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El montañista Cristian Mur subió a la cumbre más alta de América, el Aconcagua

Luego de bajar el Aconcagua, 6.962 mts., nos confiesa: “Ahí arriba estás más cerca de vos mismo”

qué?



 

- 26/03/2013 -
- por Félix Justiniano Mothe -

Ahora está más sereno. Tiene la mirada limpia y tranquila.Habla con una tonada mezcla de cordobés con mendocino. Conserva ciertas muletillas, no todas reproducibles. Acaba de bajar del Aconcagua,6.962 metros sobre el nivel del mar.

Crisitan Mur en la expedición al Aconcagua. Foto: Facebook de Cristian Mur

Cristian Mur vive en Tucumán (por ahora), es un montañista que ha llegado a la cumbre más alta de América. Iba como segundo guía llevando un grupo de 12 personas de distintas nacionalidades que querían hacer el itinerario. Su experiencia ha sido ha sido muy fuerte.

Subir por arriba de las nubes y mirar hacia todos lados sin que nada interrumpa el vínculo de los ojos con la cordillera, con el cielo, ha sido para él, un hecho inefable. Todo blanco, piedra y frío. La magnitud del silencio, ese ruidoso silencio, que el viento con su inclemente ternura: fascina.

Le pregunto si ha visto a Dios y le advierto: no acepto respuestas pavas.

Me dice que no, “la verdad es que no lo vi”. Lo dice con una sonrisa vergonzosa pero inmediatamente habla de ese mundo encantador de la soledad que no es tal. Ahí se encontró con él, con ese Cristian Mur nacido en la República de San Vicente de la provincia de Córdoba un 31 de enero de 1981,habla del cielo azul, de las noches claras, de las estrellas que ahí parece que son más, de los astros que surcan el cielo como estrellas fugaces. De las noches de luna llena que parece que fuera de día, que se puede caminar tranquilo con esa luz que sobre el nivel del mar no es tan perfecta.

Hubo un intento fallido. Estaban en Cólera y una tormenta fuerte les rompió 3 o 4 carpas y tuvieron que evacuar todo el campamento.

Un hecho fortuito, reemplazar un guía que se había lastimado una rodilla y esa suplencia lo llevó allá arriba.

Nombres, nombres lindos: Travesía 360, Plaza Argentina, Quebrada de la Vaca, Pampa de Leña, Casa de Piedra, Plaza de Mulas, Portezuelo del Viento, La Travesía, La Cueva, el Gran Acarreo, El Filo del Guanaco, recorrerlos tiene cada lugar su encanto.

-Pudimos hacer cumbre con cinco clientes. A mí me tocó ese día ser el primero en llegar abriendo huellas. Me tocó estar un ratito sólo en la cumbre, hasta que llegaron sus compañeros. Cólera que es el último campamento que está a 5.986 metros hasta la cumbre en línea recta tendrá 3 kilómetros, no es mucho, pero no se camina en línea recta, como me tocó hacerlo siempre con clientes.Hay un promedio de entre 8 y 12 horas. Empezamos a caminar a las 3,30 de la mañana y yo hice cumbre a las 12,30 y la otra gente llegó a la una, una y cuarto después.

Los días anteriores había nevado mucho. Así que tuvimos que abrir huella desde Cólera hasta la cumbre.

-¿Cómo te orientas?

-En cierta manera está marcada la huella, después yo ya tuve 6 expediciones este año como guía asistente o segundo guía y con el constante aprendizaje que tenemos. Uno ya se va orientando por las diferentes particularidades que tiene el relieve, las piedras, los lugares, los pasos, aparte las huellas, porque hay muchas y uno siempre tiene que ir buscando la mejor, la más corta la más fácil para el cliente hay diferentes caminos que uno va conociendo, va transitando.

Cristian Mur en la cumbre del Aconcagua. Foto: www.primerafuente.com.ar

-¿Hay una parte especialmente fea?

