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Libro Los Cinco Seismiles de Jaime Suárez

Conocé a través de esta obra las ascensiones al Glaciar Los Polacos en el Aconcagua, al volcán sagrado Llullaillaco, a las cimas del Walter Penck y al volcán Antofalla

Jaime Suárez

Jaime Suárez

Edición: CCAM Agosto 2023



LIBRO CINCO SEISMILES
AUTOR: Jaime Suárez González
EDITORIAL: Zeta Digital, Mendoza
AÑO: Primera Edición marzo 2019
FORMATO: 21x15 cm.
PAGINAS: 197
IDIOMA: Castellano
DISEÑO: Mauricio Chaar
FOTOS Y CROQUIS: Jaime Suárez González. En capítulo LLULLAILLACO fotos de
Joan Rovira.
OTRAS OBRAS DEL AUTOR:
Nevados del Aconquija
Come Caballos (Reserva Laguna Brava)
Nevados del Famatina
Mis Cerros
El Sendero Secreto
Por Tierras de Volcanes
Hacia el Tres Cruces

 

Tapa libro Cinco Seismiles

 

Contratapa libro Cinco Seismiles de Jaime Suárez

 

 

Las montañas y algo de historia 

 

Nuestras montañas son algo más que elevaciones naturales con cumbres y glaciares -que antes considerábamos perpetuos-. La montaña siempre ejerció un misterio sobre el hombre y éste inicialmente la consideró como algo mágico y digno de adoración.  Pero a medida que pasaban los años, fue cambiando su posición hacia ella para considerarla en base a perspectivas geopolíticas y científicas y finalmente, en la segunda mitad del siglo XX, a dimensionarla bajo la expansión de la faz deportiva.  Desde las postrimerías de ese siglo y hasta nuestros días convive con la añadidura de la actividad comercial, la competitiva, la aparición de barreras y la depredación del accionar de la mega-minería. 

La Cordillera de los Andes es la más larga del mundo. Considerando el punto de inicio en el Caribe y su fin en la Antártida, su longitud puede ir desde los 7.000 a los 8.900 km. Cruza el Ecuador y el trópico de Capricornio y varios climas. Atraviesa 7 países: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, llegando hasta la Antártida. Su máxima altura, el Aconcagua, con 6.962 metros domina la Cordillera de Los Andes y coronarlo es el sueño de todo andinista.

Contiene 13 principales montañas que superan los 6.500 metros. Por orden de altura son: Aconcagua (6.962 m), Ojos del Salado (6.893 m), Pissis (6.795 m), Bonete Chico (6.759 m), Tres Cruces (6.749 m), Huascarán (6.746 m), Llullaillaco (6.739 m), Mercedario (6.710 m), Walter Penck (6.658 m), Incahuasi (6.638 m), Yerupajá (6.617 m), Tupungato (6.570 m) y Sajama (6.542 m).

Cinco de las importantes cumbres están plenamente dentro de Argentina: Aconcagua, Pissis, Mercedario, Bonete, Walter Penck, mientras que otras 5 son compartidas a lo largo de 2.500 km. de frontera, como inmovibles hitos con nuestro vecino Chile: Ojos del Salado, Tres Cruces, Llullaillaco, Inca Huasi y Tupungato.

A principios del año 90 y luego de haber hecho ascensiones en las montañas de más de 6.500 metros de Mendoza y San Juan, encaré continuar haciéndolo con las restantes existentes en Argentina.

Con diferentes compañeros y aprovechando vacaciones, circunstancias y feriados, poco a poco, pero sin prisa y sin pausa, fui desarrollando esa tarea. Pero era muy poca la información a la que se podía acceder que facilitara esa importante empresa.

A pesar que en las expediciones podíamos utilizar los mapas del entonces Instituto Geográfico Militar, que tampoco resultaba fácil conseguir, no era muy fácil durante las mismas ubicar nuestra posición observando el relieve y las curvas de nivel. Esto sumado a que con los cambios de presión y según la altura a que nos encontráramos, nuestros altímetros variaban hasta algunos cientos de metros para arriba o para abajo. Y si bien podíamos establecer con el mapa las coordenadas exactas de la cumbre, nunca podíamos precisar a qué distancia y con qué diferencia precisa de altura nos encontrábamos de ella. 

