Sir Edmund Parcival Hillary , fue un apicultor, alpinista, explorador y filántropo neozelandés, quien fue el primer hombre en coronar la cima del Monte Everest junto al sherpa Tenzing Norgay el 29 de mayo de 1953
Edmund Parcival Hillary, Ed , como le llamaban la familia y amigos, nació en Auckland, Nueva Zelanda, el 20 de julio de 1919. Hijo de un editor, que más tarde se convirtió en apicultor, y de una profesora de escuela. Tras estudiar durante dos años en la universidad, decidió unirse a su padre en el negocio familiar de producción de miel.
Ed Hillary, nació del matrimonio formado por Percival Percy Augustus Hillary (1885-1965) y Gertrude (1892-1965), cuyo apellido de soltera era Clark; Percy, había servido en Galípoli en el 15to Regimiento, Auckland del Norte, y fue dado de baja del ejército por no ser apto médicamente, en el año 1916; al volver a Nueva Zelanda, se casó con Gertrude.
Por otra parte, su abuelo Edmund Raymond Hillary, nació en el año 1836, en Lancashire, Inglaterra, donde trabajaba como relojero, pero emigró al Norte de Wairoa, una ciudad en el distrito de Wairoa de la región de Hawke's Bay, de la Isla Norte de Nueva Zelanda, a mediados del siglo XIX. Contrajo matrimonio con Anne Ida Fleming, oriunda de Irlanda, con quien tuvo cuatro hijos. Sus bisabuelos maternos, los Clark, tienen su origen en la región de Yorkshire, Inglaterra.
Ed, era alto y delgado en sus años de juventud, de mirada profunda, sencillo, cordial, de pocas palabras, es más, le gustaba escuchar y observar, más que hablar, y luego de su ascenso al Everest, dedicó buena parte de su vida a ayudar a los pueblos de Nepal; Ed, se consideraba un apicultor común y corriente.
En el año 1920, su familia se mudó a la localidad de Tuakau, en el Sur de Auckland, debido a que Percy, recibió un terreno de 8 acres, es decir, 3,2 hectáreas, por su condición de soldado retornado, después de la Primera Guerra Mundial.
Antes de la guerra, Percy, había trabajado como periodista, por lo que pronto se convirtió en editor fundador del periódico semanal Tuakau District News, además, se inició como apicultor. Ed, tenía una hermana, June (nacida en 1917) y un hermano, Rexford Rex Fleming (nacido en 1920).
Ed Hillary Percy Hillary, su padre, como actividad secundaria se dedicó a la apicultura en el terreno que le fue asignado tras su servicio en la Primera Guerra Mundial. Creía en la alimentación saludable y en el ejercicio físico, por otro lado, tenía fuertes convicciones igualitarias, entre los seres humanos, también era estricto y disciplinado, y el joven Ed, consideraba estas actitudes humillantes y, a menudo, injustas, especialmente, cuando recibía las palizas por faltas menores. Sin embargo, en Gertrude, de profesión maestra, encontró, una madre amable y cariñosa.
Cuando era pequeño, era muy tímido y con una baja autoestima, albergaba deseos secretos de aventura y leía libros sobre montañas y de la Antártida, en los largos viajes en tren de ida y vuelta en su traslado a la escuela.
En la adolescencia, y ya crecido, empezó a practicar boxeo, adquiriendo confianza no solo física, sino también, mental.
Una excursión escolar de esquí al monte Ruapehu, en el año 1935, le brindó su primera experiencia en la montaña, y en terreno nevado.
Nos decía, Ed: Regresé a casa con un entusiasmo ardiente por el sol, el frío y la nieve, especialmente por esta última.
Sus estudios primarios los había finalizado a la edad de once años, esto fue, dos años antes de lo normal, aunque en la escuela, obtuvo notas promedio satisfactorias.
Su madre, deseaba que fuera a una buena escuela, eso le obligó a ir en bicicleta hasta la estación y tomar el tren antes de las siete de la mañana y regresar a las seis de la tarde durante tres años y medio, cada trayecto requería una hora y cuarenta minutos.
Sin embargo, la familia acabó mudándose a Remuera, Auckland, en el último de los cuatro años de cursado.
Al principio, era más pequeño que sus compañeros, y no disfrutaba su estancia en el colegio, donde no podía llevar a cabo actividades extracurriculares por el excesivo tiempo que le llevaba el transporte.
Al año, que la familia se mudó a Remuera Road, Auckland, le permitió convertirse en apicultor junto con su padre y su hermano Rex, con unas 1.600 colmenas para atender, miles de cajas de miel, 40 kilómetros que manejar, y entre doce y cien picaduras de abejas diarias... De esta forma, cuidaba los insectos en verano y se concentraba en la escalada durante el invierno.

Tras terminar la escuela, Ed, pasó dos años sin éxito en el Auckland University College.
Era un gran lector y que reflexionaba siempre sobre sus creencias.
Absorbió parte de la pasión de su padre por la justicia social y los ideales cristianos, que más tarde moderó en una visión del mundo agnóstico, pero compasiva y optimista.
Su viaje escolar al monte Ruapehu, en el año 1935, le mostró más afición por el senderismo que el estudiar y dijo que: quería descubrir el mundo en ese ambiente.
Ed, se encontró por primera vez en la montaña durante una excursión que realizó con sus compañeros de la escuela superior. A partir de ese momento, aprovechó todos los fines de semana y de vacaciones para escalar las montañas de Nueva Zelanda, realizando difíciles primeras ascensiones.
En la Universidad de Auckland, se unió también, al Club de Senderismo, pero en el año 1938, tras dos años notablemente infructuosos estudiando Matemáticas y Ciencias, dejó la educación formal universitaria.
Ese año, junto a su familia participó de las explicaciones de Herbert Sutcliffe, quien promovía una filosofía llamada vida radiante; movidos por esta filosofía se convirtieron en miembros fundadores, mientras que la madre también ejerció como secretaria en ese movimiento, al año siguiente.
Luego, fue a Gisborne, como asistente de Sutcliffe, y en el año 1941, tomó exámenes para llegar a ser maestro de esta filosofía, obteniendo el 100 % en sus exámenes.
Su primera conferencia fue sobre: Inferioridad: causa y cura; al respecto, dijo que… “en esta asociación en cinco años, con el movimiento de la misma: Aprendí a hablar con seguridad desde la tribuna; a pensar más libremente en temas importantes y a mezclarme más fácilmente con una gran variedad de gente”...
Entre los principios que recibió se incluían la alimentación saludable, como las ensaladas que llevaba su hermana a la universidad, y el pacifismo. Igualmente, se unió al Club de Senderismo de este grupo filosófico, donde desarrolló aún más su pasión por las actividades al aire libre en las cordilleras Waitakere.
Pero el intenso trabajo apícola hizo que Ed, se pusiera en forma. A pesar de sus exigencias en estas tareas, realizó excursiones a la cordillera Waitākere con el Radiant Living Tramping Club, un complemento de la School of Radiant Living, que enseñaba una filosofía holística de la salud física, psicológica y espiritual.
Allí, Ed, descubrió la alegría que le daba la naturaleza, el amor por la montaña y la capacidad de cargar con una mochila pesada en su espalda.
Para el año 1940, ya estaba listo para ascender a mayores alturas.
Durante unas cortas vacaciones en los Alpes del Sur de Nueva Zelanda, realizó una modesta ascensión al Monte Ollivier, de 1.933 metros de altura, en la cordillera Sealy, sobre el pueblo del Mount Cook, recordaba años después: Fue el día más feliz de mi vida. Fue mi primera ascensión importante.
Su nuevo pasatiempo le trajo nuevos amigos, como Harry Ayres y George Lowe, quienes se convirtieron en los primeros auténticos amigos que nunca había tenido.
A principios de 1944, Hillary, se unió a la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda. Había solicitado su ingreso por primera vez en el año 1939, pero, ante sus propias dudas, retiró su solicitud y se registró como objetor de conciencia.
Los campos de entrenamiento de la RNZAF, en Blenheim y Nueva Plymouth, le brindaron la oportunidad de escalar el Monte Tapuae-o-Uenuku (en las Kaikouras interiores) y el Monte Taranaki.
Su ascenso en solitario al Tapuae-o-Uenuku demostró una formidable capacidad física; una caminata de 32 kilómetros por el valle de Awatere, una larga caminata por el río Hodder y una ascensión de 14 horas, seguida de las caminatas de Hodder y Awatere, en sentido inverso, todo en un fin de semana.
Luego, Ed, se tituló como navegante y en el año 1945, a pesar de haber retirado su incorporación fue destinado a Fiyi y posteriormente, a las Islas Salomón, donde sufrió graves quemaduras en un accidente náutico.
Tras una rápida recuperación y el fin de la guerra, regresó a Nueva Zelanda y escaló sus primeros picos de 3.000 metros de altura: los montes Malte Brun y Hamilton, en los Alpes del Sur.
En enero de 1948, Hillary y otros montañistas ascendieron por la cresta Sur al monte Cook, el punto más alto de Nueva Zelanda. También formó parte de un arduo rescate en La Perouse, donde se hizo amigo del también alpinista Norman Hardie.
En abril de 1950, con una fortuna considerable tras una excelente cosecha de miel de la temporada anterior, Hillary, viajó a Inglaterra para reunirse con su hermana June, quien se había casado con un médico inglés y vivía en Londres. Recorrieron Europa con sus padres; y Ed Hillary, escaló algunos picos de 4.000 metros de altura en los Alpes suizos y austríacos, antes de regresar a Nueva Zelanda.
Al año siguiente, inició su larga relación con el Himalaya.
Con otros tres escaladores de su país, organizó y financió su propio viaje para escalar en las montañas del Garhwal, en la India, donde realizaron la primera ascensión de seis cimas vírgenes de más de seis mil metros.
En ese mismo momento, se organizó en Inglaterra, la expedición de reconocimiento del Everest, para buscar otra vía de acceso a la cumbre, que dirigió Eric Shipton. Ed Hillary fue invitado a participar en ella.
Hasta este momento, todos los intentos del Everest, de las expediciones inglesas, se habían realizado por la vertiente Norte, pero la cruel invasión del Tibet, por los ejércitos chinos, habían hecho inaccesible para los ciudadanos Occidentales, aquella antigua línea de aproximación.
En el transcurso de esta expedición de reconocimiento, dirigida por el destacado alpinista inglés Eric Shipton, se descubrió la ruta de ascenso normal, por la vertiente Sur de la montaña, la cual, dos años después, sería utilizada para la primera ascensión.
En el año 1952, tanto Hillary como Lowe, fueron parte del equipo británico comandado también por Eric Shipton, que intentó el Cho Oyu.
Después de fallar por la falta de una buena aproximación a través del lado nepalí, Ed Hillary y Lowe, cruzaron el paso de Nup La y alcanzaron al antiguo campo base II, en la cara Norte, donde todas las expediciones previas se habían guarnecido.
No consiguieron la cima, pero hacia el final de la expedición, Eric Shipton, estuvo seleccionado el núcleo de alpinistas que formarían parte de la expedición del año siguiente, también se fue escogiendo en esa ocasión la ruta para ascnder al Everest.
Shipton, tenía claro que debía contar con los neozelandeses, Ed Hillary y Lowe.
Pero al ser sustituido Eric Shipton, por John Hunt, como jefe de la expedición de 1953, deseoso de tener en Londres, durante los preparativos, a todos los miembros de la expedición, estuvo a punto de no invitar a los neozelandeses.
Pero pronto Ed Hillary, se enteró de que tanto él como Lowe, habían sido invitados por el Joint Himalayan Committee, para el intento británico de 1953, e inmediatamente aceptaron.
Finalmente, fueron seleccionados para integrar la novena expedición británica al Everest.
Esta ruta fue en el año 1949, la ruta escalable, sólidamente establecida hacia la cumbre del Everest, pero cerrada por el gobierno chino, que ahora controlaba el Tíbet. Al mismo tiempo, su par Nepal, solo permitía una o dos expediciones cada año.
Entretando, una expedición suiza, en la que participó el sherpa Tenzing Norgay, intentó alcanzar la cima en el año 1952, pero fue forzada a dar marcha atrás por el mal tiempo y problemas con los equipos de oxígeno suplementario que llevaban, a solo 243,8 metros, es decir, 800 pies de la cumbre.

