Actividades · Viajes y expediciones

Ascenso al Llullaillaco,el volcán sagrado de la Puna

Esta expedición comenzó ascendiendo primero el volcán Tuzgle (5.531 metros) para ir acercándose luego al pueblo de Tolar Grande y desde allí continuar hasta alcanzar la cumbre del adoratorio religioso más alto del mundo , a 6.739 metros de altura

Loscerbo, Ariel

Edición: CCAM



La cordillera de los Andes se eleva paralela al océano Pacífico y constituye la cordillera más larga de la tierra. Cuenta con 8500 kilómetros de longitud, formando la columna vertebral de Sudamérica que se extiende desde Venezuela hasta el cabo de Hornos en Tierra del Fuego.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/fO2rwFrEfeD2rYPez0C74eJw.jpgCamino al CB de la ruta Arqueológica, se requiere acceder 4x4 (Foto Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Sin dudas, Argentina es un país privilegiado para los que disfrutamos todo tipo de actividades en la montaña,ya que no sólo se encuentran las montañas más altas del planeta,fuera de Asia, sino que la gran variedad de climas nos ofrece excelentes opciones para realizar trekkings,escalada y actividades de alta montaña.

En los Andes nacieron, crecieron y desaparecieron culturas,algunas de ellas han dejado importantes vestigios de su existencia. Y la cultura más fuerte que se desarrolló en nuestra cordillera es la del Imperio Incaico.

 

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Ubicación del volcán LLullaillaco. Provincia de Salta, Argentina

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/P25cl5dzD0lSg1Q7tqvpFvdw.pngUbicación del Llullaillaco en la provincia de Salta

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/hJFgW_g3Vth0O5VlEY3UgNKL.pngRutas de ascenso al volcán Llullaillaco por el lado argentino (Celeste + Verde + Rojo: Ruta Arqueológica o Noreste, Naranja: Acarreo de bajada cumbre-C2, Magenta: Ruta Este Argentina, Violeta: Ruta Sureste, Azul: ruta de la pared Sur)
 

El Llullaillaco, el adoratorio más alto del mundo 

 

El Llullailllaco es uno de los volcanes más emblemáticos en todo el mundo y no sólo por sus 6.739 metros de altura, ya que es el cuarto volcán más alto de la tierra y la séptima montaña de américa sino fundamentalmente por su aspecto cultural que nos une con ese pasado prehispánico y con la ceremonia más importante que realizaban los Incas en el extenso Tawantinsuyu, la ceremonia de la Capacocha( o Capac cocha), una ceremonia que incluía ofrenda de niños a sus dioses.

Este hecho tenía una trascendencia suprema para los incas, tanto es así que transformó a esta montaña en un santuario natural,  un lugar de peregrinación y ofrendas entre los siglos XV y XVI.

Cuando colapsó el Imperio Incaico, el Llullaillaco y otras tantas montañas sagradas de la cordillera andina pasaron al olvido hasta mediados del siglo XX, cuando los primeros montañistas de la era moderna comenzaron a ascender las altas cumbres con fines deportivos.  Durante la década del 80, el Doctor Johan Reinhard luego de estudiar y recorrer la zona del Llullaillaco, planteó la hipótesis de la existencia de ofrendas humanas en la cima del volcán.  

Subsidiado por la National Geographic Society y con el apoyo del gobierno de la provincia de Salta, realizó una expedición en 1999. Luego de varios días de trabajo, descubrieron las momias de una doncella de aproximadamente 15 años, un niño de 7 y una niña de 6 junto a una serie de elementos que conformaron un gran ajuar de artefactos asociados a la cultura Inca.  

Desde su descubrimiento, se transformó en el adoratorio más alto del mundo. Fue un  lugar que cobijó durante más de 500 años las momias que, sin proceso artificial, son las que mejor se han conservado.

En todo el trayecto de la ruta arqueológica del Llullaillaco noroeste existe una gran cantidad de evidencias arqueológicas construidas con el sólo fin de oficiar la Capacocha. 

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/s8YOclC6wu4HrYmDsyVHDdx1.jpgLlullaillaco  (Foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/5RjdLkMQ2dPQB4bYBHy_9Bx7.jpgLlullaillaco  (Foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

La Capacocha

 

La ceremonia de la Capacocha era convocada por “el Inca” para todo el territorio que abarcaba el imperio. Desde las cuatro provincias del Tawantinsuyu se enviaban hacia Cuzco (capital del imperio incaico) niños, niñas y adolescentes elegidos para ser ofrendados y para servir en los rituales religiosos. 