Llegar a lugares recónditos de la cordillera tampoco era tarea sencilla.  Se lograban primero las expediciones a lomo de mulas, aprovechando la experiencia de arrieros que con sus equinos y en largas jornadas hacían la aproximación a la cumbre elegida llevando personas, alimentos y equipos. Aún se usaba esta modalidad durante las exploraciones del 50 y hasta el 80. 

Con posterioridad, con más caminos y ya con algunos conocimientos de las zonas se siguieron utilizando animales, aunque sólo para el transporte de carga en las aproximaciones. Yo tuve ocasión de hacerlo en mis expediciones al Aconcagua, al Tupungato en 1990 por Chile, en otra en 1992 a la misma montaña pero por Argentina;  y también en el Mercedario en 1993. No puedo dejar de recordar a la expedición del año 1991 al Ojos del Salado en un Jeep que funcionaba con un tubo de gas.

Tinogasta era el lugar de pernocte la primera noche de la salida. No había ruta asfaltada desde Tinogasta a Fiambalá y si llovía era normal quedarse esperando a que bajara el caudal de agua de alguno de los cauces que cruzaban el camino. Al día siguiente se llegaba a Fiambalá y desde allí, pasando por Loro Huasi hasta Chaschuil o Pastos Largos. De ahí en adelante era normal quedarse atascados en los arenales que formaban los vientos sobre la huella, y nos sucedió varias veces. 

Se cruzaba hasta once veces el río Guanchin hasta llegar a Las Grutas, que eran tales. Aparte del edificio de Gendarmería Nacional, había una sola y pequeña construcción de Vialidad Provincial.  Por esa época no había presencia de persona alguna. Adivinando cuál era el Inca Huasi y el San Francisco, luego de contemplar el atardecer sobre ellos, debimos vivaquear entre las rocas. 

Al día siguiente no cambió mucho la situación. Cruzamos a Chile por el Paso San Francisco, sorteando largos manchones de nieve sobre el ripioso camino. Llegamos a la Laguna Verde, donde sólo se apreciaba, poco antes del fin de su borde, un equino momificado por la salinidad y con un palo inclinado que lo mantenía en pie, dando “no sé qué tipo de aviso” al circunstancial y solitario viajante. 

Continuando llegamos luego al refugio Murray, o mejor dicho los restos calcinados de metales y piedras que quedaban de él, ya que se había quemado meses antes. Y desde ahí, luego de armar nuestras carpas, nos quedamos mirando durante horas todo el entorno de cumbres cubiertas totalmente de nieve para adivinar nuevamente, dado que tampoco había presencia humana, cuál era el Ojos del Salado. Pero esa es otra historia. 

Tiempo después la incorporación de vehículos Unimog 4x4 por parte del Ejército y Gendarmería en mis expediciones conjuntas de civiles y militares nos permitieron logísticas más precisas y con menos tiempos de duración para lograr la aproximación a un campamento base de altura conveniente. Situaciones que logramos en las expediciones al Pissis en 1994 y al Lullaillaco en 1995. 

En noviembre del año 1996, durante el ascenso al Bonete Chico en La Rioja, tuve en mis manos un precioso artilugio que había traído mi compañero Hans Siebenhaar de su último viaje a Alemania. Un reluciente GPS. Había leído de su existencia, pero no dejaba de sorprenderme y entusiasmarme el poder utilizarlo en una expedición y fijar con precisión cierta la altura, los campamentos y las distancias que restaban a las próximas metas, y poder desandar lo andado con mucha seguridad. A partir de esa expedición comenzamos a utilizar este instrumento, lo que no solo nos facilitaba alcanzar nuestros objetivos, sino también transmitir más eficientemente las experiencias y lugares por los que transitábamos o ascendíamos.

Pero las cosas seguían cambiando aceleradamente en las expediciones. No tan solo se incorporó el GPS, sino que las camionetas 4x4 que comenzaban a comercializarse en nuestro país.  Éstas no tenían nada que envidiar a los Unimog. Por el contrario, eran más ágiles y rápidas, permitiendo que un grupo reducido de andinistas pudiera alcanzar más eficientemente las aproximaciones en los objetivos que se proponían. 

Más allá del uso de estos modernos artilugios y vehículos, el conocimiento de los ecosistemas de montaña que debemos recorrer es fundamental.