Inicialmente, Ed, se opuso intelectualmente, al cambio de jefe de expedición, por Hunt, aunque luego fue convencido por el propio John Hunt.
Hunt, pidió a Charles Evans y Hillary, que formasen junto con él un grupo de planificación de tres personas para la expedición.
Hunt, escribió: Las pruebas de Hillary en el Himalaya habían mostrado que sería un fuerte aspirante, no solo para el Everest, sino para cualquier partida hacia otra eventual cumbre. Cuando me reuní con Shipton el otoño anterior, recordó bien a él, profetizando que era un candidato para integrar la cordada de ataque; y ¡cuánta razón tenía! Era excepcionalmente fuerte y de una incansable energía, en posesión de una mente ambiciosa que borró del mapa todos los obstáculos sin probar; la personalidad de Ed Hillary, había hecho una huella en mi mente, a través de sus amigos del Cho Oyu y a través de sus cartas hacia mí.

Ed, tenía la esperanza de escalar con Lowe, pero Hunt, hizo dos equipos para el ascenso: uno con Tom Bourdillon y Charles Evans, y otro, con él y Tenzing. Por tanto, Ed, hizo un esfuerzo por entablar una estrecha amistad con Tenzing Norgay.
Hillary, escribió: Tenzing tenía una ambición sustancialmente mayor a la de cualquier sherpa que hubiese conocido.

Era un gran aficionado al mundo de la montaña y en general de la aventura, la conquista de esta gran montaña la efectuó siguiendo lo que después sería la vía clásica del collado Sur o Cwn Occidental, nombre que le había puesto Mallory, cuando visitó esa región, en los primeros intentos hacia la cumbre del monte.
El hecho, que era parte de una expedición británica, dio lustre a la coronación de la reina Isabel II, cuatro días después. Posteriormente, y coronada la cumbre, uno de los primeros actos de la monarca fue declararlo caballero.
… El 29 de mayo de 1953, el neozelandés Edmund Hillary y el nepalí Tenzing Norgay, como parte de un equipo británico, alcanzaron la cima de 8.848 metros del Monte Everest, la montaña más alta del mundo. Esta fue la culminación de 12 intentos serios desde 1921, incluyendo nueve expediciones británicas. Coincidió con la coronación de la reina Isabel II, lo que acentuó la atención mediática generada por el evento real.
Ed, fue el único no político que, fuera de Inglaterra, recibió este título, hasta ese momento. Pero más le enorgulleció su campaña de décadas para crear escuelas y clínicas en Nepal, la patria de Norgay, el guía con quien alcanzó la cima del Everest y que murió en 1986.

El logro de la ascensión fue considerado el logro atlético más importante del siglo XX.
Hillary fue el primer hombre, junto al sherpa Tenzing Norgay, en pisar el Techo del Mundo, el 29 de mayo de 1953. Formando parte de la novena expedición británica al Everest.
El desarrollo del ascenso fue realizado de la siguiente forma:
El equipo hizo su primer campamento debajo de la Cascada de Hielo del Khumbu, una sección empinada, accidentada y de rápido movimiento del Glaciar Khumbu. Las líneas oscuras que cortan a través de la cascada de hielo se asemejan a olas, insinuando el movimiento constante que abre grietas profundas y envía grandes trozos de hielo rodando libremente montaña abajo. Después de cruzar con éxito la Cascada de Hielo de Khumbu, el equipo caminó hacia el Cwm Occidental.
El Cwm Occidental es un amplio y plano valle glacial que conduce a la cara Sur del Lhotse y al Collado Sur, una silla de montar entre los picos piramidales del Everest y el Lhotse.
Ya instalada la expedición en el Campamento Base, se escalonaron los distintos campamentos de altura, instalando en cada uno con materiales que serían usado por las cordadas.
La expedición de Hunt necesitó de más de cuatrocientas personas, incluyendo 362 porteadores, veinte guías sherpas, además de un total de 10.000 libras, es decir, 4.535,9 kilogramos de equipos y materiales.
Lowe, supervisó desde la cara del Lhotse, una vasta y empinada pared de hielo, mientras que Ed, fue pionero con una ruta a través de la cascada de hielo de Khumbu.
El cámara Tom Stobart, fue compañero de habitación de Ed, en Katmandú, y lo describió así:
…" Su físico elegante, alto, como yo, una cara enjuta, delgada, como un hacha de mano. Sus manos que parecían atadas juntas con acero... Acababa de hacer pedazos un soplete de goma y no podía volver a armarlo. Esta máquina humana se hizo cargo, y dijo: “Vamos a intentarlo", usando una expresión que llegamos a conocer tan bien en los próximos meses. Puede haber significado que intentaría hacerlo, pero no, realmente esto significaba “ que lo haría”, una sutil pero importante diferencia en la medida que él y su compatriota George Lowe, estuvieran preocupados, pensando en intentar todo lo posible para realizarlo. Así fue él”.

Respecto al ascenso a la cima del monte Everest, nos relataba, el propio Ed Hillary, en el libro de John Hunt, La ascensión al Everest, en el capítulo que le tocó escribir, nos decía:
…"La mañana del 27 de mayo, me desperté temprano, después de un sueño intranquilo, sintiendo frío y depresión. Estábamos en el Collado Sur del Everest. Mis compañeros de la tienda pirámide, Lowe, Gregory y Tensing, se agitaban y daban vueltas, intentando en vano reaccionar contra el intenso frío.
El viento implacable, soplaba con toda su furia y su constante tamborileo sobre la tienda hacía imposible conciliar el sueño. Sin salir del saco de dormir, saqué la mano y miré el reloj: eran las cuatro de la mañana. A la vacilante luz de una cerrilla vi que el termómetro apoyado contra la pared de la tienda, marcaba -25° C.
Confiábamos establecer un campamento a gran altura en la arista Sureste, aquel día, pero la violencia del viento hacía imposible la salida. Sin embargo, debíamos seguir preparándonos para seguir avanzando, si el viento cedía.
Di con el codo al estoico Tensing, le murmuré algunas palabras acerca de alimentos y bebidas, y luego, como insensible a lo que ocurría en torno, me arrebujé en el saco.
Pronto el ronroneo del Primus y el calentamiento general de la atmósfera nos hicieron revivir, y mientras mordisqueábamos galletas y bebíamos agua caliente con limón cristalizado y mucho azúcar, Lowe, Gregory y yo examinamos, más bien con pesimismo, nuestros planes del día.
A las nueve de la mañana el viento soplaba todavía furiosamente y, vestido con toda mi ropa de abrigo, me deslicé fuera de la tienda y fui a la pequeña tienda Meade, donde estaban John Hunt, Charles Evans y Tom Bourdillon.
Hunt, convino en que era imposible salir en aquellas condiciones. Ang Temba, se había puesto enfermo y era evidente que no podía llevar cargas más lejos; decidimos pues, enviarle con Evans y Bourdillon al Campamento VII, hacia el mediodía.
Hunt, decidió en el último momento acompañar a este grupo, debido al estado de Bourdillon, y George Lowe y yo, ayudamos al fatigado cuarteto a volver por las laderas de encima del campamento y los vimos marchar para su retorno en un agotador viaje, al Campamento VII.
El viento sopló furiosamente durante todo el día y, bastante abatidos, organizamos las cargas para establecer el campamento de la cresta al día siguiente. Cualquier retraso en nuestra partida del Collado Sur solo podía traer como consecuencia un mayor desgaste y la consiguiente debilidad.
El fuerte viento nos deparó otra noche desagradable, pero todos inhalamos oxígeno a razón de un litro por minuto, lo que nos permitió dormitar desasosegadamente durante siete u ocho horas.