Sólo en los adoratorios más importantes del Tawantinsuyu, se realizaban este tipo de ceremonias con ofrendas humanas.  El niño o la niña, vestidos y alhajados especialmente para ese momento, eran adormecidos mediante la ingesta de chicha de maíz y luego depositados en la fosa junto a los demás objetos ceremoniales. Las fosas eran cerradas herméticamente, siguiendo las técnicas que los incas utilizaban para la conservación de sus alimentos.  Esto explica el buen estado en que han sido encontrados. 

Según la creencia, los ofrendados no morían, sino que se reunían con sus antepasados para interceder, desde las altas cumbres, por las aldeas y provincias del Imperio.

 

Ubicación

 

El Llullaillaco se encuentra al oeste de la provincia de Salta, limitando con el país trasandino y emplazado en el desierto más seco del mundo fuera de la Antártida: el desierto de Atacama.

Las expediciones parten desde la localidad de San Antonio de los Cobres, la ciudad del Tren de las Nubes.  Esta localidad es cabecera del departamento Los Andes y está ubicada a 164 km al noroeste de la ciudad de Salta.  Se encuentra a una altitud de 3775 metros, siendo el segundo centro urbano más elevado del país y punto ideal para iniciar la aclimatación.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/ApjQ1OJ1BBuhLhAaO7GCjPOi.jpgTren de las Nubes, viaducto de La Polvorilla (Foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/qIcIHBl_2qiGoXluajw6LGkV.jpgEstación de tren San Antonio de los Cobres  (Foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

El acceso desde Salta Capital es por la RN 51, saliendo hacia el sur y luego, en dirección Noroeste, se llega sin problemas a San Antonio de los Cobres.

Para visitar el Viaducto de la Polvorilla y el volcán Tuzgle se sale desde San Antonio por la RN 51 y se abre por la RN 40 hacia el norte.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/kcqZIWebKstVrvPxaWZjPiby.jpgCamino desde San Antonio de los Cobres al Abra de Acay (Foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Para tomar el camino a Tolar Grande desde San Antonio se sale por la RN 51 68 kilómetros para tomar la RP 27 en dirección del Salar de Pocitos.  Se continúa en la huella de la RP 27 (a la izquierda de la bifurcación del poblado Pocitos) y se adentra en el desierto, siempre en 4x4.  Se pasa por el pintoresco desierto del Diablo y cuatro kilómetros antes de Tolar se puede visitar los Ojos de Mar.

Ya buscando el campamento base del Llullaillaco, se parte desde Tolar Grande rumbo al paso Socompa durante 111 kilómetros (aproximadamente 2:45 hs) y se abre una huella a la izquierda (dirección oeste) que se debe seguir aproximadamente 1:45 hs (vehículo alto sobre huella para 4x4). Se llega entonces al Campo Base de la ruta arqueológica.

 

Nuestra expedición

 

Si bien ese 2021 teníamos planeado visitar el Pissis, las restricciones que la pandemia nos dejó, nos hicieron mover con destino a Salta.  Encaramos esta aventura entre amigos:  Jorge Alberto, amigo entrañable, compañero de cordada, casi un hermano con el que compartimos muchísimas cumbres y años de patear piedras en la montaña; Walter Martínez, que además de amigo de montaña y compañero de aventuras es mi cuñado; David Listelli, un gran amigazo de Tucumán, grandísima persona que no falta a ninguna cita montañera; Sebastián Tissera y Sebastián “Yagui” Leyría de San Nicolás de los Arroyos, muy buenos amigos, tipazos y grandes compañeros de montaña; Federico Vergillito, otro gran compañero de montaña y Juan Romero. En lo personal, tenía muy claro que el Llullaillaco posee el atractivo histórico, cultural y espiritual, muy por encima del aspecto deportivo.  Adentrarse en la historia que envuelve al volcán sagrado, descubrir su entorno y pintoresco acceso,  ofrece un sinfín de sensaciones.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/oYvTf_5WJxikLce5AT5MfNxu.jpgDe izquierda a derecha: Sebastián Tissera, David Listelli, Juan Romero, Jorge Alberto, Federico Vergillito, Ariel Loscerbo, Walter Martínez y Sebastían “Yagui” Leyría – Fotografía luego de bajar de cumbre (Foto: Sebastián “Yagui” Leyría

 

Las evidencias arqueológicas demuestran que los incas tenían objetivos espirituales asociados a sus ascensos. A más de 500 años de la desaparición de ese imperio y salvando las distancias, nuestros objetivos no son tan diferentes.  Por un lado, nos descubrimos de un modo deportivo y, por otro lado, lo hacemos a nivel espiritual. Nos podemos encontrar como seres humanos y sintiendo la inmensidad de las montañas. Nos sentimos más cerca de Dios. 

