Entrenamiento · Seguridad y rescate

Médicos Andinistas del Aconcagua

Con un auténtico espíritu montañero, desde el 15 de noviembre hasta Semana Santa, el Servicio Médico del Aconcagua se encuentra activo atendiendo a todo aquel que lo necesite

Fernanda Insua y Carlos Eduardo González

Edición: CCAM



 

Entrevistamos al Dr. Ignacio Rogé, reconocido médico mendocino, Jefe del Servicio Médico Aconcagua desde el año 2010

Es sin dudas un Servicio Médico peculiar y único. No sólo por su emplazamiento, su estructura y dinámica. Más bien por el compromiso y la dedicación de sus integrantes, por el profesionalismo y la pasión que genera la conjunción del amor por la montaña y la actividad médica.

Dr. Bernabé Abramor auxiliando a un montañista. Foto: SMA


Cada año, desde el 15 de noviembre hasta Semana Santa aproximadamente, el Servicio se encuentra activo atendiendo a toda persona que se encuentra en la montaña y que así lo requiera. De esta manera no sólo cubre la temporada de ascensiones a la cumbre sino también las actividades de trekking corto y largo que se realizan en el Parque Provincial Aconcagua.

El actual Servicio se gestiona a través de una licitación pública convocada por el Gobierno de la provincia de Mendoza a través de Dirección de Recursos Naturales dependiente de la Secretaría de Ambiente de la Provincia. La última licitación se ha concedido por un plazo de cuatro años consecutivos, hasta el año 2021.

En la actual temporada el equipo de médicos se compone de los siguientes profesionales: Verónica Rainone, Florencia Borzotta, Sebastián Donato, Sebastián Molina, Marcelo Straniero, Ana Saravia, Roxana Pronce, Ricardo González, Carolina Marotto, Julieta Almonacid, Romina Galaguza, Susana Argañaraz, Simón Ponce, Sergio Giménez, Lucas Puscama, Bernabé Abramor, Omar Rodríguez, Soledad Troyano, Florencia Díaz, Andrea Marengo, Marcos Vargas y Rodrigo Duplessis.

¿Cómo surge el Servicio Médico Aconcagua actual?

El actual Servicio Médico Aconcagua surge por la necesidad de darle una vuelta de tuerca al servicio que se venía brindando y de otorgarle un mayor protagonismo a los médicos, que subieran, que estuvieran emplazados en Nido de Cóndores para cuando se presentara alguna emergencia. La idea era formar médicos con un perfil que resultara útil para ayudar a la Patrulla de Rescate y al Servicio de Guardaparques. Hasta ese entonces había más accidentes en la montaña, más evacuados y muertos.

Yo vi la necesidad, después de la tragedia de Campanini (NR: En el año 2009 el guía de montaña Federico Campanini muere junto a otra montañera italiana cuando los sorprende una tormenta de nieve y viento al descender de la cumbre de Aconcagua) me di cuenta que nos hacían falta más médicos andinistas, rescatistas, guías de montaña, etc. Entonces comencé con esta idea y tuve un amplio apoyo de mis colegas, amigos y compañeros de trabajo y fuimos incorporando médicos y se ha hecho un muy lindo equipo de trabajo.

Dr. Ignacio Rogé en Aconcagua

 

Servicio Médico Aconcagua


¿Cómo es la estructura del SMA, cuántos médicos lo conforman y cómo se realiza la distribución de los mismos en los diferentes campamentos?

La estructura actual del equipo se compone de entre veinticinco y veintiocho médicos de diferentes especialidades. Algunos miembros por diferentes situaciones (familiares, laborales, etc.) no pueden estar presentes todos los años pero cuando tienen la oportunidad se re-integran al equipo. El Dr. Rogé asegura: “El primer año, uno va por la aventura de la montaña, a conocer, a tener experiencias nuevas, a subir, a caminar el cerro; el segundo año el médico vuelve por cuestiones económicas porque ya piensa en la aventura sumado al dinero proveniente de su trabajo en la montaña y desde el tercer año en adelante uno vuelve porque uno se siente cómodo y no encajas tan bien en otro lado como en este grupo y en esta montaña”. Confiesa que todos los integrantes del Servicio se han vuelto “adictos y fanáticos” a este trabajo que desarrollan. “Realmente estar en el lugar donde uno se conecta con uno mismo, se conecta con la montaña, con la naturaleza y poder desarrollar tu vocación de servicio en ese contexto es un auténtico lujo”.