Había realizado una expedición al Tres Cruces en noviembre del 1997 con varios de mis compañeros habituales. Era una montaña con muchos enigmas, ya que en esa fecha sólo se conocía fehacientemente el ascenso de Witold Paryski y el Ing. S. Osiecki, en febrero de 1937; luego referencialmente las ascensiones de C. Muga y P. Cortés de 1973; el ascenso de Philipe Reuter y Maranguric de mayo 89; y finalmente el de Greg Horne en febrero de 1995. Se barajaba algún nombre más pero no habían ascendido la cumbre Sur Internacional, que es la más alta. Algunas expediciones habían ascendido a la cumbre central de este macizo (6.620 m) que es la que mejor se aprecia desde Chile, pareciendo la más alta. 

En consecuencia, era bastante el desconocimiento sobre este macizo montañoso, por lo que decidimos encarar una expedición al mismo, ingresando a Chile por el Paso San Francisco, y accediendo a esta montaña por su costado Oeste. 

En la búsqueda de la más alta, escalamos en la exploración a la cumbre del Sur de 6.460 m. Desde ella ubicamos la internacional, o cuarta cima, que se erguía 250 metros más alta al final del macizo, a 1,3 Km. de distancia. Tuvimos que dar ahí por concluida la expedición.

¡Volveríamos! De regreso notificamos y publicamos las posiciones y resultados de esta expedición, con toda la información obtenida.

Esta experiencia de conocer la zona nos sirvió para establecer un próximo y ya acariciado objetivo, el Walter Penck. Accederíamos también a él desde Chile, haciendo acercamiento ahora por la vertiente Este del Tres Cruces, montaña que ya conocíamos mucho mejor. Sobre esa pendiente montaríamos el Campamento Base de la futura expedición.

Lo que no se puede dejar de considerar es que con el nuevo siglo las montañas ya se conocen con mucha precisión, al igual que sus rutas, campamentos y puntos de acceso y sólo se tarda pocas horas en vehículo para hacer un recorrido que en el pasado tomaba varios días. También aparecieron la WEB, Google Earth, MapSource, y programas que nos facilitan la información y su comunicación. Como bien apreciamos, para con la montaña y su entorno  los tiempos han cambiado y seguirán cambiando en muchos aspectos.

En nuestra maravillosa cordillera, única en el mundo, con bellísimas montañas y aún con lugares vírgenes e ignotos, es posible practicar con plenitud deportes como el andinismo, esquí, escalada, trekking, exploración, observaciones de flora y fauna, y la recreación y esparcimiento, entre muchas otras actividades. Pero aún hoy, a pesar de haberse despertado a nivel mundial el interés por nuestras montañas, es sólo una minoría de argentinos la que disfruta de las actividades del montañismo. 

El objetivo del libro Cinco Seismiles y los anteriores que he escrito, es acercar las vivencias, historias y anécdotas con las que cuento, resultado de mis marchas por la cordillera, con la idea de que faciliten información sobre el ascenso a cumbres, recorridos por los sistemas montañosos, el interés hacia los ecosistemas de montaña y también a valorar la acción del hombre sobre ellos. 

Siempre es conveniente recordar que la montaña y las actividades que en ella se practican, entrañan riesgos específicos. Riesgos que son importantes saber, al igual que disponer de la información, equipo y preparación necesaria, para poder disfrutar exitosamente sus cimas y entornos. Conocerse es lo fundamental, al igual que nuestra relación con la montaña. Ésta no es sólo una aventura, es una búsqueda hacia la comprensión de uno mismo, nunca un desafío ni una competencia hacia la montaña. No llegar a una cima suele ser también un gran paso para ese conocimiento y hay que entenderlo así. Es acumular experiencia. La montaña siempre nos esperará, tiene la infinita paciencia de un santuario.

 

Ubicación del Volcán Antofalla, Provincia de Catamarca, Argentina

 

Una de las expediciones que se relatan en el libro: Volcán Antofalla

 

Ascenso al Volcán Antofalla, 6.440 m      

En octubre de 2003 nos encontrábamos en la cumbre norte del Volcán Galán, a los 5.912 metros de altura sentados al resguardo del viento y dedicados a descansar mientras observábamos golosamente todo el paisaje que, brillante por lo diáfano del día, se brindaba a nuestros ojos. Entre otras cumbres, hacia el noroeste se apreciaba perfectamente, a pesar de que se hallaba a poco más de 100 Km el volcán Antofalla. No dejó de impresionarnos y causar una misteriosa atracción su níveo perfil, por lo que, sin siquiera plantearlo, lo convertimos en un próximo objetivo de cumbre.