Salta es una provincia llena de encanto, tanto de su geografía, como en su historia y su gente.  La cultura arraigada a su música y a su arquitectura característica llenan el espíritu de su identidad: sus catedrales, sus plazas, su gente y las tremendas peñas de la calle Balcarce, un lugar donde la noche se transforma para recibir al turista con su música, baile y una excelente gastronomía.

Arribamos un viernes a San Antonio y el sábado, comenzamos nuestro período de aclimatación.  Realizamos una caminata por la zona del tren de las nubes y el viaducto de la Polvorilla, una tremenda obra de ingeniería de 63 metros de altura y que se encuentra a 4200 metros sobre el nivel del mar.  Al día siguiente, una buena caminata en la zona del Abra del Acay, nos llevaría a tocar los 5000 metros para volver a San Antonio.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/xYayLE9swZyRyX2ktYZOoz7n.jpgAbra de Acay – Walter, Ariel, Jorge y Yagui (foto: Walter Martínez)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/iYeIOmfKzovCl_KFT7UGYE4t.jpgZorrito en el Abra de Acay (foto: Sebastián Tissera)

 

Siguiendo con la aclimatación, nos atrajo subir un volcán jujeño que está bastante cerca de San Antonio.  Aprontamos los equipos, la comida, el agua y las mochilas y partimos para el campamento de altura en el volcán Tuzgle.  Este volcán cónico que se sitúa en la provincia de Jujuy está a escasos 30 kilómetros de San Antonio de los Cobres ( 5.531 msnm) nos regalaría una excelente jornada de ascenso y permitiría mejorar la adaptación a la altura.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/UW3mO0yAgYo9TZyV0acGernA.pngVioleta: Ruta desde San Antonio de los Cobres a volcán Tuzgle

 

Dormimos a aproximadamente 4950 metros y a la mañana siguiente, salimos a caminar con la salida de sol.  Se pasa por las ruinas de la mina de azufre, La Betty, abandonada hace ya mucho tiempo y se llega a una pendiente empinada y rocosa.  Luego de superarla (5400m),  cambia la pendiente y se llega con tranquilidad a un sendero marcado hasta la cumbre. Después de los abrazos y las fotos de rigor, bajamos, desarmamos campamento y volvimos a pasar otra noche en San Antonio.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/WmSwakywKUMDkNSMlTYGzScD.jpgAscendiendo al Tuzgle (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/0ppaOpOAAMxGS1YCsdWpD6Wu.jpgCumbre del Tuzgle, Sentados Ariel Loscerbo y Jorge Alberto; Detrás: Juan Romero, Sebastián Leyría y Sebastián Tissera (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/LNSK8qczYqLpbtSdy8J-wvXB.pngRuta desde San Antonio de los Cobres a Tolar Grande

 

A la mañana siguiente, partimos hacia Tolar Grande, escala obligada para dejar los permisos de acceso al volcán Llullaillaco.  De camino y por la ruta provincial 27, pasamos por el Salar de Pocitos. Varios kilómetros por delante, se llega a los Colorados en el desierto del Diablo, unas extrañas formaciones y montículos sedimentarios rojizos salpicados por finas placas de cuarcita en donde no hay ningún vestigio de vida.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/HhsyRDoBPgblBdNqQPFdPYah.jpgSalar los Pocitos (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/3cNg-OKFazFWDQgE6dJxOuNp.jpgLos Colorados en el Desierto del Diablo (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/Q_K-ixS_Qj0bmBwdSJwnIqXk.jpgLos Colorados en el Desierto del Diablo (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/r2zcAZNDKjVz_KPsaicC5oNf.jpgAcompañados de amigos gendarmes, muchas gracias Darío Sosa por tu excelente trato y hospitalidad (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