Admite que le resulta difícil en algunas ocasiones aplacar el deseo de los médicos de subir al cerro todo el tiempo, por lo tanto debe repartir los días lo más equitativamente posible. “Es difícil, hay alguno que otro médico que se enoja porque quiere trabajar más días. Antes era al revés, antes no había médicos, había que salir a buscar médicos que dieran con el perfil, que les gustara esta actividad. Ahora es todo lo contrario, quieren trabajar más y más y sobre todo pasar más tiempo arriba”.

Desde hace algunos años el inicio de la temporada en Aconcagua se caracteriza por cierta inestabilidad o improvisación en cuanto a políticas de seguros, rescates, etc. ¿Cómo afecta esta situación al Servicio médico?

El Dr. Rogé coincide. “Es verdad, todos los inicios de temporada son conflictivos, sobre todo por reclamos generales provenientes del sector de Guardaparques (bajos salarios, carencia de insumos, equipamiento y refugios y precariedad en los contratos). Este año sí es difícil, sobre todo para el andinista, porque sobre todo el andinista extranjero programa su expedición con uno o dos años de anticipación y que escaso tiempo antes de venir a subir el Aconcagua se encuentre con que tiene que pagar su rescate o pagar un seguro extra y demás, la verdad que es molesto para el andinista. A nosotros no nos afecta en lo más mínimo, nosotros seguimos trabajando como siempre y continuamos indicando evacuaciones, cuando y como se tienen que hacer.

No vamos a asumir riesgos innecesarios por ejemplo de enviar un paciente inestable en mula hacia abajo por una cuestión económica. Esto lo hemos hablado mucho, yo como jefe del Servicio con Patrulla de Rescate, con Guardaparques, con la gente del helicóptero y demás. Si el paciente tiene que bajar en helicóptero, indicamos que baje por ese medio y luego de la parte administrativa se encarga el Servicio de Guardaparques. En cuestiones económicas no tenemos injerencia, no queremos entrar en conflicto porque sería realmente un problema que el médico decida quién paga y quién no paga, sería una responsabilidad y un punto de conflicto importante que no nos compete. Nos contratan para cuidar a los andinistas y para trabajar en las emergencias y no para hacer tareas administrativas ni para estar en el medio de disputas de quién debe pagar el rescate. Nosotros indicamos que baje en helicóptero y Guardaparques hace su tarea administrativa.

NR: Aunque entre los requisitos de la actual temporada 2017-2018 se menciona la necesidad imprescindible de contratar un seguro, la realidad es que ninguna compañía de seguros Argentina lo ofrece. Usualmente los montañistas extranjeros sí vienen a sus expediciones con seguros internacionales contratados en sus países. Por lo tanto se puede realizar una ascensión SIN seguro pero queda expresamente expuesto y aceptado por el montañista que de necesitar un rescate con evacuación en helicóptero debe realizar el pago correspondiente.

Aconcagua desde Plaza de Mulas. Foto: Dra. Saravia


¿El Servicio es gratuito para todas las personas que se encuentran en la montaña? Cómo se solventan los gastos de materiales, sueldos, etc?

Sí, el servicio médico es gratuito y se encuentra dentro del precio que el andinista paga como permiso. Pero lo cierto es que, al haberse formado una comunidad tan linda y solidaria, terminamos atendiendo a TODOS, ilimitadamente, sin medir recursos. Por ejemplo, si hay algún “campamentero” (personal de empresas privadas que prestan servicios de ascenso) que tiene algún problema y necesita algún medicamento especial, lo compramos y se lo hacemos llegar. No se le puede negar la atención a la gente allá arriba porque esa gente es solidaria, es esa misma gente que un día le sobra un pastel de papa y te invitan a cenar con ellos, o a veces tenemos temporal, no nos llegan alimentos y son las empresas las que se preocupan por nosotros para que no nos falte comida, tienda de dormir, alojamiento, todo. Es una cuestión de “nobleza obliga”.

