Historia · Personajes

Sir Ernest Shackleton y la increíble historia de supervivencia en la Antártida

Esta es una inspiradora historia de supervivencia protagonizada por un grupo de hombres quienes varados en la Antártida durante dos años ,en las peores condiciones posibles, lograron salir adelante gracias a la habilidad de su excelente líder, demostrando así el valor del trabajo en equipo

Mauricio Bernardo Bianchi

Edición: CCAM



“Se buscan hombres. Viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. Regreso con vida dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”

Cuenta la historia que este es el texto del aviso con el cual se convocó a la última gran aventura antártica. Fuera como fuera el anuncio, lo que sí es cierto es que recibió nada menos que alrededor de 5000 solicitudes, pero tan solo 56 formarían parte de las dos tripulaciones que iban a llevar a cabo la misión: la mitad a bordo del Endurance, que llegaría a la Antártida por el mar de Wedell, y la otra mitad a bordo del Aurora, que entraría por el mar de Ross.

Fotografía de estudio de Shacketlon

"Se buscan hombres para un viaje arriesgado. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de oscuridad total.
Peligro constante. Sin garantía de regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito."


¿Quién era Shackleton? Su pasión por la Antártida
 

Ernest Shackleton nació en Kilkee, Irlanda, el 15 de Febrero de 1874 y apenas con 16 años de edad ingresó a la Marina Británica. Siendo aún muy joven en 1901 participó de la expedición “Discovery” a la Antártida comandada por el Capitán Robert Falcon Scott, que perseguía por objetivo alcanzar el Polo Sur. En esa ocasión llegaron hasta los 82° 17´ de latitud sur.
 

De regreso a Gran Bretaña se casó con Emily Mary Dorman, en 1904. Con su esposa tuvo tres hijos. No obstante su nueva situación personal no lo hizo abandonar sus aspiraciones de exploración y fue así que en el mes de agosto de 1907 partió nuevamente hacia la Antártida esta vez en una expedición propia comandando el pequeño buque ballenero “Nimrod”.
 

La importancia científica de esta expedición fue que logró descubrir (el 16 de enero de 1909) el Polo Magnético Austral pero su intento de alcanzar el Polo Sur se vió nuevamente frustrada alcanzando los 88° 23´ de latitud sur, a tan sólo unos 170 kilómetros del objetivo. En ese momento era el punto más austral alcanzado por el hombre y le valió el reconocimiento público y ser nombrado caballero del reino.
 

A este momento de la historia Sir Ernest Shackleton ya era sin dudas uno de los anotados en “la carrera por el descubrimiento del Polo Sur” y reconocido por ello.
 

Sin embargo sus esperanzas de ser el primero en lograr ese objetivo se vieron truncas cuando finalmente el 14 de Diciembre de 1911 el noruego Roald Amundsen llegara al Polo Sur e incluso, unas semanas después, también lo lograra el Capitan Robert Falcon Scott, cuya expedición pasó a la historia no tanto por su logro (finalmente fue el 2do. el conseguirlo) sino más bien por su penoso desenlace con el fallecimiento de los expedicionarios de congelamiento e inanición a pocos kilómetros de una base con provisiones.
 

Logrado el objetivo ansiado, conquistado el Polo Sur, Ernest Shackleton lejos de desanimarse enseguida se trazó un nuevo y más ambicioso objetivo: “...el cruce del continente del polo sur de mar a mar...”. A esa aventura la denominó él mismo como que “…restaba sólo un gran objetivo principal de los viajes a la Antártida…”.

Shacketlon en las oficinas del Trans Antartic Expedition

Oficinas del Trans Antartic Expedition en la localidad de Burlington Street, Londres,

donde se recibieron mas de 5000 aspirantes


La Expedición Imperial Transantártica
 

Esta expedición, por sus características de organización, por el objetivo trazado, por el contexto en el cual se inició y hasta por como era el mundo entonces -lo que se vería transformado justamente por un suceso que se inició al mismo tiempo que la expedición: la Primera Guerra Mundial- podría considerarse la última gran expedición de la “era de la conquista polar”. Incluso hasta su denominación indicaría una época que se desvanecía. Inmediatamente luego de la gran guerra los objetivos expedicionarios ya se centrarían más en las grandes montañas del Himalaya que en los propios polos, los cuales ya habían sido conquistados. Tal es así que se comenzó a hablar del Everest (mayor altura del mundo) como “el tercer Polo” asimilando el objetivo de su conquista justamente con ese término bélico: conquistarlo.
 

La expedición organizada por Ernest Shackleton tenía en su denominación no sólo el descriptivo de Expedición y de Transantártica (indicando su objetivo) sino también otro término propio de la nación de la cual provenía: Imperial. No debe olvidarse que el objetivo británico al alentar estas expediciones no era meramente científico sino estratégicamente de conquista, de expansión de un imperio que, claramente, comenzaba a perder el esplendor que ostentara en los siglos anteriores.
 

La Expedición Imperial Transantártica pretendía ser la primera en atravesar por tierra el continente antártico y para ello estaba proyectado que recorriera alrededor de 2.900 kilómetros de distancia iniciando el periplo desde el Mar de Weddell hasta el Polo Sur para luego de allí dirigirse al Mar de Ross. Uno de los datos importantes de esta expedición era que, además, todo el trayecto desde el Mar de Weddell hasta el Polo Sur nunca había sido realizado, era tierra inexplorada.
 

Ernest Shackleton con su uniforme de la marina mercantil

Shackleton le presenta su esposa a la tripulación antes de que zarpe el Endurance


Esta expedición se componía con dos tripulaciones, una que navegaría por el Mar de Weddell para desembarcar algunos hombres en la costa antártica y desde allí iniciar la travesía y otra que navegaría por el Mar de Ross para desembarcar hombre que haría el aprovisionamiento de depósitos de suministros a lo largo de la barrera de hielo de Ross, al pie del glaciar Beardmore. Este grupo establecería un campamento en el estrecho de McMurdo. Estos depósitos serían fundamentales para permitir la travesía completa ya que el grupo que cruzaría el continente no tendría suficientes provisiones para realizarlo completo sin ellos.
 

Ernest Shackleton organizó la expedición con dos barcos: el Endurance que llevaría al grupo del Mar de Weddell bajo sus propias órdenes y el Aurora que llevaría al grupo del Mar de Ross bajo las órdenes del Capitán Aeneas Mackintosh.
 

El equipo que cruzaría la Antártida constaría de seis hombres y debería recorrer 2900 kilómetros a pie, apoyados por perros y dos trineos con motor. De esa distancia 1300 kilómetros se harían por territorio desconocido.


Organización y partida
 

Más allá de la fama alcanzada unos años antes el hecho de ya haberse conquistado el Polo Sur hizo perder el interés por la Antártida y no le resultó fácil a Ernest Shackleton conseguir el financiamiento para su expedición. Solicitó apoyo financiero a quienes lo habían avalado antes y quienes habían financiado a Robert Scott pero sin resultados positivos pero logró apoyo de William Speirs Bruce, quien había liderado una expedición escocesa en 1902/4 y ya había tenido proyectos del cruce la Antártida en 1908 sin poder intentarlo justamente por falta de fondos.
 

Inició a mediados de 1913 la tarea de preparación de la expedición pero no la hizo pública hasta garantizarse el financiamiento de la misma, lo que ocurrió en enero de 1914. Fue en el diario The Times que se publicó su célebre aviso de convocatoria de aventureros que tanto resultado le dio y que ha trascendido a través del tiempo.
 

La tripulación del Endurance la foto fue sacada cuando estaban en Buenos Aires, Argentina


Su desilusión fue que para marzo de 1914 alguna de la ayuda financiera prometida no se concretó y debió salir desesperadamente a una nueva búsqueda. Sin embargo sus esfuerzos dieron frutos y recibió aportes del gobierno, de la Royal Geographical Society y de lugares tan distantes como el interior de China, Japón, Nueva Zelanda y Australia además de aportantes ricos siendo muy importante el del escocés James Caird, quien vería inmortalizado finalmente su nombre en la embarcación que permitiría salvar a los miembros de la expedición.
 

Con fines publicitarios Ernest Schackleton difundió su plan de expedición y en el mismo relataba que el grupo que navegaría el Mar de Weddell a bordo del Endurance desembarcaría 14 hombres en la Bahía Vahsel y que serían 6 de ellos los que atravesarían la Antártida bajo su conducción. Detalló que llevarían perros y dos trineos motorizados. Los otros 8 hombres de ese grupo se quedarían haciendo trabajos científicos en las regiones de la tierra de Graham y en la tierra de Enderby.
 

Respecto del equipo que navegaría el Mar de Ross a bordo del Aurora explicaba que luego de desembarcar en el estrecho de McMurdo para aprovisionar los últimos 640 kilómetros que debía recorrer el grupo que cruzaría el continente blanco. Se había determinado las coordenadas en las cuales quedarían las provisiones, a partir del pie del glaciar Beardmore.
 