Cuando llegó el momento, en marzo de 2005, partí desde Mendoza para unirme con el resto de los expedicionarios en Villa Unión: Griselda Moreno y Nicolás Pantaleón, provenientes de Salta y Guillermo Almaráz y Eduardo Namur, que llegaron desde Mar del Plata. Algunos de ellos ya se encontraban pre-aclimatando desde unos días atrás en la zona de la Laguna Brava, en la Rioja. 

Desde Villa Unión continuamos por la Cuesta de Miranda hacia Chilecito y luego hacia Famatina, donde pasaríamos la noche. El feriado de Semana Santa influyó para que nos costase un poco conseguir alojamiento. 

A la mañana siguiente partimos hacia Belén, en Catamarca, donde arribamos pasado el mediodía y continuamos por la ruta 40 hasta llegar al Eje, poco antes de Hualfin.  Allí desviamos por el camino consolidado de la ruta provincial 43, pasando por Puerto Corral Quemado, Barranca Larga, La Cuesta de Randolfo (con su gran médano), Laguna Blanca y Pasto Ventura, hasta arribar a El Peñón.

 

Griselda en el gran médano

 

Aldeas y Pueblos de Antofagasta de la Sierra

El Peñón; este pueblo catamarqueño ubicado a los 3.450 metros de altura en la posición S 26°28´547 y O 67°15´880, en medio de una zona inhóspita y desértica, es un verdadero oasis poblado de álamos donde viven aproximadamente 300 personas que se caracterizan por su amabilidad y también por la confección de artículos regionales en telar. Una vez más y por un módico importe, nos dieron alojamiento en el edificio municipal, donde pasamos una cómoda y agradable noche.

El 20 de Marzo salimos temprano desde el Peñón para cubrir con tranquilidad los aproximados 60 kilómetros que nos separaban de Antofagasta de la Sierra. Unos 10 kilómetros antes de llegar apreciamos el volcán Antofagasta, que se encuentra aledaño a la laguna homónima, y también al cercano volcán La Alumbrera. La imagen de ambos, llamados los “Negros de la Laguna” es la característica más notable de  Antofagasta de la Sierra. En un proceso de liviana aclimatación, dejamos nuestras camionetas al borde de la ruta, y poco a poco en un ascendente paseo, subimos el volcán Antofagasta rodeando totalmente su pronunciado cráter. 

 

Desde la cumbre del Volcán Antofagasta 3.554 m, el Vn. La Alumbrera

 

Pronto descendimos y continuamos hacia la cercana Antofagasta, que se encuentra en la posición S 26°04´600 y O 67°24´630, a los 3.485 m de altura. Luego de un rápido paseo por el pueblo apreciando sus construcciones y gente, proseguimos para llegar pronto a Antofalla. A la salida aprovechamos para mirar su entorno, dejando vagar más adelante nuestra vista por la profundidad de la Puna.   

 

Cúspides del Volcán Antofalla desde el salar

 

Continuamos inmediatamente hacia el pueblo de Antofalla, donde llegamos tras unos 90 kilómetros de recorrido. Aprovechamos para saludar a Don Manuel Ramón e indicarle nuestra presencia en la zona.  Esta pequeña aldea, en ese entonces de unos 60 habitantes, protegida del viento por su entorno de montaña, se encuentra a los 3.380 metros de altura, en la posición S 25°31´190 y O 67°36´800, ubicada en el lado oeste del salar del mismo nombre, que de norte a sur se extiende por 150 kilómetros de distancia. 

Proseguimos nuestro avance por la huella que desde la aldea se dirige al Salar de Arizaro, desviando tras 26 kilómetros de marcha, en la posición S 25°18´338 y O 67°43´183 hacia Puesto Caballo Muerto. Luego de unos 20 kilómetros más, arribamos a la laguna Verde del salar Archivarca y al refugio existente en su entorno, donde pudimos armar nuestro campamento antes de que se pusiera el sol. 

 

Campamento Archivarca

 

La ubicación de este refugio de piedras superpuestas, bien techado y con un adjunto corral pircado está en S 25°20´189 y O 67°54´568 a los 4.060 metros de altura.