Al principio costó mucho arrancar las temporadas. Confiesa que “siempre tenía que salir a vender algo, ir a pedir préstamos a la familia, bancos, etc. Y eso tenía un desgaste familiar importante de mi parte. No ha sido fácil soportarme, empezar a apostar por este proyecto y ver que los pagos se realizaban muy tarde, entonces era realmente difícil. Pero esto es una pasión y un estilo de vida y no concibo vivir de otra forma. Ha sido muy difícil”.

¿Qué perfil tienen los integrantes del equipo? Evidentemente aunque tienen diferentes especialidades, los une el amor a la montaña, verdad?

Todo el equipo médico comparte el mismo amor por la montaña. Es difícil para cualquiera que no le gusta la montaña, tener que ir al baño a un tacho de doscientos litros, soportar frío, incomodidad, a veces cuando no hay refugios hay que dormir en tiendas. Sin embargo todo el mundo se adapta y lo termina disfrutando. La organización se basa en relevos sin embargo muchas veces cuando los médicos terminan su jornada laboral o sus días asignados de trabajo en el cerro, se quedan más días reforzando el equipo dada su solidaridad y su espíritu de colaboración. Es gente realmente con mucha vocación pero también un servicio profesional que debe recibir una remuneración acorde.

A todos nos une el mismo amor por la montaña. Yo soy pediatra y neonatólogo. Tenemos médicos clínicos, traumatólogos, neumonólogos, dermatólogas, médicos guías de montaña, otorrinolaringólogos, neuróloga. Todos seguimos estudiando y capacitándonos haciendo cursos en la Asociación Andina de Medicina para la Altura (AAMPA), entonces nos mantenemos actualizados y con la experiencia que nos da la montaña, cada vez más vamos agudizando el criterio clínico para poder seguir llevando paralelamente mi especialidad y la medicina de montaña. Y cada uno dentro de su rubro ha ido creciendo, por ejemplo, los pacientes con congelaciones los maneja la dermatóloga del grupo que es la que más sabe del tema. Y cada uno va sub-especializándose o dándole más profundidad a los conocimientos en la medida en que su especialidad que ejerce el resto del año, se lo permita. Cada uno ha ido creciendo en las diferentes patologías de la Medicina de Montaña y la diversidad de especialidad dentro del grupo es un factor clave y suma mucho.

¿Existen en Argentina y en el mundo cursos especializados en medicina de montaña? Cómo se accede a los mismos?

Sí, hay cursos. Nosotros, desde AAMPA, desde que nos formamos en 2010, venimos dictando un ciclo anual de capacitación. Comenzamos en el Hospital Militar de Mendoza, después en el Círculo Médico de Mendoza y ya llevamos dos ediciones de un curso de posgrado en la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) donde formamos alumnos de pre y posgrado y también asisten guías de montaña, guardaparques, patrulla de rescate. El curso está avalado por la UNC y además de las clases teóricas también propone salidas a terreno, ha tenido una buena aceptación con un número importante de alumnos y esperamos seguir así.

El Dr. Rogé apunta “desgraciadamente la Medicina de Montaña no es una especialidad de la que se pueda vivir entonces hacerle creer esto a los médicos, no es real. A mí me insistían desde el Ministerio de Salud para que organizara una residencia de Medicina de Montaña, pero personalmente no me parece adecuado crear la ilusión en otros colegas que se puede vivir de esto, porque fuera de temporada no hay trabajo. De hecho hace un par de años que no incorporamos más personal médico para trabajar en Aconcagua porque ya somos muchos médicos y todos queremos subir al cerro a trabajar. Hay mucha gente que nos contacta, de todo el país, incluso gente del extranjero que quiere venir a aprender y hacer prácticas pero desgraciadamente no es un campo laboral rentable”.