Como ha ocurrido muchas veces en la vida de los expedicionarios, Shackleton tuvo que trabajar arduamente a su regreso para compensar fondos y para ello utilizó la venta de derechos de la historia de su expedición. El problema financiero fue el primero que afrontó el aventurero.
El Endurance zarpó el viernes 1 de Agosto de 1914 desde Londres pero el inminente inicio de la Primera Guerra Mundial hizo que el propio Ernest Shackleton pusiera su barco y tripulación a órdenes del Almirantazgo inglés para la contienda, sin embargo las autoridades le ordenaron que prosiguiera con su planificada expedición. Este hecho demoró la partida que finalmente se produjo el viernes 8 de Agosto de 1914 desde el puerto de Plymouth.
 

Mapa de la trayectoria que siguió la expedición Endurance

Cruce de Shackleton a través de Georgias del Sur


En en su periplo hacia al sur el Endurance atracó en Buenos Aires el 9 de Octubre de 1914 y allí se produjo la particularidad de que no sólo se subió a bordo a los 69 perros de trineo adquiridos para la travesía -actividad de la cual se ocupó Hurley William Bakewell- sino que también lo hizo un polizón, Perce Blackborow quien nunca imaginaría el destino que le depararía su osada decisión.
 

Desde allí partieron el 26 de Octubre de 1914 hacia las Islas Georgias del Sur donde llegaron el 5 de Noviembre.
 

Allí demoraron entre preparativos y aguardando la llegada de más provisiones desde Gran Bretaña. En ese tiempo aprovecharon para intercambiar información y experiencia con los balleneros y el propio Ernest Shackleton se trasladó hasta el puerto de Stromness en la misma isla, distante a 22 kilómetros de Grytviken, el puerto principal de las Georgias del Sur. El conocer Stromness tendría una importancia impensada en el destino final de Shackleton y sus hombres.
 

Finalmente, desde Grytviken, el Endurance partió rumbo a la Antártida el 5 de Diciembre de 1914.

El jefe, asi lo llamaban a Sharcketlon, trabajando con los perros en el barco


Atrapados por el hielo
 

A poco de iniciado el viaje y sin dudas mucho antes de lo esperado -a pesar de que los balleneros se lo habían advertido en las Georgias- la expedición se vio sorprendida al encontrar muy al norte la banquisa de hielo en la latitud sur 57° 26´ y allí debieron comenzar las maniobras del Endurance para ir esquivando los helados obstáculos. Era apenas el 7 de diciembre y el hielo ya les impedía avanzar con libertad.
 

Durante los días siguientes tuvieron más topetazos con bloques de hielo, hasta que el 14 de diciembre el hielo fue bastante grueso y detuvo el barco durante 24 horas. Tres días más tarde el barco se detenía otra vez. Shackleton escribió: "...me había preparado para condiciones difíciles en el mar de Weddell, pero contaba con que los bloques estarían más libres. Lo que nos estábamos encontrando era hielo bastante denso y de un carácter muy obstinado...".
 

La descripción del propio Ernest Shackleton en su libro sobre el viaje (“Sur”) es una sucesión de relatos de los inconvenientes que les provocó el hielo día a día, obligándolos a constantes modificaciones del rumbos, esquives y cuidados especiales tanto para poder avanzar como para evitar daños ya que el barco entraba en contacto con el hielo ocasionalmente y recibía algunos golpes fuertes. La principal preocupación era proteger la hélice y el timón.
 

Respecto de como se produce el movimiento del hielo el mismo Shackleton lo explica de la siguiente forma: “...el pack de hielo puede describirse como un gigantesco e interminable rompecabezas diseñado por la naturaleza. Las partes... han flotado y se han separado y desordenado; en numerosos sitios se han vuelto a juntar; a medida que el pack se acerca, las áreas congestionadas se vuelven más grandes y las partes se juntan con fuerza hasta que finalmente se vuelve un pack compacto, momento en que el rompecabezas está tan trabado que con cuidado y esfuerzo puede atravesarse en todas direcciones a pie...”. Por supuesto que esas grandes extensiones “transitables a pie” son las que impiden el avance de las embarcaciones.
 

Habiendo ya atravesado los 62° de latitud sur paradójicamente la llegada del verano, el 21 de diciembre de 1914, les trajo temperaturas bajo cero que agravaron a situación del hielo. Sin embargo y gracias al gran esfuerzo y avezado trabajo, para el último día de ese año el barco había avanzado unas 480 millas (aprox. 770 kms.) en un recorrido estimado de 700 millas (aprox. 1125 kms.) a través del pack de hielo desde que habían ingresado al mismo el 11 de diciembre.
 

Of Worsley, excelente navegante. Aqui haciendo mediciones con el sextante. Foto: Frank Hurley

El contramaestre John Vincent remendando una red, 1915. Foto: Frank Hurley


El 10 de Enero de 1915 a las cinco de la tarde avistaron tierra y Shackleton la nombró como “tierra de Caird” en memoria y honor al escocés principal benefactor de su expedición. Siguieron entonces avanzando hacia el oeste a unos cientos de metros de grandes acantilados de hielo que denominaron “la barrera”.
 

Hacia el 15 de Enero de 1915 habían alcanzado la latitud sur 76° 27´ y longitud oeste 28° 51´ y estaban rodeados de témpanos muy grandes, algunos de más de 200 pies de altura (aprox. 60 mts.) y los días siguientes el avance es muy complicado y lento hasta que el 19 de Enero, habiendo alcanzado la latitud sur 76° 34´ y longitud oeste 31° 30´ el Endurance queda encerrado por el hielo durante la noche y desde cubierta no podía verse agua en ninguna dirección. Allí hacen una medición de profundidad y les da que el fondo marino está a 312 brazas (aprox. 570 mts.).
 

La tempesad del noreste que tuvieron desde el día 16 de Enero había comprimido y sobrecargado toda la banquisa del Mar de Weddell contra la superficie de la tierra y, excepto que hubiera otra tormenta en sentido contrario, no había forma ni fuerza en el mundo que pudiera liberar el barco.
 

A partir de ese día nunca más el Endurance podrá ser liberado de su “prisión blanca” y los miembros de la expedición quedarán así “atrapados por el hielo”.
 

La deriva de la propia capa de hielo llevó al barco aún más hacia el sur y el 22 de Febrero de 1915 alcanzó el Endurance su punto más meridional al llegar al paralelo 77° de latitud sur con 35° de longitud oeste y toda esperanza de liberar el barco estaba agotada pues no sólo llevaban más de un mes de esa situación de “presos del hielo” sino que el termómetro ese día “de verano” marcó “23,3° bajo cero”. El verano austral prácticamente no había existido para la expedición.
 

Así fue que el 24 de Febrero Ernest Shackleton ordenó dejar de cumplir la rutina diaria del barco Endurance y pasó el mismo a ser una “estación de invierno” lo que cambiaba los hábitos de ocupaciones y objetivos cotidianos.

Témpanos flotando en el mar antártico, como los que debió encontrarse el Endurance. Foto: Mauricio Bernardo Bianchi


Los miembros de la expedición
 

Tal como ya explicamos sobraron candidatos para participar de la Expedición Imperial Transantártica pero fueron solamente 56 los seleccionados, 28 para cada una de las dos embarcaciones.
 

El criterio para la elección que utilizó Shackleton tuvo que ver con las necesidades de los trabajos que se realizarían en la misma, para ello debía convocar tanto a marineros como a científicos, tanto a exploradores con experiencia polar como a carpinteros y fotógrafos, con este objetivo se realizó la selección final. No obstante, e incluso más allá de sus especialidades, la mayoría de los elegidos lo fueron por la mera intuición de Ernest Shackleton cuyas entrevistas duraban apenas más de cinco minutos, si es que llegaban a ese tiempo.
 

A los seleccionados se les ofrecía una paga de unos doscientos cuarenta dólares anuales para los marineros hasta unos setecientos cincuenta dólares anuales para los científicos.
 

Fue así que Ernest Shackleton eligió a Frank Wild como segundo comandante. Era un viejo conocido suyo pues ya habían sido compañeros en la Expedición Discovery de Scott y también en la Nimrod que él mismo comandó. Además había participado en la marcha al Polo Sur cuando alcanzaron el punto austral más extremo en 1909. Sin dudas era su gran hombre de confianza.
 

Cheques del Lloys Bank Limited de Sharcketlon, donde en uno de ellos se ve el pago a Frank Wild. Documentos pertenecientes a la colección de Shackleton


El Capitán del Endurance designado por Shackleton fue Frank Worsley. Su elección fue realmente peculiar. Ha relatado él mismo que una noche, estando en un hotel de Londres, soñó que la calle Burlington estaba llena de bloques de hielo a través de los cuales él tenía que navegar un barco. Según su relato a la mañana siguiente se dirigió a esa calle y al recorrerla vió una placa en una puerta en la que se anunciaba la Expedición Imperial Transantártica y allí ingresó. Una vez en la oficina conoció a Shackleton quien casi inmediatamente lo contrató, y nada menos que como Capitán del Endurance.
 