Por la mañana temprano, el viento soplaba todavía con violencia, pero hacia las ocho,
amainó bastante y decidimos salir. Sin embargo, debíamos recibir otro golpe: Pemba se había puesto muy mal por la noche y, evidentemente, no era capaz de continuar.
Sólo nos quedaba un porteador sherpa, Ang Nyima, del grupo primitivo de tres, para transportar nuestros materiales. La única alternativa era llevar nosotros mismos las cargas, pues no había que pensar en abandonar la tentativa.
Volvimos a organizar las cargas, eliminando todo lo que no fuera vitalmente necesario, no teniendo más remedio, a causa de nuestra reducida capacidad de transporte, que mermar los vitales suministros de oxígeno.
A las 08,45 horas, partimos, Lowe, Gregory y Ang Nyima, llevando cada cual más de 18 kilogramos e inhalando oxígeno a razón de 4 litros por minutos. Tensing y yo habíamos de salir después, para poder seguir rápidamente por las huellas marcadas por el otro grupo, conservando así energía y oxígeno.
Cargamos toda nuestra ropa personal, sacos de dormir y colchonetas de aire, junto con algunos víveres, encima de los equipos de oxígeno y salimos a las 10,00 de la mañana, llevando cada uno 22 kilogramos.
Subimos lentamente por las largas pendientes hasta el pie del gran Couloir, y luego por verdaderas escaleras talladas por Lowe, en la firme y empinada nieve de aquél.
Según ascendíamos poco a poco por los escalones, nos bombardeaba un continuo chaparrón de trozos de hielo que caían de arriba, donde Lowe y Gregory, iban tallando escalones para atravesar hacia la arista Sureste.
Llegamos a la cresta al mediodía y nos unimos con el otro grupo. Allí estaban los restos de la tienda suiza de la primavera anterior, que contribuían a aumentar el aspecto de soledad y desolación de aquel notable punto de vista. Desde allí, Lambert y Tensing, realizaron su valeroso intento para llegar a la cima, después de pasar una noche sin sacos de dormir.
Era un lugar maravilloso, con vistas de tremenda grandeza en todas direcciones, y nos entregamos a una orgía fotográfica.
Todos nos sentíamos muy bien y confiábamos en instalar nuestro campamento a mucha altura en la arista Sureste.
Nos echamos de nuevo las cargas a la espalda y subimos 45 metros por la cresta hasta el depósito que había dejado Hunt dos días antes. La cresta era muy pendiente, pero la inclinación hacia arriba de las capas de roca nos proporcionaba muy buenos asideros y la escalada no era técnicamente difícil, si bien la nieve blanda sobre las empinadas rocas, exigía cuidado.
El depósito se hallaba a 8.320 metros de altura, pero consideramos que estaba aún demasiado bajo para un campamento eficaz con miras a la cima, y no de muy buena gana añadimos todo el material extra a nuestras ya considerables cargas.
Gregory, tomó algo más de oxígeno, Lowe, algunos víveres y combustibles y yo me até una tienda de campaña. Aparte Ang Nyima, que llevaba algo más de 18 kilogramos, todos los demás teníamos cargas de 22 a 28 kilogramos.
Continuamos por la cresta a un promedio algo reducido, ascendiendo con regularidad, a pesar de nuestras cargas, aunque muy despacio. La cresta se empinaba hasta unirse con una pendiente de nieve firme, en la que Lowe, talló escalones en un trecho de 15 metros.
Hacia las 14,00 horas, comenzamos a cansarnos y a buscar sitio para el campamento. La arista parecía no tener accidente alguno y seguía hacia arriba sin solución de continuidad. Proseguimos trabajosamente, buscando un relleno sin encontrarlo; una y otra vez ascendimos esperanzados, hasta un supuesto emplazamiento, solo para ver que estaba todavía a una inclinación de 45°.
Comenzamos ya a desesperar, cuando Tensing, recordando el terreno del año anterior, sugirió efectuar una travesía por la empinada ladera hacia la izquierda, que por fin nos condujo a un punto relativamente llano, bajo un risco.
Eran las 14,30 horas y decidimos acampar allí. Durante todo el día el magnífico pico Lhotse, había atraído nuestras miradas, pero ahora su cumbre estaba por debajo de nosotros.
Calculamos que nuestra altitud sería de 8.500 metros, y Lowe, Gregory y Ang Nyima, arrojaron sus cargas al suelo con alivio. Estaban cansados, pero satisfechos de la altura conseguida, y a ellos, se le debe en gran parte la afortunada ascensión del día siguiente. Sin perder tiempo, se apresuraron a descender al Collado Sur.
Vimos bajar lentamente por la cresta a nuestros animados compañeros con cierta sensación de soledad, pero teníamos mucho que hacer. Nos quitamos los aparatos de oxígeno para ahorrar gas y nos pusimos a trabajar con los piolets para nivelar la diminuta plataforma.
Quitamos toda la nieve hasta dejar al descubierto una ladera rocosa con inclinación de unos 30°. Las rocas estaban fuertemente unidas por el hielo, pero al cabo de un par de horas de rudo trabajo habíamos logrado sacar, apalancando, bastantes piedras para nivelar dos fajas de terreno de un metro de ancho por 1,80 metros de largo, pero casi a 30 centímetros de diferencia de nivel entre sí. Aunque no respirábamos oxígeno, podíamos trabajar, pero descansando cada 10 minutos para recobrar aliento y energías. Montamos la tienda en aquel doble nivel, fijándola al suelo lo mejor que pudimos. Alrededor no había rocas adecuadas para atar los vientos, y la nieve estaba demasiada blanda para sostener las clavijas de aluminio.
Enterramos varias botellas de oxígeno en la nieve blanda y atamos a ellas los vientos como anclaje no muy seguro. Y luego, mientras Tensing comenzaba a calentar algo de sopa, yo hice un cálculo de nuestro limitado suministro de oxígeno.
Había mucho menos de lo que esperábamos, y para el asalto solo teníamos una botella entera y dos tercios de otra cada uno. Era evidente que, si queríamos tener suficiente autonomía, no podríamos consumir los cuatro litros por minuto que habíamos planeado en principio, pero calculé que reducíamos el suministro a tres litros por minutos, tendríamos probabilidades de éxito.
Preparé los equipos, efectuando la regulación necesaria. Teníamos a nuestro favor el hecho de que Evans y Bourdillon, habían dejado dos botellas de oxígeno, a un tercio de su capacidad, doscientos o trescientos metros más arriba de nuestro campamento, y confiamos en aquella reserva para regresar al Collado Sur.
Al ponerse el sol, nos deslizamos finalmente dentro de la tienda, nos pusimos toda la ropa de abrigo y nos metimos en los sacos de dormir. Bebimos grandes cantidades de líquido y cenamos satisfactoriamente, utilizando nuestras existencias de golosinas: sardinas con galletas, albaricoque al natural, dátiles, mermelada y miel.
El albaricoque en lata era un bocado exquisito, pero primero era preciso deshelarlo con el infiernillo Primus. A pesar de la gran altura, nuestra respiración era casi normal, hasta que algún esfuerzo súbito nos producía cierto jadeo. Tensing, estaba en su colchoneta de aire en la plataforma inferior, medio cayéndose por el empinado declive, y se acomodó tranquilamente para dormir. Yo también me acomodé lo mejor posible, medio sentado y medio echado en la plataforma superior, con los pies apoyado en la parte inferior. Esta postura, aunque no muy cómoda, tenía grandes ventajas.
Producíanse ráfagas de viento sumamente fuertes cada diez minutos, y siempre que recibía aviso de la aproximación de una de ellas por un agudo silbido procedente de la cresta. Hacía fuerza con los pies y los hombros para sujetar la tienda, mientras que el viento la sacudía y agitaba de la manera más alarmante. Teníamos oxígeno solo para cuatro horas de sueño, a razón de un litro por minuto, y decidí utilizarlo en dos periodos de dos horas, desde las 21,00 horas a las 23,00 horas y desde las 01,00 horas a las 03,00 horas, de la madrugada.
Mientras inhalábamos oxígeno, dormitábamos y nos encontrábamos bastante bien, pero tan pronto como cesaba el suministro, comenzábamos a sentir depresión y frío.
Durante la noche, el termómetro marcó -27°C, pero afortunadamente, el viento había cesado casi por completo.
A las cuatro de la mañana reinaba una profunda calma. Abrí la puerta de la tienda y miré a lo lejos, hacia los valles oscuros y dormidos de Nepal. Los picos de hielo brillaban claramente a la primera luz de la mañana y Tensing, señaló el monasterio de Thyangboche, apenas visible en su dominante contrafuerte a 4.800 metros por debajo de nosotros. A aquella hora tan temprana los lamas de Thyangboche, estarían elevando preces por los escaladores del Everest.
Encendimos el infiernillo y, haciendo un decidido esfuerzo para combatir la debilidad causada por la deshidratación, bebimos gran cantidad de zumo de limón con azúcar y comimos luego, el contenido de nuestras últimas latas de sardinas con galletas. Metí los aparatos de oxígeno en la tienda, les quité el hielo que se había formado y luego los volví a comprobar y ensayar en todos sus aspectos. Me había quitado las botas, que se humedecieron algo en el día anterior y estaban del todo congeladas. Como era necesario tomar enérgicas medidas, las puse encima de las intensas llamas del Primus y, sin hacer caso del fuerte olor a cuero quemado que despedían, conseguí ablandarlas.
Nos pusimos los anoraks encima de los trajes de plumón, y en las manos tres pares de guantes: de seda, de lana y de tejido impermeable al viento.
A las seis y media de la mañana, nos deslizamos fuera de la tienda, nos echamos a la espalda los aparatos de oxígeno de 13 kilogramos de peso, conectamos las caretas y abrimos las válvulas para recibir en los pulmones el vivificante oxígeno.
Al cabo de unas cuantas inhalaciones profundas, nos hallábamos dispuestos para marchar. Preocupado todavía por el frio que sentía en los pies, le dije a Tensing que saliera, y marcó una profunda línea de huellas partiendo del risco que protegía nuestra tienda, hacia la empinada pendiente de nieve polvo, a la izquierda de la cresta principal. La arista entonces estaba bañada por el sol y vimos nuestro primer objetivo, la cumbre Sur, muy arriba. Tensing, avanzaba resueltamente y abría huellas, golpeando con los pies en una larga travesía, en dirección de la cresta, a la cual llegamos justo donde forma una gran joroba de nieve muy destacada, a unos 8.500 metros de altura. A partir de allí, la cresta se estrechaba como el filo de un cuchillo, y como ya se me habían calentado los pies, tomé la delantera.
Subíamos despacio, pero con regularidad, y no necesitábamos detenernos para recobrar aliento, notando yo que tenía mucho en reserva. La nieve blanda e inestable de la cresta hacía la ascensión difícil y peligrosa, por lo descendí un poco hacia el empinado lado izquierdo, donde el viento había formado una delgada costra que a veces soportaba mi peso, pero más a menudo cedía, con un crujido súbito, desastroso tanto para el equilibrio como para la moral.
Al cabo de unos 200 metros de esta fatigosa cresta, llegamos a un hoyo diminuto, donde encontramos las dos botellas de oxígeno que habían dejado Evans y Bourdillon, en su anterior intento.
Quité el hielo de los manómetros y vi con satisfacción que todavía contenía varios cientos de litros de oxígeno suficientes para permitirnos descender al Collado Sur a base de poco consumo.
Con la tranquilidad que teníamos estas botellas de oxígeno detrás de nosotros, continué marcando huellas por la cresta, que de pronto acentuó su inclinación y se ensanchó hasta convertirse en la formidable cara de nieve de los últimos 120 metros hasta la cumbre Meridional. Considerábamos que el estado de la nieve en esta cara era a todas luces peligroso, pero como no parecía existir otra ruta, persistimos en nuestros tenaces e incómodos esfuerzos para abrirnos pasos por ella.
En aquel sector especialmente duro, nos alternamos con frecuencia en la delantera de la cordada, y en una ocasión, mientras estaba yo marcando huellas en la profunda nieve, cedió ésta a mi alrededor y resbalé hacia atrás tres o cuatro pasos. Traté con Tensing de la conveniencia de continuar, y él, reconociendo que le preocupaba mucho el estado de la nieve, terminó con su frase familiar: “Como usted quiera”, con lo que decidí seguir adelante.
Coronamos el Pico Sur. Eran las nueve de la mañana. Miramos con cierto interés la cresta virgen que se extendía enfrente. Bourdillon y Evans, nos habían hablado con toda claridad de los problemas y dificultades que presentaba, y comprendimos que podía ser una barrera casi infranqueable. A primera vista, era ciertamente impresionante e incluso terrible, por la derecha grandes cornisas onduladas, masas de hielo y nieve proyectadas hacia afuera, sobresalían como retorcidos dedos por el abismo de 3.600 metros de la cara del Kangshung. Cualquier movimiento por aquellas cornisas solo podía conducir al desastre. Desde ella la ladera caía en fuerte pendiente hacia la izquierda, hasta unirse la nieve con la gran pared rocosa del Circo Occidental, viéndose solamente una posibilidad de acceso. La empinada ladera comprendida entre las cornisas y los precipicios de roca, parecía estar formada de nieve firme y dura. Si resultara blanda e inestable, nuestras posibilidades de continuar por la cresta serían muy pocas; en cambio, si pudiéramos tallar una serie de escalones por aquella ladera, lograríamos por lo menos ganar algún terreno.
Excavamos un hueco para sentarnos justo bajo la cumbre Sur y nos quitamos el oxígeno. Una vez más hice el cálculo mental que constituía unas de mis preocupaciones principales en el ascenso y en el descenso de la montaña. Como nuestra primera botella de oxígeno ya estaba agotada, sólo nos quedaba otra completa. Ochocientos litros de oxígeno a tres litros por minutos, ¿Cuánto tiempo resulta? Calculé que serían cuatro horas y media de duración. Nuestro aparato pesaba ya mucho menos, pero más de nueve kilos, y al tallar escalones desde la cumbre Sur, experimenté una marcada sensación de facilidad y bienestar, completamente contraria a la que había esperado a tan gran altitud.
Al hundir el piolet en la primera pendiente de la cresta se confirmaron mis mejores esperanzas: la nieve era cristalina y firme. Con dos o tres golpes rítmicos de piolet tallaba un escalón bastante grande incluso para nuestras desmesuradas botas de altura, y lo que era aún más alentador, al hundirlo con fuerza en la nieve se clavaba hasta la mitad del mango, proporcionando un anclaje firme y cómodo. Subíamos separadamente, pues comprendía que nuestro margen de seguridad a aquella altura no era grande y que debíamos de tomar toda clase de precauciones.
Yo tallaba una línea de doce o trece metros de escalones y entre tanto Tensing, me aseguraba.
Por mi parte, hundía el mango del piolet en la nieve y daba algunas vueltas de cuerda a su alrededor, y Tensing, asegurado contra una posible caída, subía hacia mí.
Después, una vez más, mientras él me aseguraba, yo continuaba tallando. En algunos sitios, las cornisas de hielo eran muy grandes, y a fin de alejarnos de ellas tallaba una línea de escalones hacia abajo, donde la nieve se juntaba con las rocas de la cara Occidental.
Era muy emocionante tender la mirada por aquel enorme precipicio de roca y ver, a 2.500 metros, las minúsculas tiendas del Campamento IV, en el Circo Occidental. Agarrándonos a las rocas y tallando en la nieve asideros para las manos, conseguimos salvar estos tramos difíciles.
En una de tales ocasiones observé que Tensing, que hasta entonces había avanzado muy bien, disminuía de pronto su ritmo de marcha y parecía respirar con dificultad. Los sherpas no tenían idea del funcionamiento de un aparato de oxígeno y por experiencia anterior, sospeché inmediatamente que no le funcionaba bien.
