la travesía. Llegar cansados luego de tres fuertes jornadas y encontrarnos con el auto es reconfortable.

Pero para eso faltan dos largos días, nos espera una exigente jornada a la vera del río Blanco, afluente del río Tupungato. Si ya estamos “del otro” lado del cerro Penitentes, cruzamos el kcol. Dependiendo la época del año nos podemos encontrar con un poquito de nieve o hielo, nada complejo. Un dato, cuando estamos llegando al kcol para cruzarlo, hay que “tirarse” hacia la derecha (oeste), en un momento da la sensación que podemos cortar, si no hacemos eso, pero al dar la vuelta se ve claramente que no es el camino.

La poco conocida cara sur del Penitentes, nos acompañara un rato, luego por perspectiva la vamos perdiendo. El río, una vez más dependiendo de la época del año se cruza fácilmente, la mayoría del segundo día lo realizaremos con el río a “nuestra izquierda” de hecho hay viejos senderos, que tal vez de a ratos se pierdan pero, es bastante intuitivo.

Día 2, Río Blanco vista al oeste

 

Día 1, buscando lugar donde dormir, o sea algún lugar sin nieve. Vista de fondo, oeste desde la Quebrada Vargas

 

Día 1, iniciando el trekking


Seguramente habrán escuchado que el río Tupungato es el afluente mayor del río Mendoza, a su vez el río Blanco es afluente de aquel. Pues no debe preocupar como o donde cruzarlo ya que en la confluencia de estos hay un puente. Ese puente dependiendo el ritmo que llevemos se cruzará el tercer día, que es lo más común.

Es común encontrar por el sector animales de pastoreo y, claro, hay que estar atento y los guanacos se dejan ver. También se encuentran liebre europea, zorros y demás. Ni hablar de aves solo hay que ejercitar eso de caminar y no mirar “todo” el tiempo el sendero, difícil desafío.

Cuando se acerca la noche la rutina se repite, buscamos un lugar apto para armar nuestro campamento, comemos algo y a la bolsa, antes de dormir ronda de anécdotas y vivencias de estas dos jornadas y por qué no, de alguna otra experiencia o proyectos futuros, hasta que los ojos se van cerrando.

Último día, todavía queda un gran tirón. Esa extraña sensación que muchos tenemos nos encanta ir a la montaña, pero de tanto en tanto, nos agrada la idea de volver a casa. Será por la comodidad, será por la conclusión del objetivo que nos planteamos. No lo sé, creo que es la otra cara de la misma moneda, parte de la actividad.

El sol ya calienta, las bolsas algo se secaron, ya estamos en condiciones de irnos. Nuestras botellas de agua están llenas. Es importante cargar temprano en la mañana el agua o tarde en la noche, cuando el río viene limpio o con poco sedimento. O si eventualmente encontramos algún arroyo, es nuestra oportunidad. No es mala idea llevar un filtro (de café), para filtrar el posible sedimento, primero dejamos decantar el agua y luego la filtramos.

Día 1, abriendo huella, con algo de hielito..

 

Día 1, primeros manchones de nieve, aún se podían esquivar, no por mucho

 

Día 2, desde la quebrada del Río Blanco vista al oeste


Las formas y los colores no dejan de sorprendernos, un par de horas de andar y ya vamos “viendo” la desembocadura de la quebrada para fusionarse con la del río Tupungato. Una gran sorpresa para aquellos que no conocen la zona, luego de cruzar el puente que les había mencionado, nos encontramos con el refugio número 1 del Río Blanco. El primero de una serie de “Refus”. Parada obligada, a veces podemos encontrarnos con arrieros.

Esta última parte de la travesía es fantástica, pues luego de un par de horas comienza a verse el volcán Tupungato, claro tenemos que mirar hacia atrás, pero bien vale la pena. Una vez más dependerá de la época en la que realicemos la actividad y podemos encontrar una laguna, la cual alberga gran biodiversidad, o, sino, veremos sus rastros. Ya estamos cerca, la sonrisa se empieza a dibujar.

En general la huella en este último sector es bastante fácil de seguir, si bien se pierde en alguna pasada rápidamente la volvemos a encontrar. Casi llegando a Punta de Vacas aparece una antigua huella de vehículos, ya estamos. El río Cuevas, no es un problema, siguiendo la huella citada nos conduce a un viejo puente por el cual podremos cruzar sin mayor problema.