En tanto la conducción del barco estaría a cargo también de Tom Crean que sería el Segundo Oficial y el Tercer Oficial sería Alfred Cheetham. El navegador del barco sería Huberht Hudson.
 

Había en el equipo de expedicionarios científicos que fueron el meteorólogo Leonard Hussey, el geólogo James Wordie, el biólogo Robert Clark, el físico Reginald James y los cirujanos James Mcllroy y Alexander Macklin.
 

A los fines de documentar la expedición contaba con el trabajo del artista George Marston y el fotógrafo y camarógrafo Frank Hurley.
 

Además de todos los mencionados otros 13 hombres integraban la tripulación propiamente dedicada al funcionamiento del barco y la solución de todos los inconvenientes que se generaran en el mismo, ellos eran el carpintero Henry McNish, el ingeniero jefe Lewis Rickinson, el segundo ingeniero Alexander Kerr, el experto en motores Thomas Ordee-Lees, el cocinero Charles Green, los bomberos William Stevenson y Albert Holness y los marineros John Vincent, Timothy McCarthy, Walter How, William Bakewell y Thomas McLeod.
 

El Endurance atascado en el hielo. Era abril de 1915. Foto: Frank Hurley

El Endurance queda cercado por el hielo. Foto: Frank Hurley


Un párrafo aparte merece el caso del galés Perce Blackborow quien se unió a la tripulación como “polizón”. Durante la estadía del Endurance en Argentina, y debido a que el cocinero que había partido de Gran Bretaña trabajó a desgano y subió borracho al barco, fue despedido y en su lugar se contrató a Charles Green quien llevó “momentáneamente” como asistente al joven de 18 años Perce Blackborow. Pero cuando el barco iba a partir de Buenos Aires con la ayuda de Bakewell, How y McCarthy se subió al mismo y permaneció escondido en un armario hasta que fue descubierto y dado lo lejos que ya estaba la navegación Ernest Shackleton decidió que permaneciera en la misma. Este personaje había intentado sumarse ante la convocatoria realizada pero se lo había rechazado por su juventud, inexperiencia y porque ya había tripulación suficiente.
 

Cuenta la historia que en medio de la furia de Shackleton al ver ante sí al polizón le dijo “...si nos quedamos sin alimentos y tenemos que comernos a alguien tú serás el primero. ¿Has comprendido?...”. El joven aceptó esta “condición” y a partir de ese momento se convirtió en el mayordomo y ayudante del cocinero. Sin dudas no sabía que se había incorporado a una expedición que estaba destinada a “hacer historia” pero no justamente por el cumplimiento del objetivo que se había trazado.
 

Los seres vivos que iban en el barco no eran solamente los hombres pues a los ya mencionados perros se sumaba otra particularidad “Mrs. Chippy” que era nada menos que un gato, que era la mascota del cocinero. Tuvieron que pasar muchos meses hasta que se dieran cuenta que “Mrs. Chippy” finalmente no era gata sino gato.
 

Los perros, que fueron 69 embarcados en Buenos Aires, no eran los conocidos Huskies de pura raza sino más bien eran cruzas de animales con pelos cortos y largos, hocicos afilados y cortos, o sea una variedad inclasificable. Se habían criado en bosques remotos de Canadá y por ello poseían gran instinto y resistencia al frío pero también eran bastante salvajes y cuando se prendían en peleas entre ellos sólo la superioridad física de los hombres podía lograr que se separaran.

El Endurance empieza a ser triturado por el hielo del Oceano. Foto: Frank Hurley


Invierno en la Antártida
 

El cambio de rutinas, para afrontar el temprano invierno austral (aunque aún estuvieran en meses del verano) significó entre otras actividades, colocar las perreras (que hasta entonces estaban en la cubierta del barco) en el bandejón de hielo así como adaptar el barco para los espacios que los hombres debían ocupar en el mismo cuando la larga noche austral y los temporales impidieran estar fuera del mismo.
 

También se intensificó la caza de focas y pinguinos para aprovisionarse de carne y grasa para combustible y empezó a disfrutarse de algo de tiempo para entretenimientos en los cuales se destacaban el hockey y el fútbol en partidos que se desarrollaban sobre el bandejón de hielo. Sin dudas estos han sido los primeros encuentros deportivos realizados en la Antártida.
 

Intentaron, en vano, con el radiotelégrafo escuchar noticias de las señales mensuales que se emitían desde las Islas Malvinas pero no lo lograron, era evidente que las distancias eran muy grandes.
 

Durante el mes de febrero todo fue relativamente fácil, había muchos animales y podían cazarlos pero entrado ya marzo los animales comenzaron a desaparecer y la caza se debía extender a mucha distancia lo que hacía más difícil el traslado ya que algunas focas llegaban a pesar más de 150 kilos.
 

Comenzaron también a verse afectados los perros y en estas semanas murieron 15 de ellos hasta que los médicos descubrieron que el motivo eran unos parásitos de 30 centímetros de longitud y, lamentablemente, la expedición había olvidado llevar polvos antilombrices. En este período no obstante los decesos de los perros también se produjo el nacimiento de dos camadas de los cuales sobrevivieron 8 cachorros.
 

Hacia comienzos de abril la tripulación había logrado acumular más de dos toneladas de carne fresca y grasa por lo que Shackleton estimaba que con ello tenían provisiones para tres meses sin necesidad de recurrir a las provisiones que ellos habían llevado.
 

No todo era tranquilidad en esa ya de por sí preocupante situación y hacia el 14 de abril el propio Shackleton escribía en su bitácora de viaje respecto del bloque próximo de hielo que "...se acumulaba y que se desplazaba contra las masas de hielo..." si el barco fuese atrapado en esta perturbación "...se chafaría como una cáscara de huevo...".
 

Sacando a los perros para que se ejercite. Foto: Frank Hurley

El Endurance queda casi recostado hacia su babor en el hielo oceánico. Foto: Frank Hurley


Ya en mayo el barco estaba en la latitud sur 75° 23´ y la longitud oeste 42° 14' y todavía iba a la deriva, generalmente en dirección norte alejándose cada vez más del objetivo original de atracar en la bahía Vahsel, aunque todavía Shackleton mantenía la esperanza de que al liberarse del hielo el Endurance pudiera, en la primavera, navegar hacia ese destino.
 

La otra alternativa que manejaba Ernest Shackleton durante esos días de prisión en el hielo era que la deriva lo liberara finalmente con la posibilidad de intentar un desembarco alternativo en la costa occidental del mar de Weddell, si fuera posible llegar a este lugar.

Durante los meses de mayo, junio y julio reinó una relativa tranquilidad y la principal tarea de Ernest Shackleton fue mantener en forma, entrenar y mantener la moral de la tripulación. En esta tarea, la de mantener el orden y los objetivos, ha demostrado tener una capacidad inigualable. A los ya mencionados partidos de fútbol y hockey se sumaron carreras de perros -incluso en la penumbra de la noche invernal austral- y funciones de teatro por las noches en el barco.
 

Quizás el mayor temporal del invierno polar es el que soportaron hacia mediados de Julio, el día 14 hacia las últimas horas de la tarde comenzó a nevar y a la madrugada siguiente el viento del suroeste alcanzaba velocidades superiores a los 110 kilómetros por hora estremeciendo y haciendo vibrar al barco. En medio de semejante temporal la temperatura alcanzó los 37° bajo cero. A barlovento del barco se acumularon en pocas horas cuatro metros de nieve y calcularon que su peso superaría las 100 toneladas y el peso de tanta nieve caída producía el hundimiento incluso de los témpanos. El Endurance incluso se sumergió treinta centímetros. El furioso temporal se extendió por dos días.
 

Antes de esta tormenta el bandejón de hielo era una masa sólida pero luego de recibir el peso de este temporal comenzó a agrietarse e incluso al norte se generó una zona de mar abierto. Así ocurrió que las primeras señales de la ruptura del hielo ocurrieron el 22 de Julio y especialmente el 1 de Agosto de 1915, durante un vendaval del suroeste con nieve pesada. Para esa fecha el Endurance estaba en la latidud sur 72° 26' y longitud oeste 48° 10' y el banco de hielo empezó a romperse alrededor del barco, pero la presión forzaba las masas de hielo bajo la quilla y provocaba una importante escora en babor.
 

La situación se tornó sumamente peligrosa y así lo reflejó el propio Ernest Shackleton en su diario donde escribió: "...el efecto de la presión a nuestro alrededor era impresionante. Inmensos bloques de hielo... se levantaban lentamente hasta que saltaban como huesos de cereza chafados entre los dedos... si alguna vez el barco quedara atrapado firmemente, su destino estaría marcado...". No obstante esos embates de “la prisión blanca” cesaron y el peligro pasó. Las semanas siguientes fueron de relativa tranquilidad.
 