Observé que había carámbanos de hielo colgando del tubo de salida de su aparato, y al examinarlo más detenidamente vi que este tubo de unos 5 centímetros de diámetro, estaba completamente obstruido por el hielo, que logré quitar, proporcionando con ello a Tensing, un alivio muy necesario. Al comprobar mi equipo vi, que le ocurría lo mismo, aunque no había llegado hasta el extremo de producirme molestias, y a partir de entonces vigilé seguidamente el problema.
Para el Everest, puede decirse que el tiempo parecía perfecto. Aislados con nuestros trajes de plumón y con los anoraks, no sufríamos incomodidad alguna a causa del frío o del viento.
Sin embargo, en una ocasión en que me quité las gafas de sol para examinar mejor un sector difícil de la cresta, quedé pronto cegado por la nieve en polvo arrastrada por el fuerte viento, y a toda prisa volví a ponerme las gafas.
Seguí tallando escalones, sorprendido al ver que disfrutaba de la escalada tanto como si estuviera “haciendo” una buena cresta en los Alpes de Nueva Zelanda.
Después de una hora de continua progresión llegamos al pie de lo que parecía el problema más formidable de la cresta: un escalón de roca de unos 12 metros de altura. Conocíamos su existencia por fotografías aéreas y también por haberlo visto con prismáticos desde Thyangboche y nos dábamos cuenta de que, a aquella altura, podría muy bien, significar la diferencia entre el existo y el fracaso.
La roca en sí, lisa y casi desprovista de asideros, acaso hubiera constituido un interesante problema dominguero para un grupo de escaladores expertos en la región de los Lagos, pero aquí era un obstáculo superior a nuestras débiles fuerzas.
No veía la manera de bordearla por el empinado risco de la parte Occidental, pero, afortunadamente, quedaba todavía otra posibilidad de atacarla.
Por el lado Oriental, había una gran cornisa, y a todo lo largo de los 12 metros del escalón, una estrecha grieta entre la cornisa y la roca. Dejando que Tensing, me asegurase lo mejor que podía, me metí en la grieta y, haciendo fuerza hacia atrás con los crampones, hundí profundamente sus puntas en la nieve helada, elevándome así del suelo.
Aprovechando hasta las menores salientes de la roca, y a fuerza de juego de rodillas, hombros y brazos, subí literalmente cramponeando hacia atrás por la grieta, rogando con fervor que la cornisa permaneciese unida a la roca.
A pesar del gran esfuerzo necesario, mi progresión, aunque lenta, era continua, y mientras Tensing largaba cuerda, yo subía centímetro a centímetro, hasta que pude finalmente echar las manos por encima de la roca y arrastrarme por afuera de la grieta hasta un amplio rellano.
Durante un rato permanecí cobrando aliento y por primera vez presentí claramente, que nada nos impediría ya alcanzar la cima. Me aseguré firmemente en el rellano y avisé a Tensing que subiera. Mientras yo tiraba fuertemente de la cuerda, él ascendía retorciéndose por la grieta hasta que finalmente cayó agotado al llegar arriba, como un pez gigante que acababa de ser sacado del mar después de una lucha terrible.
Comprobé los dos equipos de oxígeno y calculé aproximadamente nuestro consumo. Todo parecía ir bien. Debido probablemente a la tensión causada por el fallo de su equipo de oxígeno, Tensing había ido algo despacio, pero escalaba con seguridad y esto era lo principal. Su único comentario al preguntarle cómo estaba, fue sonreír y señalar en dirección de la cresta.
Marchábamos tan bien, con tres litros por minuto, que yo estaba entonces decidido a disminuir el consumo a dos litros, si fuese necesario disponer del tiempo que tal reducción representaba.
La cresta continuaba como antes, con cornisas gigantes a la derecha y empinadas laderas de roca a la izquierda. Seguí tallando escalones en la estrecha faja de nieve; la cresta describía una curva hacia la derecha y no teníamos idea de donde estaba la cima. Al subir por una ondulación, otra más alta aparecía a la vista. El tiempo pasaba y la cresta parecía interminable. En un sitio donde la inclinación disminuía, traté de marchar con crampones, sin tallar en la nieve, esperando así ganar tiempo, pero pronto comprendí que nuestro margen de seguridad en aquellas empinadas laderas y a la altitud era demasiado exiguo, así que continué tallando.
Comenzaba ya a cansarme un poco, pues había estado tallando continuamente durante dos horas y Tensing, también avanzaba muy despacio. Mientras hacía escalones por otra nueva ondulación, pensé confusamente cuanto tiempo podríamos resistir.
Nuestro primitivo entusiasmo había desaparecido y la escalada se estaba convirtiendo en una terrible lucha. Entonces me di cuenta de que la cresta, en vez de seguir elevándose aun monótonamente, se interrumpía de súbito y muy abajo se veía el Collado Norte y el glaciar Rongbuk; miré hacia arriba y vi una estrecha arista de nieve que se extendía hasta una punta nevada. Unos pocos golpes más de piolet en la nieve firme y estábamos en la cima.
Mi primera sensación fue de alivio, por no tener que tallar más escalones, ni atravesar más crestas, ni ver más ondulaciones que nos exasperasen con la esperanza del triunfo. (Esto nos da cuenta que quien iba adelante y quien llegó primero a la cima fue el propio Edmund, a pesar que habían coordinado entre los dos de no decir nada de quien había pisado primero la cima, y ha sido tan humilde que nunca lo mencionó y faltó a su palabra, para no dejar al otro, Tensing, que fuera el segundo, mostrando de su personalidad y de su hombría de bien). El periodismo local, ante la ausencia de saber quien era el primero, hicieron todo lo posible para que saliera en los medios que había sido Tensing; en todas las entrevistas lo casi obligaban a Tensing para que expresara que había sido él, el primero en pisar la cima, esta disputa hasta en algunos niveles de gobierno de la India, proponían que se diera esta noticia.
Cuando llegaron, decía Ed: Miré a Tensing, y a pesar del pasamontaña, gafas y careta de oxígeno, todos incrustados de largos carámbanos de hielo, no podía ocultar su contagiosa sonrisa de puro gozo al mirar a su alrededor. Nos estrechamos las manos y luego, Tensing, me hecho los brazos al cuello y nos golpeamos uno a otro en la espalda hasta quedar casi sin aliento, eran las 11,30 de la mañana. La cresta nos había costado dos horas y media, pero parecía toda una vida. Corté el oxígeno y me quité el aparato. Llevaba mi cámara fotográfica, cargada con película de color, dentro de la camisa para tenerla caliente, y evitar que se congelara el mecanismo, y entonces la saqué e hice que Tensing, posara en la cumbre, empuñando su piolet, en el que había una ristra de banderas, británica, nepalí, de las Naciones Unidas y de la India.
Luego, dedique mi atención a la gran extensión de terreno que se veía a nuestros pies en todas direcciones.
Hacia el Este veíase a nuestro gigante vecino, el Manaslu, inexplorado y no escalado aun, y hasta en la cima del Everest, el instinto montañero era lo bastante fuerte para obligarme a dedicar algunos minutos a pensar si existiera alguna vía de ascensión a aquella montaña.
Muy lejos, entre las nubes, asomaba por el horizonte la gran mole del Kangchenjunga. Hacia el Oeste, el Cho Oyu, nuestro antiguo adversario de 1952, dominaba la escena, y veíamos también las grandes sierras inexploradas del Nepal, extendiéndose hasta perderse la vista.
La fotografía más importante creo que fue una vista de la arista Norte, abarcando el Collado Sur y la antigua ruta que se hizo famosa por las luchas de aquellos grandes escaladores de la época 1920-1938.
No tenía gran confianza de los resultados de aquellas fotografías, pues me resultaba muy difícil sujetar bien la máquina con mis toscos guantes, pero consideraba que por lo menos servirían de testimonio. Al cabo de diez minutos, comencé a notar los dedos torpes y los movimientos lentos, por lo que volví a ponerme rápidamente el equipo de oxígeno, experimentando una vez más el efecto estimulante de unos pocos litros de gas. Entre tanto, Tensing, había hecho un pequeño agujero en la nieve, en el que metió diversos comestibles, una barra de chocolate, un paquete de galletas y un puñado de caramelos. Modesta, pero simbólica ofrenda a los dioses que todos los budistas devotos creen que tienen su morada en esta elevada cumbre. Dos días antes, en el Collado Sur, Hunt, me había dado un pequeño crucifijo, encargándome que lo llevase a la cima. Yo también hice un agujero en la nieve y coloqué el crucifijo junto a la ofrenda de Tensing.
Comprobé una vez más nuestro oxígeno y calculé su duración. Tendríamos que andar de prisa para llegar a la reserva salvadora que teníamos más debajo de la cumbre Sur, por lo que al cabo de quince minutos nos dispusimos a regresar. Primero habíamos mirado brevemente para ver si había señales de Mallory e Irvine, pero no vimos nada. Tensing y yo, nos sentíamos algo cansados, pues comenzaba la reacción y debíamos marchar de la montaña rápidamente.
Inicié el descenso siguiendo nuestras huellas y, sin pérdida de tiempo, bajamos con crampones por la nieve, apremiados por la urgencia de la disminución de oxígeno. Las ondulaciones del terreno se sucedían rápidamente, y en tan poco tiempo que casi nos pareció prodigio, llegamos a la cumbre del escalón de roca.
Con la casi indiferencia que produce la familiaridad, bajamos, ayudándonos de pies y manos, de la misma manera que habíamos subido. Estábamos cansados, pero no hasta el punto de ir descuidados. Pasamos cautelosamente la travesía de roca, avanzando separados por las zonas de nieve inseguras, y finalmente, utilizando los crampones y siguiendo nuestra huella llegamos al Pico Sur.
¡Solamente una hora desde la cumbre! Refrescamos con trago de limonada dulce y seguimos bajando. Durante toda la escalada habíamos abrigado un persistente temor del descenso por la gran pendiente de nieve, y al bajar, a la cabeza de la cordada, me aseguré en cada paso con tanto cuidado como si nuestras vidas dependieran de él, cosa que bien pudiera ocurrir.
La terrorífica sensación de peligro que se experimentaba al mirar al glaciar Kangshung, 3.000 metros más abajo, nos hacía movernos con las mayores precauciones y cada paso que bajábamos parecía uno más hacia la seguridad.
Cuando pasamos por fin de la ladera de la cresta, nos miramos uno a otro, y sin decir palabra, pareció que nos sacudíamos visiblemente aquella sensación de temor que nos había acompañado todo el día.
Estábamos muy cansado, pero nos dirigimos maquinalmente a los dos cilindros de reserva que se hallaban en la cresta. Como nos hallamos a poca distancia del campamento y nos quedaban algunos litros de oxígeno en nuestras botellas, nos llevamos los cilindros de repuesto hasta la tienda en su absurda plataforma; llegamos ahí a las dos de la tarde.
Los vientos moderados de la tarde ya habían arrancado algunos de los tirantes de la tienda, que presentaba un aspecto desolador. Todavía nos faltaba llegar al Collado Sur y mientras Tensing, encendía el infiernillo de petróleo y comenzaba a preparar zumo de limón muy azucarado, yo acoplé las botellas en parte usadas a los equipos de oxígeno y reduje el consumo a dos litros por minuto.
En contraste con el día anterior, en que trabajamos vigorosamente sin oxígeno en aquel mismo campamento, ahora nos sentíamos muy débiles y agotados. Muy abajo en el Collado Sur, veíamos moverse diminutas figuras y sabíamos que Lowe y Noyce, estarían esperándonos.
Sabíamos que allí no tenían sacos de dormir, ni les sobraba colchonetas de aire para nosotros, por lo que, de mala gana, atamos los nuestros a los soportes de los equipos de oxígeno y luego, mirando por última vez al campamento que tan buen servicio nos había prestado, comenzamos a bajar arrastrando los pies y con los cinco sentidos puestos en la tarea de descender por la cresta con seguridad.
Nuestras facultades parecían estar embotadas y el tiempo pasaba como en un sueño, pero por fin llegamos al emplazamiento del Campamento suizo de la cresta, y comenzamos nuestra última etapa del descenso por el gran couloir, donde nos aguardaba una desagradable sorpresa. El fuerte viento, que estuvo soplando durante la última parte de nuestra escalada, había borrado por completo todos los escalones y ante nosotros sólo teníamos una pendiente dura y helada.
No había otra alternativa que tallar de nuevo, y a regañadientes tallé con gran esfuerzo escalones hacia abajo en un trecho de 60 metros. Las ráfagas de viento arremolinado que bajaban por la cresta trataban de hacernos perder el pie.
Tensing, tomó la delantera y talló otros treinta metros. Luego, entró en nieve más blanda y abrió huella por las pendientes más fáciles del fondo del couloir. Desde allí caminamos fatigosamente con crampones por las largas pendientes de encima del Collado Sur.
Una figura vino hacia nosotros, encontrándonos a unos 60 metros, cargado con sopa caliente y oxígeno de socorro.
Estábamos demasiado fatigados para reaccionar ante el entusiasmo de Lowe, por nuestras noticias. Bajamos dando traspiés al Collado y lentamente ascendimos por la pequeña elevación hasta el campamento.
Justo al llegar a las tiendas, se agotó el oxígeno. Habíamos tenido suficiente para realizar la tarea, pero no nos sobró.
Nos metimos en la tienda y, con un suspiro de alivio, nos echamos en los sacos de dormir, mientras la lona flameaba y era sacudida por el continuo ventarrón del Collado Sur.
Aquella noche, la última que pasamos en el Collado, fue intranquila. Otra vez el terrible frío hacía imposible conciliar un sueño profundo y sedante, y los efectos estimulantes de nuestro triunfo nos hacían estar en tal actividad mental, que nos pasamos media noche reviviendo uno a uno los emocionantes sucesos y murmurando entre dientes. A la mañana siguiente estábamos muy débiles y, lentamente, pero con decisión, hicimos los preparativos para la marcha.
La pendiente de 60 metros que era preciso subir desde el Collado Sur fue dura prueba, y aun al iniciar el largo descenso hacia el Campamento VII, fue necesario avanzar muy despacio y con frecuentes descansos. La parte superior del glaciar del Lhotse nos parecía muy empinada y, mientras bajábamos por los escalones de hielo hacia el campamento VII, nuestro mayor deseo era descansar. Estaríamos solo a 30 metros del campamento, cuando llamaron nuestra atención los jubilosos gritos de Charles Wylie y de varios sherpas que venían a recibirnos, todos con aspecto descansado y vigoroso y con la misma pregunta temblando en los labios. Las bebidas calientes que nos hicieron tomar y su alegría al saber la noticia fueron un gran estimulante, y en seguida continuamos el descenso por el glaciar del Lhotse, mentalmente recuperados, ya que no físicamente.
Al aproximarnos al campamento IV, unas pequeñas figuras salieron de las tiendas y ascendieron lentamente por la pista. No le hicimos ninguna señal, sino que seguimos bajando hacia ellos con el paso de quien se siente abrumado por la fatiga.
Cuando solo estábamos a 50 metros, Lowe, con su entusiasmo característico, hizo la señal de “pulgares hacia arriba” y agitó su piolet en dirección a la cumbre. Inmediatamente se produjo una gran conmoción y nuestros compañeros olvidando su debilidad, corrieron por la nieve hacia nosotros. Al saludarnos a todos, acaso algo conmovidos, aprecie mejor que nunca los fuertes lazos de cooperación y amistad que había sido el factor decisivo en toda la expedición.
¡Que emocionante era poder decirles que todos sus esfuerzos entre el caos de la cascada de hielo, la marcha descorazonadora por el nevado infierno del Circo Occidental, la difícil escalada de hielo por la cara del Lhotse y el duro y agotador trabajo más arriba del Collado Sur, habían sido plenamente recompensados, y que habíamos llegado a la cima! .
Para mí ya era suficiente galardón ver la alegría sin rebozo retratada en el semblante cansado y tenso de nuestro valeroso jefe"…