Parte del equipo del SMA, temporada Aconcagua 2017-2018. Foto: Dr. Rogé

 

Helicóptero piloteado por Horacio Pedro Freschi el aliado perfecto en las operaciones de rescate


¿Qué actividades diarias se realizan durante la temporada?

Durante la temporada tenemos horarios de atención para hacer controles de aclimatación. Se conversa mucho con los montañistas, se les pregunta acerca de los planes de ascenso, etc. Con cada uno se establece una relación personal entonces luego si surge algún inconveniente vamos a los libros (donde se registran todas las actividades) y podemos relacionar el problema en altura con alguna otra circunstancia como que le costó aclimatarse o lo que fuese. Y los guías ayudan muchísimo, se sientan al lado nuestro, nos ayudan a tomar la presión, nos ayudan a recabar datos, cosas puntuales que ellos van viendo en cada uno de sus clientes durante el trekking hasta el campo base o en los porteos. El ojo del guía es excelente y la verdad que a su vez son casi siempre los primeros en llegar a las situaciones de emergencia y hoy por hoy con el nivel de profesionalismo que tienen, llevan estetoscopio, saturómetro y pueden diagnostican y medicar un edema pulmonar en altura y con la radio nos comunican los síntomas, es realmente un equipo muy lindo el que se ha formado, muy profesional.

Entonces hay unas horas por la mañana y otras por la tarde para hacer controles y emergencias las 24 horas. Cada vez más se impulsa a los médicos a que suban y hagan controles en Nido de Cóndores. En resumen se hacen tareas de prevención, control y emergencia.

Durante las temporadas se vivirán muchos momentos de incertidumbre, alegría, compañerismo, tristeza, etc. ¿Cuáles han sido las situaciones más extremas o comprometidas a las que se ha enfrentado el Servicio?

Realmente el Servicio se encuentra muy bien articulado, cada uno se complementa con el resto y todos los médicos dan lo mejor de sí para trabajar y la temporada se hace linda, es lindo trabajo, se pasa rápido, de paciente en paciente, de emergencia en emergencia.

Lo más difícil para mí personalmente y también para el equipo de médicos ocurre fuera de la temporada. Tiene que ver con la burocracia, la demora en los pagos, la incertidumbre que hay año a año tras la licitación. Mis mayores dolores de cabeza tienen que ver con eso, con las cuestiones administrativas, con lograr que los médicos cobren el dinero a tiempo. Los procesos licitatorios son muy estresantes y no siempre la competencia ha sido leal.

¿Cómo interacciona el Servicio con el Servicio de Guardaparques, guías, rescatistas, piloto de helicóptero frente a una situación adversa para algún montañero?

Cuando hablo de EQUIPO no me refiero al equipo médico, me refiero al equipo completo, guardaparques, patrulla, pilotos, guías, porteadores, es realmente impecable la camaradería, solidaridad y desinterés que hay, no se ve en otros lugares y no se conoce gente así, en esta situación adversa, extrema, compleja. Ver la solidaridad que surge espontáneamente de cada uno de los que trabaja en la montaña, en todos los ámbitos, es realmente impresionante, los gestos humanos y a eso era a lo que me refería yo cuando hablaba de equipo. La verdad es que hay muchísimos ejemplos, muchísimas anécdotas, muchísimos rescates, mucho trabajo en equipo de años y años de conocernos. Yo por ejemplo trabajo en Aconcagua desde la temporada 2004-2005 y trabajar juntos genera lazos, vínculos y amistad

Plaza de Mulas, Aconcagua, Mendoza

 

Dra. Julieta Almonacid, Dr. Bernabé Abramor y Dr. Simón Ponce


¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte al Servicio?

Creo que lo más relevante es el hecho de haber favorecido el perfil de médico que sube, que participa en los rescates y fomentar la formación y participación de médicos de montaña. Prefiero médicos que tengan el doble título, de médico y de guía de montaña o que tengan cierta experiencia en rescate y no el médico que tiene dos o tres especialidades y subespecialidades y muchos títulos colgados en su consultorio.