A escasos 4 kilómetros antes de llegar a Tolar Grande, se encuentra otra atracción oculta de Salta: los Ojos de Mar, tres lagunas de origen volcánico en medio de un salar blanco, cuyo color varía según la luz del sol, entre el turquesa y el verde. Lo que no cambia es la transparencia del agua ni su salinidad: se estima que es cuatro veces más salada que la del océano.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/moTB2athZYzKQJQePldFbPzS.jpgOjos de mar (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/-4ECMqx9kXqMwlfwy9cfSgW5.jpgOjos de mar (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/ybgx8MDc76Z6qidAKQB55n5B.jpgOjos de mar (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/_MJfKgzlYO6C9F3YxFvEoG9J.jpgPintoresca llama de camino a Tolar Grande (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Acá quisiera hacer un paréntesis y agradecer a Darío Sosa y al grupo de Gendarmería por su buen trato, su amabilidad y cordialidad en todo momento.  Sin ellos, no hubiéramos conocido algunos lugares ni hubiéramos disfrutado de la manera que lo hicimos.  Luego de hacer noche en Tolar, presentamos los permisos de ascenso. Luego, el trayecto hasta la base del Volcán Llullaillaco, nos tomó 4 horas y media en 4x4, ya que los últimos kilómetros es imposible transitarlo de otra manera.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/mmigYkvb4TwaO-Y9VkroqdtL.jpgTolar Grande, un pueblo que ha quedado en el tiempo debido a la desaparición del tren (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/VlAsQCv72KDoo-pCRby9YlK-.jpgTolar Grande, un pueblo que ha quedado en el tiempo debido a la desaparición del tren (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/A5QLiwN1FQE113r__LYq8V9v.jpgTolar Grande, un pueblo que ha quedado en el tiempo debido a la desaparición del tren (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/zpvtdsHUQenzhOwK3B5D-xPX.jpgNoche estrellada en Tolar Grande.  Un sueño las estrellas… realmente increíble (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Por el lado argentino, el Llullaillaco tiene 3 rutas de ascenso:  la ruta sur, la ruta este o deportiva y la arqueológica, esta última sería nuestro camino de intento a cumbre ya que cuenta con sitios arqueológicos desde el campo base hasta la cumbre.   

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/zgT5-dKRbxzKF119x35B3eqH.jpgCementerio Inca CB (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/mYeQhaDPjqOaMLw_SEvxPINZ.jpgLugar de ceremonia para la Pachamama CB (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/CYYF6R3Nd5xWigfKL1q5wc_C.jpgFoto luego de la ceremonia a la Pachamama  (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

A escasos 300 metros de distancia del campo base, se puede encontrar el “cementerio inca”, un lugar de enterratorio que era destinado para las personas de casta baja que perdían la vida en la ceremonia de la Capacocha. Este sitio fue saqueado tiempo atrás por buscadores de tesoros.

Llegamos al campo base, nos dispusimos a recorrer la zona y a armar campamento.  Una particularidad que tiene esta montaña es la falta de agua en la base y es difícil conseguir en los campamentos superiores.  En nuestra ruta no había ni arroyos ni nieve para derretir en ninguno de los campamentos.  Es por ello que llevamos agua para realizar porteo hacia campos superiores.  Teníamos información que en el Campo 2 podía haber algo de agua o nieve para derretir. Al llegar, cruzamos a dos montañistas que bajaban y nos comentaron que no había agua en  toda la ruta.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/fVzxcpmf6rSqe2P0sVl6_gyQ.pngRuta de ascenso(Celeste: CB-C1, Verde: C1-C2, Roja: C2-Cumbre, Naranja: Acarreo de descenso cumbre-C2

 

Descansamos en Campo Base  (CB) (4850 m) y comenzamos a trabajar la montaña.  Realizamos el porteo de agua y equipo hasta Campo 1.  El camino inicia detrás del cementerio Inca, un lugar sagrado que fue saqueado por buscadores de tesoros.  Empieza suave pero luego la pendiente se levanta un poco, sin embargo es bastante tranquilo, no superando los 30° de inclinación.  Es una serie de zigzags en acarreos que no llevan dificultad técnica, solo es cuestión de tiempo y algún descansito ya que vamos con peso.  Es necesario aclarar que buscamos algún hilo de agua pero no pudimos hallar ninguno, tampoco neveros donde derretir.  Hay una explanada en una pequeña depresión que sugiere un primer campamento (es más, hay alguna pirca) pero el campamento está unos cuantos metros más arriba. Luego de un par de horas de camino arribamos al C1, armamos una carpa allí, almorzamos y descansamos (con el fin de marcar cota). Dejamos parte del equipo dentro de la carpa (agua incluida para que no se congele) y bajamos a descansar de nuevo al campo base (CB)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/DfrZ6RmrJRl-H0vzqFX8Lrfc.jpgAmanecer en Campo Base  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/Hir1KvLCESIpbGV-VIe0GxbA.jpgAmanecer en Campo Base  (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/aufBnj1z0dK0VcKeX8A476Oh.jpgAmanecer en Campo Base  (foto: Ariel Loscerbo)