Inclinado a babor, 19 deoctubre de 1915. Foto: Frank Hurley


Pero el invierno avanzó y comenzó a acercarse la primavera y a principios de septiembre reaparecieron importantes golpes de mar que continuarían regular e intermitentemente. Fue así que el 30 de Septiembre el barco soportó lo que se definió como "...la peor presión que hayamos experimentado...". Sin embargo nuevamente el Endurance resistió lo que su capitán, Frank Worsley definió como "...una terrible presión que nos lanzaba de un lado al otro como una peonza una docena de veces...". Tres veces el barco había sufrido enormes presiones del hielo y las tres veces había resistido lo que aumentaba la confianza de los hombres en el Endurance.
 

Respecto del desempeño del Endurance en el hielo debe recordarse que este barco fue construido en Noruega con el objetivo especialmente de poder afrontar estas situaciones y aquí cabe reflexionar que en ese sentido era diferente al famoso Fram -el barco de Nansen y Amundsen- que estaba pensado para ser rodeado por el hielo y derivar así durante meses (de hecho fue expresamente diseñado para ese propósito). El casco del Fram tenía una sección redondeada que facilitaba su resistencia al atrapamiento, puesto que cuando la presión del hielo actuaba horizontalmente sobre él, ascendía hacia la superficie. Pero por el contrario el Endurance era un barco de construcción más clásica, con paredes verticales que lo hacían más vulnerable al empuje de las placas. Sin embargo, la sección redonda del Fram lo hacía poco ágil y complicado de gobernar y ello se había evitado en el Endurance que debía cruzar desde el hemisferio norte al sur para lograr sus objetivos. Esta diferencia de construcción terminó siendo letal para el Endurance.
 

Ernest Shackleton, a pesar de sus deseos, ya se había formado la idea de que el momento crucial para el Endurance no sería el duro invierno sino el momento de la llegada de la primavera cuando el inicio del derretimiento de los hielos se combinara con las fuerzas del mar y el clima y se producirían movimientos extremos en los bandejones. Paradójicamente el momento en el cual el barco se pudiera liberar del hielo sería el de mayor peligro.
 

En los días 16 y 17 de Octubre de 1915 se abrió una esperanza al ver una grieta en el hielo delante del barco. Se intentó mover el barco con los motores durante tres horas y luego también con vela pero el Endurance no se movió. Al día siguiente ya las grietas se habían cerrado y la presión volvió con tal intensidad que por la tarde el barco se escoró 20° en cuestión de minutos hasta que quedó inclinado en 30°. Así permaneció varias horas hasta que el hielo cedió y el barco retomó su posición casi normal.
 

Aunque el Endurance había demostrado ser capaz de resistir enormes y constantes presiones, la situación del barco se tornó desesperante pero los días siguientes fueron de calma hasta que finalmente el 24 de Octubre de 1915 el lado de estribor se topó contra un gran témpano. La presión del hielo sobre ese lado del barco aumentó hasta que el casco empezó a girar y astillarse y entonces el agua empezó a entrar en el barco.
La descripción de uno de los tripulantes fue elocuente, escribió  Macklin que la sensación que producía era de que “...estaba sucediendo algo colosal, algo de una naturaleza demasiado grande para poder captarlo...”. Se refería al fenómeno que veían en el hielo, que avanzaba como si fuera una oleada de destrucción.
 

El hielo destrozó en primer lugar la popa e intentaron achicar el agua de setina pero no lo lograban a pesar del trabajo constante y arduo. A la madrugada Ernest Shackleton ordenó bajar a los perros y liberar los botes salvavidas. Ese mismo día ya llegada la noche se ordenó definitivamente abandonar el barco que se había inclinado cuando un témpano elevó la popa seis metros, produciendo que el agua allí acumulada se fuera hacia la proa y se congelara. No cabía otra alternativa, el barco se iría a pique.
 

El Endurance fue abandonado cuando se encontraba a los 69° 05´ de latitud sur y 51° 30´ de longitud oeste.

Naufragio del Endurance, habia sido el hogar de todos por doce meses terminando triturado por los hielos Foto: Frank Hurley


Ahora a acampar en el hielo
 

Al perder el Endurance los hombres quedaron sin dudas expuestos no sólo a las circunstancias del clima sino que estaban “acampando sobre el hielo” lo que significaba la inestabilidad que brindaría ese momentáneo “piso” hasta que la llegada del verano fuera destruyendo la banquisa que habitaban. Ernest Shackleton sabía esto perfectamente y por ello, abandonado ya el proyecto de atravesar la Antártida, ahora debía centrarse en la supervivencia de los miembros de la expedición.
 

Con este objetivo Ernest Shackleton quería trasladar a la tripulación a la isla Snow Hill por ser allí donde había hecho base la expedición sueca de Otto Nordenskjold entre 1902 y 1904 y sabía que había allí provisiones dejadas para emergencias. Otra alternativa que pensaba era la isla Paulet donde también sabía que había un importante almacén de alimentos o la isla Robertson.
 

Ernest Shackleton estimaba que podrían cruzar a la tierra de Graham desde cualquiera de estas islas y llegar a los puntos balleneros ubicados en la bahía Wilhelmina. Calcularon que la distancia desde su posición a la isla Snow Hill sería de unos 500 kilómetros y otros 190 kilómetros más hasta la bahía Wilhelmina. Para realizar estas travesía era indispensable proveerse de alimentos, combustible, equipos de supervivencia y los tres botes salvavidas que tenía el Endurance.
 

El 30 de octubre de 1915 se inició la marcha pero enseguida aparecieron los problemas que generaba el intento debido a que el estado del hielo que los rodeaba hacía casi imposible el viaje. Como la presión horizontal había aumentado, el hielo se doblaba y se levantaba, formando carenas de presión que provocaban barreras de hasta tres metros de alto. No obstante la tripulación luchó denodadamente contra ese terreno complicado pero sólo logro avanzar poco más de tres kilómetros en dos días.
 

El 1 de Noviembre Ernest Shackleton decidió que ello era un desgaste inútil y que agotaría los hombres y los recursos y optó por continuar la deriva del hielo sobre el que estaban y esperar que los dejara más cerca de tierra mientras aguardaban la ruptura del hielo. A este lugar en el cual permanecieron lo llamaron "Campamento del Océano". Era un bloque de hielo plano y estable en el cual habían detenido su abortada marcha.
 

Como estaban a corta distancia del campamento los expedicionarios continuaron visitando el Endurance -o lo que quedaba de él- que todavía se estaba hundiendo en el hielo. Muchos de los suministros abandonados se continuaron recuperando.
 

Entre los elementos importantes que fueron rescatados estuvieron las fotografías en placas de cristal de Frank Hurley. Para ello tuvo que seleccionar tan sólo 150 de las 550 fotografías que había tomado. Shackleton lo obligó a romper el resto para evitar la tentación de que quisiera sobrecargarse llevándolas consigo.
 

El recupero de materiales se extendió hasta el 21 de Noviembre de 1915. Ese día fue en el que finalmente el barco se hundió bajo el hielo.
 

El naufragio de Endurance despues de una larga agonia se hace realidad. Foto: Frank Hurley


Desde el 1 de Noviembre la velocidad de deriva del hielo -y por consiguiente del campamento- había empezado a aumentar y el 7 de Noviembre ya era de unos cinco kilómetros por día. Antes del 5 de Diciembre habían pasado los 68° de latitud sur, pero la dirección estaba girando del este hacia el norte. Eso los llevaba hacia una posición desde donde sería difícil o imposible dirigirse en la forma proyectada para llegar a la isla Snow Hill. Sin embargo, con esta nueva orientación, la isla Paulet se convertía en el destino objetivo más factible. La isla estaba aproximadamente a unos 400 kilómetros y Ernest Shackleton estaba preocupado por poder reducir la longitud del viaje que sería necesario hacer con botes salvavidas para llegar. Por eso, el 21 de Diciembre anunció una segunda marcha que empezaría dos días después.
 

Pero a pesar de la intención anunciada el hielo seguía presentando los mismos problemas en sus condiciones de tránsito que el intento de marcha anterior y para peor la temperatura había aumentado y era incómodamente cálida. Todo intento de trasladarse por el hielo, sobre todo con peso, producía que se hundían hasta las rodillas en la nieve blanda mientras luchaban por transportar los barcos a través de las carenas de presión.
 

En medio de todo este panorama se sumó otro inconveniente ya que el 27 de Diciembre de 1915, el carpintero del barco Harry McNish se rebeló y rechazó seguir trabajando. Argumentaba que, con el hundimiento del Endurance, las leyes del almirantazgo ya no eran aplicables y, por lo tanto, no estaba subordinado a las órdenes de Ernest Shackleton. La firme respuesta de éste llevó al carpintero a reconsiderar su actitud, pero el incidente nunca se olvidó. En el futuro Harry McNish haría su propia e importante contribución a la salvación de los expedicionarios pero, a pesar de eso, fue uno de los cuatro miembros de la tripulación a los cuales se les negó la concesión de la Medalla Polar cuando regresaron a Gran Bretaña.
 