 

El Antofalla desde las construcciones cercanas al Salar de Archivarca

 

Es una sólida, aunque baja construcción. Desde ahí la visión del volcán es directa, apreciándose perfectamente sus principales cumbres. A pesar de que unos kilómetros atrás habíamos anexado anticongelante al gas-oil, protegimos lo mejor posible la trompa de los vehículos contra el contrafuerte rocoso en el que se apoya el refugio. Había sido un largo viaje hasta encontrarnos con “nuestra montaña”, pero el solo hecho de haber llegado hasta aquí ya valía la pena.

Despertamos con la luz del sol calentando las carpas. Un buen desayuno, una caminata por los alrededores intentando aclimatar, a la espera de un posterior y abundante almuerzo que prepararon Guillermo y Eduardo y tras él, casi a las 3 de la tarde, partimos hacia el próximo objetivo: el campamento Base, donde quedarían nuestros vehículos e iniciaríamos el ascenso a la montaña.

 

Una profunda zanja

Fuimos aproximándonos a nuestro destino en un largo y leve desnivel. Pero duró poco la tranquilidad ya que apareció una profunda zanja que cortaba en todo momento la continuidad de acceso en dirección a la montaña y que debimos superar con cuidado en la posición S 25°27´032 O 67°54´392 a los 4.560 metros.

 

Atravesando la zanja, cauce seco que desciende del Antofalla

 

Luego tuvimos pronunciados ascensos tachonados de piedra laja, después zonas de escoriales, para luego continuar ascendiendo una fuerte lomada que superaba los 5.100 metros. En cierto punto debimos descender más de 100 metros al cauce central que desde las cumbres del Antofalla conduce los deshielos a la zona cercana del refugio Archibarca. Continuamos la marcha al costado del cauce sobre un fino y amarillento ripio hasta que se presentó un embudo de rocas que nos invitaba a parar. 

 

Campamento Base “Nico”

 

Llevábamos a nuestra montaña siempre como objetivo de marcha, intentando aproximarnos lo más posible. Estábamos a 5.064 metros de altura. Habíamos hecho, en una hora y cuarenta minutos, poco más de 20 kilómetros y superado un desnivel de 1.000 metros y era más que suficiente esa cota para establecer el campamento base. La posición: S 25°31´107 y O 67°53´266.

 

Campamento Base “Nico” a los 5.064 m

 

A pesar de estar sobre los 5.000 metros, el lugar elegido era el mejor. Colocamos las camionetas con la cola contra el viento del norte y armamos nuestras carpas junto a sus radiadores. Desconectamos las baterías, tapamos con mantas motores y radiadores y confiamos en la resistencia de los anticongelantes ya que a esa altura los fríos del amanecer suelen ser tremendos.

Teníamos buena aclimatación y el optimismo del grupo era excelente. No pudimos dejar de bautizar a este sitio como “Campamento Base Nico”, en honor al más joven y simpático integrante de la expedición. Por disponer de abundante agua en los vehículos nos hidratamos suficientemente y más tarde entre bromas y una buena cena nos cobijarnos en nuestras bolsas de dormir. Fue inevitable salir un poco más tarde a contemplar durante varios minutos, la lechosa vía láctea que tan bien se aprecia por sobre los 5.000 metros. Ver a unos 120 kilómetros de distancia la nevada mole del Llullaillaco, en Salta, suavemente iluminado por una luna que comenzaba a llenarse, fue un espectáculo impresionante.

Preparativos de ascenso

El 22 de marzo y por primera vez antes de que saliera el sol, comenzamos los nerviosos preparativos para partir hacia la cumbre con todo el equipo y las provisiones necesarias. Abandonamos los bidones con agua que teníamos en nuestros vehículos y recién por arriba de los 5.700 metros calculábamos que podríamos derretir nieve para obtenerla. Añadimos 3 litros cada uno de este necesario elemento a la ya pesada mochila. 

 

Al Campamento Uno de altura

Recién a las 10 de la mañana dimos los primeros pasos en búsqueda de nuestro próximo campamento. Nos encontrábamos bien aclimatados por lo que decidimos encarar en forma directísima el ascenso, sin preocuparnos por aprovechar las crestas y con la idea de hacer dos campamentos.

 

Hallazgo arqueológico (5.240 m)

 

A poco más de un kilómetro del Campamento Base, al lado de un largo espinazo rocoso que descendía de la montaña descubrimos, mimetizado, un pircado. Eran 4 habitaciones conjuntas, más o menos redondas, con entradas trapezoidales con el lado menor en la parte superior, carecían de dintel, y sin trazas de techado tras más de 500 años. Al mirar hacia el norte se aprecia perfectamente el asentamiento de Archivarca, y hacia el sur la cumbre principal del Antofalla. 