 

Luego de una noche con nevada y helada, desarmamos campamento, pero dejamos una carpa armada y equipamiento para que cualquier miembro del equipo pueda descender.  Subimos definitivamente hasta el C1, emplazado a una altura de 5.400 metros y alcanzamos a armar campamento antes de que vuelva el mal tiempo, que duró un par de horas.  Almorzamos y nos dispusimos a buscar agua.  De bajada el día anterior nos dividimos para encontrar algún punto de provisión y logramos descubrir humedad en una quebradita.  Esa tarde de C1, la tarea era una sola: obtener agua de aquella humedad encontrada. Así, Yagui, Walter, el “Tucu” y yo nos dispusimos a hacer algunos huecos entre las rocas y logramos filtrar agua, la suficiente como para poder llenar algunos bidones y botellas y continuar con la aventura.  Con agua suficiente, salieron mates, hidratamos muy bien y cenamos.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/mR5YJw--qYmDQS7JWYp4uMQn.jpgAscendiendo a C1  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/1UMooC8JvZkS_ZFuCmqNLrrj.jpgC1  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/A3MmXFztUc55rUK4OpmKPGbI.jpgMateando en C1 (Ariel, Jorge y Yagui)  (foto: Ariel Loscerbo)

 

A la mañana siguiente, luego del desayuno, volvimos a preparar equipo y agua para portear a Campo 2.  Este tramo es un poco menos marcado, al menos en la salida, por lo que pronto dimos con un acarreo de bajada en lugar de la ruta de ascenso.  En realidad, la ruta se encontraba más al norte de lo esperado.  Igualmente zigzagueamos hasta lograr superar los acarreos, dando con la ruta en los últimos 50 metros de desnivel.  A buen paso, llegamos al campamento desde donde atacaríamos cumbre, lugar donde también dejamos armada una carpa, agua y el equipo que porteamos.  En este campamento habitualmente se encuentra una laguna con agua, algunos manchones de nieve e incluso hilos de agua; sin embargo, lo encontramos totalmente seco.  

De bajada al C1, vimos con claridad el sendero de subida y distinguimos una construcción inca a la cual nos acercamos. Estimamos que era un refugio de descanso para la ceremonia de la Capacocha, con un pircado de unos 80 centímetros de altura, construido de rocas y algunos troncos deteriorados en su interior, con una pequeña entrada de no más de 40 centímetros de ancho, bien pircada pero con evidencias de haber sido maltratada.  Estas construcciones eran claramente lugares de descanso y refugio para las ceremonias de los pueblos prehispánicos.  Haberlas visto en fotos o vídeos previamente no se compara a verlas y disfrutarlas personalmente.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/2DYIoVRfmCYCkMFpD4taGKX9.jpgPorteando al C2  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/GGwcfbfPhzM52uVS2T-wp9yK.jpgAriel Loscerbo junto a restos arqueológicos entre C1 y C2, aproximadamente a 5.500 msnm  (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/jRwh6k6fcWirJ3Umthshb3u9.jpgBajando del porteo  (foto: Walter Martínez)

 

El viento fuera de las carpas había sido constante durante el atardecer y dentro de ellas el ambiente era mucho más benévolo.  Igualmente, volvimos a la quebrada donde hallamos agua. Fuimos a buscar para los mates de la tarde. Hizo bastante frío esa noche (y las siguientes). No obstante, el descanso en C1 fue bueno, aunque Jorge (mi compañero de carpa) y algún otro ya no pudieron conciliar un buen sueño a esas alturas.  