Dos días más tarde, con un progreso de sólo doce kilómetros en siete días, Ernest Shackleton ordenó una parada, observando lógicamente que "...nos harían falta trescientos días para llegar a tierra firme...".

Campamento Oceano Shackleton y Wild en primer plano. Foto: Frank Hurley


El campamento Paciencia
 

Descartado el intento de avanzar a través del hielo el grupo volvió a plantar las tiendas y se estableció en lo que Ernest Shackleton denominó "Campamento de la Paciencia", que sería su hogar durante más de tres meses. Los suministros empezaban a escasear y fue así que se les encargó a Hurley y Macklin regresar al "campamento Océano" para recuperar parte de la comida que habían dejado atrás para aliviar la carga.
 

Un hecho que también sería fundamental en el futuro es que el 2 de Febrero de 1916 Ernest Shackleton hizo volver una parte del grupo para recuperar el tercer bote salvavidas, que también había sido abandonado.
 

La escasez de alimentos se volvió crítica a medida que avanzaban las semanas. La carne de foca, que hasta ahora había añadido variedad a su régimen, se convirtió en un elemento de primera necesidad cuándo Ernest Shackleton intentó conservar el resto de raciones empaquetadas.
 

Ante la falta de alimentos se ordenó el sacrificio de todos los perros durante Enero porque consumían demasiada carne de foca y debía preservarse para los hombres. Si bien es cierto que ya la cantidad de perros se había visto muy diezmada por accidentes o enfermedad, no dejó de ser un momento de gran tristeza para estos rudos hombres el perder a sus fieles amigos de tantos meses y desventuras. Ernest Shackleton ordenó sólo preservar dos grupos de perros, que podían llegar a ser utilizados más adelante. También fue sacrificado el gato Mrs. Chippy.
 

El destino que tuvieron esos dos grupos de perros fue finalmente constituir raciones de carne para los hombres cuando fueron sacrificados el 2 de Abril de 1916, ante la acuciante falta de alimentos.
 

Campamento Oceano. Esta es una de las ultimas fotos que Hurley tomo con su camara profesional detras se ve la torre de observación. Foto: Frank Hurley


Mientras ocurría todo esto la tendencia de la deriva se volvió cada vez más errática. Se había mantenido en torno a los 67° durante unas cuantas semanas pero a finales de enero hubo una serie de rápidos movimientos hacia el norte-este que, antes del 17 de Marzo, llevaron el "campamento de la Paciencia" a la latitud de la isla Paulet, pero casi 100 kilómetros hacia su este.
 

Paradójicamente, la tierra estaba continuamente a la vista. La cumbre del monte Haddington, en la isla James Ross, estaba a la vista mientras el grupo se desplazaba lentamente. Con la isla Snow Hill y la isla Paulet ahora inaccesibles, Ernest Shackleton escribió el 25 de Marzo que todas las esperanzas se fijaban en dos islas pequeñas en el norte de la tierra de Graham: la isla Clarence y la isla Elefante, unos 160 kilómetros en el norte de su posición. Con todo, pensó y decidió que la isla Decepción podría ser un mejor destino objetivo.
 

Esta isla estaba realmente lejos y en dirección oeste, hacia el final de la cadena que formaban las islas Shetland del Sur, pero la idea de Ernest Shackleton era conseguirlo “saltando de isla en isla”. La gran ventaja de esta opción residía en el hecho de que solía ser visitada por balleneros y era muy probable que podría contener provisiones.
 

Nada era fácil, cualquiera de todos estos destinos exigirían un viaje peligroso en los botes salvavidas cuando finalmente se rompiera el bloque en el cual estaban atrapados. Antes de emprender este viaje, los botes salvavidas fueron bautizados con el nombre de los principales patrocinadores financieros de la expedición: James Caird, Dudley Docker y Stancomb Wills.

Lees y Green cocinando sobre el hielo con las caras enegrecidas por el humo que despide el fogón. Foto: Frank Hurley


Tres botes navegando en el mar austral
 

El final de la estadía en el “campamento de la Paciencia” llegó abruptamente en la noche del 8 de Abril, cuando el bloque de hielo se rompió de golpe y providencialmente ninguno de los hombres cayó a las aguas heladas del mar.
 

El campamento ahora se encontraba en una pequeña balsa triangular de hielo; una nueva ruptura significaría el desastre, y Ernest Shackleton tenía a punto los botes salvavidas por si el grupo se tenía que ir repentinamente. Con anterioridad había decidido que, si era posible, intentarían llegar a la distante isla de Decepción porque, según se decía, además de las posibles provisiones había una iglesia pequeña de madera pequeña levantada por los balleneros. Eso podría proporcionar una fuente de madera que les podría permitir construir un bote.
 

A la una de la tarde del 9 de Abril se lanzó el Dudley Docker y una hora más tarde los tres barcos ya estaban en el mar. Ernest Shackleton comandaba el James Caird, mientras que Frank Worsley lo hacia en el Dudley Docker y el oficial Huberht Hudson estaba nominalmente a cargo del Stancomb Willls, aunque a causa de su precario estado mental, el mando real lo tenía Tom Crean.
 

La travesía marina en precarios botes salvavidas produjo que los días siguientes fueron difíciles y de riesgo extremo. Los barcos se movían entre el hielo dependiendo de las vías de agua que se iban abriendo con un progreso peligroso y errático. A menudo los barcos encallaban en los bloques de hielo, o se arrastraban sobre ellos, mientras los hombres acampaban y esperaban que las condiciones mejoraran.
 

Ernest Shackleton dudaba otra vez entre unos cuantos destinos potenciales y el 12 de Abril rechazó las diversas opciones sobre las islas y se decidió por la bahía Esperanza, en la misma punta de la tierra de Graham. Sin embargo, las condiciones en los barcos, con temperaturas a menudo inferiores a los 30° bajo cero, con poca comida y empapados de agua glacial, estaban agotando a los hombres, físicamente y mentalmente y entonces Ernest Shackleton decidió que la isla Elefante, el más próximo de los refugios posibles, era ahora la única opción práctica.
 

El 14 de Abril los barcos estaban en la costa de sureste de la isla, pero no había ninguna opción de desembarcar, ya que la costa era un acantilado perpendicular de roca y glaciares. El día siguiente el James Caird rodeó el extremo oriental de la isla para llegar a la costa del norte, donde finalmente descubrieron una estrecha playa de guijarros en la cual se decidió desembarcar.
 

Los tres botes, que habían sido separados durante la noche previa, se reunieron otra vez en el punto de desembarco. Por las marcas de pleamar, vieron enseguida que esta playa no serviría para acampar a largo plazo. El día siguiente, Frank Wild y la tripulación del Stancomb Wills exploraron la costa buscando algún lugar mejor. Regresaron con noticias de un largo espacio de tierra de once kilómetros al oeste, que parecía factible para acampar. Sin perder tiempo, los hombres regresaron a los barcos y se trasladaron a esta nueva localización, que más tarde bautizarían como Point Wild.
 

Así como ocurrió con el Endurance durante el invierno, el campamento del Océano y el campamento de la Paciencia, este sería su nuevo alojamiento durante varios meses.
 

Era la primera vez desde en nada menos que 15 meses (desde la partida de las Georgias del Sur) que los expedicionarios pisaban tierra firme.

El campamento Oceano la larga carpa cocina estaba hecha de velas y palos del barco. Foto: Frank Hurley


La travesía del bote James Caird
 

La isla Elefante era (y lo es aún hoy, un siglo después) un lugar remoto, deshabitado y raramente visitado por balleneros u otros barcos. Si la expedición quería regresar a la civilización, sería necesario buscar ayuda.
 

Allí surgió una idea osada pero quizás la única manera realista de hacerlo: se planificó adaptar uno de los barcos para viajar 1.300 kilómetros a través del océano Atlántico Sur, hasta las islas Georgias del Sur.
 

Ernest Shackleton había abandonado la idea de trasladar a la tripulación a la isla Decepción, presumiblemente porque la condición física de su gente impedía asumir más exposiciones a los mares bravos de invierno.
 

Si bien tanto Tierra del Fuego y las mismas Islas Malvinas estaban más próximas que las islas Georgias del Sur exigían navegar contra fuertes vientos y el trayecto a éstas últimas se podía ver favorecido por la dirección de los mismos y las corrientes marinas.
 

En ese contexto Ernest Shackleton seleccionó a su tripulación que consistió en él mismo, Frank Worsley como navegante, Tom Crean, Harry McNish, John Vincent y Timothy McCarthy.
 