Una vez que bajaron hacia el Campamento base y luego, hacia la civilidad, se sucedieron las recepciones, y el júbilo de la recepción en Delhi, donde la entrada triunfal culminó en una ceremonia muy impresionante en Rashtrapati Bhawan, en donde el presidente de la Unión India, Sri Rajendra Prasad, condecoró a algunos miembros del grupo y les obsequió a todos escudos de plata grabados. También, no fue menor la afabilidad y hospitalidad del primer ministro, Sri Jawaharlal Nehru, del señor George Midleton, representante de Gran Bretaña, de su esposa, del personal de la Alta Comisaria, del mayor general Williams y de otros tantos personajes más.
Al regresar al campamento base, Ed, luego de haberse convertido en el primer hombre junto con el sherpa Tensing Norgay, declaró: Conquistamos al desgraciado.

El propio Hunt, respecto a los recibimientos recordaba:
.,," Fue particularmente grato ver de nuevo en Delhi, a George Finch, veterano de la expedición del año 1922, y precursor del empleo de oxígeno en la escalada. Su presencia entre nosotros en aquel momento fue tanto más oportuna cuanto que teníamos grandes deseos de que los homenajes de que éramos objeto fueran compartidos por los que nos habían enseñado el camino. Como uno de los dos notables escaladores de la primera expedición que intentó decididamente alcanzar la cumbre de la montaña en el año 1922, el otro fue George Mallory, y como gran partidario del oxígeno en una época en que muchos dudaban de su eficiencia y otros reprobaban su uso, nadie como George Finch, merecía tanto estar presente y representar el pasado.
Tuvimos que declinar a pesar nuestro muchas invitaciones oficiales para visitar otras ciudades indias: Madrás, Bombay, Patna, Dehra Dun y Darjeeling. El generoso entusiasmo del pueblo indio por la aventura del Everest fue para nosotros una verdadera revelación. Pero también, nos solicitaban de Inglaterra con apremio y no estábamos, naturalmente, menos deseosos de encontramos allí, con nuestros amigos y autoridades.
Y así, por fin, emprendimos el regreso por la vía aérea gracias a la generosidad del Times, en un avión de la B. O. A. C.
Con gran entusiasmo por nuestra parte, Tensing y su familia vinieron con nosotros. En todas las escalas, Karachi, Bahréin, El Cairo, Roma y Zürich, fuimos objetos de iguales manifestaciones de espontáneo entusiasmo, y todo el mundo nos acogió con inolvidable amabilidad.
Tuvo especial interés para nosotros el encuentro en Zürich, con miembros de las Expediciones suizas al Everest y de su organismo patrocinador, la Fundación para Investigaciones Alpinas.
Ningún escalador podría haber sido más generoso en su apreciación de nuestro éxito que el equipo suizo, que tan cerca estuvo de alcanzar el triunfo en el año 1952. En el corto tiempo pasado en su compañía, hablamos con nuestros camaradas suizos Raymond Lambert, Gabrile Chevalley, Herr Feuz y otros, de los problemas de la escalada que todos conocimos tan bien, pues nuestra ascensión estuvo enlazada casi paso a paso con su tentativa. Mencionaré también gustosamente el entusiasmo con que fue acogida la ascensión al Everest por el grupo francés que se estaba preparando para ir el año próximo si nosotros no hubiésemos alcanzado la cumbre.
El 3 de julio, aterrizamos en el aeropuerto de Londres, donde recibimos la bienvenida más deseada, la de nuestro propio pueblo, aquí en la Patria. ¡Había terminado la aventura! "…
Sobre los últimos pasos de ambos a la cima del mundo, Ed Hillary, escribió también:
…"Un par de pasos exhaustos más, y sobre nuestras cabezas sólo estaba el cielo. No había falsas cornisas ni pináculos finales. Estábamos de pie sobre la cima. Había espacio suficiente para unas seis personas. Habíamos conquistado el Everest. Y continuó: Asombro, humildad, orgullo, exaltación, éstas ciertamente serían las emociones confusas del primer hombre en llegar a la más alta cima del mundo, luego de que tantos hayan fallado. Pero mi reacción dominante fue de alivio y sorpresa. Alivio porque el largo desgaste se había terminado y lo inalcanzable había sido alcanzado. Y sorpresa, porque eso me pasó a mí, el viejo Ed Hillary, el apicultor. No lo podía creer. Removí mi máscara de oxígeno para sacar unas fotos. No bastaba llegar a la cumbre, teníamos que volver con pruebas. Empezamos a bajar 15 minutos después"…
Tensing, contó en su autobiografía de 1955, que Ed Hillary dio el primer paso en la cumbre y luego él lo siguió.
Estuvieron unos quince minutos allí. Ed Hillary, tomó una foto de Tensing posando con su piqueta en alto, pero no hay una de Hillary; la autobiografía de Tensing dice que simplemente rechazó que se la hiciera.
Hasta donde llegaba su humildad que no le importó sea retratado en la cima del mundo y nunca salió de él en las distintas entrevistas que quien había sido el primero en llegar a la cima, promesa que se había hecho, luego de coronar la cumbre, un hombre con principios, un hombre que fue y será un ejemplo para el montañismo mundial.
Volvieron a Katmandú unos días más tarde y recibieron la noticia que Ed Hillary había sido designado para recibir la Excelentísima Orden del Imperio Británico, mientras que Hunt, la de Caballero.
Las noticias ya había alcanzado el Reino Unido el día de la coronación de Isabel II, por lo que la prensa lo consideró como un regalo. Los treinta y siete miembros de la partida recibieron una medalla con la inscripción Expedición al monte Everest, grabada a lo largo del borde.
Además de los rangos otorgados a Hillary y Hunt, Tensing, no apto para ello por ser ciudadano nepalí, recibió la medalla de Jorge (La Medalla de Jorge, o GM, en forma abreviada, una condecoración civil de segundo nivel, brindada por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la Commonwealth). Tensing también recibió la Estrella de Nepal del rey Tribhuvan.
Luego del ascenso al Everest, Edmund, se casó con la señorita Louise Mary Rose (1930-1975), el 3 de septiembre de 1953; admitió que estaba tan aterrado de proponérselo, que se lo confió a su madre para que lo hiciera en su lugar. Tuvieron tres hijos: Peter (nacido en 1954), Sarah (1956) y Belinda (1959-1975).