-Ese camino tiene dos factores críticos, uno cuando llegamos a un lugar que se llama Piedra Blanca que está ahí a una horita de Cólera. Ahí es un punto que si vos no saliste bien del campamento te tenés que volver. Si te pegó mucho el frío, si te pegó mucho la altura ahí te bajamos y bajamos a mucha gente, hasta uno de los campamentos viejos que se usaban antes -que ya no se usan más- está muy alto, Independencia, a 6.400 metros donde hay un refugio de maderitas, una cabañita chiquitita donde las patrullas de rescate guardan las camillas, un equipo de oxígeno y de ahí se vuelve mucha gente por el cansancio.

-¿Por qué?

-Es por una cuestión de no aclimatación rápida, y el shock. Es que la gente siente cierto pánico, si vos no sos montañista y sos turista y hacés tus primeras experiencias en montañas te vas a encontrar de que te falta el aire o te sentís mareado, estás mal, con un Mal Agudo de Montaña que tiene diferentes factores por ahí, tenés frío te duelen los pies, te duelen las manos, ¡te duelen del frío! ese conjunto de cosas. Vos llegás a un cierto estado de temor de lo que te pueda ocurrir y mucha gente baja por temor a perder la vida, que en realidad, eso te puede pasar. Después la gente está cansada, es la mitad del camino.

-¿Hubo algo grave en esa travesía?

-El día ese que pude hacer cumbre me acuerdo trabajamos muchísimo.Bajamos a un cliente con principio de edema cerebral, lo bajamos con cuerda corta, caminaba 10 pasos y se nos caía.

-Veo que hay muchas responsabilidades de un guía

-Mirá tenemos que ser psicólogo, tenemos que tener conocimientos avanzados de medicina de montaña.Tenemos el rol de detectar y medir -con diferentes herramientas- altímetros, tensiómetros y con los test que hay para medir el grado de idoneidad que puede llegar a tener la persona o no. Aparte somos guías. Hacemos de todo, tenemos que contener a la persona. Imaginate, hay personas que vienen del otro lado del mundo y que vos le digas: no estás en condiciones de seguir y el tipo te dice no, yo sí estoy en condiciones de seguir y vos estás viendo que no, ¡Flaco vos caminás 10 pasos y te caes! No podes tocarte la nariz porque estás descordinando afectado por la altura o por un principio de edema cerebral. Tenés que bajar, y no, no voy a bajar y tenés que convencerlo que baje y lo terminas bajando de la peor manera después. ¡Es complicado! no es tan fácil, es una actividad que trabajamos muchísimo.Los guías de mucha experiencia son guías de 20 o 30 años de experiencia en las cumbres de la Aconcagua. Un error nuestro ahí significaría la posibilidad de que alguien pierda la vida sino pierde un dedo o pasas una muy mala experiencia. No es joda el Aconcagua.Ya viste este año seis muertos en esta temporada no ayudó para nada el clima. Disfrutas de las dos maneras. Porque los guías también somos montañistas. Montañistas antes que guías en realidad. Qué sería de la vida nuestra sin la adrenalina que tenemos ahí.Estar constantemente en el límite en lo extremo superando la barrera nuestra y colaborando para que otros superen. Esa sensación es incomparable y siempre buscar hacer algo más difícil. Aparte de mi trabajo de guía siempre buscas aparte de eso hacer algo más difícil.

-¿Cuáles son tus honorarios por hacer este trabajo?

-Un guía que está arrancando está establecida la tarifa por la asociación nuestra. Pertenezco a la Asociación Argentina de Guía de Montañas, estandarizó un precio de 150 dólares por día y 300 dólares el día de cumbre. Ese día se trabaja más, subís, bajas, subís, bajas. Lo que hace unos 2.500 dólares por expedición para un guía que recién arranca. Un guía líder está a 3.500 dólares más o menos.

Entrada al Parque Provincial Aconcagua. Foto: www.sanjuan8.com.ar

-¿Qué sentís el día que haces cumbre?

-En el momento que llegás sentís una alegría tan grande por haber cumplido el objetivo. Llegamos acá arriba y el objetivo central de la misión es que vuelvan todos en las condiciones en que salieron. La cumbre es lo que hace: la frutilla del postre es:¡llegamos! en ese momento sentís un gran contenido de adrenalina,superación. Vos venías medio cansado así y es como una inyección de decir ¡¡¡vamos todavía!!!Te pasan por la cabeza un montón de cosas. Reafirmás lo que hacés.

-¿Importa con quién vas?