Ernest Shackleton dio instrucciones al carpintero Harry McNish para adaptar el James Caird y éste, hábilmente, le adosó con maderas y lonas una cubierta y reforzó la quilla con el mástil de uno de los botes. Frank Wild se quedó a cargo del grupo de isla Elefante, con instrucciones de marcharse hacia la isla Decepción la primavera siguiente en caso de que no volviese. Ernest Shackleton tomó suministros sólo para cuatro semanas, sabiendo que si no se había llegado a tierra dentro de aquel tiempo, el barco se habría perdido.
 

El James Caird era un bote de tan sólo 6,85 metros e inició su travesía el 24 de Abril de 1916. Este viaje ha sido considerado como uno de los más extraordinarios realizados en los mares australes ya que todo dependía de la precisión de la navegación de Frank Worsley, basada en observaciones que se tendrían que hacer en las condiciones más adversas con un sextante.
 

El viento predominante era el que esperaban, o sea del noroeste, pero las condiciones de mar grueso enseguida empaparon todo el bote de agua glacial. Pronto el hielo formó una gruesa capa en el barco, moderando su travesía. El 5 de Mayo un vendaval del noroeste casi ocasionó la destrucción del barco. Ernest Shackleton lo describió como "...las olas mayores que había visto en veintiséis años en el mar...". El 8 de Mayo, gracias a la precisa navegación de Frank Worsley, lograron divisar las islas Georgias del Sur, después de catorce días de lucha contra los elementos que habían llevado al bote y a sus ocupantes al límite de resistencia.
 

Dos días más tarde, después de una prolongada lucha con el mar grueso y vientos de fuerza huracanada en el sur de la isla, la tripulación, agotada, llegaba a tierra en la bahía Rey Haakon. Pero no sería aquella su última detención, debieron una vez más cambiar su lugar de desembarco para encontrar un espacio más seguro para la permanencia que allí debía hacer parte del grupo ya que, aunque habían logrado el objetivo de alcanzar las Georgias del Sur, aún faltaba que se convirtieran en montañistas.

Durante la travesía a pie los perros tiraban de estos grandes trineos. Foto: Frank Hurley


El cruce de las montañas de las Georgias del Sur
 

La llegada del bote con los seis tripulantes a la bahía Rey Haakon fue seguida por un periodo de necesario descanso y recuperación, mientras Ernest Shackleton reflexionaba sobre el próximo movimiento ya que la población en los puertos balleneros de la islas Georgias del Sur estaban en la costa norte o sea al lado opuesto del que ellos habían llegado. Llegar allí obligaba a hacer otro viaje en barco en torno a la isla o a una travesía por tierra a través de su interior inexplorado.
 

Las opciones eran complicadas ambas pues las condiciones en las que estaba el bote James Caird y el estado físico de la tripulación, especialmente Vincent y McNish, significaba que sólo la segunda de estas opciones era viable.
 

Después de cinco días de haber arribado a tierra y una vez recuperados un poco de la travesía, la tripulación se desplazó en el barco una distancia corta hacia el este, al cabo de una profunda bahía que sería el punto de partida para la travesía.
 

Ernest Shackleton, Frank Worsley y Tom Crean emprenderían el viaje por tierra y los demás permanecieron acampando en lo que ellos mismos bautizaron como "campamento Peggotty".
 

La partida de los ahora “montañistas” se demoró por una tormenta el 18 de Mayo, pero a las dos en punto de la madrugada siguiente el tiempo estaba claro y tranquilo, y una hora más tarde el grupo inició la extraordinaria travesía, el último intento por alcanzar un poblado.
 

El cruce de montañas en una geografía desconocida e inexplorada, sin mapa alguno y solamente guiados por las conjeturas, la intuición y el sentido de la orientación es una de las travesías extraordinarias realizada por marinos devenidos montañistas que se recuerda en la historia de las exploraciones.
 

Antes del alba habían ascendido a 910 metros y se podía ver la costa norte. Estaban encima de la bahía Possession, cosa que quería decir que estaban demasiado hacia el oeste y necesitarían moverse hacia el este para llegar a Stromness, la estación ballenera de destino. Eso significaba hacer el primero de los diversos rodeos que alargarían el viaje y frustrarían a los hombres. Al final de aquel primer día, necesitaban bajar al valle que tenían debajo antes de caer la noche, y se arriesgaron deslizándose por una vertiente con un improvisado trineo hecho con una cuerda.
 

No se plantearon descansar -viajaban a la luz de la luna- moviéndose hacia arriba, hacia la próxima cadena montañosa. El día siguiente de buena mañana, viendo Husvik Harbour por debajo de ellos, sabían que estaban en el buen camino. A las siete en punto de la mañana oyeron el sonido del silbato de vapor de la estación ballenera que fue tal como ellos lo dijeron: "...el primer sonido creado por un ser humano de fuera que había llegado a nuestros oídos desde que nos marchamos de la bahía de Stromness en diciembre de 1914...". Después de un difícil descenso, que comportaba bajar por una cascada helada, por fin llegaban a un lugar seguro.
 

Ernest Shackleton, que no era un hombre religioso, escribió más tarde: "...no tengo duda que la providencia nos ha guiado... Yo sé que durante aquella larga y terrible marcha de treinta y seis horas sobre las montañas sin nombre y glaciares, a menudo me parecía que éramos cuatro y no tres...".

Campamento Paciencia. Hurley y Shackleton sentados en la entrada de su carpa. Foto: Frank Hurley


Las dificultades del rescate
 

A pesar de la agotadora e increíble travesía realizada no hubo descanso y la primera tarea de Ernest Shackleton al llegar a la estación Stromness fue pedir que sus tres compañeros en el “campamento Peggoty” fueran recogidos. Se envió un ballenero rodeando la isla, con Frank Worsley a bordo para mostrar el camino, y antes de la noche del 21 de Mayo los seis miembros de la tripulación del James Caird estaban juntos en un lugar seguro.
 

Inmediatamente se inició la labor de Ernest Shackleton para rescatar a los 22 hombres que estaban en la isla Elefante y su preocupación primordial era la ya cercanía inminente de un nuevo invierno austral.
 

Pero como todo en esta expedición, nada fue fácil, en el contexto de la Primera Guerra Mundial desarrollándose a pleno no habia posibilidades de ayudas desde Gran Bretaña. Hicieron falta cuatro intentos antes de que Ernest Shackleton pudiera regresar a la isla Elefante para rescatar el grupo que se había quedado allí.
 

Primero lo intentó sólo tres días después de llegar a las islas Georgias del Sur después de asegurarse el uso de un gran ballenero, el Cielo del Sur, que estaba atracado en Husvik harbour. Ernest Shackleton reunió a una tripulación de voluntarios preparada para navegar la mañana del 22 de Mayo. Cuando el barco se acercaba a la isla Elefante, encontraron una barrera impenetrable de hielo a unos 110 kilómetros de ella. El Cielo del Sur no era un rompehielos y se retiró a Puerto Stanley, en las Islas Malvinas. Al llegar a allí Ernest Shackleton informó a Londres por cable del sitio donde estaban, y pidió que un barco adecuado fuera enviado hacia el sur para la operación de rescate. El Almirantazgo le informó que no había nada disponible antes de octubre, que, en su opinión, era demasiado tarde.
 

Fue entonces, con la ayuda del ministerio británico en Montevideo, que Ernest Shackleton consiguió del gobierno de Uruguay el préstamo de un barco de arrastre resistente, el Instituto de Pesca Nro. 1, que partió hacia el sur el 10 de Junio de 1916. Otra vez el hielo frustraría sus planes.
 

Buscando otro barco, Ernest Shackleton, Frank Worsley y Tom Crean viajaron a Punta Arenas, en Chile, donde encontraron a Allan McDonald, propietario británico de la goleta Emma. Allan McDonald equipó este barco para otro intento de rescate que partió el 12 de julio, pero con el mismo resultado negativo, nuevamente la barrera de hielo volvió a impedirles el acceso otra vez.
 

Ya estaban a mediados de Agosto de 1916 y Ernest Shackleton rogó al gobierno chileno que le dejara el Yelcho, un barco de vapor pequeño pero muy resistente y que había ayudado al Emma durante el intento previo. El gobierno accedió y el 25 de Agosto el Yelcho, con su capitán Luis Pardo Villalón, marchó a la isla Elefante. Esta vez, como escribió Ernest Shackleton, la providencia les favorecía. El mar estaba abierto y el barco se pudo acercar a la orilla de la isla, con una densa niebla. A las 11:40 del 30 de Agosto de 1916 la niebla se abrió, el campo se distinguía y en una hora todos los hombres que estaban en la isla Elefante estaban a bordo, navegando hacia Punta Arenas, República de Chile.
 

Luego de dos años y veintidos días de haber partido de Gran Bretaña y todos los sucesos y situaciones dramáticas vividas, los miembros de la Expedición Imperial Transantártica estaban todos sanos y salvos nuevamente bajo el liderazgo de Ernest Shackleton.