Ed Hillary, escaló otros diez picos del Himalaya en sucesivas visitas en 1956, de 1960 a 1961, y de 1963 a 1965. Otro de sus grandes logros fue haber alcanzado, el 4 de enero de 1958, el Polo Sur, como miembro de una expedición dirigida por el inglés Vinan Fuchs.
Posteriormente, ambos expedicionarios escribieron el libro La Travesía de la Antártida, en el que reflejaron las vicisitudes vividas, durante su aventura sobre aquel continente helado. Su estilo sobrio, y a menudo humorístico de Ed, hizo que sus libros fueran muy amenos, y en total escribió o coescribió diez, el último su enormemente exitoso View from the Summit, editado en el año 1999.
Posteriormente, Ed Hillary, regresó a la Antártida en el año 1967, liderando un equipo que logró la primera ascensión al Monte Herschel.
En el año 1971, completó una gran travesía del Aoraki/Monte Cook a la edad de 52 años, y tres años más tarde realizó su primera ascensión al Pico Troglodita, de 1.810 metros, en Fiordland, con su hijo, Peter, para poner fin a su carrera de alpinista.

Respecto a la Antártida, y sus antecedentes previos a la travesía podemos decir que, con la conclusión de la llamada Edad Heroica de la Exploración Antártica en la década de 1920, la era mecánica de la exploración antártica empezó a cobrar vida.
Las expediciones anteriores habían intentado conquistar el polo o descubrir y cartografiar los confines del continente helado a pie, en barco o en trineo.
En la década de 1920, los avances de la aviación y la tecnología mecánica habían transformado la forma de conquistar los confines del mundo. Gracias a las hazañas de pioneros como Sir Hubert Wilkins, que fue el primero en realizar un vuelo por tierra a la Antártida en el año 1928, y a las rápidas mejoras en la tecnología de la radio y la comprensión de la mecánica, la forma en que los equipos podían planificar y emprender expediciones científicas a la Antártida había cambiado radicalmente en los años transcurridos desde que Shackleton y sus hombres, quedaron varados en el mar de Weddell, en el año 1915.
El mundo antártico se redujo rápidamente a medida que se hacían posibles cartas de navegación más precisas y se buscaban nuevos logros, convertidos en realidad por el poder de la tecnología.
Tras la llegada al Polo Sur de Roald Amundsen, en el año 1911 y la estoica muerte del grupo de Robert Falcon Scott, ese mismo año, el último gran logro de los exploradores antárticos, fue realizar la primera travesía terrestre del continente antártico.
En palabras de Shackleton, éste era el único gran objetivo principal de los viajes antárticos, un objetivo que permaneció sin reclamar hasta bien entrada la década de 1950.
Con este objetivo en mente, nació la Expedición Transantártica de la Commonwealth. Su objetivo no era sólo convertirse en la primera expedición en alcanzar el Polo Sur desde las de Amundsen y Scott, 46 años más tarde, sino también reclamar uno de los últimos premios que quedaban de la exploración polar clásica.
Su grupo fue el primero en alcanzar el destino desde Roald Amundsen, en el año 1911 y Robert Falcon Scott, y el primero en hacerlo con vehículos a motor.
La expedición Fuchs-Hillary de 1955-58, denominada oficialmente expedición Transantártica de la Commonwealth, es decir, Commonwealth Trans-Antarctic Expedition, CTAE, fue una iniciativa patrocinada por la Mancomunidad de Naciones, que finalizó con éxito la primera travesía de la Antártida a través del polo Sur.
Fue encabezada por el explorador británico Vivian Fuchs (1908-99), con el neozelandés Edmund Hillary (1919-2008), al mando de un equipo de apoyo.
El equipo neozelandés estaba igualmente compuesto por científicos que trabajaban en el marco del Año Geofísico Internacional (AGI), mientras que el equipo de investigación británico del AGI, estaba separado con base en la bahía de Halley.
En el año 1960, Hillary organizó la expedición Silver Hut, con Griffith Pugh, quien demostró que el Everest podía ser escalado sin oxígeno previo período de aclimatación de al menos seis meses a 20.000 pies, es decir, 6.096,0 metros de altura SNM.
Un asalto al Makalu, el quinto pico más alto del mundo, fracasó. Ed Hillary, estuvo dentro de la expedición durante cinco meses, aunque esta duró diez.
La expedición también buscó el místico abominable hombre de las nieves, el Yeti. No se halló ninguna evidencia, y todas las huellas y rastros encontrados demostraron ser por otras causas, llegando a la conclusión que se trataba de una criatura mitológica.
Durante la expedición, Ed Hillary, viajó a templos remotos que contenían supuestos cueros cabelludos del yeti; sin embargo, después de traer tres de las antigüedades, demostraron ser en realidad de osos y una de un caprino grande. Ed Hillary, dijo tras la expedición: El yeti no es una criatura extraña y superhumana como se ha imaginado. Hemos encontrado explicaciones racionales para la mayoría del fenómeno yeti.
Durante esta década, Hillary se asoció con dos empresas estadounidenses: Field Enterprises Educational Corporation (productora de enciclopedias) y Sears Roebuck, una importante empresa estadounidense de equipos para actividades al aire libre. Ambas contribuyeron a la financiación de expediciones.
Diseñó y probó tiendas de campaña, mochilas y otros equipos de Sears Roebuck. Su familia acampó varias veces en Estados Unidos, como lo describió Louise Hillary, su esposa, en su libro Keep calm if you can.
Los logros de Ed Hillary en el Everest y la Antártida fueron muy respetados, pero fue su posterior labor humanitaria la que consolidó su lugar como el hijo más venerado de Nueva Zelanda.
En el año 1960, los sherpas de la región de Khumbu, en Nepal, le expresaron Ed, su gran deseo de tener una escuela. Ed Hillary, deseaba mejorar sus vidas, sobre todo por el gran esfuerzo que habían dedicado a sus expediciones. Solicitó fondos a la Fundación Británica del Monte Everest (que contaba con fondos sustanciales), para construir una escuela, pero fue rechazado.
Expresaba Ed:
Como los sherpas han hecho tanto por las expediciones británicas al Himalaya, consideré esta, una respuesta miserable y aún no los he perdonado.
Ed Hillary, recaudó el dinero, estableciendo lo que se conocería como el Himalayan Trust, y tras la expedición a Silver Hut de 1961, supervisó la construcción de la Escuela Khumjung.
Posteriormente del año 1953, Ed Hillary, se dedicó a salvaguardar las más altas montañas de la tierra y apoyar el crecimiento cultural y educativo de aquel pueblo que lo ayudó a la conquista de Techo del Mundo, los sherpas. Sus esfuerzos se han materializado en veinticinco escuelas, dos hospitales, doce clínicas, numerosas obras para poder dar el elemento tan preciado para los seres humanos, el agua, educación, Salud, construcciones de puentes, aeropuertos de altura y arreglos de caminos.
Ed Hillary, preocupado por la degradación del medio ambiente del Himalaya, convenció al gobierno nepalí para que aprobara leyes que protegieran el bosque y declarara la zona alrededor del Everest, parque nacional.
Los nepaleses no podían financiar este proyecto por sí mismos y carecían de experiencia en la gestión de parques. Ed Hillary, utilizó su gran prestigio para persuadir al gobierno de Nueva Zelanda, para que proporcionara la ayuda necesaria.
Asimismo, trabajó en un programa de repoblamiento forestal del Parque Nacional del Sagarmatha (Everest), y se dedicó de lleno a la reconstrucción del monasterio de Thyangboche, destruido por un incendio, en el mes de enero de 1989.
Su fundación, es decir, esa organización, se centró en la replantación de árboles y en la prestación de servicios educativos y básicos de salud.
Los proyectos solo se llevaron a cabo si los sherpas lo solicitaban específicamente y la comunidad local participaba en las obras. Para minimizar todos los costes innecesarios, la fundación dependía casi exclusivamente de voluntarios, de modo que todo el dinero recaudado podía transferirse directamente a Nepal.
Además, concedió becas a estudiantes, formó a profesores y organizó programas de salud pública para combatir las muertes en general, la muerte fetal y la mortalidad infantil. Esto ha llevado a mejoras en la esperanza de vida de los sherpas. (Algo contradictorio con lo que después hizo, que fue integrar parte de un organismo pro aborto).
Para proteger el medio ambiente, se han plantado un millón de árboles y varios sherpas han obtenido títulos después de recibir capacitación en silvicultura y gestión de parques nacionales en Nueva Zelanda y Canadá.

El desolado Ed Hillary, se sumió en una depresión tal, que se inclinó por la bebida. No fue hasta dos años después de la tragedia que volvió a tener las suficientes energías para realizar otras aventuras y para poder continuar, alejándose de este vicio.
En el año 1989, se casó con June Mulgrew, viuda de su amigo cercano Peter Mulgrew, quien murió en el vuelo 901, de Air New Zealand, en el año 1979, en el monte Erebus, durante un vuelo turístico a la Antártida, en el que murieron las 257 personas a bordo.
Al Himalaya, volvió en numerosas ocasiones para intentar objetivos alpinísticos. Entre otras, realizó la primera del Ama Dablam, de 6.987 metros de altura.
En el año 1961, años después de la conquista del Everest, Ed Hillary coorganizó el ascenso a este cerro y Griffith Pugh, la parte científica de la mayor expedición científica al Himalaya.
Esta invernaría bajo el Ama Dablam utilizó una cabaña prefabricada llamada la cabaña plateada (por su revestimiento de ese color), antes de emprender en primavera la ascensión al Makalu sin oxígeno (donde fracasaron a 100 metros por debajo de la cima). Griffith Pugh, antes, había sido el fisiólogo de la expedición al Everest de 1953.
Su trabajo preliminar sobre el uso adecuado del oxígeno, la lucha contra la deshidratación en altura, las medidas de higiene, el diseño y la fabricación de estufas lo suficientemente potentes como para derretir la nieve a gran altitud, las botas con triple aislamiento, los colchones inflables y mucho más, sentó las bases sobre las que no solo los británicos escalaron con éxito el Everest, sino que, adoptaron en todas las expediciones posteriores, y permitió la conquista de picos de más de 8.000 metros en los diez años siguientes.
Los resultados científicos de esta expedición formaron la base de lo que se convirtió en una nueva especialidad médica, la medicina de altura o de montaña, y cuyo texto fundacional, publicado por Michael Ward, se convirtió en la obra de referencia definitiva, reimpresa seis veces antes de su muerte y posteriormente, retomada por sus colegas estadounidenses.
Ed Hillary, partió de nuevo a principios del invierno, después de una búsqueda e intento de cacería del Yeti, que ayudó a financiar parte de la expedición, y regresó en primavera para el ascenso al Makalu. La cumbre del Ama Dablam, fue alcanzada por primera vez en invierno el 13 de marzo de 1961, por un equipo internacional compuesto por el estadounidense Barry Bishop, el británico Michael Ward (líder y médico de la expedición al Everest de 1953) y dos neozelandeses, Wally Romanes y Mike Gill, a través de su arista Sureste, después de tres semanas dedicadas a instalar unos 500 metros de cuerda fija.