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/Us-Pk2cejqidprYe8jvgkNrR.jpgCampamento 1  (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/69HfEhXuPd44VsK09RgBHgn9.jpgTomate un mate, chamigo!”, Ariel (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/waqQrx96qEzE-XdmMuI_85y5.jpgWalter sacando agua a las piedras  (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Desayunamos mientras desarmábamos campamento. Debíamos ser efectivos en nuestra estrategia y no dejar cabos sueltos por esa piedra en el zapato que era la falta de agua.  Descartamos una doble fecha para el intento a la cumbre por este tema, ajustamos los relojes y el plan de ascenso. Necesitábamos ponernos en movimiento y subir hasta los 5900 metros del C2, para armar el último lugar de descanso.  Seba (Tissera) propuso dejar una carpa armada en C1, como estrategia de emergencias.  Levantamos el resto del equipo y partimos hacia arriba.  

A esta segunda subida la realizamos por el sendero adecuado. Llegamos sin tanto acarreo a nuestro campamento de altura, donde suele estar la laguna.  Armamos campamento y metimos un bidón de agua en cada carpa, el resto del agua la ubicamos bajo una gran roca.  Todo lo que quedaba en ábsides,  sabíamos que se iba a congelar, debido a que afuera de la carpa se estuvo congelando en los campamentos inferiores. Mucho más sería a casi 6.000 metros y temperaturas inferiores a 15° C bajo cero.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/4_DLn5zgodYZnYa7l0S-wReW.jpgVista hacia la cumbre desde C2  (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/qvAXijXMh_N4q1uEfnNyll7Z.jpgC2  (foto: Ariel Loscerbo)

 

Gracias al agua que conseguimos en los pozos que realizamos, el grupo decidió tomar un día completo de descanso, para reponer fuerzas de los porteos, el ascenso y el deterioro que provoca la altura.  Esa tarde, tanto Fede como Jorge, nos comunicaron que se quedarían en ese último campamento ya que no se veían en condiciones de tirar cumbre.  El insomnio que la altura le provocaba a Jorge lo dejó con la guardia baja.  En condiciones normales, este tigre hubiera ascendido sin problemas.  Fede tomó la decisión porque estaba disfrutando su montaña y quería seguir disfrutándola, por lo que veía que esa era su cumbre.  Juan, que venía muy mermado, decidió intentarlo.  El resto venía muy bien.

El 10 de marzo de 2021 a las 3:00 de la mañana, sonarían las alarmas de los relojes. El agua que habíamos dejado en las ollas estaba totalmente congelada. Costó encender el fuego de los calentadores pero pudimos derretir lo que había allí y preparamos infusiones que llevaríamos hacia arriba.  Desayunamos liviano y partimos seis integrantes de la expedición.  Las temperaturas por debajo de los 20 grados bajo cero y el cansancio harían mella en parte del equipo.  Juan, por su estado físico, y Yagui, por el frío en sus pies, volverían antes al campamento.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/S7MF1FMc0pDCxGYzhHCQw-x_.jpgC2 se puede ver que no hay absolutamente nada de agua (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/5r6rPuMUDgAIGyC_D2Qxlj3G.jpgEquipo completo en Campo de altura C2  (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

Esperábamos con ansias el amanecer para detenernos a descansar y reponer energías. El frío estaba por debajo de -20°C y parecía no dar tregua.  Agradecíamos que el viento era suave. Sin embargo, estaba tremendo. Las infusiones fueron claves, algo de calorías para el estómago también.  El camino hasta los 6200 metros fue complicado ya que no lográbamos dar con la huella.  Luego de esta cota, amaneció, se despejó el camino y se podía ver claramente el camino real inca aunque tuvimos más de una hora hasta llegar hasta él.  Este camino del inca era una serie de zigzags bien marcados y en cada curva, un pircado y un tronco marcaban el cambio de dirección. La pendiente era muy empinada, aunque el progreso era posible.

Llegamos hasta los 6400 metros de altura, donde encontramos construcciones que funcionaban como refugios, similares a los encontrados más abajo. Con las mismas características: pircados, puertas angostas y troncos que en su momento jugaron el papel de techo.  Este punto de descanso fue importante para lo que venía. Aprovechamos para hidratarnos mucho, aportar alimento al cuerpo y relajarnos.  Eran casi las 11:00 y el ánimo del equipo estaba a tope, ya podíamos divisar el morro cumbrero.