Vista panorámica

 

Cerro Penitentes


Algunas reflexiones

Mientras escribía este relato me preguntaba que me motivó a realizar este tipo de travesía y como son los preparativos (aunque debo confesar que no fue solo una pregunta mía, sino que la redacción de CCAM, la disparó). Pues veamos un poco que nos moviliza. Creo que algo ya les conté, pero queda tela por cortar. Me aburro en mi casa, en la ciudad, aunque después de un cierto tiempo en la montaña extraño a la gente cercana y las comodidades. Cuando paso demasiado tiempo estático necesito esa inyección de vida. Esa austeridad que te enseña a valorar todo lo que tenemos, todas esas horas con uno mismo en las que podemos pensar y re pensar y “no nos podemos conectar al wifi”.

Si definitivamente hay algo de todo eso, pero la respuesta creo que es mucho más sencilla en esta ocasión. Mi motivación es, hacer lo que me gusta. Tan fácil y a la vez complejo es entender. Me gusta sufrir y cargar mochilas pesadas, claro que no, es un comentario que me produce poco más que pena. Lo que me gusta es lo que veo, lo que siento, la experiencia, lo que aprendo, la claridad, la armonía y el equilibrio que se encuentra en eso ambientes. Pues para hacerlo tengo que llevar muchas cosas y por ende la “mochi” pesa. Pero pesa menos que no hacerlo.

No me gusta ir solo, me lo digo una y otra vez, pero si lo tengo que hacer (es mi última opción), lo hago. Entonces cuando surge la idea, se transforma rápidamente en un proyecto. Empiezo a buscar dentro de mis amigos, la persona indicada y ahí apareció Juan León. Hermosas anécdotas nos acompañan y estábamos a punto de sumar una más.

Como no contarles, aquella vez que yo estaba guiando en Aconcagua, él por aquellos años trabajaba en el campamento base, Plaza de Mulas. Quería hacer su primer intento de cumbre, las empresa para la que trabajaba, le permitía subir si un guía lo aceptaba dentro de su expedición. Cuando me pregunta, mi respuesta fue inmediata, claro hermano, sumate. Así nos fuimos todos para arriba. Al llegar a Nido de Cóndores a unos 5500 metros de altura, el campo dos de la ruta normal. Lamentablemente el techo alcanzado en esa oportunidad ya que el clima no acompañó. Luego de unas horas de estar tirado en la carpa, sin hidratar ni comer, y claro tampoco sin desarmar su mochila ni ponerse un aislante y luego de varias respuestas por parte de él que estaba en perfectas condiciones, decidimos que ya era suficiente y lo ayudamos un poco. Estaba levemente afectado por la altura, nada que un té, un aislante y una bolsa de dormir no solucionen. Por suerte Juancho, después pudo concretar su sueño de subir al coloso.

Retomando el relato, lo wasapeo y le cuento cual era mi idea, si le pintaba. Creo que tardo 20 segundos en decirme “de una”. Así empezó a concretarse. Faltaba poner fecha. Tenía que cuadrarnos a ambos, acomodamos nuestras “agendas” en aquella época trabajábamos juntos, por lo tanto no fue difícil organizarnos. Lo que sí ambos dijimos que pase el invierno que no haya nieve (que ilusos), en general esas cuestiones son así de fáciles de manejar, en invierno nieva….pero siempre hay un imponderable.

Hacia la Quebrada del Río Blanco

 

Laderas del Río Blanco

 

Vista del Cerro Penitentes


Fue para fines de octubre o principios de noviembre, a esta altura no les voy a mentir con la fecha, la verdad no lo recuerdo exactamente, tampoco es tan relevante. Era una perfecta oportunidad para “entrenar para el verano”, pues Aconcagua se venía. Consigna, vamos livianos. Cada uno se lleva su comida ahí compartimos y listo. Increíblemente fácil organizar con amigos.

Lástima que entre otras cosas me olvidé que no compartimos la misma dieta con Juancito, honestamente el pate de foie en el desayuno muy bien no me cae, pero esa, es una historia para otro relato.