El progreso fue muy lento debido a la roca, la inclinación de la pendiente, el hielo muy empinado y el frío extremo. Fue una escalada muy técnica para la época y una de las primeras escaladas invernales en el Himalaya con dificultades comparables a las que encontraron Walter Bonatti y Carlo Mauri, en el Gasherbrum IV, en el año 1957. Hoy en día, esta ruta se considera casi una clásica en el Himalaya.
Luego, siguió el Thamserku, de 6.367 metros SNM., una montaña en el Himalaya, al Este de Nepal. Está conectada por una cresta que conduce hacia el Este hasta Kangtega. El Thamserku, es una montaña prominente al Este de Namche Bazaar y se encuentra justo al Norte de Kusum Kangguru.
El primer ascenso se realizó en el año 1964, desde el Sur por miembros de la Expedición Escuela de Ed Hillary: cordada integrada por Lynn Crawford, Pete Farrell, John McKinnon y Richard Stewart. Debajo de la cuenca, en la cara Suroeste, alcanzaron la arista Sur tras escalar un corredor difícil. El equipo describió la escalada como difícil y la ruta nunca se ha repetido en su totalidad. En el año 2014, los escaladores rusos Alexander Gukov y Alexey Lonchinskiy realizaron el primer ascenso por la cara Suroeste.
En el año 1962, Ed, participó como invitado en el concurso televisivo: What's My Line? Es decir, ¿Cuál es mi profesión? Era un programa de concursos semanal estadounidense producido por Mark Goodson y Bill Todman para la cadena televisiva CBS.; en ese momento, dejó sin palabras al jurado conformado por Dorothy Kilgallen, Arlene Francis, Bennett Cerf y Merv Griffin.
Ed Hillary, apoyó al Partido Laborista durante las elecciones generales de Nueva Zelanda de 1975, como miembro de la campaña Citizens for Rowling, en castellano, Ciudadanos por Rowling. Su involucramiento en esta campaña fue visto como un primer paso hacia la nominación a gobernador general; la posición fue ofrecida a Keith Holyoake, en el año 1977.
En el año 1975, Ed Hillary sirvió como vicepresidente de la Abortion Law Reform Association of New Zealand, una organización en favor de la despenalización del aborto. También fue patrocinador de REPEAL, una institución que buscaba la derogación de la Ley sobre la Anticoncepción, Esterilización y Aborto de 1977.
En el año 1977, dirigió una expedición en lancha titulada Ocean to Sky; en español: Del océano al cielo, desde la desembocadura del río Ganges hasta su nacimiento.
De 1977 a 1979, trabajó como narrador a bordo de los vuelos a la Antártida operados por Air New Zealand, y fue programado para ser guía para el vuelo 901, que terminó en desastre fatal, pero tuvo que cancelarlo por tener otros compromisos.
Durante la década de 1980, fue el alto comisionado de Nueva Zelanda para la India, equivalente al cargo de embajador.
En el año 1985, acompañó a Neil Armstrong en una avioneta bimotor sobre el océano Ártico y aterrizando en el polo Norte.
Por tanto, Ed Hillary se convirtió en la primera persona en alcanzar ambos polos y la cumbre del Everest. Este logro inspiró a generaciones de exploradores a competir sobre lo que más tarde se llamó el reto de los tres polos.
Escribir acerca de todas las distinciones y honores que se le han otorgado, sería muy largo de detallar. Sólo podemos decir, que esta rica personalidad está llena de humildad y afecto hacia ese pueblo que lo ayudó a la conquista del punto más alto del mundo, el Everest.
En el año 1985, Ed Hillary fue designado como alto comisionado en la India, que también estuvo acreditado ante Bangladés y Nepal, y estuvo cuatro años y medio en Nueva Delhi.
En el año 1997, el empresario chileno-iraní Abdullah Ommidvar F., Gerente general de la empresa Arauco Films, en Santiago de Chile, amigo de Edmund Hillary, le propuso a Ed traerlo al país trasandino, para realizar la apertura del Seminario Desafía Siglo XXI, sobre temas de montaña, y especialmente su logro de la conquista de Everest. En esa ocasión, fui invitado al evento por las autoridades de la Escuela de Montaña de Chile y la Federación de Andinismo Chilena, participando en la misma de todos los actos, con el entonces teniente coronel Ricardo Bustos, actividad esta que se inició en la Escuela de Montaña de Chile, con una exhibición en una palestra de la escuela y luego, el resto de las actividades en el Hotel Portillo, oportunidad en la que pudimos conocer al matrimonio Hillary y compartir varios actos y momentos con este destacado montañista neozelandés y con su esposa June.
En esa oportunidad, también se le preguntó, por “¿quién había sido de los dos el que pisó primero el techo del mundo?” … y como lo había realizado antes, no quiso contestar nada respecto a esto.


En enero de 2007, Hillary regresó con una delegación a la Antártida para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la apertura de la base Scott.

El hogar de Hillary, durante la mayor parte de su vida fue una propiedad en Remuera Road, en la ciudad de Auckland, donde disfrutaba leyendo novelas de aventuras y ciencia ficción durante su jubilación. También construyó un bach (cabaña o casa pequeña en la playa, en Nueva Zelanda), en Whites Beach, una de las playas de la costa Oeste de Auckland, en West Auckland, entre Anawhata y el Norte de Piha.
Un amigo lo llamó como el lugar de consuelo de Ed Hillary, donde podía escapar de la atención mediática.
La familia de Hillary ha tenido conexión con la costa Occidental de Auckland desde 1925, cuando el padre de Louise construyó un Bach, en Anawhata. La familia donó terreno en Whites Beach que ahora es cruzado por caminantes del sendero Hillary, nombrado en su honor.
Hillary, dijo de la zona:
Esta es la cosa que los viajes internacionales me traen a casa; siempre es bueno ir a casa. Este es el único lugar donde quiero vivir; este es el lugar donde quiero despedir mis días.
En los últimos años, Ed Hillary, había sufrido una larga enfermedad. Después de algún ingreso en el hospital, la prensa local habló de neumonía. Hubo cierto hermetismo al respecto. Su salud había empeorado, aunque el último año, ya demostró a todos que lo que cuenta es la aventura cuando, con 87 años, regresó a la Antártida, cincuenta años después, y paseó por el mismo escenario, hermoso y libre.
El 22 de abril de 2007, mientras estaba de viaje en Katmandú, sufrió una caída y tuvo que ser hospitalizado a su regreso en Nueva Zelanda.

La muerte de Hillary el 11 de enero de 2008, a causa de un fallo cardíaco a los 88 años, causó gran pesar en los neozelandeses.
Los periódicos publicaron suplementos de varias páginas sobre Hillary, y su funeral fue televisado. Mientras su féretro era trasladado desde la iglesia de Santa María de Auckland, los miembros del Club Alpino alzaban piolets antiguos con mango de madera. Tras el fallecimiento de Hillary, su labor en Nepal continuó a través del Himalayan Trust.
Las banderas fueron colocadas a media asta en señal de luto en los edificios públicos de Nueva Zelanda y en la base Scott de la Antártida, y la primera ministra Helen Clark, comentó que la muerte de Hillary: era una profunda pérdida para Nueva Zelanda.
El 21 de enero, su ataúd fue transportado a la catedral de la Santísima Trinidad de Auckland, a la capilla ardiente. El 22 de enero de 2008, se celebró un funeral de Estado y después su cuerpo fue incinerado.
El 29 de febrero de 2008, la mayoría de sus cenizas fueron esparcidas en el golfo de Hauraki, como era su deseo. El resto de sus cenizas iban a ir a un monasterio nepalí cercano al Everest, pero el plan para dispersarlas por la cumbre del Everest, fue cancelado en el año 2010.
La muerte de Hillary el 11 de enero de 2008, a causa de un fallo cardíaco a los 88 años, causó gran pesar en los neozelandeses. Los comentaristas no recordaban haber recibido mayor atención mediática desde la muerte del primer ministro Norman Kirk en 1974. Los periódicos publicaron suplementos de varias páginas sobre Hillary, y su funeral fue televisado. Mientras su féretro era trasladado desde la iglesia de Santa María de Auckland, los miembros del Club Alpino alzaban piolets antiguos con mango de madera. Tras el fallecimiento de Hillary, su labor en Nepal continuó a través del Himalayan Trust.
El 11 de enero de 2008, habían pasado 55 años desde aquel hito, y Sir Edmund Hillary, nos dejaba a sus 88 años de edad, la primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, expresó: Sir Ed (como se conocía Hillary popularmente) se describía como un neozelandés cualquiera, con habilidades modestas. Pero era un coloso. Fue una figura heroica que no sólo derrotó el Everest, sino que además vivió con determinación, humildad y generosidad. Se mantuvo en pie durante quince minutos en la cima del Everest, y ha tardado medio siglo en descender, convirtiéndose, por el camino, en una leyenda viva. “Su filosofía de vida era sencilla. La aventura puede ser para las personas comunes, con calidades comunes, que es como me veo”, estas expresiones que las incluyó en su discurso de despedida la primera ministra, las extrajo de una entrevista de 1975, luego de escribir Ed, su autobiografía.
El 11 de enero de 2008, Peter Hillary, su hijo, se encontraba en Lisboa, Portugal, en una cena con algunos clientes cuando le informaron de que su padre había muerto de un infarto repentino en el Hospital de Auckland.
Sir Edmund Hillary, fue reconocido como integrante de la religión anglicana, en la Catedral de la Santísima Trinidad de Auckland y su funeral, el 22 de enero de 2008, fue realizado en la iglesia de St. Mary's de Auckland, retransmitido en directo a toda Nueva Zelanda.
Peter Hillary, pronunció una elogiosa despedida fúnebre por su padre, en el que dijo, recordando su infancia: Crecer en la familia Hillary fue toda una aventura... La aventura era obligatoria.
Su hijo, Peter, también se convirtió en alpinista, e hizo cumbre en el Everest, en el año 1990.
En mayo de 2002, volvió a escalarlo como parte del quincuagésimo aniversario del primer ascenso hecho por su padre y Tensing (quien murió, en el año 1986); Jamling Tenzing Norgay, hijo de Tenzing, también formó parte de la expedición.
A Ed, sus amigos personales lo describían como alguien con un entusiasmo ilimitado por la vida y por la aventura. Todos tenemos sueños, pero los sueños de Ed, él los ha hecho realidad, declaró su amigo Jim Wilson, en el año 1993. Visitó Nepal innumerables veces en los 54 años siguientes a su hazaña.
En el año 2003, con ocasión del 50ta aniversario de la primera ascensión al Everest, el gobierno de Nepal nombró a Ed Hillary, ciudadano de honor y le concedió en una celebración especial que se llevó a cabo en Katmandú. Edmund, fue el primer extranjero que recibió un honor de este pueblo nepalí.
El 29 de febrero de 2008, Peter Hillary, su hermana Sarah y la viuda de Sir Edmund, Lady June Hillary (anteriormente June Anderson Mulgrew), esparcieron la mayor parte de sus cenizas en una ceremonia privada celebrada en el golfo de Hauraki, Auckland, desde el barco escuela juvenil Spirit of New Zealand.
Apa Sherpa, que en ese momento había alcanzado la cima del Everest más que nadie, propuso que una pequeña parte de las cenizas de Sir Edmund Hillary, fuera conservara en reserva para ser esparcida en la cima del Monte Everest; Peter Hillary, las llevó a un monasterio nepalí cercano al Everest. Sin embargo, en el año 2010, un comité de sherpas decidió no permitir hacerlo, preocupados de que pudiera sentar un precedente, para otras destacadas figuras del montañismo mundial.
Ed, fue presidente honorífico de la American Himalayan Foundation, una organización sin fines de lucro que ayudaba a mejorar el medio ambiente y las condiciones de vida en ese mismo lugar. También fue presidente honorífico de Mountain Wilderness, una organización no gubernamental dedicada a la protección mundial de las montañas.