La escarpada Isla Elefante que albergó a los expedicionarios. Foto: Mauricio Bernardo Bianchi


Los náufragos de la isla Elefante
 

Después de que Ernest Shackleton y otros cinco miembros de la tripulación se marcharan con el bote James Caird fue tarea de Frank Wild tomar el mando del grupo de hombres que quedó en la isla Elefante, parte del cual se encontraba en pésimo estado físico y mental.
 

La primera tarea por necesidad que debieron afrontar era proveerse un refugio permanente contra el invierno del sur que rápidamente se acercaba. Fue por sugerencia de Marston y Lionel Greenstreet que se decidió improvisar una cabaña (con el sobrenombre de "Snuggery") tumbando los dos botes que tenían y colocándolos sobre unos muros de piedra para proporcionar un espacio lo bastante alto para estar dentro.

De esta forma ingeniosa y por medio de lonas y otros materiales se consiguió hacerlo un tanto impermeable. Era un refugio rústico y duro pero resultó sumamente efectivo.
 

Ninguno de ellos podía preveer  cuánto tiempo tendrían que esperar el rescate e incluso el propio Frank Wild se mostró muy optimista y al principio preveía que sería un mes aproximadamente. Por esa razón rechazaba almacenar carne de foca y pingüino para un largo periodo porque eso, según su opinión, era derrotista. Pero esa posición llevó a desacuerdos importantes con Thomas Orde-Lees. Para empeorar las cosas Thomas Orde-Lees no era un hombre popular, y su presencia aparentemente hacía poco por mejorar la moral de sus compañeros, a menos que fuera como blanco de sus chistes.
 

Frank Wild hacía lo que podía para establecer y mantener rutinas y actividades que aliviaran el tedio aunque la realidad es que en la estrecha playa en la que estaban y con los pocos elementos que les habían quedado luego de su larga travesía, no era mucho lo que se podía generar. Cuando estuvieron en el hielo, los juegos de fútbol, de hockey y las carreras de perros habían entretenido a los hombres pero ahora nada de toda esa actividad era posible y ello se hacía cada vez más evidente sobre todo al llegar el invierno austral y con ello la larga noche polar. Mientras tanto las semanas pasaban y la espera se extendía más allá de la optimista previsión inicial.
 

Se estableció un sistema de vigilancia para la llegada supuestamente inminente del barco de rescate, turnos de cocina y de limpieza, y hacían salidas para cazar focas y pingüinos. Para entretener a los hombres se hacían conciertos los sábados y se celebraban los cumpleaños, pero nada podía detener la sensación creciente de abatimiento mientras los meses pasaban sin que hubiera signos del barco.
 

Desembarco en Isla Elefante en tierra firme despues de 497 días sobre el hielo en el océano. Foto: Frank Hurley


En este campamento-refugio de la Isla Elefante se produjo por primera vez algo que no había ocurrido a ningún hombre hasta ese momento: los dedos del pie izquierdo de Blackborow se gangrenaron por congelación, y el 15 de Junio tuvieron que ser amputados por los cirujanos Macklin y James McIlroy en la cabaña, iluminada con velas. Para la operación utilizaron los restos del cloroformo que se había conservado en los suministros médicos, la operación duró casi una hora y fue un éxito total, sobre todo considerando la situación en la cual debió llevarse a cabo.
 

El 23 de Agosto, las decisiones de Frank Wild con respecto a los alimentos se evidenciaron como absolutamente erróneas y ello aumentó el pesimismo ya reinante en muchos hombres. El mar circundante era denso, con banquisas que detendrían cualquier barco de rescate; los suministros alimenticios se estaban acabando y ningún pingüino se acercaba a tierra. En esas circunstancias Tom Orde-Lees escribió: "…nos tendremos que comer aquél que muera primero...".
 

Ante esta situación el propio Frank Wild comenzó a evaluar y proyectar seriamente la posibilidad de hacer un viaje en barco a la isla Decepción, aquella isla en que sabían que visitaban regularmente los barcos balleneros. A tal punto avanzó su idea que concretamente planeó marcharse el 5 de Octubre.
 

Pero antes de esa fecha, el 30 de Agosto de 1916, los hombres divisaron desde la playa el Yelcho que venía en su rescate y en él, a su jefe Ernest Shackleton que no los había abandonado. Cuando apareció el barco de rescate pudieron finalmente, sentir que su calvario había finalizado y además, estaban todos con vida.

En la Isla Elefante la primera comida caliente despues de casi 4 días. Foto: Frank Hurley

Una cabaña hecha con el bote en Isla Elefante. Foto: Frank Hurley


El equipo del Aurora en el Mar de Ross
 

Tal como lo había planificado Ernest Shackleton el otro equipo de la Expedición Imperial Transantártica debía realizar, a bordo del Aurora y a través del Mar de Ross, el aprovisionamiento de campamentos para que, una vez atravesado el Polo Sur por el grupo que cruzaría la Antártida, lograr llegar a cumplir el objetivo del cruce total del continente blanco.
 

Lo asignados para comandar el equipo del Mar de Ross eran dos veteranos más del Nimrod y por ello, viejos conocidos de Shackleton: su capitán Aeneas Mackintosh y Ernest Joyce.
 

La composición final del equipo del mar de Ross sería crítica. Algunos de los que habían salido de Gran Bretaña hacia Australia para embarcar en el Aurora renunciaron antes de zarpar hacia el Mar de Ross, y un grupo amplio de la tripulación estuvo dudando hasta el último minuto. Sólo Aeneas Mackintosh y Ernest Joyce tenían alguna experiencia antártica previa, limitada de forma extrema en el caso del primero.
 

Tras estos contratiempos el Aurora dejó Hobart, en Nueva Zelanda, el 24 de Diciembre de 1914. Se habían retrasado en Australia por problemas financieros y organizativos. Su llegada al estrecho de McMurdo se realizó el 15 de Enero de 1915 -más tarde de lo que estaba planeado-.
 

No obstante esta demora el comandante de la nave Aeneas Mackintosh, hizo planes inmediatos para un viaje para dejar un almacén en la barrera de hielo de Ross, pensando en que Ernest Shackleton estaría realizando su planeada travesía desde el mar de Weddell.
 

Este grupo de la expedición tuvo problemas constantes, ni los hombres ni los perros se aclimataron y la tripulación era en su mayoría muy inexperta en las condiciones del hielo. Tales inconvenientes llevaron a que ese primer viaje al hielo produjo la pérdida de diez de los dieciocho perros, un almacén incompleto, y dejó el grupo de tierra bastante desmoralizado.
 

Pero como cuando las cosas salen mal no lo hacen si no ocurre en forma completa, lo peor ocurrió en el mes de Mayo de 1915. El Aurora permanecía anclado en la base del Cabo Evans y durante un fuerte temporal se rompieron sus atraques y se vio desplazado mar adentro con tanta mala fortuna que fue atrapado por un bloque de hielo y no pudo regresar. El Aurora, antes que el Endurance y en el otro lado del continente antártico, estaba también a la deriva en el hielo.

El grupo sobreviviente en Isla Elefante, 10 de mayo de 1916. Foto: Frank Hurley


Sin embargo el Aurora tuvo más fortuna que el otro barco de la expedición pues el 12 de Febrero de 1916 y a una distancia de 2.600 kilómetros de donde había partido, pudo liberarse y llegar muy maltrecho hasta Nueva Zelanda pero tenía aún la mayor parte del combustible de la tripulación de costa, raciones alimenticias, ropa y equipo, aunque afortunadamente las raciones que iban en trineo para los almacenes se habían desembarcado en tierra.
 

El grupo de hombres que había quedado abandonado en la costa del Mar de Ross tuvo que proveerse y equiparse con restos abandonados de expediciones anteriores. La que especialmente les proveyó sustento fue la expedición Terra Nova que comandara Robert Falcon Scott. La capacidad de improvisación e ingenio de la tripulación permitió que, aunque habían quedado allí abandonados, lograran la preparación del almacén de la segunda temporada que empezó según estaba previsto, en Septiembre de 1915.
 

Durante los meses siguientes y con un esfuerzo supremo, se instalaron los almacenes previstos a lo largo de la barrera de hielo de Ross hasta el glaciar Beardmore pero durante el viaje de regreso todo el grupo tuvo un ataque de escorbuto.
 

En este grupo se produjeron las únicas bajas de la Expedición Imperial Transantártica. Durante la lucha para regresar a la base, el capellán y fotógrafo de la expedición Arnold Spenser-Smith se cayó y murió en el hielo. Todo el resto del grupo llegó al refugio provisional y se recuperaron.
Otras dos víctimas se cobró el continente blanco cuando el 8 de Mayo de 1916 Mackintosh y Hayward decidían caminar a través del inestable mar de hielo hacia el cabo Evans y durante un temporal desaparecieron sin que se volviera a saber de ellos.
 

