Historia · Montañismo en Argentina

La controversia de los buriles que colocó Cesare Maestri en el Cerro Torre en 1970

En este articulo se expresa de manera clara y positiva una visión del conflicto de la extracción de los buriles realizado por los norteamericanos Hayden Kennedy y Jason Kruk en el 2012

Eduardo Vivaldi, Montañista



Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez


Fotos: Colección Eduardo Vivaldi

Quisiera compartir una reflexión respecto de la remoción de los buriles que colocó Cesare Maestri en el Cerro Torre, allá por 1970.
 

El cordón del Cerro Torre. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

El cordón del Cerro Torre. Colección de Eduardo Vivaldi, 1967


Cinco años antes, jóvenes entusiastas, deambulábamos por la zona e intentábamos escalar aquellos picos, muchos todavía vírgenes, que rodeaban la zona. Eran las épocas que los gendarmes argentinos y carabineros chilenos pasaban el invierno aislados por la nieve y se peleaban por compartir esos tiempos de soledad con las hijas de Juana Sepúlveda en Laguna del Desierto.

El Chaltén no existía, había solo una pampita con las huellas del inmenso camión de Gendarmería que acercaba víveres a aquellos que pasaban sus días custodiando y haciendo presencia física en la zona de La Florida y el Puesto El Cóndor. Standhardt todavía vivía y nos guiaba a caballo por la zona.

Eduardo Vivaldi en Pategonia en 1967. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi

Eduardo Vivaldi en Patagonia en 1965. Colección de Eduardo Vivaldi

Escalando en Pategonia. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Escalando en Patagonia. Colección de Eduardo Vivaldi, 1967


Los accesos eran difíciles por la falta de infraestructura, el camino desde Punta del Lago al puente colgante era apenas una huella. La estación de servicio de nafta más cercana estaba a unos 200 Km. No había provisiones ni GPS, ni Internet, ni asfalto; todo comenzaba en el puente colgante del Río de las Vueltas.

Maestri se encontró con un panorama similar, muy distinto de las escaladas en otras partes donde los accesos eran más fáciles y directos. Cuando volvió al Torre por para su segundo intento lo hizo con odio hacia la montaña. Lo dice textualmente en su libro dos mil Metros de Nuestra Vida.

Trato de entender su odio por todo lo que representó para él, tanto en esfuerzo físico como en sufrimiento y humillación. Es posible que su ego lo haya gobernado y no le haya permitido discernir entre el deporte, su amor a la montaña y su necesidad de restablecer su orgullo. Su mente, probablemente entregada a la voluntad de ese ego, su fortaleza, su coraje y su técnica quedaron sometidas a encontrar cualquier manera de resolver los problemas técnicos que lo llevaran a la cima de esa montaña. A pesar de algunas de sus decisiones Maestri es un hombre de gran valor que encaró con energía y decisión su tarea. Lamento que haya usado esos buriles y el compresor. En mi opinión nunca debió haber utilizado este recurso, pero el que esté exento de pecado que tire la primera piedra. Tampoco debió traer un helicóptero desde Puerto Deseado y transportar más de dos mil kilos de carga a la base de la pared y una casilla armable de madera para seis personas que hasta luz tenía.

Por medio de un criquet se asciende el compresor con el cual ponemos los anclajes y por los cuales progresamos hacia la cumbre. Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida

Por medio de un criquet se asciende el compresor con el cual ponemos los anclajes y por los cuales
progresamos hacia la cumbre. Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida, Cesare Maestri y Carlo Claus

El Cerro Torre. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

El Cerro Torre. Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Escaladores en el Headwall del Cerro Torre. El círculo de arriba es el compresor de Maestri. Foto: Claudio Suter


Como deportistas, andinistas y amantes de la montaña muchos reconocemos que equipar con mas de trescientos buriles no le hace bien al deporte ni y a la naturaleza. Muchos hubiéramos preferido seguramente que la primera ascensión documentada al Torre hubiera sido de una manera más deportiva.

Cabe preguntarse por que se permitió a Maestri usar esta técnica; puede explicarse a que solo existía una casilla de Guardaparques y que poco o nada entendían de temas técnicos de escalada en roca.

Hoy sería mucho más difícil que se llevara a cabo un procedimiento como el que Maestri utilizó en el Torre. La autoridad de aplicación Argentina de la Ley de Parques Nacionales que establece la intangibilidad del Parque Nacional (hoy reconocida y valorada) seguramente lo hubiera impedido. No solo los buriles de Maestri nos preocupan, el interés económico que esta multiactividad ha producido, escaladores ambassadors (embajadores) de firmas comerciales que indirectamente lucran con su promoción y éxito, poco tienen que ver con el espíritu original.

Jorge de León ascendiendo por el glaciar. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Jorge de León ascendiendo por el glaciar. Colección de Eduardo Vivaldi, 1965


Lamentablemente para muchos andinistas, y me incluyo, equipar la pared terminal del Cerro Torre con esos buriles fue como lastimarla, casi un sacrilegio a la naturaleza. El enojo por el daño a la pared de parte de la comunidad de escaladores a nivel internacional se hizo sentir. El compresor colgando, se convirtió en lo que no debe ni debió ser.

Pasan los años, El Chaltén se funda y se establece una población. La técnica de escalada avanza a pasos agigantados, aparecen todo tipo de elementos de anclaje livianos, recuperables, que ni Gaston Rebufatt ni Lionel Terray imaginaban en su época. Hoy friends, rur, nuts, ropa y otros elementos con alta tecnología mantienen seco al escalador, le dan posibilidades antes inexistentes. Llega el GPS, la Internet, el tiempo se vuelve menos extremo por los cambios climáticos.