Las condecoraciones y distinciones recibidas por Sir Edmund Hillary, fueron:
la Medalla Conmemorativa de la Coronación de la Reina Isabel II, en el Reino Unido, el 02 de junio de 1953; Caballero comendador de la Orden del Imperio Británico, otorgado, por el Reino Unido, 06 de junio de1953; Miembro de Primera Clase de la Orden de la Mano Derecha de Gorkha, otorgado por Reino de Nepal, en el año 1953; la condecoración Pacific Star, otorgada por el Reino Unido; la Medalla Polar, otorgada por el Reino Unido, en el año 1958; la Medalla Conmemorativa de la Coronación del Rey Birendra, otorgada por el Reino de Nepal, el 24 de febrero de 1975; condecoración Caballero de la Orden de Nueva Zelanda, otorgada por el Reino Unido, el 06 de febrero de 1987; la de Caballero compañero de la Nobilísima Orden de la Jarretera, dada por Reino Unido, el 22 de abril 1995; la Cruz de Comendador de la Orden del Mérito de la República de Polonia, dada por la República de Polonia, el 17 de junio de 2004; el Padma Vibhushan, a título póstumo, otorgado por la República de la India, en el año 2008.
Por el quincuagésimo aniversario después del primer ascenso exitoso al Everest, el Gobierno nepalí confirió la ciudadanía honorífica a Sir Edmund Hillary en una celebración tipo jubileo de oro, en Katmandú. Fue el primer extranjero en recibir ese honor.
Desde 1992, el billete de cinco dólares neozelandeses contiene un retrato de Hillary, lo que le convirtió en la única persona viva, que no sea un jefe de Estado, en aparecer en la moneda del país. Cuando concedió su permiso, Hillary, insistió en que el monte Cook apareciera como telón de fondo en vez del Everest.
Las encuestas anuales del Reader's Digest, entre 2005 y 2007, mostraron a Hillary, como: el individuo de mayor confianza de Nueva Zelanda.
La organización benéfica preferida de Hillary fue, la Sir Edmund Hillary Outdoor Pursuits Centre, de la que fue patrocinador durante treinta y cinco años. Estaba particularmente entusiasta con que, cómo la organización introducía a los jóvenes neozelandeses en las actividades en el exterior, de forma similar a su primera experiencia al monte Ruapehu, en la que una excursión escolar a los dieciséis años, lo había llevado a él, iniciarse en la montaña.
Una estatua de bronce de 2,3 metros, fue erigida en el exterior de The Hermitage Hotel, en Mount Cook Village, siendo inaugurada por el propio Hillary, en el año 2003. Varias calles, instituciones y organizaciones a lo largo de Nueva Zelanda y en otros países llevan su nombre, como, por ejemplo, el Sir Edmund Hillary Collegiate, en Ōtara, que fue inaugurada por el propio Hillary, en el año 2001.
Dos accidentes antárticos también llevan el nombre de Hillary. La costa Hillary es una sección de litoral al Sur de la dependencia Ross y al Norte de la costa Shackleton. El cañón Hillary, ubicado debajo del mar de Ross, aparece en la Carta Batimétrica General de los Océanos, publicada por la Organización Hidrográfica Internacional.
Entre los homenajes póstumos podemos mencionar: En enero de 2008, el aeropuerto de Lukla fue renombrado con el nombre de Tenzing-Hillary, como reconocimiento por su apoyo a la construcción de diversos edificios. El 2 de abril de 2008, un servicio de acción de gracias en honor a Ed Hillary, en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor fue presenciado por la reina Isabel II, dignatarios neozelandeses como la primera ministra Helen Clark, así como las familias de Tenzing y Hillary; y soldados gurkhas de Nepal hicieron guardia durante la ceremonia.
En octubre de 2008, se anunció que los futuros partidos amistosos de rugby entre Inglaterra y Nueva Zelanda, serían jugados con el título Hillary Shield.
El 5 de noviembre de 2008, un juego conmemorativo de cinco sellos fue lanzado por Nueva Zelanda Post.
En el año 2009, el premio Duque de Edimburgo en Nueva Zelanda, que anteriormente era llamado Reto de los jóvenes neozelandeses, fue renombrado al premio Hillary del duque de Edimburgo.
Hubo varios pedidos para rendir tributos a Hillary. El primero a gran escala fue a través del tributo Summits for Ed, en español, Cumbres para Ed, organizado por la Sir Edmund Hillary Foundation. El recorrido fue desde Bluff, abajo de la isla Sur, al cabo Reinga, arriba de la isla Norte, tras visitar treinta y nueve ciudades y pueblos por el camino.
En cada lugar, los niños de los colegios y miembros del público en general fueron invitados a unirse a escalar una colina significante u otro sitio de su área para mostrar sus respetos a Hillary. El público también fue invitado a traer pequeñas rocas o guijarros que tuvieran especial significados para ellos, que serían incluidos en un memorial por Hillary, a los pies del monte Ruapehu, en las propiedades de la Sir Edmund Hillary Outdoor Pursuits Centre.
Los fondos donados durante la gira, fueron usados por la fundación para patrocinar actividades al aire libre de jóvenes neozelandeses. Más de ocho mil personas participaron del evento de ascensión entre marzo y mayo de 2008.
La canción Hillary 88, del dúo neozelandés The Kiwis, es el tema oficial en memoria de Hillary, con el apoyo de Lady Hillary.
Una ruta de cuatro días en las cordilleras Waitakere, junto a la costa Occidental de Auckland, lleva el nombre de sendero de Hillary, en su honor.
El suegro de Hillary, Jim Rose, quien había construido un bach en Anawhata en el año 1925, escribió en su relato de 1982, sobre Anawhata Beach: Mi familia anhela el tiempo cuándo podremos caminar desde Huia a Muriwai en senderos públicos como los maoríes podían hacer antiguamente.
Ed Hillary, amaba la zona y tuvo su propio bach o cabaña cerca de Anawhata. El sendero se abrió el 11 de enero de 2010, en el segundo aniversario de su muerte. El sendero Rose, que desciende desde Anawhata Road hasta Whites Beach está en honor a la familia de Rose.
La cresta Sur del monte Cook, el pico más alto de Nueva Zelanda, fue renombrado en su honor, el 18 de agosto de 2011. Hillary y otros tres escaladores fueron el primer grupo que lo escalaron exitosamente, en el año 1948.
En septiembre de 2013, el Gobierno de Nepal propuso nombrar Edmund Hillary a un pico de 7.681 metros SNM., en su honor.
Después de que la misión New Horizons descubriera una cadena montañosa en Plutón, el 14 de julio de 2015, fue oficialmente renombrada como montes Hillary, por la Unión Astronómica Internacional.
La Sir Edmund Hillary Mountain Legacy Medal, concedida por la organización no gubernamental nepalí Mountain Legacy, entregada por un servicio memorable en la conservación de la cultura y la naturaleza en regiones montañosas, fue inaugurada en 2003, con la aprobación de Hillary.
Un busto de bronce de Ophelia Gordon Bell, se encuentra en el museo Te Papa Tongarewa, en Wellington.
El archivo de Sir Edmund Hillary fue añadido al programa Memoria del Mundo de la UNESCO, en el año 2013, bajo control del museo del Memorial de Guerra de Auckland.
De 2016 a 2020, un programa migratorio piloto a Nueva Zelanda daba como premio la Hermandad Edmund Hillary, entre cuyos beneficios se encontraban una visa de tres años para crear, apoyar, e incubar negocios y modelos empresariales desde Nueva Zelanda. Después de ese período, los inmigrantes podrían optar a la residencia permanente. La Edmund Hillary Foundation, que operaba el programa piloto, afirmó que entre doscientas cincuenta a cuatrocientas visas fueron concedidas antes de que cerrara.
En un número del año 2003, la National Geographic, celebró el 50° aniversario de la conquista del Everest, realizado por Edmund Hillary y Tensing Norgay.
Inmediatamente después de la exitosa expedición al Everest, Hillary y Sir John Hunt, publicaron su relato de la expedición, El ascenso al Everest.
El libro se publicó en Estados Unidos, con el título La conquista del Everest. La autobiografía de Sir Edmund Hillary, Nada se aventura, nada se gana, se publicó en el año 1975.
En 1979, publicó Del océano al cielo, un relato de su expedición de 1977, por el río Ganges, desde su desembocadura hasta su nacimiento en el Himalaya.
Sir Edmund Hillary, fue nombrado por la revista Time, como una de las 100 personas más influyentes del siglo XX.
A pesar de su precaria salud en los últimos años, Hillary, respondió con entusiasmo a las solicitudes de los medios de comunicación para que compartiera su opinión. Comentó desfavorablemente sobre las ascensiones comerciales al Everest, especialmente en relación con la muerte en el año 2006, de un escalador británico que agonizaba cerca de la cima, mientras otros pasaban cerca de él, sin que se les ofreciera ayuda.
Algunos interpretaron los comentarios de Hillary como una reflexión acertada sobre la naturaleza competitiva y comercial de las ascensiones modernas al Everest, pero otros los consideraron las opiniones anticuadas de un hombre que tuvo la suerte de haber vivido la década dorada de la escalada en el Himalaya.
A pesar de estas controversias ocasionales, Ed Hillary, siguió siendo la figura nacional más querida de Nueva Zelanda, aceptó con inquebrantable gracia las responsabilidades que su fama le acarreó, incluyendo innumerables apariciones en medios, firmas de libros y solicitudes para escribir prólogos.
Décadas de veneración heroica lo desconcertaron y el propio Ed, dijo en su oportunidad que:
He tenido mucha buena fortuna, bastante éxito y también una parte de tristeza. Desde que alcancé la cima del Everest… los medios me han catalogado de héroe, pero siempre me he reconocido como una persona de capacidades modestas. Mis logros han sido fruto de una buena dosis de imaginación y mucha energía.
Finalmente, deseo expresar lo que considero los calificativos que encierran o expresan su persona:
Extraordinario, audaz, técnicamente hábil, generoso, profundamente humilde y de un incansable espíritu filantrópico.

Nota de la redacción:
Debido a la enorme cantidad de material existente respecto a la vida y a la obra de Sir Edmund Hillary, queda pendiente aún continuar con datos de su biografía en próximos números de nuestra revista.









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