Esa fue mi visión del cerro, por eso decidí dejar de trabajar en la empresa en la que trabajaba, en la que estaba muy cómodo y tomar las riendas de este emprendimiento, ponerme a hacer tareas administrativas, enfrentar la incertidumbre que supone poner dinero para comenzar un proyecto. Ha sido un riesgo, pero ha valido la pena correrlo, en un intento de privilegiar a estos médicos que son los que los andinistas y el cerro necesitan.

¿Qué le ha enseñado la montaña en las diferentes temporadas?

A vivir la vida. La montaña siempre enseña a vivir la vida. Habiendo visto, cocido y querido a tanta que se ha ido, que nos ha dejado, que se ha muerto por accidentes en la montaña o por enfermedades, y ver situaciones extremas, de ver gente que se va o de gente que casi se va, de poder colaborar a que la gente la pase bien en la montaña, a mí, en lo personal, me enseña a valorar la vida, a vivir la vida bien, plenamente, a vivir la vida apasionadamente, a no malgastar el tiempo, a no malgastar la vida. Es así, uno es esclavo de sus pasiones.

En uno de los procesos de licitación tuvimos una puja muy fuerte con otro grupo de médicos y hubo situaciones límites que me llevaron a decirle a mi equipo que yo no podía seguir y afortunadamente, para sorpresa mía, tuve el apoyo de todos. Fue ahí que uno de los guardaparques más antiguos del Parque nos definió como un grupo de amigos formando una cordada. Creo que eso somos.

Dra. María Verónica Rainone. Foto: SMA


Aquí los testimonios de algunos de los protagonistas

Los montañeros médicos que hacen Medicina de Alta Montaña, agradeciéndoles infinitamente el tiempo y la generosidad de compartir sus reflexiones con nosotros.   


DR. RICARDO GONZÁLEZ

Médico (Universidad de Buenos Aires, UBA) y guía de montaña (AAGM/UIMLA). Trabaja desde hace siete temporadas en el cerro, generalmente en el campamento Plaza Argentina.

“Soy de Buenos Aires y fui a vivir a Mendoza en el año 2011 en busca de contacto con las montañas. Conocí al Dr. Rogé, jefe del Servicio, en unos ateneos de Medicina de Montaña, enseguida surgió la amistad y la posibilidad de trabajar en el monte”.     

Considera que su aporte más relevante al Servicio son los frecuentes controles que realiza en su campamento y las actividades de prevención en los campamentos de altura y afirma que las cuestiones más complicadas o difíciles de sobrellevar están relacionadas, desde el punto de vista de ser montañero, con enfrentarse frecuentemente a la pérdida de compañeros.  Desde el punto de vista profesional “acá en Aconcagua uno e enfrenta a clientes con pretensiones extravagantes y a los empresarios que tratan de cubrir sus ambiciones y las de sus clientes”.

Durante la temporada, “el trabajo se organiza con controles a los andinistas y demanda espontánea ante cualquier situación, ya sea en la Quebrada, el campo base o en altura. Trabajamos junto a guardaparques y en contacto cercano con los guías y las empresas. Pero cuando terminada su trabajo en Aconcagua, Ricardo continúa vinculado a la montaña, practicando escalada,  montañismo y haciendo docencia tanto en cursos de Guía como de Medicina de Montaña.                                                                        

Cuando le preguntamos acerca de anécdotas o “personajes” que recuerde especialmente, Ricardo no duda en mencionar siempre “a mis referentes Mijel Lotfi, Lito Sánchez, Mariano Galván, Vito Magni, entre otros tantos valores, que me enseñaron y siguen haciéndolo.

Afirma que al final de la temporada “los balances siempre son positivos. Disfruto cada temporada como la primera. O más! El Servicio Médico se caracteriza por la unidad y la calidad profesional de sus miembros. Siempre juntos mirando hacia el mismo objetivo”.

Ricardo Concluye “Aconcagua para mí fue la entrada al mundo del montañismo. Agradecido por siempre a Ignacio Rogé por esa oportunidad y a todos los que aportaron para este eterno aprendizaje”.  