 

Parte del complejo de pircas en las faldas del Antofalla, 5.240 m

 

Sin dudas se trataba de una posición estratégica. Todas las construcciones, aunque derruidas, se apreciaban absolutamente vírgenes ya que no demostraban signos de haber sido holladas. Muchas veces tuve oportunidad de participar en descubrimientos de construcciones incas, y esta vez hubo también mucha suerte.

Posteriormente avisamos a la Provincia de Catamarca, dando su posición exacta y fotografías. Recomendamos no tocar estos sitios de altura, y reportar los que se encuentren. 

En la distancia el Llullaillaco seguía controlando, como mudo testigo, nuestro ascenso.

 

Llullaillaco,  6.739 m de altura, desde 115 Km. de distancia

 

Campamento Uno de altura 

 

Seguimos ascendiendo y a las 3 de la tarde, a los 5.440 metros de altura y en la posición S 25°32´323 y O 67°52¨822 decidimos armar campamento. 

 

Terminando el montaje del Campamento 1,  a los 5.440 m

 

Teníamos agua hasta el día siguiente por lo que no nos preocupó estar lejos de algún glaciar. Iniciamos con las piquetas la nivelación del suelo. Montamos luego las carpas con las puertas hacia el norte para dirigir las miradas hacia las bellas siluetas del Llullaillaco, Socompa, y Aracar, en Salta, mientras devoramos el contenido de una lata de peras en almíbar. Después de las largas conversaciones, el té y los mates, se impuso una liviana cena.

Campamento Dos

 

La aclimatación que teníamos seguía siendo muy buena, por lo que procedimos a desayunar tranquilamente e hidratarnos lo más posible. Nos separaban 2,73 kilómetros de la cumbre del Antofalla. Desarmamos las carpas y, con todo a cuestas, iniciamos el ascenso casi a las 10 de la mañana hacia el último campamento de altura.

A los 5.800 metros buscamos el mejor y menos inclinado sitio posible, con algunos glaciares cercanos para poder obtener agua.  Con bastante trabajo comenzamos a nivelarlo con las piquetas y a sacar piedras. Habíamos estado ascendiendo durante casi 5 horas y la idea de dormir lo mejor posible nos motivaba a que quedara una buena nivelación. Armamos las carpas con los cordines enganchados en grandes piedras, sabiendo que quedarían montadas para esperarnos, al día siguiente que sería el de cumbre. La posición era S 25°33´025 y O 67°52´803. Nos faltaban poco más de 600 metros de desnivel y un kilómetro y medio de distancia para la cúspide.

Buscamos pedazos de hielo  para obtener agua y reponer la utilizada, procedimiento que realizamos desde  nuestras bolsas de dormir. Igualmente antes de dormir y a pesar del tremendo frío, sacamos las cabezas para observar la lechosa y brillante apariencia de la vía láctea. El día siguiente sería el intento de coronar al Antofalla.

 

La Misteriosa Cumbre

 

Tenía el recuerdo de haber leído en el libro “El enigma de los Santuarios Indígenas de alta montaña” de Antonio Beorchia Nigris sus transcripciones sobre relatos de la cumbre donde se mencionaba la existencia de una pared circular de piedra, en torno a la plataforma de cúspide, con un centro de tres piedras paradas yuxtapuestas, con una roca alargada señalando el cielo; y gran cantidad de leña de tola sobre el sector oeste, al reparo del viento. Todo ello fue motivo de conversación en la noche previa al ataque de cumbre y nos motivaba durante el ascenso.

 

El asalto final

Ese 24 de marzo, a las 9 de la mañana y previo a colocar piedras grandes dentro de las carpas para evitar fueran voladas por el viento, iniciamos el directo ascenso a la cumbre, tomando la ruta del glaciar, obviando tomar la ruta de la derecha presumiblemente seguida por otras expediciones. Durante la primera hora nos fuimos adaptando al esfuerzo y a la falta de oxígeno. 

 

Atravesando el glaciar previo a la cumbre

 

Poco a poco logramos un buen ritmo de ascenso y después de atravesar el inclinado glaciar llegamos a la base del montículo final que se eleva conformando la cumbre. Lo miramos sabiendo que era el último gran esfuerzo y lo encaramos resueltamente. Superamos varios roqueríos que aparecían anteponiéndose a la cumbre, hasta que al final vimos cercano un límite de rocas que se notaban artificialmente colocadas y señalaban el perímetro de la cumbre. 