Las montañas en realidad son el último lugar sin habitar y sin domesticar por el ser humano y por eso nos atrae tanto. Hay veces que perdemos la propia concepción de lo que somos… pero cuando estás en la montaña, lo que en realidad ves de ti es un ser diminuto, pequeño, vulnerable qué necesita dar el 200% de sí mismo para lograr subirla o llegar a su cumbre. Pensar en las condiciones que tenían los incas 500 años atrás solamente lograba sorprendernos cada día más. La alta montaña no es un reto con la naturaleza, ya que una ruta como la cara sur del Aconcagua te puede borrar de un plumazo, en realidad es un reto con uno mismo. Solamente tenemos una vida… y no hay ensayos. La vida es como es, solo tenemos una oportunidad y podemos elegir de qué forma vivir la vida.

Seguimos ascendiendo y ganando altura, la falta de aire, como lo esperábamos tener a esa altura en el desierto de Atacama, resultaba agresiva. De todos modos, no presentaba mayor complejidad técnica.  Pasamos un último nevero y unos pocos metros nos separaba de la plataforma ceremonial.

Entremedio de las nubes, pudimos encontrarnos con el adoratorio y la cumbre. Luego de muchísimos esfuerzos, alcanzamos los 6739 metros de la cumbre del volcán Sagrado de los incas, el Volcán Llullaillaco.  Nos fundimos en un gran abrazo Walter Martínez, David Listelli, Sebastián Tissera y Ariel Loscerbo.

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/UBKG7xYb9Ou2l4E6YP06aV52.jpgCumbre  (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/L4jSguR4rZjs8MStIiV6d25I.jpgCumbre  (foto: Ariel Loscerbo)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/OnBZ2AeyIrJ79YCIdXlTxXH5.jpgCumbre  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/qBcnI0oBSk95rTAGimlRgo53.jpgAdoratorio de la cumbre  (foto: David Listelli)

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/kmEllTSI38IOJ7antOLHWtTA.jpgDisfrutando de una gaseosa a metros de la cumbre  (foto: Walter Martínez)

 

Siempre llegar hasta la cumbre de una montaña mueve sentimientos, deja desnuda nuestra alma.  ¿Qué seríamos sin la aventura?

Allí encontramos vestigios de los pueblos que habitaron aquellos lugares.  Tremendamente conmovedor e impactante, estábamos siendo testigos de un pedazo de la historia, descubrir los sitios donde los incas se comunicaban con sus dioses y sus antepasados de maneras muy diferentes a las que podemos imaginar.  

A escasos 30 metros de la cumbre en 1999, se encontraron los restos de las momias incas mejor conservadas y sin métodos artificiales.  Allí se encontraban las construcciones incas más altas encontradas, intactas.  El adoratorio más alto del mundo.  ¡Todo era conmovedor!

 

https://www.culturademontania.org.ar/ccam/upload/r5FeZbOQ6o0JMwVfQtSjL5PC.jpgTodo el grupo de vuelta en Tolar Grande  (foto: Sebastián “Yagui” Leyría)

 

La vida merece ser vivida con aventura, con interrogantes, con incertidumbre, con pasión y con entusiasmo. La aventura es el único sitio, el único momento y la única forma en que podemos robar tiempo a la muerte, porque el tiempo se detiene y como decía Savater, la aventura no es el tiempo de ocio, el tiempo que se compra o se vende.  La aventura es el tiempo apasionado.

La aventura tiene mucho que regalarnos, nos da la sal de la vida, nos aporta el conocimiento de que somos seres finitos y mortales débiles y, sin embargo, podemos lograr grandes cosas. Es probable que no podamos hacer todo lo que deseamos en la vida pero sin duda podemos hacer mucho más de lo que imaginamos. 

Todo viaje además de un viaje a los paisajes o al lugar donde querés ir, debe ser un viaje interior. Tenemos la suerte de vivir en un tiempo en el que todavía es posible la exploración en soledad y eso tiene que ver  probablemente con una emoción tan intensa que es muy difícil de describir con palabras. 

Y somos parte de ese viaje, porque elegimos vivir con entusiasmo, porque elegimos vivir la Aventura.


 


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| COMENTARIOS(2)


15/06/23 10:06 Inés Alba Vela:
Los felicito. Me encantó la descripción del ascenso. Una hermosa forma de acompañarlos en esta aventura, aunque sea con la lectura. Ya a mis 72 años apenas puedo hacer senderismo. Me deslumbran las montañas y la calma que generan.

21/06/23 05:54
Lucas:
Muy linda Narración, gracias.

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