Dr. Ricardo González. Foto: SMA


DRA. ANA SAVARIA

Médica (Universidad de Cuyo), especialista en Medicina Clínica. Actualmente se encuentra desarrollando su actividad en el campamento Plaza de Mulas.                                                

“Lo que me llevó a formarme como médica de montaña es el amor que uno tiene por las montañas. En las vacaciones del primer año de mi residencia decidí irme a trabajar bien lejos, a despejar mi mente y no se me ocurrió mejor idea que irme a Aconcagua. Me contacté con el Dr. Rogé y desde ahí no paré, aunque fueran mis vacaciones igual me iba”. Nos cuenta que desarrollando su actividad allí, surgió la inquietud y la necesidad de formarse más intensamente en este ámbito, lo cual la llevó a acercarse a la AAMPA. 

Enfatiza la unión y la profesionalidad del Servicio, al respecto refiere que “todos ponemos nuestro mayor esfuerzo para que la gente que sube esté lo más cuidada posible, sea un extranjero, un argentino, guías, guardaparques, quien sea que esté subiendo. Nuestra prioridad son ellos”. Destaca “somos médicos de todo el campamento, de todas la personas que se acerquen y de todas la personas que pasen por Aconcagua por los diferentes campamentos”.

Considera que un aspecto difícil a entender y a trabajar “es conocer el límite que te pone la montaña y entenderlo. La montaña siempre nos pone signos de advertencia y uno tiene que estar bien atento a escucharlos, a saber mirarlos. Desde cómo uno se siente a medida que va subiendo hasta hacerle entender a otras personas que no están bien o que van a empeorar. Ese es un aspecto bien difícil de la montaña. Es parte también reconocer lo diminutos que somos en este mundo y que estamos transitando por algo tan majestuoso e imponente como lo es una montaña, cualquiera de ellas pero sobre todo el Aconcagua. Cuando uno lo acepta y llega a entender el límite propio, uno puede hacer un mejor montañismo”.

Fuera de temporada ejerce la Medicina Clínica pero siempre de alguna manera busca continuar vinculada a la montaña, “subir algún cerrito no muy complicado, que no me demande tanto tiempo porque estoy muy avocada a mi especialidad. Pero sí he apostado personalmente durante el 2017, a los cursos que brinda la AAMPA, que me permiten seguir en contacto con la Medicina de Montaña”.  

Temporada tras temporada hay moradores de la montaña que se convierten en genuinos sellos de identidad, protagonistas ineludibles que enriquecen las vivencias experimentadas allí.  “Para mí un personaje genial que tiene Plaza de Mulas es Miguel Doura, siempre compartimos algún mate, alguna charla o simplemente estamos callados, admirando  dónde estamos y sintiéndonos privilegiados por recibir tanto”.

Ana no duda en afirmar que “los balances siempre son positivos, uno vuelve lleno de energía y agradeciendo lo que vivido y lo recibido. La montaña te regala tanto! Uno mira hacia atrás y ve un camino recorrido, más que un momento. Aconcagua te va aportando algo en todas y cada una de las temporadas, es como armar una pirka, piedra a piedra. Te ayuda a ir conociendo tus límites y a ir aprendiendo a reconocer los límites de los demás.

Cree que alegría, amor y compañerismo son tres elementos claves que definen la calidad asistencial y humana del equipo.

Dra. Roxana Pronce en acción

 

Dra. Roxana Pronce y la Guardaparques Vanesa Otero


DR. BERNABÉ ABRAMOR

Médico (Universidad de Rosario), especialista en Terapia Intensiva. Actualmente se encuentra desarrollando su actividad en Plaza de Mulas pero al comenzar la temporada también estuvo trabajando en el campamento Confluencia.