 

Nos agruparíamos para acceder todos juntos a la cumbre

 

Faltaban ya muy pocos pasos. Nos juntamos, y abrazados todos, decidimos poner pie en forma conjunta en el anhelado objetivo. Así lo hicimos entre gritos de júbilo.

Habíamos coronado el Volcán Antofalla. Eran las 14,30 horas cuando estábamos hollando la plataforma de la cumbre. Tomamos la altura con varios GPS, con todo el tiempo del mundo, ya que la climatología ayudaba. Ni una brisa nos molestaba para recibir los rayos del sol. La altura promedio de los artilugios superaba holgadamente los 6.440 metros de altura. Registramos esa mínima altura. La posición exacta: S 25°33´773 y O 67°52´864. Habíamos demorado sólo 4 horas y media para un desnivel de 640 metros. 

Revisamos los datos y comprobantes de cumbre y pusimos los nuestros. Había estado en ella en marzo de 2003 Alexander Von Götz, con quien suelo cruzarme en muchas montañas de esta parte del mundo. Él retiró los comprobantes de la expedición de Angel Ireba, Pablo Camjí y Fernando Cano, de enero del 2003 y ellos a su vez los comprobantes de Anibal Vazquez, Yanina Vázquez y Ariel Ramos de enero de 1999.

 

Desde la cumbre: leña,  ruta seguida, Archivarca y Llullaillaco

 

Dedicamos la cumbre al Club Andino Bariloche en honor a haber participado en la primera expedición a esta montaña en el año 1954, y considerando que al año siguiente a esta expedición cumpliría esta institución del andinismo argentino sus primeros 75 años.

Perfectamente podríamos apreciar el cordón de piedras agrupadas que perimetralmente rodeaba el sector de plataforma superior de la cumbre. Se notaba que el paso del tiempo había influido disminuyendo su altura original. Tendría unos 9 metros de diámetro y florecía en efecto en su centro un círculo de piedras grandes de unos 2 metros de diámetro en el centro del cual, acuñado por 6 o 7 piedras grandes, apuntaba al infinito la piedra alargada. 

 

Atados de leña de Tola resistiendo el paso de centenares de años

 

La leña de tola, dividida en dos atados, se encontraba en efecto en el sector oeste, protegida por la mayor altura que había en ese sector de la cerca perimetral. En el lado opuesto y también casi pegado al perímetro de altura, terminaba la pirámide nívea del glaciar este de esta montaña.

                                        

En la cumbre en la foto superior Griselda Moreno y Eduardo Namur  

Guillermo Almaraz, Eduardo Namur, Nico Pantaleón y Jaime Suárez

Tras permanecer en la cumbre más de una hora, que nos pareció minutos, contemplamos las cúspides que componen este volcán.

 

Las cumbres SO y NO, y el cráter, desde la cumbre NE principal

 

También las montañas vecinas y lejanas, la inmensidad del largo salar de Antofalla y todo el maravilloso entorno en sus 360 grados. Aún con ganas de seguir gozando la visión de la cordillera, iniciamos el descenso hacia el campamento dos al que arribamos en cincuenta minutos.

Calentamos un té, mordimos unas galletas, desarmamos las carpas, cargamos toda la basura y continuamos bajando, ahora más cansados, al campamento base Nico. En ochenta minutos más nos encontrábamos saboreando cada uno una lata de fría cerveza que nos estaba esperando para festejar la cumbre. La preocupación de que las camionetas arrancaran sería para el siguiente día. 

Pero tras una larga noche de suave y descansado sueño, a la mañana siguiente tuve la agradable sorpresa de ser despertando con la canción de “cumpleaños feliz” entonada por mis compañeros, quienes abrieron la puerta de la carpa e introdujeron  una torta de galletas con dulce de leche con una vela del tamaño de un cirio prendida, luego fue acompañada con un rico café. Fue un maravilloso festejo de mi cumpleaños.

 

Amanecer con festejo de cumpleaños a los 5.000 m

 

Desarmamos más tarde todo el campamento, cargamos nuestros vehículos y retornamos, luego de traspasar Archivarca,  hacia Antofalla.

 

Retornando de la expedición

Había comenzado un largo regreso.