Nuestro imponderable fue que unos días antes de la fecha fijada cayó una linda nevada, que por suerte y gracias a la fecha en la que estábamos se fue rápidamente. Si, claro se fue al costado de la ruta por encima de los 3000 metros no solo no se fue sino que seguía tan llena de aire (lo cual obliga a abrir huella), como recién caída. En un momento de, digamos, lucidez, pensé que capaz que algo de nieve nos podríamos llegar a encontrar y si bien queríamos ir livianos, por las dudas me llevaba unas botas, si las simples van a andar bien, después de todo no es para tanto (me decía a mí mismo), tratando de convencerme. Y sí, andar 3 días con los pies mojados no era buena idea. Me gusta caminar con zapatillas, perdes un poquito de seguridad, pero desde mi parecer ganas muuuucho en confort.

A las horas de andar, una vez que ya dejamos atrás el refugio de “Grajales” la montaña se vistió de blanco. No me cansé de agradecer haber cargado las botas. Juan tomo la punta mientras yo me sacaba mis zapas y me ponía las botas.

Al ratito ya no estábamos caminando sobre la nieve, sino que estábamos caminando “adentro” de la nieve. El Juancito, cada vez que me acuerdo me rio y mucho, hizo un par de huellas y me espero. Cuando llego a donde él estaba, me mira y me dice (obviamente en tono de broma), quien es el guía, y mira la nieve, como diciéndome dale, abrís vos la huella. Yo feliz, pensé, excelente oportunidad para entrenar. Claro cuando habían pasado 45 minutos me venía hundiendo hasta casi la rodilla y se veía fácilmente que faltaba al menos otra horita laaaaarga, se me desdibujó esa sonrisa.

Pero como se dice, ya estábamos en el baile, había que bailar y la verdad mucha opción tampoco teníamos era por ahí, o por ahí!
Entre otras cosas, siempre me pregunto porque la gente busca tanto subir el Penitente, claro yo también quería y hace mucho lo hice. Una linda experiencia, yo estaba arrancando, fue un cerro un poco sufrido, así suelen ser a veces las primeras ascensiones. Pero me gustó, compartido con amigos/colegas que hoy han tomado otros rumbos.

Vista panorámica desde la quebrada de Vargas

 

Pablo Goldengruss

 

Vista panorámica desde el Kcol


Pero insisto, porque genera tanta fascinación el Penitentes, es un 4mil, no es poca cosa. Pero convengamos que para los Andes áridos (o sea para los andes mendocinos), tampoco es “la montaña”. Será por su fácil accesibilidad, será por lo pegadizo de su nombre, homónimo al centro de esquí, que hoy se encuentra cerrado y nadie sabe cuál será el futuro del mismo. O será por la maravillosa vista que tenemos desde lo más alto de él.

Tal vez sean todas esas juntas y tantas otras que ni si quiera yo sé. Es indudable que el paso de los Incas por la zona y puntualmente por esta montaña en particular genera una inquietante admiración. Su vecino el Serrata, con una altura similar, prácticamente “mellizo” podríamos decir, desde varios puntos de vista, acceso similar, altura similar, ascenso similar. No convoca ni un tercio de los visitantes que su “primo” atrae.

Desde tiempos inmemorables los incas estaban convencidos que había un punto energético muy fuerte en su cumbre, tal vez algo de eso haya. No lo sé.

Y ya para ir despidiéndome de ustedes, esperando no haberlos aburrido les dejo una última reflexión.

Entonces me vuelvo a preguntar, pero ahora les pregunto a ustedes tan importante es llegar a la cumbre, solamente se trata de subir?
Claro, a mí también me llevo mucho tiempo y algunas cumbres entender la magia de este tipo de travesías. Solos en la montaña, autónomos 100%. Sin riesgos, pero con un punto de quiebre. Superado una parte del itinerario solo queda avanzar, ese es un hermoso desafío. Si bien hay huella, pero no hay nadie a quien preguntar. No hay campamentos prestablecidos ni áreas de acampe. Una gran experiencia¡¡¡¡

Vista del Aconcagua a lo lejos

 

Guanaco en la zona de la quebrada de Vargas

 

Extrañas formaciones


Antecedentes de montaña del autor de la nota

Guía líder expediciones al Aconcagua desde el 2010 a la actualidad, habiendo liderado más de 30 expediciones con 26 cumbres, solo en Aconcagua.

Guía Expedición Mt. Denali, Alaska, 2018 Líder expedición Volcán Elbrus, Rusia Agosto de 2016 Líder expedición Volcán Kilimanjaro, Tanzania, África. Octubre de 2015 Líder expedición internacional Zugpitse, Alemania y Grossvenediger Julio de 2012. Líder expedición Volcán. Tupungato Febrero 2012.

Flora propia de la zona

 

Plantas encontradas







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