La pregunta es inevitable, cómo llegaste a la Medicina de Montaña y en particular a formar parte del Servicio. Nos relata: “Siempre me gustó el montañismo y poder unir las dos pasiones que uno tiene que es la Medicina y la Montaña digamos que es increíble. Llegué al Servicio Médico Aconcagua porque había venido a intentar cumbre en una oportunidad y ahí conocí a la gente del Servicio Médico. Yo justo estaba terminando mi especialidad de Terapia Intensiva así que habíamos quedado en charlar durante el año para poder acercarme al Servicio Médico. Terminé mi especialidad y vivía en Rosario en ese momento. Yo soy de La Emilia, un pueblito que está al norte de la provincia de Buenos Aires. Dejé todo y me vine para acá a trabajar una temporada en Aconcagua. Ahí fue el final de mi vida hospitalaria, terminando mi especialidad e iniciándome en el Servicio Médico Aconcagua. El resto del año seguí escalando, subiendo montañas por diferentes rutas, no sólo en Argentina sino también el resto de continente.

Cuando le preguntamos cuál cree que es su aporte más relevante al Servicio no duda en contestarnos que “más allá de los conocimientos que tiene un médico especialista en Terapia Intensiva tanto de Urgencias o Emergencias, es CAMINAR EL MONTE, estar presente haciendo chequeos en los campamentos de altura o participando y ayudando en evacuaciones o rescates.

Considera que los aspectos más difíciles a los que se enfrenta “tienen que ver con los rescates, poder ayudar en un rescate, con toda la adrenalina que se vive en ese momento pero como montañero también es muy difícil decirle a otro montañista, que viene con muchas ilusiones, “hasta acá”, que por determinada causa fisiológica o determinado problema de salud, no puede seguir subiendo. La verdad que eso también me pone muy mal porque uno es médico pero también es montañero y siempre quiere poder disfrutar y estar contento en la montaña. Y muchas veces es difícil decirle a alguien que no, que no puede seguir por su seguridad o por su salud”.  

Fuera de la temporada Bernabé se mantiene ligado a la montaña, una característica propia del perfil de médicos que integran el Servicio. Practica escalada, sube montañas y sigue aprendiendo. Toma cursos de rescate, sobre todo de rescates verticales y con cuerdas y por otro lado también brinda su aporte en los cursos que dicta la AAMPA (Asociación Andina de Medicina para la altura) en la ciudad de Mendoza. En sus propias palabras “cien por ciento dedicado a la Medicina de Alta Montaña en este momento de mi vida” y luego fuera de temporada continúa en la montaña, “es lo que uno quiere, estar siempre en la montaña”.

Nos comenta que básicamente un día típico en el Servicio Médico en Plaza de Mulas, su campamento actual, se divide entre los controles médicos y hacer el seguimiento de montañistas que se encuentren con algún problema y que hay que re-evaluar. También caminar por el campamento e ir viendo cosas que quizás no se han visto en una primera instancia en el consultorio, poder hacer un trabajo más de campo, con todas las eventuales evacuaciones que se puedan presentar, que en esta montaña en particular se realizan en helicóptero.

Afirma “desde el Servicio Médico se trabaja con mucho profesionalismo, se trabaja bien, con muy buen compañerismo y es la única forma de poder trabajar y de poder ir también a los campamentos de altura o de participar de un rescate. Siempre estar contento con lo que uno hace, teniendo el orgullo y el honor de formar parte de este Servicio y también de compartir con tantos compañeros que saben tanto y te enseñan día a día”. 

No quedan dudas de la calidad humana y profesional del equipo médico que conforma el SMA. Son ante todo alumnos enamorados de la montaña, con los valores y prioridades enseñados por ella. Allí ejercen la Medicina, priorizando siempre el rigor científico pero al mismo tiempo ejerciendo la solidaridad, la unión, el compañerismo y la alegría de compartir momentos en la montaña.

Privilegiados ellos por ejercer su profesión en un ámbito tan increíblemente único  y privilegiados los andinistas de saberse bien cuidados por esta cordada de amigos médicos.

GRACIAS!

Dra. Florencia Borzotta y Dr. Sebastián Molina en acción
 


 

Fuente: Agradecemos a Carlos González por compartir esta nota de www.alpinismonline.com
 

 


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