-Sí, si es muy importante con quién vas:si vas con personas con las que interactuaste y confraternizaste sentís mucha alegría por esas personas que llegaron. El haber colaborado que diferentes tipos de personas puedan haber superado su límite y haber alcanzado esa meta sentía una gran realización, haber alcanzado una meta. Pero es muy difícil explicarlo, decir qué sentís. Los que sentís es emoción, pasión por lo que vos haces.

-¿Sabés que cada vez que emprendés esto ponés tu vida en juego?

-Sí, si consciente y constantemente. Nuestra vida es vivir al límite. No es vivir al límite y manejar rápido, es vivir al límite de verdad. O vivir al límite y estar de joda. Vivir al límite real, allá en la montaña. Un error tuyo te costó la vida o la vida de alguien. Sos consciente de eso. Es una sensación de poder llegar a tu meta. No se puede definir así con palabras. Vivir así en un ambiente tan agreste que te exige, que te pide que des más, que des un 200 % de lo que tu cuerpo puede dar. Encima que tenés que tener una cabeza de fierro que te temple.En mi caso particular yo el anteaño pasado me congelé cinco dedos del pie en una montaña allá en Catamarca. Todavía lo sufro, me duelen los dedos gordos de los pies, lo sufro a pesar de que tengo una botas dobles, hasta las 10 de la mañana que todavía está el sol alto me duelen los dedos y sigo caminando, sigo laburando, sigo disfrutando. Son diferentes heriditas que uno tiene. Ahora podes venir contarlo y te reís. Vivir eso al límite me podrían haber cortado los dedos en esa vuelta pero tuve suerte. La gran circulación de adrenalina es tan grande que está muy bueno.

-¿Qué ha cambiado en tu vida cuando estás de vuelta?

-Creo que te haces más fuerte y fortalecés tu cabeza sobre todas las cosas. Ya pudiste llegar hasta ahí el punto más alto, el techo de América. Tiene una vista tan bonita esta montaña vos te sentís tan chiquitito en el mundo. Y ahí reafirmás tu respeto a la montaña. Verdaderamente ahí arriba estás más cerca de vos mismo, de tus límites, de tus miedos, de tu cuerpo.

-¿Cómo empieza tu historia con la montaña?

-Arranca haciendo traiking corto en algunos cerritos después cuando me vine para acá a vivir a Tucumán empecé a salir un poco más, empecé a tomar ahí en Catamarca, en San Francisco. Me iba varios meses a la montaña una temporada en Catamarca después surgió la posibilidad de hacer el curso para guías: lo hice. Y ahí empecé a trabajar pero seguí haciendo montaña. Este año empecé a hacer Aconcagua y me tocó una buena temporada y parece que el año que viene también.

Nido de Cóndores, Aconcagua. Foto: www.diariouno.com.ar

-¿Cuándo estás en la montaña, qué pensás de Camilo?

-¿Qué pienso de mi hijo? Cómo estará, pensar que algún día me acompañará a la montaña, en cuándo lo vas a ver. Hay un montón de cosas que uno piensa ahí arriba. Cuando vas a bajar para verlo. Después pensás en cómo podrías hacer para que después él en algún momento me acompañe y llevarlo ahí para poder compartir con él.

-¿Por qué querés compartir con él?

-Porque como te dije depende con quien vos vayas a la montaña la manera de que vos podés disfrutarlo o no. Si vos vas con un chabón que te llevabas mal, que te peleas, que te llevas mal llegás a la cumbre medio que llegas medio amargado. Compartir con alguien con el que te llevas muy bien es compartir la cumbre no tiene comparación. Imaginate compartir con tu hijo debe ser algo muy hermoso.

-¿Cuál es la diferencia antes y después de subir?

-Volvés un poquitín más seguro, un poquitín más maduro porque volvés más curtido por la montaña. Volvés con más experiencia. Subiste más alto y acumulaste más experiencia, te da más seguridad que se te puede volver algo más peligroso pensando cómo va a hacer en la próxima, algo más difícil, se está buscando algo cada vez más difícil. Buscando un riesgo más.

-¿Qué dice tu mamá?

-Que estoy loco.


Fuente: www.primerafuente.com.ar

 

 


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