Volcán Antofalla 6.440 m

 

Resumen y observaciones de ascenso

 

Integrantes de la expedición

Griselda Moreno, Jaime Suárez, Guillermo Almaraz, Eduardo Namur, Nicolás Pantaleón.

Fechas de la expedición

Fecha de inicio: 18 de marzo   de 2005.

Fecha de cumbre: 24 de marzo de 2005.

Fecha de finalización: 25 de marzo  de 2005.

Cumbre alcanzada, altura, posición

Cumbre noreste. La de mayor de las tres principales cumbres que rodean al cráter de este apagado volcán. Con una altura oficial de 6.409 m sobre el nivel del mar, y la estimada la cumbre por GPS 6.440 m. Las otras se encuentran a su  suroeste (6380 m) y noroeste (6.335 m). 

Ruta y Permisos

Vertiente norte directa. Averiguar si a la fecha se exigen permisos para esa zona.

Época más adecuada de ascenso:

Octubre a Marzo. Constatar siempre la climatología para la zona.

Ubicación

Esta montaña, santuario indígena de altura, se encuentra en la provincia de Catamarca en la posición S 25°33´773 y O 67°52´864, a 35 km. del límite con Salta y a 68 km. de límite con Chile. 

Dificultad

De alta montaña. Fácil, aunque es imprescindible una muy buena aclimatación. También experiencia previa en altura, en marcha a gran altitud y conocimiento de Los Andes. Se presenta dificultad en la escalada al ascender los últimos 200 metros de altura del morro de cumbre. Es conveniente llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año y/o  al inicio o fin de temporada se presentan glaciares en la ruta.

Equipo

Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña. Parka y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos dobles, grampones, bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar abundante agua.

Trayecto y Desnivel

Desde el Campamento Base (5.064 m) a la cumbre se deben superar casi 1.380 m

Tras 2,4 Km. y 370 m se estableció en Camp. 1, a los 5.440 m. Desde el Camp. 1 y una distancia de 1,3 Km. se ascendió al Camp. 2 en los 5.800 m en un desnivel de  360  m. Desde el Camp. 2 tras 1,5 Km. se ascendieron 640 m hasta los 6.440 de la cima.

Acceso

Ya en la provincia de Catamarca, se arriba por la ruta 40 hasta el desvío que conduce a El Peñón, desde allí hasta Antofagasta de la Sierra, desde donde se enfilará hacia el pueblo de Antofalla. Los detalles de acceso e itinerario se citan en el relato.

Expediciones anteriores

Como resultado de esta expedición pudimos determinar que Anibal Vazquez, Yanina Vázquez (Primera mujer en ascenderlo) y Ariel Ramos hicieron cumbre el 8 de enero de 1999. Angel Ireba, Pablo Camjí y Fernando Cano, en enero de 2003. Alexander Von Götz en marzo de 2003.

 

En la Cronología de Ascensos del andinista y escritor Guillermo Almaraz se detallan todos los anteriores ascensos: 

 El primer ascenso, Jorge Cvitanic, Tito Rubio y Augusto Vallmitjana y luego de dos campamentos lo coronaron el 26 de agosto de 1954 a las 17,45 horas.   

El segundo ascenso lo protagonizan Milenko Jurcich, Yosko Cvitanic, Emo Henrich y Gustav Lantschner en marzo de 1958. El tercero el 9 de febrero de 1983, Johan Reinard y Luis Glausser escalan el Antofalla y estudian el sitio de la cumbre. El 24 de octubre de 1994 Barret acompañado por Walter Sinaí corona la cumbre, (personalmente estimo fueron a la cumbre Oeste o Sur).  Pudiendo ser nuestro ascenso el 7° a la cumbre principal, salvo mejor registro. 

 

 

Trayecto y campamentos de la expedición al Volcán Antofalla

El Peñón S 26°28´547  O 67°15´880 3.450 m

Antofagasta S 26°04´600  O 67°24´630 3.485 m

Antofalla S 25°31´190  O 67°36´800 3.380 m

Archivarca S 25°20´189 O 67°54´568        4.060 m

Zanja S 25°27´032 O 67°54´392 4.560 m

Camp. Base Nico S 25°31´107 O 67°53´266 5.064 m

Camp.  1 S 25°32´323 O 67°52¨822 5.440 m

Camp.  2 S 25°33´025 O 67°52´803 5.800 m

Cumbre Antofalla S 25°33´773 O 67°52´864 6.440 m

 

 

 

 

 

 


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