Mirando hacia atrás las figuras de Maestri en su primera escalada, así como las de Terray, la de Fonrougue y otros grandes, escalando con los elementos que lo hacían, se agrandan aún más.

Vista del Glaciar del Torre. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Vista del Glaciar del Torre. Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Horacio Vivaldi encordado. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Horacio Vivaldi encordado. Colección de Eduardo Vivaldi, 1965


Creo que el espíritu del montañés está en su amor por la montaña, por su reverencia y asombro, por su amalgamiento espiritual y físico con el ambiente que lo rodea. Por su respeto a la pared, por su agradecimiento infinito de disfrutar cada momento de esa alucinante experiencia. No importa la altura, la dificultad de la pared. Como me decía Fonrouge, “la montaña te deja llegar hasta donde vos podes, no más allá”. Ir a ella con altísima técnica, obsesivo planeamiento y un enorme soporte logístico y tecnológico hace que el querer vencer ese límite del que hablaba Fonrougue, apelando a algo que no nos sea propio, pueda llegar en algunos casos a desvirtuar el deporte.

Uno puede ser un “acróbata de la pared, atleta de la vertical”, parafraseando a Comesaña; pero respetando nuestros límites propios que la misma montaña se encarga de poner en evidencia. No respetar ello es desvirtuar el deporte al no aceptar esos límites. ¿Qué valor, (más allá del turístico) puede tener llegar a la cumbre en helicóptero? El valor está en el camino, eso es en buena medida el espíritu del montañés. ¿Lo habremos perdido?

La cordada escalando en Pategonia. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

La cordada escalando en la Aguja Mermoz, Patagonia. Colección de Eduardo Vivaldi, 1965

Eduardo Vivaldi porteando rumbo al campamento base. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Eduardo Vivaldi porteando rumbo al campamento base.
Colección de Eduardo Vivaldi, 1967


Como montañés, coincido con Comesaña en su crítica a la creciente “multiactividad” que se da en la montaña y coincido con que esos buriles no debían estar en la pared; entiendo el deseo del deportista que los retiró. Dicho esto contemplando puramente el aspecto deportivo desde la perspectiva de un montañés. Sin embargo hay otras perspectivas que deben tenerse en cuenta. Los escaladores que retiraron los buriles tomaron decisiones que no les correspondían y se arrogaron un derecho que, si bien puede generar la simpatía deportiva de muchos, no tenían.

Si bien la colocación por parte de Maestri de los buriles es cuestionable también lo es su extracción en forma inconsulta, más aún por extranjeros. Los buriles, nos gusten o no, forman parte de nuestra historia. Decidir qué hacer con ese material histórico corresponde a un análisis por parte de las autoridades en conjunto con representantes de entidades de montaña. Así como debemos respetar las cosas de la naturaleza también debemos tener en cuenta a la naturaleza de las cosas, y ésta era la existencia de un hecho y un material histórico perteneciente a nuestro país.

Con el vehículo de gendermería, único medio motor para moverse en 1967. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi

Camión de gendarmería en el Río Blanco en 1965. Colección de Eduardo Vivaldi

Lugar donde hoy se alza el pueblo del Chaltén en 1967. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi

Lugar donde hoy se alza el pueblo del Chaltén en 1965. Colección de Eduardo Vivaldi

Zona en la cual esta en este momento construida la ciudad del Chaltén, Santa Cruz. Asi era como se encontraba en 1972. Foto: Colección Eduardo Vivaldi

Lugar donde hoy se alza el pueblo del Chaltén en 1965.
Foto: Colección Eduardo Vivaldi
 


Una vez extraídos, al menos los escaladores deberían haberlos entregados a las autoridades del Parque Nacional y no retirar de él cosas que no le pertenecían. Ello, en mi opinión, es una violación a las normas del Parque; esos buriles no eran de ellos, y si les fueron secuestrados creo que fue lo correcto.

Me pregunto ¿Quién los secuestró, la autoridad de aplicación u otras personas? ¿Por qué interviene la Policía y no la Gendarmería? ¿Qué pasó con los buriles retirados, adonde están hoy?

La patagonia como se veía en aquella época. Foto: Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

La Patagonia como se veía en aquella época, puente colgante del Río Las Vueltas.
Colección de Eduardo Vivaldi, 1967

Después de una larga jornada en la pared, entrar en el campamento 1 es un alivio. Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida

Después de una larga jornada en la pared, entrar en el campamento 1 es un alivio.
Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida, Cesare Maestri y Carlo Claus


Este episodio pone de manifiesto la necesidad que autoridades y andinistas discutamos y se reglamente que es lo que se puede y lo que no se puede hacer en zonas a las cuales la autoridad de aplicación tiene enormes dificultades de acceder.

Entiendo que mi perspectiva pueda no ser compartida por todos.

Pero, no es esto una Torre de Babel, donde todos hablamos idiomas distintos, todos tenemos algo de razón y todos tenemos aéreas donde no la tenemos o autoridad para actuar y/o juzgar.

El valor, imposible de medir, y la belleza del lugar justifican que dejemos nuestros egos de lado y nos pongamos de acuerdo para evitar estos hechos en el futuro. Busquemos coincidencias, busquemos el verdadero respeto y amor a la naturaleza, al final no nos llevamos nada de este mundo más que aquello que hemos sembrado.

Centimetro a centimetro se va progresando por la difícil pared del cerro Torre. Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida

Centimetro a centimetro se va progresando por la difícil pared del cerro Torre.
Foto: Del libro dos mil metros de nuestra vida, Cesare Maestri y Carlo Claus
 

 


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