Los siete supervivientes tuvieron que pasar ocho meses más de dificultades antes que el 10 de Enero de 1917 llegara nuevamente el Aurora, que había sido reparado en Nueva Zelanda, y los devolviera a la civilización.
 

En este rescate, así como lo hizo con los expedicionarios de la Isla Elefante, fue parte Ernest Shackleton que acompañó al Aurora como un oficial más, porque los gobiernos de Nueva Zelanda, Australia y Gran Bretaña, que eran los que organizaban el rescate, le negaron el mando considerándolo responsable del fracaso de la Expedición Imperial Transantártica.
 

A pesar de sus comienzos caóticos, el desorden, la pérdida momentánea del Aurora y las tres muertes, el equipo del mar de Ross fue la única parte de la expedición que cumplió entera su misión original, aunque los fracasos del equipo del mar de Weddell significaron que habían hecho un trabajo inútil.

Shacketlon y toda la tripulación despues de haber sido rescatados de Isla Elefante en Punta Arena, Chile


A modo de conclusión
 

Ernest Shackleton planificó lo que sería la más importante expedición polar de la historia hasta ese momento pero terminó protagonizando la que sería, sin dudas, la mayor experiencia de supervivencia exitosa hasta ese entonces.
 

El Endurance, atrapado por los hielos, fue aplastado y hundido dejando sobre el hielo a los 27 hombres de la tripulación y a partir de allí se vieron sometidos a una serie de duras pruebas: meses de espera en campamentos improvisados sobre el hielo, un viaje en botes salvavidas a la isla Elefante, una segunda travesía de 1300 kilómetros en un bote abierto, el James Caird y tener que atravesar las montañas inexploradas de las islas Georgias del Sur, para, finalmente, ser todos rescatados sin una sola baja. Mientras tanto, el equipo del mar de Ross tuvo que vencer grandes dificultados para cumplir su misión, después de que el Aurora fuera arrancado de sus amarras durante un vendaval y no pudo regresar.

Los depósitos se instalaron como estaba previsto, pero la operación costó tres vidas.
 

Toda la Expedición Imperial Transantártica se desarrolló contemporáneamente con la Primera Guerra Mundial y por ello, quedaron también abandonados a su suerte.
 

Quizás el mejor recordatorio sobre Sir Enrest Shackleton y su semblante como explorador, pero sobre todo como líder y ser humano, la ofreció uno de sus compañeros del Endurance al rememorar el viaje al decir: "…Para la dirección científica, dadme a Scott; para un viaje rápido y eficaz, a Amundsen; pero cuando estéis en una situación desesperada, cuando parezca que no existe una salida, arrodillaos y rezad para que venga Shackleton…". 

En esta foto los tres exploradores Antarticos vestidos de etiqueta: Shackleton, Peary y Amundsen


Cronología del viaje:

Viaje del Endurance:
08/08/14: partida de Londres
5/12/14: partida desde Grytviken, Georgias del Sur
7/12/14: entrada a la banquisa (Mar de Wedell, latitud Sur 57° 26´)
19/01/15: queda atrapado en el hielo el Endurance (latitud Sur 76° 27´)
27/10/15: tripulación abandona el Endurance -camp. océano- (latitud Sur 69° 04´)
21/11/15: se hunde el Endurance (campamento Paciencia)
27/12/15: rebelión del carpintero Harry McNish
09/04/16: lanzan los botes al mar (opciones islas Clarence y Elefante)
14/04/16: llegan a la Isla Elefante (Point Wild)
24/04/16: parte el bote James Caird hacia las Georgias
10/05/16: llegan a las Georgias
20/05/16: llegan a Stomnes, Georgia (Shackleton, Worsley y Crean)
30/08/16: el Yelcho llega a la Isla Elefante

Viaje del Aurora:
24/12/14: partida de Hobart, Nueva Zelanda
16/01/15: atracan en cabo Evans
25/03/15: arribo a Hut Point para espera
07/05/15: Aurora rompe amarras y deriva
01/09/15: nueva campaña de aprovisionamiento
12/02/16: Aurora se libera del hielo
11/03/16: retorno provisional a Hut Point
02/04/16: llegada del Aurora a Nueva Zelanda
15/07/16: regreso a cabo Evans y espera
10/01/17: llegada de auxilio al cabo Evans

Mauricio Bernardo Bianchi es abogado, periodista y docente de profesión pero montañista y fotógrafo por afición habiendo realizado más de 50 ascensos en cerros de las más diversas alturas destacándose entre ellas haber logrado la cumbre en las tres mayores alturas de América: Aconcagua (2 veces) y los volcanes Ojos del Salado y Pissis. Ha realizado también largas travesías cordilleranas y en los hielos continentales. Ha sido fundador -en 2001- del grupo de montaña “Andinautas” y también es socio fundador del Club Andino San Luis. Ha sido expositor en varios encuentros nacionales de montaña y ha brindado numerosas charlas y exposiciones de fotos y audiovisuales de montaña en diferentes lugares del país.

Cartel promocionando con coferencias su libro South en Estados Unidos

Fotografia de estudio donde Shacketlon promociona un modelo de vestimenta polar de la firma Burberrys que fue usada en la expedición al Everest de 1920

Tumba de Ernest Shackleton

Hallazgo de un navío en la Antártida

Por Marcelo Lisnovsky


Ciento siete años después de su hundimiento, fue hallado el Endurance, navío que llevó a Shackleton y sus compañeros a la Antártida.

El Endurance, el barco perdido del explorador antártico Ernest Shackleton, fue hallado el fin de semana en el fondo del mar de Weddell, una amplia porción del océano Atlántico Sur en la Antártida.

El barco quedó atrapado en el hielo antártico en 1915, y tras ser abandonado por su tripulación, se hundió.

A continuación, los hombres de Shackleton llevaron a cabo una epopeya de supervivencia en el riguroso clima antártico.

El Endurance fue avistado en el mar de Weddell a una profundidad de 3.008 metros.

El proyecto para encontrar el barco perdido fue realizado por el Fideicomiso del Patrimonio Marítimo de las Malvinas/Falklands (FMHT, por sus siglas en inglés), utilizando un rompehielos sudafricano, Agulhas II, equipado con sumergibles operados a distancia.

El estado de conservación del navío es excelente, dado el tiempo transcurrido desde el naufragio.

Barco rompehielos utilizado para la búsqueda del Endurance. Foto: EFE FMHT and Nick Birtwistle

El Endurance se encontraba a una profundidad de 3.008 metros en el mar de Weddell


Los mástiles están en la parte de abajo, el aparejo está enredado, pero el casco es bastante coherente. Algunos daños son evidentes en la proa, presumiblemente donde el barco que descendía golpeó el fondo del mar. Los anclajes están presentes. Los submarinos incluso vieron algunas botas y vajilla.

Incluso se puede ver el nombre del barco - E N D U R A N C E - [resistencia, en español] arqueado en la popa, bajo el coronamiento (un pasamanos cerca de la popa). Y debajo, bien audaz, está Polaris, la estrella de cinco puntas, a la que el barco debe su nombre original.

"Parecería que hay poco deterioro de la madera, lo que infiere que los animales masticadores de madera que se encuentran en otras áreas de nuestro océano no están, tal vez sorprendentemente, en la región antártica libre de bosques", comentó la bióloga polar de aguas profundas Michelle Taylor, de Universidad de Essex (Reino Unido).

La búsqueda del desaparecido navío tuvo dos razones fundamentales:

La epopeya que rodea su historia, cuando la tripulación lo abandonó y buscó ayuda, a pie y en pequeños botes, a través de centenares de kilómetros de territorio hostil y clima riguroso.

La segunda razón fue el desafío de encontrarlo, pues fue hallado a más de tres mil metros de profundidad, en un mar que se encuentra congelado la mayor parte del año.

Esto fue posible porque este año se registró la extensión más baja de hielo marino antártico jamás registrada durante la era de los satélites, que se remonta a la década de 1970. Las condiciones fueron inesperadamente favorables.

La epopeya épica de Shackleton y sus compañeros tuvo un digno epílogo, con el hallazgo del barco que es sinónimo de exploración y aventura.

Los restos del barco "Endurance", sumergidos en el Mar de Weddell. Foto: Télam

Encontraron los restos del barco Endurance en la Antártida, tras 107 años del naufragio

Encontraron los restos del barco Endurance en la Antártida, tras 107 años del naufragio. Foto: ESTHER HORVATH


Bibliografía Recomendada:
 

Para el desarrollo de la nota, además de conocer la historia desde hace años y haber leído y visto mucho sobre la misma, se consultó específicamente:

- Sur, historia de la última expedición de Shackleton. Autor: Sir Ernest Shackleton. Editorial Sudpol, Junio de 2014, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina.
- La prisión blanca. Autor: Alfred Lansing. Editorial Mondadori, 1999, Barcelona, España.
- Atrapados en el hielo: la legendaria expedición a la Antártida de Shackleton. Autor: Caroline Alexandre. Editorial Planeta, 2006, Barcelona, España







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